Etiqueta : machismo

¿Prefieres estar sola o…?

Escena 1

Mi hijo de meses y yo en el Ministerio de Salud Pública del Ecuador,  esperando que luego de un mes de agendada la cita me atendieran. Dos turnos antes de mí, una señora que fue llamada a atención al usuario. Se le escucha a lo lejos: «Señora, usted está asegurada, vaya al Instituto de Seguridad Social».  La señora discute, habla, pide y nada. La mandan del MSP. Luego de 5 minutos viene con su esposo o pareja: lo zarandea, lo amenaza y grita: «En 5 minutos mi esposa estará siendo atendida o te desbarato, cabrón» y así fue, en 5 más la atendieron. 

mujer esperando sentada en un banco

Imagen de Daniel Nebreda vía Pixabay

Luego de esperar el mes de la cita más hora y media en la antesala me llaman: «Moreano, usted no puede ser atendida, vaya nomas al IESS». «Señor, por favor, he esperado un mes y estoy acá con mi hijo, ¡atiéndanme! El señor que separaba a su esposa decía: «Vengan con sus maridos, si no va a pasar esto muchas veces». Viendo el panorama, agarré a mi hijo, que tenía cerca de 6 meses, y me retiré llorando todo el camino a casa, mintiéndole a mi bebé que me dolía la cabeza, pero en realidad me apretaba el corazón.  Nuevamente discriminada por ser mujer y, ahora, por no tener marido.

Escena 2

Estaba feliz porque tapizaría unos muebles que me regaló mi madre. Compré una tela linda, esponjas y solo me faltaba dejar los muebles en el local del tapicero. Los dejé, me dio una factura y me dijo que regrese a los quince días… Pasaron 3 meses y en cada visita hubo un pretexto nuevo, mis muebles estaban desbaratados y la tela encima de ellos. Salí igualmente con mi hijo en brazos llena de impotencia porque el tipo ya no reaccionaba ni con amenazas de la factura que me dio.

Imagen de lilyrosemelody en Pixabay

Pues nuevamente con el hijo en brazos subía a mi casa y por esos azares de la vida, me encontré con el esposo de una amiga, le conté lo sucedido e inmediatamente volvimos al local: «Mire», le dice mi amigo, «si los muebles de mi esposa no están mañana a las 5 p.m. yo mismo vengo donde usted». Mágicamente los muebles estuvieron a la hora pactada. Estaba tan feliz por mi sala nueva que la discriminación por ser mujer en mala hora la anulé, pero era llorar de nuevo o festejar que mi hijo daba botes en los nuevos y bellos muebles. Decidí lo segundo.

Escena 3

Mandé a dar mantenimiento a un andador de mi hijo que me habían regalado y yo a su vez regalaría a mi sobrina. Eso cuento para tener idea de la economía materna circular. Me dieron recibo del andador que era muy, muy lindo y me dijeron que regrese en 5 días. Regresé y el dueño del local me dijo: «¿Qué andador?». «Este», le dije yo enseñando el recibo. «Acá no hay nada de eso», me gritó mirando a los cortes que hacía en cuerina. Le hice acuerdo los detalles pero de nada valió, se llevó el andador pero esta vez no tuve la suerte de encontrarme ningún amigo así que de nuevo fui agarrada a mi gordo llorando a casa.

Escena 4

Ingresé en un hospital público por una operación delicada, estuve 4 meses ahí metida, viví un infierno. Si no fuera por mi familia y amigas no sé si lo hubiera logrado. A la final me dieron el alta y mi hermano me dio posada para no tener mucha distancia con el hospital. Hubiera querido tener a un compañero que me cuide y me ayude pero en vez de eso pagué enfermeras para las 24h y mi madre se encargó de mi hijo ya que el papá está en otra cuidad y solo puede verlo cada 15 días. 

No quiero contar esto con el ánimo de informarles cuánto puede llorar una mujer sola de clase media, media baja, sino cuánto debemos soportar quienes no cabemos en la normalidad establecida hace años y que se invisibiliza el sufrimiento de la violencia de género. 

¿Ya sabes por qué soy feminista? ¿Ves que no es tan difícil entender por qué lucha el feminismo? Para evitar la discriminación de la mujer por el simple hecho de serlo.

Imagen de Abel Escobar en Pixabay

Si naciste mujer, ya estás dentro de las estadísticas de posibles femicidios. Sí, te pueden matar por ser mujer.

Si naciste mujer e indígena o afro, eres doblemente discriminada.

Si eres mujer, indígena, afro, pagana o politeísta, de izquierda, o no terminaste la U porque te embarazarte,  multiplica la discriminación por 5 o más. Pero más allá de esto que cuento, el remedio está en la lucha. Si toparon a tu hermana, si la abusaron, si te violaron, si te pagaron menos, si mataron a tu amiga por ser mujer, ¡protesta! Y si esa protesta es bailando, quemando, rezando, rompiendo, saliendo desnuda a la calle, dale, querida, yo te apoyo.

Si protestas bailando, quemando, rezando, rompiendo, saliendo desnuda a la calle, dale, querida, yo te apoyo. Clic para tuitear

¿Sabes por qué? Porque #YoSíTeCreo

Así que ahora tengo 42 años, mi cabeza es gris, no tengo pareja y pienso que si la tengo para hacer valer mis derechos y no para vivir con amor, es mejor estar sola que sentirse sola estando acompañada.

Rosa Luxemburgo: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres».

Artemisse

El orden divino: el sufragio femenino en Suiza

Gracias a la distribuidora Surtsey Films hemos podido ver esta semana El orden divino, que se estrenó en cines de toda España el pasado 22 de junio. Esta película cuenta la historia del sufragio femenino en Suiza, que es llamativa porque las mujeres no pudieron votar allí hasta el año 1971. Paradójicamente, en la votación que decidió si las mujeres tenían derecho al sufragio solo pudieron participar hombres. Como en tantos otros casos.

La lucha por el derecho de las mujeres al voto lleva más de un siglo gestándose. En 1893, Nueva Zelanda fue el primer país en adoptar el sufragio femenino sin restricciones. Por su parte, en Europa, la primera región en autorizarlo fue Finlandia (en 1906). En Latinoamérica, las mujeres pudieron votar por primera vez en 1927 en Uruguay. A España el voto llegó durante la Segunda República, en 1931, pero la dictadura de Franco nos lo arrebató. Algunos de los últimos países en permitir votar a las mujeres han sido Baréin (2002) o Kuwait (2005).

Divino desorden

El orden divino tiene como protagonista a Nora, una mujer que vive en un pequeño pueblo suizo y se dedica al cuidado de sus hijos, su suegro y su casa, además de ayudar en la granja familiar. La monotonía se rompe cuando ve una oferta de trabajo y le comenta a su marido que le gustaría volver a tener un empleo. Él se niega, ya que considera que su papel divino como mujer son los cuidados. En esa época, por ley el marido podía prohibir que su mujer trabajara fuera de casa, pero Nora no se resigna. La cuestión es: ¿puede haber una relación amorosa sana sin igualdad?

