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Entrega

Por Remei González Manzanero, finalista del I Concurso literario «Parece amor, pero no lo es».

 

Si para entregarte necesitas

desmenuzar mis inmensidades,

hacerme pequeñita,

solicitármelo todo,

agarrar mis piedras sórdidas

y ponerlas sobre la mesa

para que los dos sepamos quién soy

y para que ignoremos al miserable canalla que eres,

no tengo más que decirte:

me entrego a mí.

"You are worthy of love"
Photo de Tim Mossholder en Unsplash

Sobre Remei González Manzanero:

Barcelona, 1990. Estudió Filología Hispánica, un máster de Ciencia Cognitiva y Lenguaje y el máster de Formación del Profesorado en la Universidad de Barcelona. Actualmente es profesora de lengua y literatura en educación secundaria y cursa el doctorado de Didáctica de la Lengua y Literatura en la Universidad de Barcelona. Algunos de sus poemas y relatos han aparecido en revistas como Oculta, Ariadna, Fábula o Blanco Móvil y en antologías como A bocajarro o el XIV Cuaderno de Profesores Poetas. Autoeditó el fotopoemario Puzle berliniano (2011) y el cuaderno de poesía El mundo de las almohadas (2017).

*Nota: este texto se enmarca en el I Concurso Literario «Parece amor, pero no lo es». Ha sido seleccionado como finalista por parte del jurado porque creemos que puede ser interesante para un debate en torno a la construcción de relaciones amorosas más sanas. No coincide necesariamente con la opinión de las personas que integran el jurado o la coordinación de Parece amor, pero no lo es. Si tienes algún comentario, no dudes en dejarlo debajo de este artículo. ¡Todo debate respetuoso es más que bienvenido!

Ni chicas guays ni chicos que no lloran

Llevo días preguntándome cómo llegan a influir los estereotipos de género en nuestras relaciones, especialmente las de pareja, y cómo estos estereotipos introducen dinámicas tóxicas. Parece algo obvio y simple, pero tras esta idea se esconden numerosas frustraciones, complejos, miedos y dinámicas de violencia que dinamitan relaciones y causan sufrimiento.

Es cierto que mujeres y hombres hemos aprendido que nuestro papel en la sociedad es distinto, son siglos de cultura patriarcal sobre nuestras espaldas que no podemos hacer desaparecer de repente. Esto requiere mucho trabajo para desaprender todas nuestras conductas y crear nuevas dinámicas más sanas e igualitarias. Es dinamitar la manera de relacionarnos, de pensar, de amar, y ello requiere un arduo trabajo interno y con el resto del mundo.  La cuestión es que la teoría es muy fácil, ¿quién quiere tener una relación tóxica? Pero a la hora de la verdad todos los comportamientos heredados de nuestra educación y cultura pueden dar lugar a que nuestras relaciones se conviertan en un elemento dañino en nuestras vidas. Entender qué sucede es fundamental para poder cambiarlo.

La teoría es muy fácil, ¿quién quiere tener una relación tóxica? Clic para tuitear

Se podrían identificar estos comportamientos en cualquier representación cultural del amor romántico. Los hombres se muestran fríos, emocionalmente distantes y parcos en palabras, en cambio las mujeres somos parlanchinas y emocionalmente inestables. Como digo, se trata de representaciones socialmente construidas. No es que los hombres sean emocionalmente distantes y las seamos mujeres emocionalmente inestables por naturaleza. Además, estos rasgos se representan de una manera exagerada y, poco a poco, la representación influye en la realidad y viceversa. La buena noticia es que estos estereotipos pueden cambiarse.

Uno de los puntos donde más parece que diferimos hombres y mujeres, o al menos esa es mi experiencia, es el tema de la comunicación. Es cierto que nosotras tenemos mayor facilidad para expresar emociones y sentimientos —no hay más que hablar con mujeres para darte cuenta de ello— mientras que si te juntas con ellos la parte emocional de su vida apenas aparece. Este problema puede parecer sacado del argumento de Sexo en Nueva York, pero a la hora de establecer relaciones puede ser un problema. Evitar tener ciertas conversaciones o expresar sentimientos dificulta que la gente de nuestro entorno entienda qué nos sucede. ¿Quién no se ha montado una película merecedora de un Oscar imaginando lo que sucede en la cabeza de nuestra pareja? Hablar permite entender lo que la otra persona quiere y necesita, ayudándonos a saber qué posición tomar dentro de la situación.

Imagen de Monstruo Espagueti. Para comunicar es necesario hacerlo de manera que se busque el entendimiento de nuestro interlocutor. Esto no es algo fácil, para nada, requiere mucho trabajo previo.

Otro de los aspectos que he visto que se están generalizando es la idea de “las tías guays”. ¿Qué es una tía guay? Es una mujer, guapa, joven y delgada —por supuesto—, divertida, atrevida y algo alocada. Desde mi punto de vista es una imagen profundamente masculina de lo que tiene que ser una mujer: ser complaciente, en todos los sentidos, que solo quiera pasárselo bien, nada de problemas. No es de esas chicas aburridas que hablan de sus sentimientos y que tienen preocupaciones. Es lo que siempre, a través del cine sobre todo, se ha representado en un hombre pero en el cuerpo de una treintañera de talla 34. Pensaba que esta imagen de mujer perfecta era solo eso, una imagen, pero hablando con amigas (de verdad que nuestras charlas son terapéuticas) me di cuenta de que no. La idea de que una mujer tiene que ser perfecta está grabada en la mente masculina.

Llegados a este punto hay que hablar de gestión de emociones y de cuidados. Las mujeres hemos sido y somos las mamás de la Tierra, siempre preocupándonos por el resto, escuchando, queriendo, cuidando. Para ser perfecta hay que cuidar a los demás de manera altruista y con una gran sonrisa. Esto, por desgracia, también lo tenemos presente en nuestra cabeza dando lugar a un nivel de autoexigencia muy peligroso (no voy a hablar de los trastornos que desencadena esto porque no acabo el post). El problema viene cuando nos ponemos a nosotras por delante o cuando no tenemos la capacidad para ello. Nadie quiere una mujer triste, angustiada o estresada. Eso no es sexy. Esos momentos de bajón que todo el mundo tiene a nosotras nos pueden convertir en un coñazo (nótese el machismo y la transmisoginia).

Nosotras somos como flores, somos bonitas hasta que nos marchitamos.

Esto está íntimamente ligado a la gestión de emociones. Nosotras somos unas locas del c*** (nótese, de nuevo, la transmisoginia y el capacitismo de la expresión) con nuestras subidas y bajadas emocionales. Si estás arriba, genial, pero cuando atravesamos una racha mala: «Tía, te has vuelto un muermo». En cambio ellos siempre están bien, ¿no? Mentira y bien gorda. Se nos educa desde la cuna para gestionar las emociones de manera distinta, o directamente no se nos enseña a ello. Con esto me refiero al típico “los chicos no lloran”. Claro que lo hacen, y deberían hacerlo más, he aquí un gran trabajo a hacer por parte del género masculino para construir una nueva forma de gestionar, ACEPTAR y COMUNICAR las emociones. Esta descompensación a la hora de trabajar las emociones dificulta las relaciones, ya que por un lado a nosotras se nos ve como inestables y a ellos como distantes.

Otro de los puntos fuertes de las relaciones de pareja es la codependencia que se genera. Nosotras somos dependientes porque se nos ha enseñado a serlo y ellos son los que nos tienen que salvar. Sin embargo, los cuentos de princesas frágiles que necesitan ser rescatadas solo fomentan la toxicidad. No se puede salvar a nadie, por muy jodide que esté. Esta idea fomenta una idea nociva en la que una depende del otro, de manera que nosotras dejamos la responsabilidad al otro, que, si no puede salvarnos, se sentirá inútil por ello. Acompañar a la otra persona en los malos momentos sin pretender ser quien la saque del lodo, así como entender que no somos princesas que requieran de un príncipe azul para resolver sus vidas, es necesario para crear nuevos modelos relacionales en los que seamos más iguales.

Puede parecer que los estereotipos de género son manejables y que no tienen tanta influencia, y puede que así sea; sin embargo, los hemos interiorizado a través de la cultura y las personas que nos rodean, por lo que deshacernos de todo esto no es sencillo. Aun así hay que intentarlo para dinamitar las dinámicas tóxicas que se forman dentro de las relaciones para evitar malentendidos que dan lugar a situaciones dolorosas.

Construir relaciones más sanas pasa por acabar con los estereotipos de género.





María (y casi todas): sobre «María (y los demás)», de Nely Reguera

(Atención lector/a, este post contiene SPOILERS de la película).

María podríamos ser todas en algún momento de nuestras vidas. Y los demás son aquellas personas que están alrededor: la familia, los amigos, los compañeros o los conocidos con los que se comparten los días. Personas que, aunque físicamente estén cerca, no siempre pueden entenderla.