La cuestión es: ¿puede haber una relación amorosa sana sin igualdad? Clic para tuitear

De hecho, lo que empieza siendo un pequeño desafío para una mujer acaba convirtiéndose en una enorme ola feminista a la que se van sumando las mujeres del pueblo. Las resistencias son enormes al principio, incluso por parte de las propias mujeres. En el pueblo, muchas tienen miedo de enfrentarse a sus maridos. Otras están de acuerdo con el papel que les ha sido asignado. Poco a poco, no obstante, se van dando cuenta de que las mujeres se merecen decidir sobre sus propias vidas.

A ritmo de Lesley Gore la película nos habla, como venimos contando, del sufragio femenino y las relaciones familiares. Pero también explora la sexualidad, la sororidad y la fuerza que tienen las personas cuando se unen por una lucha común. Y lo hace en un tono íntimo, entrañable, lleno de humor y, a la vez, duro y reivindicativo.

Una historia de lucha

Y es que el sufragista, como todos los movimientos que han luchado históricamente por reivindicar lo que le había sido arrebatado injustamente a un determinado grupo, es una corriente en la que muchas tácticas se han entrelazado. Si el Estado ha negado sistemáticamente ciertos derechos, no hay razón para que los vaya a otorgar sin pelea. Y, así, vemos que las mujeres de El orden divino se manifiestan, se enfrentan a su maridos y hasta ponen en marcha una huelga para pelear por lo que es suyo.

Uno de los movimientos sufragistas más conocidos es el que llevó a las mujeres mayores de 30 a poder votar en Gran Bretaña en 1918, y a todas sin distinción de edad en 1928. La película Sufragistas cuenta esta lucha de las mujeres inglesas. En la distinción entre suffragettes y suffragists (el ala más radical del movimiento y la más moderada, respectivamente) vemos que la pelea no fue, ni mucho menos, un camino de rosas. La oposición de los hombres, el Estado y la Iglesia al derecho al voto femenino ha sido siempre tremenda, pero también hubo resistencia desde la izquierda, que pensaba que las mujeres votarían lo que sus maridos o los jefes de sus iglesias dijeran.

Queda mucho por hacer

A lo largo de la película acompañaremos a este pequeño grupo de mujeres suizas en su búsqueda de la libertad y el autoconocimiento; ¿qué querrías ser si fueras libre? También veremos todo lo que quedaba y queda por hacer, más por su ausencia en la trama de la película que por mención expresa. Por ejemplo, en la lucha de la T de LGTB+, porque la identificación mujer-coño es evidente en uno de los momentos, por otra parte, más divertidos de la película. Nuestras compañeras trans siguen siendo enormemente invisibles o rechazadas, incluso entre las que dicen llamarse feministas, y queda mucha batalla por delante.

Viñeta de Matilde

No debemos olvidar que la lucha no acaba, ni mucho menos, al lograr el derecho al voto; la batalla por la igualdad social va más allá de eso. Ni, tampoco, que este derecho a participar en las instituciones se logró gracias a la lucha en las calles.

Recordad: podéis ver ya la película El orden divino en los cines de España.





El día de la madre son todos

Hoy me gustaría dedicar este post a todas las madres, especialmente a la mía. En mi experiencia personal no me he dado cuenta del trabajo no pagado y no valorado que realizan las madres a diario, hasta que me he independizado. Un trabajo restado de su tiempo de ocio, en parte por la horrorosa cuasi-inexistencia de la conciliación laboral y personal, pero en eso no me voy a meter que da para dos o tres artículos más y muchas barbaridades que no debo decir.

Tradicionalmente, las mujeres siempre nos hemos dedicado a los trabajos de cuidados, no por razones biológicas —no os dejéis engañar—, sino por simple supervivencia de los bebés, ya que dependen de un adulto durante un largo periodo de tiempo en comparación con el resto de los mamíferos. Y qué mejor que las mujeres para tal tarea, ¿verdad?

El amor es lo más importante y requiere entrega total

Ese es uno de los axiomas del amor romántico del que hoy quiero hablaros. La referencia que tiene una misma de la propia existencia personal se elimina para convertirse en algo completamente dependiente de la pareja: no eres nadie sin tu media naranja. Si después de creerte todo eso encima tienes hijos, ya es el summum de la desintegración personal, y es que ya no eres ni media naranja, eres un gajo como mucho.

El amor romántico es la herramienta omnipotente y omnipresente para someter a las mujeres 

Efectivamente como dijo el machirulo Nietzsche, Dios ha muerto, pero en su lugar siempre ha estado el patriarcado. Lo que me pregunto ahora es: en las “sociedades formalmente igualitarias”, como dice la grandísima Ana de Miguel, ¿por qué el amor romántico invita a las mujeres, de manera sutil —o no tanto—, a dejarlo todo por amor? Lo curioso es que no lo dejamos todo realmente, solo dejamos lo que nos gusta hacer, nuestra profesión, nuestros amigos… y, por el camino, a nosotras mismas.

Hablo de mis padres porque es lo que conozco, y porque esto lo escribo como hija de una madre que tuvo que dejar sus sueños para trabajar al lado de su marido y cuidar de sus hijos. Ambos son hijos sanos del patriarcado, mi madre está alienada y mi padre es el prototipo de machirulo (menos mal que sé que no lo va a leer). Tras años de rebelión y de concienciación, el camino feminista me ha llevado a un estado de autoconciencia de la lucha contra el patriarcado que personalmente me hace sentir muy orgullosa. Sin embargo, me ha tocado irme de casa para darme cuenta de las muchas horas que ha dado mi madre por mí quitándoselas a ella misma.

Efectivamente, lo dejó todo.

via: https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20bike/pop

Madre e hija via: https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20bike/pop

Su negocio, su casa, sus amigos… Porque claro, después de 25 años casados es inconcebible que tengan amigos propios; de hecho si mi padre se entera de que algún amigo común habla con ella por WhatsApp se monta la de Dios es Cristo. Lo curioso es que la alienación de mi propia madre dentro de su burbuja de amor romántico consigue que lo vea como un gesto excepcionalmente bonito y, finalmente, que ella acabe haciendo lo mismo con él. Comen juntos, beben juntos, duermen juntos y no cagan juntos porque solo hay un váter, pero no os preocupéis que lo hacen con la puerta abierta.

Mi madre tuvo que ir sola a las ecografías, sola al paritorio y estuvo sola en su recuperación, que realmente duró tres días porque al cuarto tuvo que ir a casa a poner lavadoras y a trabajar. Porque otro tema, además, son las mujeres autónomas, que también da para decir muchas barbaridades. Eso es simplemente un ejemplo de todas las tareas que realiza diariamente, que ella jura que le gustan, pero que le ha tocado hacer sin intervención alguna de sus propios deseos. Al fin y al cabo, te casas y tienes que cuidar de tu familia y tu casa, porque si no vaya mierda de mujer eres, que no vales ni para limpiar.

El contrato que se firma con el matrimonio para hacer perdurar las relaciones de amor romántico no es más que una herramienta para controlar el tiempo de la mujer, un tiempo que podríamos dedicar a derribar un sistema social que nos oprime con creencias falsas como que lo tienes que hacer todo por tu pareja y, si no, eres un fracaso; ideas como que tienes que cuidar de tus hijos, educarles, ayudarles a hacer los deberes y hasta hacerles la cama. Una vez te casas, dejas de ser mujer para ser madre y esposa.

Estatua de madre e hija via https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20statue/pop

La cama la tienen hecha los hombres por nosotras, mujeres trabajadoras que día a día hacemos por mejorar la vida de los demás sin importar la nuestra. Madres, esto va para vosotras, gracias. Gracias por querernos y cuidarnos, gracias por luchar con todo el peso del patriarcado que lleváis a las espaldas.

Vosotras nos estáis inspirando y nosotras nos estamos liberando

* También va por ti space mom; siempre estarás en nuestros corazones, Carrie.





Crónica del 8M de 2017

Ayer, día 8 de marzo (8M), se conmemoraba el día de las mujeres en honor a aquellas que, en 1857 y en 1908, lucharon por la reducción de jornada, la igualdad salarial o un tiempo para dar de mamar a los hijos, es decir, por los derechos de todas nosotras.

Como tantas otras mujeres alrededor del mundo, paré de trabajar durante media hora para tratar de visibilizar que, aunque tenemos pensiones más bajasaunque cobramos menos, porque los trabajos a los que nos dedicamos están peor valorados y porque, en un mundo en el que se está poniendo de moda la negociación salarial individual, a nosotras no nos han enseñado a hacernos valer; aunque el trabajo doméstico, que seguimos realizando de manera abrumadoramente mayoritaria, no recibe ningún tipo de reconocimiento; a pesar de todo esto y mucho más, nuestro trabajo mueve el mundo. 

Un hombre y una mujer sujetan los billetes que representan sus desiguales sueldos

Brecha salarial por Feminista ilustrada

Ayer, también, muchas dejamos de cuidar. Dejamos de recoger la casa, hacer la comida, cuidar a los niños, a los mayores, a las parejas. Porque todo ese trabajo que hacemos —que es, por supuesto, un trabajo, aunque no se reconozca como empleo— no se nos reconoce, no se nos valora y no se ve… hasta que dejamos de hacerlo. Hasta que te encuentras un día con que no tienes calzoncillos limpios, hasta que no tienes nada que comer, hasta que te llaman del colegio porque nadie ha ido a recoger a tu hijo.

Pero gestionar un hogar no es solo realizar tareas (menos aún si te han tenido que decir qué hacer previamente), también es planificarlas, prever… un trabajo no siempre agradecido y muy cansado, porque lleva muchísimo tiempo (tienes que estar pendiente de la casa para ver qué cosas hay que hacer, qué falta por comprar…). La ejecución, al final, es casi lo de menos.

Así que, hombre que estás leyendo esto, si el reparto de las tareas en tu hogar no está equilibrado (venga, haz un esfuerzo y piensa no ya qué tareas haces habitualmente, sino si sabes siquiera dónde se guardan las sábanas o cómo se pone una lavadora), sé tú quien toma la iniciativa, no esperes a que tu madre o tu compañera (o tu hija, incluso) venga a decírtelo, porque eso también es agotador: no disfrutamos llamándoos la atención o dándoos órdenes, creedme. Y no penséis en el reparto de tareas como un «yo te ayudo», porque se trata de co-responsabilidad, no de asistencia. Aquí podéis encontrar algunos consejos.

Cartel del 8M de 2017 en Madrid

Cartel del 8M de 2017 en Madrid

Ayer, también, muchas fuimos a la manifestación de nuestra ciudad. La asistencia fue masiva, y empezaré felicitándonos por ello, porque hay que celebrar la capacidad de organizar una manifestación multitudinaria en los tiempos que corren. Pero también tengo —cómo no— cosas malas que decir, porque ayer era 8 de marzo, día de las mujeres, y una vez más quisisteis ser protagonistas. Ayer, en la manifestación, oí gracietas relacionadas con violaciones; oí cuestionamientos sobre la existencia de bloques no-mixtos; vi a un hombre que «se había metido en la manifestación sin querer» (cuando estábamos paradas en Cibeles, donde se agolpaban miles de personas) y preguntaba cómo salir de allí. Pueden parecer cosas anecdóticas, pero eso ocurrió en 10 minutos, en apenas 10 metros (sí, recorrimos 10 minutos en 10 metros, estaba la cosa complicada, qué os voy a decir). Y cansa que no seáis capaces de respetarnos ni un solo día.

Pancarta de la manifestación del 8M de 2017 en Madrid

Pancarta de la manifestación del 8M de 2017 en Madrid

Así que, para mí, ayer fue un día de lucha, como son (o deberían ser) todos en mayor o menor medida, y no un día de celebración.

Quiero terminar dando las gracias a las valientes mujeres de Ve-la luz que, tras casi un mes de huelga de hambre, han conseguido su objetivo: que los 25 puntos que reivindicaban salgan adelante (aunque está por ver a qué puerto llegan). Pero también recordando a las 23 mujeres que, según feminicidio.net, han sido asesinadas desde principios de año y ya no están con nosotras y diciendo que YA BASTA de matarnos.





Girls American Bitch, cuando la línea del consentimiento se emborrona

*Este post habla sobre el último episodio de Girls, American Bitch; no sigas leyendo si no quieres spoilers.

American Bitch, el último episodio de Girls, nos trae de vuelta a la Lena Dunham en todo su esplendor de principios de la serie que tanto echábamos de menos. Por mucho que les pese a sus detractores, Girls es una serie que trata todos los temas de relevancia que han sido tabú por mucho tiempo y refleja su generación de una manera que pocas series han retratado antes.

Hannah Horvath —el personaje de Dunham— visita la casa de un novelista respetado, Chuck Palmer (interpretado por el grandísimo Matthew Rhys de The Americans), cuyo nombre ha sido puesto en entredicho al salir a la luz varias acusaciones de agresión sexual. Hannah y Chuck debaten sobre el problema ético de en qué lado posicionarse cuando hay carencia de pruebas definitivas: ¿del hombre poderoso o del acusado?

Chuck se gana la confianza de Hannah rápidamente y consigue que dude sobre el artículo que ella ha escrito acusándole de abusar de su poder. Hannah cae en su encanto, ella le admira por su trabajo y él consigue convencerla de que no hay nada malo en «usar» su fama para seguir su vida de mujeriego. Y es entonces, cuando ella está totalmente encandilada cuando, ¡boom!, la invita a tumbarse con él en la cama, tumbarse nada más, y cuando ella está a su lado, él se gira y se saca el pene tocando su pierna. No dice nada, no hace nada más, se la saca y mira a Hannah con una sonrisa diabólica. La tiene exactamente donde él quería. Ella se lo coge por un segundo y, al momento, se da cuenta de lo que está pasando, flipa en colorines y se va corriendo.

No la fuerza, no la viola, simplemente se gana su confianza y, una vez que la tiene, abusa de ella. Cruza una línea que nunca debería de cruzarse. Lena Dunham ha hablado abiertamente de su experiencia cuando fue atacada sexualmente y en este episodio va un paso más adelante, «todo el mundo» reconoce y condena públicamente una violación o cualquier tipo de ataque violento, pero ¿qué pasa cuando no hay violencia? ¿Qué pasa cuando se abusa de una situación de poder y superioridad «sutilmente»?