Cartel promocional de la película "María (y los demás)"

Cartel de la película «María (y los demás)»

Los demás quieren que María les escuche. Pero ella siente que su momento nunca termina de llegar. María ha cuidado de su padre enfermo durante meses, o quizás puede que haya sido más tiempo. Desde que tenía quince años, exactamente, que es cuando murió su madre. Y es que ella tiene dos hermanos que a veces le dicen que la quieren efusivamente y que le cantan el Como yo te amo de Rocío Jurado, pero que se desentienden cuando se trata de compartir tareas y cuidados o la llaman histérica cuando se le ocurre protestar, que no creen en sus capacidades lo más mínimo, a pesar de que lo hace casi todo.

Ahora su padre se ha recuperado y va a casarse con Cachita, su enfermera. Y María no puede tener sororidad hacia Cachita porque ella no la tiene hacia María.

Tampoco María puede conectar con sus amigas cuando le hablan de lo bueno de la vida, de todas esas cosas que ella no tiene. O con la joven y exitosa escritora que presenta su nueva novela en la editorial en la que ella trabaja. En esos casos, María siente una profunda rabia.

María es estricta consigo misma, pero deja los zapatos tirados por la habitación y las carpetas desperdigadas por el escritorio del ordenador. Y con la cabeza desorganizada, durante las noches, busca un final para la novela que no consigue acabar.

Imagen en la que la protagonista de la película, María, escribe su novela

María tratando de acabar su novela

María tiene un amante que es un capullo, que no la valora, que exige demasiado mientras se desentiende de casi todo, que desaparece cuando le da la gana y que la manipula sentimentalmente. Un amante que solo la llama para tener sexo. Siempre el tipo de sexo que él quiere tener. Y ni hablar de lo que María quiere o le apetece o siente. Ella se pone feliz cuando recibe un poco de atención de este amante. Cuando, después de horas esperando, le contesta un WhatsApp. Entonces tararea canciones y sonríe durante el resto del día. Porque sabe que, aunque esté fastidiada, estando con él se aferra a lo que las normas sociales marcan para una chica de su edad. Por eso, cuando su familia le pregunta con quién va a ir a la boda de su padre, ella dice que con su novio.

Y es que a María, al igual que a Amélie Poulain, se le escapan las oportunidades por no enfrentarse a la realidad y perderse en el artificio. Se le escapa la novela, se le escapa la felicidad, se le escapan los treinta y cinco y la fuerza para mandar a paseo a los hombres egoístas que hay a su alrededor. Hasta ella parece querer escaparse de su propia vida cuando la vemos correr por la calle de un lugar a otro en algunas escenas.

Y yo, que llego cerca de un año tarde a esta película, tengo que agradecerle a Nely Reguera que haya dirigido un largometraje tan cuajado de detalles y matices como María (y los demás). Porque no está de más que nos recuerden que la realidad no se compone por personas esencial y arquetípicamente malas o buenas: todos oscilamos entre una amplia gama de grises. Como María, que se sorprende a sí misma observando impasible cómo Cachita se ahoga en el mar justo antes de tirarse a por ella al agua.

Hacen mucha falta películas que pongan bajo el microscopio las historias que narran. Que hablen de que perderse es normal, que nos muestren a mujeres que tienen dificultades, que están en encrucijadas, que pelean y que todos los días se atreven, a pesar de los demás, a pesar del contexto que las acompaña. Estas historias son más importantes, interesantes y necesarias de lo que solemos pensar.





Te amo porque no te necesito

Te amo porque no te necesito.

Hace unos cuatro años que me he cruzado sentimentalmente con un par de parejas que me han enseñado a amar con libertad, tanto así que a la primera la dejé por no compartir sus vicios y adicciones. Y sí que estaba confundida por cómo me sentía: extrañaba mucho su sonrisa, su aroma, su forma de amarme, cómo regresaba luego de una larga pausa para volvernos a amar.

Persona sostiene dos trozos de una cadena con una puesta de sol detrás

Rompe tus cadenas, vía WordPress

Ante los ojos del mundo, era una relación insana, propia del tacho de la basura, porque se enmarcaba en la típica pareja en la cual el hombre tiene el poder de irse y volver cuantas veces quiera y la doncella le lanzaría sus trenzas en el momento que lo viera volver desde su balcón. No, no era así. El mundo no pudo y no puede comprender la libertad y el amor como hermanas. Se lo entiende como esclavitud de dos seres humanos bajo un mismo techo. La relación acabó un año después de haber empezado… digamos que en buenos términos. Tanto así que recibimos, eventualmente, mensajes uno del otro que jamás son respondidos. Únicamente, supongo yo, para hacernos saber que fuimos importantes en la vida de cada uno.