Lena Dunham y Matthew Rhys en el episodio American Bitch de la serie Girls

En una reciente entrevista, Lena Dunham habla sobre este capítulo:

Estamos teniendo muchas conversaciones sobre la cultura de la violación y el asalto y son realmente muy importantes, pero muchas mujeres van por ahí con una gran vergüenza sobre episodios que no parecen violación de la manera tradicional. He pensado mucho sobre esto. Tengo muchísima menos vergüenza sobre mi violación que la que tengo por muchísimos encuentros que he tenido con gente en situaciones en las que no he sabido expresarme correctamente o crear la distancia adecuada. Cuando te violan, te violan. Tienes derecho a decir «esto me ha pasado y estaba fuera de mi control». Pero cuando permites que los límites se desdibujen sin ni siquiera darte cuenta de que está pasando, es una sensación diferente de dolor y vergüenza que te come por dentro durante mucho tiempo.

Es este punto el que me parece más importante sobre lo que Dunham pone en la mesa. Cuántas veces una mujer ha estado en una situación en la que no quería encontrarse por no poder decir que no ya que «no estaba pasando nada«. Cuántas mujeres no cuentan estas experiencias porque saben que la respuesta va a ser «no seas exagerada» o «no es para tanto» o «bueno, estás acusando de algo muy grave y no ha pasado nada». Cuántas veces la respuesta a un abuso es «llevaba una falda muy corta», «es que iba provocando»…

Hannah cuenta a Chuck una experiencia suya con un profesor del colegio y un ex-compañero de clase que es el perfecto ejemplo de estos casos:

Yo le gustaba, estaba impresionado, tenía una habilidad especial para la escritura creativa y escribí una historia corta o algo. A veces cuando estaba hablando en clase se ponía detrás de mi silla y me daba un masaje en el cuello. A veces me masajeaba la cabeza y jugueteaba con mi pelo. Y no me importaba. Me hacía sentir especial. Sentía que alguien me veía y que sabía que iba a crecer y ser realmente especial. También hacía que los demás niños me odiaran y pusieran lasaña en mi puta mochila, pero esa es otra historia.

Bueno, pues el año pasado, en una fiesta en un almacén en Bushwick, un tipo se me acerca y dice: «Horvath, fuimos al instituto juntos, ¡East Lansing!». Y  yo: «¡Ostias!, ¿te acuerdas de la locura de clase de Mr Lasky? Estaba básicamente intentando abusar de mí».

¿Sabes lo que dijo el tío? Me mira en medio de la puta fiesta como si fuera el juez y me dice: «Esa es una acusación muy seria Hannah». Y se pira. Y ahí me quedé yo, sintiéndome como si tuviera once años otra vez y me estuvieran masajeando el cuello. Porque esas cosas no se olvidan.

Es importante que se hable de este sistema de poder en el que se dejan cruzar los límites en busca de validación, de aprobación. Este sistema en que las mujeres vivimos en una continua desventaja. Es importante que se pongan las cartas sobre la mesa y que se cuestione, de una vez por todas, no solo lo obvio sino todos los pequeños detalles que suman y añaden a que sigamos viviendo en una sociedad patriarcal.





Los Nobel no son para mujeres

Hace unos días leíamos el siguiente tweet referente a los premios Nobel de este año:

Cualquiera habría pensado que la cosa quedaría ahí, en la denuncia de un hecho incuestionable: las mujeres vienen recibiendo, históricamente, muchos menos premios Nobel que los hombres. Algo así como media mujer por cada 10 hombres.

Mujeres y hombres premiados con el Nobel

Mujeres y hombres premiados con el Nobel vía Sin Embargo

Pero la cosa, por supuesto, no quedó ahí: Twitter se incendió con las respuestas al mencionado tweet, con comentarios a cada cual más desagradable. Que es una paranoia pensar que dan los Nobel en función de tu sexo, que si es que hay que dar los premios a quienes no se los merecen sólo por mantener la equidad y no por la calidad de su trabajo, que a ver, qué mujeres se merecían más el premio que los propios premiados

Aunque no lo creáis, vivimos en un sistema que, históricamente, se ha encargado de invisibilizar a las mujeres y sí, este sistema tiene preferencia por premiar a los hombres. Por premiar, siendo más exacta, a quienes se ajustan a la normatividad, discriminando a quienes no lo hacen. Esto incluye «publicitar» para bien las figuras de hombres más que las de mujeres. Por eso no eres capaz de mencionar 10 mujeres deportistas, 10 mujeres artistas y 10 mujeres científicas de carrerilla, pero sí eres capaz de hacerlo con hombres. Y por eso es tan importante rescatar referentes históricos femeninos. Porque haberlos, haylos.

No eres capaz de mencionar 10 mujeres deportistas, 10 artistas y 10 científicas de carrerilla. Clic para tuitear

Las cosas han cambiado en cierta medida en los últimos años: ya no queda tan bien decir abiertamente que las mujeres somos tontas o estamos locas así, en general. Por eso el gráfico ha variado un poco y, en los últimos 34 años, 30 mujeres han recibido el Nobel, mientras que en 79 años lo recibieron 19 mujeres. Pero la brecha sigue siendo intolerable.

Evolución del número de mujeres premiadas a lo largo de la historia vía Fortune

Evolución del número de mujeres premiadas a lo largo de la historia vía Fortune

Y es que, cuando denunciamos que no se conceden premios Nobel a mujeres, precisamente lo que decimos es que hay una estructura en forma de embudo que hace que, en España, en muchos ámbitos haya más mujeres licenciadas, pero sólo un 40% de profesoras, un 20% de catedráticas y una rectora. Está claro que históricamente ha habido un mayor acceso a la educación por parte de hombres (porque se nos ha discriminado, no por otra cosa), y eso lo seguimos arrastrando. Pero en el hecho de que haya pocas mujeres en altos cargos, premiadas o simplemente reconocidas influyen muchas otras dinámicas que tienen que ver no con nuestras capacidades biológicas sino con una socialización profundamente desigual.

A las mujeres nos enseñan a callar y nos llaman histéricas cuando replicamos; no nos enseñan a tener capacidad de negociación, a reclamar lo que nos corresponde o a «echarle morro» como a nuestros compañeros varones, por lo que muchas no conseguimos un ascenso o un aumento de sueldo; si tratamos de exponer nuestro punto de vista o destacamos, somos unas «marimacho» o unas «mandonas». Y, sin duda, se nos sigue invisibilizando sobremanera en áreas en las que valemos tanto o más que los hombres. Recuerdo un taller sobre feminismos donde todos los ponentes eran hombres. ¿De verdad no había ninguna mujer que pudiera hablar sobre el tema?

Cuando denunciamos que no hay mujeres que reciban el premio Nobel estamos denunciando este embudo y todas las dinámicas que subyacen. Las cosas están cambiando, sí, pero muy lentamente, y por eso es necesario seguir reivindicando una mayor igualdad y reconocimiento de las mujeres. No se trata de dar el premio a quien «no lo merezca» (de esto podríamos hablar también, pero es otro tema…). Se trata de poner de relieve que hay muchas mujeres que merecen o han merecido el Nobel y son o han sido invisibilizadas. Se trata de remarcar que muchas de las mujeres que llegan lejos lo han tenido mucho más difícil que los hombres que llegan a ese mismo punto.

Porque también se trata de remarcar que muchas mujeres no llegarán a conseguir el Nobel porque se quedarán por el camino. Dejarán sus carreras de lado por tener que volcarse en los cuidados (tareas que recaen de manera abrumadoramente mayoritaria en las mujeres y siguen sin valorarse) o serán menospreciadas por su género. Tendrán más dificultades para recibir financiación, para publicar, o simplemente serán desalentadas en su día a día. Oirán desde pequeñas que la ciencia no es para chicas, sus compañeros de laboratorio se reirán de ellas, harán «chistes inocentes«. Y al final se quedarán en alguno de los escalones de su carrera. Por cualquiera de estas razones y probablemente por muchas más.

En resumen: con todos esos comentarios machistas, con la negación de un sistema que penaliza a las mujeres (el patriarcado), estáis celebrando una estructura que impide que muchas mujeres lleguen a ser premios Nobel. Estáis matando a las futuras premio Nobel.





Las caras borrosas de los violadores de Sanfermines

En los medios se pixelan las fotos de los cinco acusados de violación en los pasados Sanfermines. Si se hace para proteger su imagen, resulta infructuoso: a estas alturas las fotos son públicas y han sido ampliamente difundidas por medios de comunicación y redes sociales, así como sus nombres y apellidos: Ángel Boza Florido, Antonio Manuel Guerrero Escudero, José Ángel Prenda Martínez, Alfonso Jesús Cabezuelo Entrena, Jesús Escudero Domínguez.

violadores sanferminesTal vez se difuminan sus rostros por otra razón: para ocultar lo normales que se ven.

Cinco tíos en un grupo como conocemos todos, más o menos macarras unos que otros, pero bastante comunes, bastante españoles. Se parecen a la pandilla que tiene un amigo del pueblo, a los colegas de uno del equipo de fútbol, a los de toda la vida de tu compañero de curro, a los habituales del bar de la esquina, a la panda de un ex compañero del cole. Bastante NORMALES.

Incluso dos de ellos eran miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, esas destinadas a protegernos. No uno, no una manzana podrida: DOS de cinco.

Son cinco chavales a quienes, cuando aún no se conocían todas las pruebas, se les ha defendido en foros, en comentarios, en tertulias de radio, en algún plató de televisión. Sin las grabaciones y los chats a lo mejor todavía se estaría discutiendo si no fue todo una invención de una chica ligera de cascos, si no fue culpa de ella por incitarlos, si no se habrá arrepentido después del calentón para acusarlos falsamente.

violadores sanferminesNo son solo los cinco que abusaron de (que hasta ahora sepamos) dos chicas, sino los otros 16 que estaban en un chat donde se narró el delito y aplaudieron la gracia en vez de protestar de alguna forma. Ninguno de ellos salió indignado de la conversación o manifestó su desacuerdo. Ya con esto sumamos 21 manzanas podridas, que viene siendo una cifra más difícil de ignorar.

Porque nadie quiere creer que en su entorno haya gente como ellos, que entre tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus colegas de fiesta, tus amigos del barrio, hay gente capaz de abusar de ti. Y, sin embargo, la mayor parte de las violaciones que se denuncian ocurren en entornos cercanos. Eso si se realiza la denuncia, porque más de la mitad se quedan en la vergüenza, la humillación y el miedo. Eso si la denuncia es aceptada, porque en muchos casos no se cree a la víctima, como le sucedió a la chica abusada en Córdoba.

Tal vez se difuminan sus caras porque, a diferencia de otros casos, resulta difícil mostrarlos como los monstruos que son, convertirlos en algo ajeno al día a día, como suelen hacer los medios de comunicación. Es más fácil hacernos creer que son cinco casos aislados, que no representan el machismo y la cultura de la violación que son reales y existen en nuestro entorno… aunque queramos negarlo o no sepamos verlo.





El matriarcado no existe, son los padres

Cuando me puse a investigar sobre la existencia del matriarcado, después de encontrar una cantidad ingente de artículos contando historias sobre visitas a sociedades matriarcales, encontré que los antropólogos que lo han investigado no tienen pruebas reales de que exista, y me sorprendió básicamente porque todo el mundo habla de ello como si fuera un ilustrado en el tema. Pues ahora resulta que hablamos del matriarcado sin documentarnos antes, qué cosas.

Por otro lado, existe una creencia generalizada, incluso dentro del propio feminismo, de que el matriarcado existió en el periodo prehistórico. Existe una fascinación ante este mito que permite disolver, desde la ajena distancia del tiempo, cualquier duda que cuestione un hecho de tal interés. Para el feminismo, la existencia del matriarcado es una ilusión esperanzadora con connotaciones revolucionarias que rompería con la subordinación histórica de la mujer; ya no habríamos sufrido el patriarcado desde siempre, no sería la norma. No importa si es cierto o no pero, en la otra cara de la moneda, esta quimera realiza un trabajo revitalizador de los intereses patriarcales, ya que si ha existido una sociedad en la que dominan las mujeres, ¿qué tiene de malo que ahora dominen los hombres?

En cualquier caso, pese a que no existe ninguna prueba del matriarcado, sino suposiciones antropológicas, podemos afirmar que, aunque no sabemos si el matriarcado existió, sabemos que ahora no existe.

No existe ni una sola sociedad que conozcamos donde el colectivo femenino tenga el poder de adoptar decisiones sobre los hombres o donde las mujeres marquen las normas de conducta sexual o controlen intercambios matrimoniales. (Gerda Lerner)

Y es que esa es la definición del patriarcado, es una organización social en la que los hombres toman todas las decisiones públicas y privadas, y ejercen dominio sobre la sexualidad y el matrimonio de las mujeres.

Sin embargo, este mito no es algo creado por el feminismo, sino algo que se retomó en el siglo XIX, y posteriormente dentro de los círculos feministas de la Segunda Ola. La única prueba en la que se basan para afirmar que ha existido el matriarcado es una visión primitiva de la femineidad previa a la Grecia clásica que defiende cómo la veneración al icono tipo Diosa Madre da poder y relevancia a la maternidad en estas sociedades y, por tanto, a las mujeres.

En 1972 Gloria Steinem sugirió que previamente el parto y la creación de la vida eran algo místico que otorgaba poder y superioridad a las mujeres, y por tanto el descubrimiento de la paternidad fue el catalizador de la subordinación de la mujer. Lo que no se cuenta es que la importancia de las representaciones de la mujer como una Diosa que tenía poder de creación se vieron relevadas desde la época helénica debido a este descubrimiento, que llevó al ascenso de los Dioses creadores varones.

Cynthia Eller escribió en El mito de la prehistoria matriarcal que esta idea es un mito basado en un supuesto sexista de la biología femenina aplicada a conjeturas antropológicas pseudo-científicas. Lo que quiere decir es que estas suposiciones antropológicas semi-inventadas tienen su base en la idea de que lo más importante, y lo único, que aporta la mujer a una sociedad es la natalidad, su biología, menospreciando la multidimensionalidad de una mitad de la raza humana.

Me atrevo a afirmar que el problema de este mito es que no sabemos que el patriarcado y el matriarcado no son lo mismo, intercambiando los roles de poder. La idea generalizada, y equivocada, es que el  matriarcado es cualquier organización social en la que las mujeres tengan poder sobre algún aspecto de la vida pública.