La segunda pareja fue aún más importante para mí. Tuvimos un hijo, el cual tiene ya un año, y hace pocas semanas nos hemos dado una oportunidad para volvernos amar. Fue más difícil comprender la distancia, un poco la frialdad con la cual fueron criados la mayoría de hombres latinos, creo yo, y principalmente la ausencia de su cuerpo, de las risas, de los buenos momentos.

A pesar de habernos declarado enemigos por dos años, nuestro reencuentro fue con amor: nos hablamos, lloré, reclamamos, negamos la culpa y nos besamos… Ahora, con toda la experiencia que te pueden dar los 40, se me hace mucho más difícil amar sin expresar todas esas necesidades que te pueden hacer caer en la posesión de tu pareja. ¿O estoy equivocada y hago mal en no decir «te extraño y necesito que vengas dejando trabajos y responsabilidades»? ¿O estoy pasando la dura prueba de la madurez en el amor? Eso que hace que te confundas entre dejarte llevar en el fluir de la vida hasta ver a dónde nos lleva esta relación o comenzar a comportarse intensamente para que esa persona sepa, a ciencia cierta, que tú la amas? ¿Es necesario mantener el amor con expresiones diarias de afecto? ¿Corres el riesgo de asfixiar a tu pareja? ¿Es normal decir que exiges más? ¿Hay que acomodarse a las circunstancias?

No lo sé. Un año de terapias psicológicas tampoco lo han resuelto. Lo que sí es certero es que mi pareja sabe que, sin él, puedo vivir… Aunque pase un mes llorando, gritando, adelgazándome sé muy bien, y él también, que la vida sigue su rumbo.

TE AMO, PORQUE NO TE NECESITO





El amor romántico y sus mitos

¿Alguna vez has sentido que estabas en una relación que te hacía más mal que bien? ¿Alguna vez pensaste que, aunque había cosas de tu pareja que no te gustaban, seguro que podías hacer que cambiara por amor? ¿Alguna vez te ha mirado tu pareja el móvil, revisando tus mensajes o con quién habías hablado? ¿Alguna tu chico te ha recriminado que llevaras una falda corta o que salieras con tus amigas? ¿Alguna vez te ha hecho ilusión que tu novio se pusiera celoso de que hablaras con un amigo tuyo porque has pensado que era señal de que te quería?

Podemos entender por amor romántico un modelo de amor que sostiene la familia tradicional: relaciones estables, monógamas (una sola pareja), heterosexuales (hombre-mujer) y generalmente con hijos/as. Otro tipo de relaciones son rechazadas en las sociedades en las que el modelo de amor romántico predomina porque la diversidad es una amenaza. Pero no debemos pensar solo en personas casadas y adultas cuando pensamos en este tipo de amor. La mayoría de las características se dan en relaciones entre jóvenes y se pueden dar entre personas homosexuales. El modelo de familia tradicional es, simplemente, el tipo de relación predominante en el imaginario de la sociedad.

Frase de Kate Millet sobre el amor

Frase de Kate Millet

El amor romántico está basado en una serie de mitos o creencias falsas que expondré a continuación. Estos mitos, junto con el hecho de que el amor romántico tiende a rechazar y excluir otros tipos de amor, hacen que el amor romántico sea un modelo dañino. Por eso en Parece amor, pero no lo es queremos contribuir a construir formas diferentes de afecto y cuidados. Los mitos son los siguientes:

  • Media naranja: encontramos su explicación en la obra El banquete, de Platón, donde los seres humanos eran perfectos, redondeados y tenían piernas, brazos y cara por duplicado. Estos desafiaron a los dioses y su castigo fue ser divididos en dos, disminuyendo su poder. Para el tema que nos ocupa, esto se traduce en que los seres humanos reales somos seres incompletos que buscan su media naranja, la parte que nos arrebataron. Pero la realidad es otra: ni necesitamos que nadie nos complete ni existe una única persona con la que podamos encajar.

Pintada en la que se lee "sin ti soy yo".