Pero lo cierto es que no se puede encontrar una conexión entre la estructura de parentesco y la posición social que ocupan las mujeres. Y por qué es importante la organización alrededor del  parentesco, os preguntaréis. Es importante porque el tipo de organización de las sociedades está directamente regido por las relaciones familiares, y del tipo de organización desciende el poder político, especialmente en la época prehistórica.

Todas las suposiciones de antropólogos resulta que no eran matriarcados, sino sociedades matrilocales y matrilineales. En éstas últimas, las familias se continúan por el lado de la madre, por lo que los hombres siguen viviendo en el núcleo familiar de su madre. De esta manera, la herencia se transmite de madre a hija, lxs hijxs pertenecen al grupo de su madre, pero no transmiten relación de parentesco ni herencia con sus respectivxs hijxs. La característica principal de las sociedades matrilocales es que la convivencia post-matrimonial se mantiene en el núcleo familiar de la madre.

También es importante recordar que existen las sociedades patrilineales y patrilocales, ya que, por desgracia, esto no es sólo cosa de mujeres.

Os voy a hablar de tres ejemplos, dos actuales, uno de la América pre-colonial y uno de la época prehistórica, que es de donde proviene este mito.

La sociedad de la que más se ha hablado de la prehistoria refiriéndose a ella como matriarcado es Catal Hüyük, un asentamiento urbano neolítico situado en lo que ahora sería Turquía. James Mellaart, quien dirigió la excavación, llegó a una serie de conclusiones que podrían otorgar a Catal Hüyük carácter matrilocal. Los pobladores de Catal Hüyük enterraban a sus muertos dentro de la aldea, que tendría una media de entre 5.000 y 8.000 habitantes. Tan solo los privilegiados, en su mayor parte mujeres, eran enterrados en las casas y estaban teñidos de rojo, por lo que los antropólogos han concluido que mantenían un alto estatus en esta sociedad. El hecho de que pintaran a las mujeres antes de enterrarlas no significa que fuera un matriarcado.

Museo, estatuilla, prehistoria, Catal Huyuk, Anatolia

Estatuilla representando una Diosa Madre de Catal Hüyük en el Museo de Ankara

Pese al considerable comercio y la elevada especialización no se reconoce una división del trabajo. La mujer era venerada dentro del gran número de lugares de culto dentro de la ciudad, con representaciones llamadas Diosa Madre, generalmente estatuillas y pinturas, que representan la fecundidad de la mujer, sentadas o en el momento del parto. Tampoco esto significa que fuese un matriarcado, significa que se dieron cuenta de que lxs niñxs no los trae la cigüeña.

Uno de los ejemplos actuales de una sociedad matrilineal son los Mosuo, en China, cerca de la frontera con el Tíbet, a las orillas del lago Lugu. Su aislamiento del resto del mundo y la escasez de hombres provocaron que las mujeres tuvieran que proporcionar alimento. Ésta es una de las razones más comunes del desarrollo de sociedades matrilineales, la independencia económica de sociedades cazadoras y recolectoras, por lo que, como dice Gerda Lerner, generalmente en sociedades matrilineales el estatus de los hombres y las mujeres está separado pero es igual.

Flickr, Lago Lugu, China, Mosuo

Lago Lugu, Rhea Lee en Flickr

Sin embargo, que no existan jerarquías de poder por la división del trabajo no significa que sea un matriarcado. Al mismo tiempo, no existe el concepto de matrimonio, es común que tanto los hombres como las mujeres tengan varios amantes; éstas relaciones se llaman matrimonios andantes. Por lo tanto, las familias son muy extensas y las parejas no están ligadas por ningún tipo de relación económica. De esta manera no conviven en la misma casa, los hombres viven siempre en casa de sus madres.

Esto es una sociedad matrilineal, las relaciones de parentesco y la herencia se cercan en el marco de la familia materna. Con todo, incluso en sociedades matrilineales en muchas ocasiones el pariente varón toma las decisiones económicas y familiares. Particularmente, el poder político de los Mosuo está controlado por los hombres.

Iroqués, en Flickr por David Eastis

Los iroquesesnativos norteamericanos, son especialmente famosos entre los antropólogos. Asentadas en los Grandes Lagos, las iroquesas tenían una alto posición en la tribu eligiendo a los nuevos jefes militares. Éste es un ejemplo de matrilocalidad, ya que las familias se asientan en el lado de la madre y lxs hijxs reciben el nombre del clan de la madre. Las mujeres, por mucho prestigio que tuvieran dentro de la tribu, no formaban parte del consejo de ancianos. Aunque tenían un papel central como dueñas de toda la propiedad, y protagonistas de los servicios religiosos, éstas nunca fueron los líderes políticos de la tribu ni tampoco sus jefes.

Por otro lado, Campo Piyapi o Chayahuitas, un pueblo del amazonas peruano, con una población de entre 10.000 y 12.000 habitantes, viven entre el río Marañón al norte, las estribaciones de los Andes al oeste y el río Huallaga. Esta sociedad tiene descendencia bilateral, ya que tanto el padre como la madre tienen el derecho de parentesco y herencia para con sus hijxs.

Además, la sociedad tiene carácter matrilocal, lo que quiere decir que la norma de convivencia post-matrimonial es que la residencia se mantenga con la familia materna. Que las familias vivan con sus abuelas no significa que sea un matriarcado. 

Sabiendo todo esto voy a compartir con vosotros mi “Guía fácil para saber si te están hablando de un matriarcado, o se están colando” en tres pasos:

  1. Pregunta: ¿Las mujeres tienen dominio sobre la sexualidad y el matrimonio de los hombres, y toman todas las decisiones públicas y privadas?
  2. Si la respuesta es no, no es un matriarcado.
  3. Vuelve a repetir el paso nº 1 hasta que se den cuenta de que se están colando, o te la están intentando colar a ti.





Prensa informachista

La prensa deportiva esconde, entre la información y el amarillismo, la medalla de oro del patriarcado en el ámbito del deporte. El papel del deporte femenino queda relegado normalmente al de mujeres de, a los cuerpos “cosificados” de manera metódica y al uso del comparativo desde la perspectiva masculina para explicar y entender el deporte femenino.

Que sea “lo normal”, que se haya hecho “desde siempre”, nunca puede ser excusa ni motivo para no abarcar el tema; que la prensa generalista use vocabulario machista en los casos de asesinatos machistas o que sólo uno de los grandes medios de comunicación escritos esté dirigido por una mujer no puede quedarse en una anécdota.

Una de las descendientes directas de la prensa escrita es la deportiva, un mundo históricamente de hombres para hombres, dirigido por hombres y dirigido a hombres.

Si la portada del periódico más vendido en España, incluida la prensa generalista, hablara de los deportistas como hacen con las deportistas, ¿qué ocurriría? Quizás la portada pase desapercibida pero el lector, acostumbrado a un punto de vista muy particular, no se verá familiarizado con el producto que consume normalmente. Sus ídolos aparecen semindesnudos respondiendo o esquivando preguntas sobre cremas y masajes y las grandes atletas españolas, con más medallas que ellos en los últimos campeonatos europeos y mundiales, hablarán de entrenamiento, marcas y patrocinadores. Por eso la campaña #CoverTheAthlete (cubre al deportista, lo que hace, a lo que se dedica) transmite muy bien esta idea.

Como relata Naomi Klein en No logo, fue la prensa quien convirtió al fútbol americano en un deporte de masas, de ser un juego universitario pasó a ser el evento deportivo televisado más importante de Norteamérica. ¿Cómo? “Simplemente” metiendo cientos de cámaras en partidos de las mejores universidades, retransmitiendo en directo y en todo momento la previa, los pasacalles, entrevistas, debates… Exactamente igual que la NBA, la mejor liga de baloncesto mundial, pasó de ser la vara de medir entre egos universitarios a mover miles de millones.

El poder de los mass media no nació durante las grandes guerras para morir al terminarlas, sino todo lo contrario: en esta “sociedad del espectáculo”, el poder de influencia en la población es altísimo. Escondidos en que reflejan la sociedad, no suelen asumir que además de reflejo son productores de contenido, influyentes en las conductas.

El objetivo no es ser ni adoctrinante en el sentido opuesto, ni moralista si quiera, tan “solo” poner el punto de mira-da crítica en la prensa y en medios leídos por más de 10 millones (sólo Marca suma más de 7.600.000 lectores entre papel y web). “Atacar” el periodismo es quizás un juicio de valor, aunque como dice el propio director de The New Yorker para JotDown, “no seamos románticos, antes de Internet también había basura en el periodismo”…

Los estereotipos sociales tradicionalmente ligados a la feminidad, como pueden ser la pasividad y la sumisión, sumados a unas diferencias biológicas mal interpretadas intencionadamente, siguen limitando de algún modo la actividad deportiva de las mujeres. Provocando que ellas practiquen menos deportes y con menos frecuencia que los hombres, inclinándose además por la natación, el tenis o la gimnasia como prácticas que no contradicen el modelo femenino tradicional. La cultura occidental, sí, la occidental, ha defendido hasta hace poco que las mujeres no sólo eran diferentes a los hombres, sino inferiores. Los estereotipos ligados a la feminidad (sensibilidad, sumisión) y a la masculinidad (valentía, actividad, dureza, agresividad) siguen estando vigentes y han ejercido una fuerte influencia en el deporte. Las diferencias biológicas mal-interpretadas (o intencionadamente interpretadas) han limitado el conocimiento y uso del propio cuerpo.

“La hegemonía masculina en el deporte es más resistente al cambio que cualquier otra área de la cultura” (J. Hargreaves)

El modelo deportivo dominante sigue siendo el conocido principio de citius, altius, fortius; el cuerpo es un instrumento de consecución y superación de metas o de batir récords al margen de emociones, sentimientos, esperanzas, ansiedades y recuerdos. Así, el deporte es el ámbito social perfecto para escenificar la creada identidad masculina: esa agresión y rivalidad bajo unas determinadas reglas. Al deporte moderno (s. XIX) las mujeres se han ido incorporando a medida que han accedido a otras esferas y actividades públicas, pero siempre bajo la amenaza del férreo listón masculino que las ha situado por debajo de las marcas y los récords.

Titular dedicado a una de las deportistas más exitosas del país

Titular dedicado a una de las deportistas más exitosas del país: Carolina Marín

Hay autores y autoras que tratan el machismo en el deporte como una expresión del sentimiento de inferioridad de los hombres frente a las mujeres, necesitando demostrar quién es el mejor para compensar una falta de autoconfianza. Las bases del machismo en el deporte las soporta la idea de que, si hay un ámbito en el que no existieran dudas sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres (y sobre todo la superioridad masculina), ese es el ámbito deportivo. En una sociedad donde las mujeres han accedido a todas las esferas públicas, el mundo deportivo permanece como ese último reducto de difícil acceso, sustentando por la mera diferencia biológica.

A nivel pedagógico el deporte, al ser una conducta corporal, expresiva y social aprendida, juega un papel esencial en la construcción y consolidación de la jerarquía existente entre los géneros, porque crea perfiles y referentes desde la niñez. La identidad masculina y femenina se conforman socialmente a través de pautas de comportamiento: «jugar con muñecas es de niñas», “mira qué tranquila es ella”, «los niños son más brutos»… En este proceso, los aprendizajes motores y de percepción del propio cuerpo forman una parte importante («niña, no te muevas tanto que pareces un niño»…).

Según un estudio sobre comportamiento deportivo en España, las mujeres consideran que son la natación (45%), el tenis (39%) y la gimnasia (38%) los deportes más apropiados para ella; por el contrario, los menos apropiados son el fútbol (para el 46%), el boxeo (40%) y el rugby (13%).

Hay mitos en todas las culturas; en España muchos vienen del período franquista, con argumentos como la masculinización a través del deporte, basado en la errónea identificación masculino-fortaleza, y de lo femenino con fragilidad/sensibilidad.

Durante décadas se dijo que el de deporte es perjudicial para la salud de la mujer. Algo evidentemente desterrado hoy en día, lo que se defiende es que el deporte es beneficioso tanto para hombres como para mujeres practicado moderadamente, y que comienza a resultar peligroso cuando se sobrepasan los límites. Otro, más absurdo si cabe, era el «no son ‘buenas’ para el deporte».

Al margen de los mitos planteados por J. Hargreaves, no hay que olvidar que todavía hoy son las mujeres las encargadas de la mayoría de tareas domésticas y el cuidado de las personas dependientes (niños, ancianos, enfermos), por lo que el tiempo libre es mucho menor, fragmentado. Las diferencias en los salarios, la feminización de la pobreza, no se quedan al margen en este ámbito.

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En definitiva, el machismo presente el deporte afecta tanto a las mujeres como a los hombres. Cuando son ellos los que practican deportes que no coinciden con los catalogados como masculinos, como la gimnasia, son vistos como afeminados, catalogados como poco viriles y son socialmente etiquetados. Por lo tanto, el machismo tradicional empobrece la práctica deportiva en general, impidiendo el desarrollo de todas las potencialidades humanas, ocurriendo esto en otras tantas actividades artísticas, deportivas… Sería absurdo negar que las diferencias biológicas no existen, pero quizás mejor plantear que cada persona debe ser evaluada y considerada individualmente, «teniendo en cuenta su sexo, edad y condición física, creando nuevas reglas que no tachen de inferior ni a mujeres ni a hombres, sino diferentes” -Informe Junta de Andalucía, Consejería de Igualdad-.  El adalid de la alta competición son los Juegos Olímpicos, mediatizados por intereses económicos y políticos que hacen muy difícil introducir reflexiones sobre nuevas reglas, aunque en Atlanta 96, por ejemplo, vemos cómo se ha incorporado el fútbol practicado por mujeres (con un gran menosprecio informativo por parte de los medios de comunicación españoles, como ocurre generalmente con el deporte practicado por mujeres). No se trata de crear nuevos mitos y estereotipos de igualdad absoluta al margen de las diferencias, pero estos puntos divergentes deben servir para enriquecer a las personas, permitiendo una elección más libre del tipo de actividad físico-deportiva que se desee poner en práctica. La marcha, el atletismo, el baile, los deportes de riesgo y aventura, desarrollan nuevos valores como la expresividad, la comunicación, el respeto a la naturaleza, el placer, sin estigmas que clasifiquen a las personas. A lo mejor el enriquecimiento debería venir con el desarrollo de un nuevo modelo deportivo donde no todo sean marcas y premios, sin vencedores y vencidos… Aunque quizás esto sea otro tema…

Se han mencionados las “diferencias” biológicas, pero un hombre cobra más por el mismo trabajo, la medicina lleva siglos investigando más sus dolencias que las de la mujer, el Estado nunca se mete en qué hace el hombre con su cuerpo, las mujeres no agreden al sexo contrario ni los mata por el simple hecho de serlos… ¿Por qué se ha hablado tanto siempre de diferencias biológicas?

La desigualdad existe, es evidente pero si a ser mujer le sumas ser deportista en España la ecuación cambia… a peor. Las subvenciones para el deporte femenino no llegan al 30% del total, muchas federaciones deportivas no cumplen el mínimo de 33% de mujeres en los asientos de las juntas directivas o carecen de un protocolo de prevención contra el maltrato y el abuso sexual. Volviendo a la prensa deportiva, estos temas suelen ser invisibles, nada comparable con una tarjeta amarilla en un partido de fútbol cualquiera. Ana Muñoz, directora del Consejo Superior de Deportes se reunió con los directores de los cuatro diarios deportivos más importantes del país y estuvieron hablando de igualdad. La prensa dice que lo intenta, pero que la venta de periódicos baja cuando se ponen en portada deportes minoritarios -¿Qué es minoritario y quién lo hace mayoritario?-, asumiendo de entrada que el deporte femenino lo es. Sus palabras fueron: “En vez de reivindicar un espacio propio por el simple hecho de ser mujeres, creo que tenemos que ser imaginativas en la búsqueda de fórmulas que permitan que la presencia del deporte femenino en prensa se produzca en un ámbito que los medios les resulte rentable”. Desgraciadamente, la imaginación de la prensa deportiva en su búsqueda de igualdad en muchas ocasiones parece que sólo dé para esto…

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En qué se parecen Ryan Gosling y Álvaro Reyes

Hace unas semanas el «maestro de la seducción» Álvaro Reyes salta otra vez a la palestra; en este caso por el escrache feminista que se ha encontrado en su última llegada a Barcelona; una acción de autodefensa, teniendo en cuenta que estaba en un lugar público rodeado de una serie de discípulos a los que enseña a acosar a mujeres. Lo sorprendente no es este episodio; lo sorprendente es que este tipo y sus congéneres puedan seguir haciendo de eso que llaman «la seducción científica» y que no es más que el acoso sexual sistematizado reconvertido en un programa de coaching su modo de vida. Digo «sorprendente», pero es falso: no me sorprende para nada si consideramos el imaginario al que estos hombres están sometidos.

Y es que no hay ninguna diferencia entre «alvarodaygame» y todos los personajes de Ryan Gosling, salvo, quizás, que la mayoría de la gente encuentra a Gosling atractivo (diferencia, por otra parte, muy relevante, en tanto que hablamos precisamente de un hombre que enseña a «saltarse» las reticencias de las mujeres que no quieren tener sexo con él. Es muy posible que el hecho de que a mí me dé un poco de repelús a nivel físico sea lo único que hace que a mis ojos películas como El diario de Noa, Blue Valentine o Crazy, Stupid, Love no sean más que un alegato romántico a favor del acoso sexual.

Todas ellas se desarrollan bajo el mismo esquema: Gosling aparece, ve a la chica, decide que va a acostarse/casarse /tener hijos con ella, y a partir de ahí durante todo el primer acto se dedica a enfrentarse a sus múltiples negativas de forma más o menos espectacular o más o menos grimosa: desde el «romántico» salto a la noria de El diario de Noa al repugnante movimiento a lo American Psycho de Crazy, Stupid, Love. El problema de El diario de Noa no es la idea del alma gemela o el discurso-sueño americano de que el amor no entiende de clases (en el que mejor que no entre); igual que en Blue Valentine, el problema no es si la vida sexoafectiva de los protagonistas es más o menos satisfactoria. El problema es que en todas estas películas se muestra exactamente el mismo mensaje que en todos estos negocios de acoso al por mayor, es decir: el que la sigue la consigue y si no es así es porque ella es una estrecha.

En Crazy, Stupid, Love es en la que más claramente podemos ver el paralelismo entre Gosling y Álvaro Reyes o cualquiera de estos autoproclamados gurús (estrictamente hablando, acosadores). Pero no existen diferencias más que de estilo en el patrón que todos ellos siguen para acercarse a las mujeres. Aparentemente las negativas de ellas no importan, nunca importan. Aparentemente, Gosling tiene perfecta legitimidad para empezar a seguirla: en sus trabajos, a sus casas, por su pueblo. Y, por supuesto, junto a la protagonista siempre hay un personaje que le recomienda «no ser tan estirada». Chicas del mundo, ¿cuántas veces habéis escuchado que sois unas estiradas/frígidas/bordes simplemente por no ceder ante los requerimientos de un tipo que no os atraía y punto?

Si no es complicado con es el amor de tu vida

Las feministas repetimos continuamente que «ni las mujeres ni los territorios son espacios de conquista», pero exactamente igual que la historia nos demuestra que somos incapaces de aprenderlo en el caso de las fronteras, hay todo un aparato que justifica que también las mujeres deben ser colonizadas. Empezando por el discurso científico de la reproducción en el que los valientes espermatozoides se adentran a través del sinuoso, laberíntico y hostil paso de la vagina para alcanzar al expectante óvulo que aparentemente no tiene nada mejor que hacer que esperar pasivamente a ser fecundado (una descripción bastante sesgada de un proceso que requiere la colaboración de todo el aparato femenino para culminar). Esperar, como dice Pamela Palenciano, es el eterno rol de lo femenino. En este caso tenemos la promesa de una fantástica historia de amor. ¿Qué pasa, que el chico no te atrae? No te preocupes y espera, ¡es cuestión de tiempo! Acostúmbrate.

En psicología social se llama «efecto de mera exposición» a este por el cual los estímulos se nos hacen cada vez más agradables simplemente por el hecho de ser conocidos. Es ese fenómeno por el que preferimos los números que nos recuerdan a nuestra fecha de nacimiento o a la casa que vivíamos de pequeños. Al nivel de la atracción interpersonal, hay experimentos que demuestran que los mismos usuarios encuentran a la misma chica mucho más atractiva después de que esta le siga (que aparezca en sus clases, se deje ver en sus espacios de ocio, etcétera), incluso aunque nunca hayan interactuado. Es decir: lo grave es que, efectivamente, a nivel cognitivo la cosa funciona. Cuando hemos visto numerosas veces el mismo estímulo empieza a parecernos familiar y deja de parecernos amenazante. Por eso los personajes de Ryan Gosling son peligrosos: porque nos están indicando que el acosador al final no es tan malo, que es una cuestión de paciencia, que hay un buen tío detrás de la insistencia, que nadie nos querrá tanto como ellos; en definitiva, que tenemos el imperativo social de decir que sí, de dejar de ser desgraciadas, de dejarnos seducir por estos «científicos» que, amparados en preocupantes deformaciones de todas las teorías biológicas, psicológicas y sociológicas para que legitimen un comportamiento repugnante se empeñan en convertir el consentimiento en el resultado final de una ecuación, en vez de en un acto de voluntad; como si cualquier cosa que obligase a una persona a realizar algo anulando su voluntad previa no fuese, por su propia naturaleza, un acto inmoral.





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