Sin ti soy yo, vía Pikara Magazine

  • Finitud: según esta idea, el amor es limitado; es como si tener otras relaciones afectivas y otras amistades significara querer menos a esa otra persona. Por supuesto, esto no es así.
  • Amor jerarquizado: sitúa a la pareja en la cúspide de la pirámide y coloca el resto de formas de amor, como la amistad, en un segundo plano.
  • Pareja como «todo»: la pareja se entiende como una especie de entidad sagrada que lo es todo, de manera que no necesitamos tener más relaciones. Esta creencia, unida a que en la fase de enamoramiento «solo tenemos ojos» para la persona de la que nos hemos enamorado, hace que muchas personas dejen de lado otras relaciones cuando empiezan a salir con alguien. Sin embargo, esto es un error por varias razones. En primer lugar, y egoístamente, no sabes cuánto va a durar esa relación, y si dejas de lado tus otras relaciones es probable que no puedas recuperarlas más tarde y te quedes solo/a. En segundo lugar, tus amigos y familiares no se merecen eso; cuidar a la gente a la que quieres y que te quiere es importante. En tercer lugar, reducir tus relaciones a una supone depositar una gran responsabilidad en esa persona; no es saludable hacerlo todo con una única persona, es bueno diversificar y tener tiempos de ocio por separado.

Que no te deje hacer lo que te gusta no es amor

Que no te deje hacer lo que te gusta no es amor, vía Youtube

  • Los polos opuestos se atraen: esta creencia enlaza con la anterior. Lo cierto es que puedes encajar muy bien con una persona con gustos diferentes, pero siempre habrá cosas que tengáis en común: una cierta forma de ver la vida, por ejemplo. Pero es importante no romantizar el hecho de que no tengas nada que ver con esa persona que te gusta o incluso choquéis. Las relaciones no deben ser una especie de batalla. Sin embargo, como decíamos antes, está bien que tengáis gustos diferentes y os mováis con grupos distintos con quienes sí podáis compartir esas aficiones. No pasa nada si a ti te gustan los videojuegos y a tu pareja no: ¡vete a viciar con tus colegas mientras él se va a un concierto!
  • Discutir es malo/bueno: a ver, discutir no es malo en sí. Es normal tener discrepancias y no pasa nada por hablar sobre ello siempre que no se falte al respeto. Por el contrario, no discutir nunca no es necesariamente algo 100 % positivo. Puede que os estéis callando cosas que realmente pensáis o que creáis que tener diferencias es algo malo, y esto no es así, es normal porque sois personas diferentes con inquietudes diferentes.
  • El amor lo puede todo: malas noticias: no. Las personas no cambian por amor y, lo que es más, no debemos pretender que cambien por nosotras. Pensar que el amor lo puede todo solo lleva a que nos decepcionen una y otra vez y a exigir a la gente cosas que cambien para adaptarse a nuestros gustos, lo cual no es justo.
  • Celos = amor: no, no y mil veces no. Los celos son el reflejo de miedos e inseguridades y son fruto de los mitos que venimos mencionando —que el amor es finito y querer a una persona significa querer menos a otra, que solo hay una persona hecha para ti, etc.—, pero nunca son señal de amor. No debes tolerar los celos ni creer que indican amor, porque lo que indican es que tu pareja quiere limitarte, controlar con quién sales…

Imagen de Rachel Walker, vía Unspash

  • Amor = enamoramiento: el enamoramiento es una fase que suele durar entre días y unos pocos años; es un proceso bioquímico, sobre el que tenemos poco control y en el que solemos experimentar embelesamiento por la otra persona. Suele ser una fase en la que la relación nos parece mágica. El amor es, en mi opinión, algo sobre lo que tenemos mucho más control. Las cosas no tienen por qué parecer mágicas una vez que termina la fase de enamoramiento, pero da más espacio a los cuidados y permite construir una relación basada en cosas que van más allá de la atracción y la exaltación.

Todas estas características se manifiestan muchas veces de formas sutiles y no son fáciles de detectar. Hemos crecido con referentes que las reproducen una y otra vez y que nos llegan a diario a través de series, películas, libros, anuncios… Aunque puedan parecer inofensivas, estas características combinadas conducen a relaciones de maltrato y a la violencia machista. Es importante no aceptar de forma acrítica las relaciones tal como las conocemos; debemos ser capaces de analizarlas y decidir qué nos sienta bien y qué no nos gusta. Cuando haya algo que no te haga sentir bien, tienes que transmitírselo a tu pareja y hacer lo posible por cambiarlo. También es importante saber que lo que a ti no te sirve puede hacer felices a otras personas, y debemos respetarlo siempre que sean relaciones sanas.

Es importante saber que el amor no duele. Si estás en una relación dañina, no es amor. Esto no quiere decir que todo tenga que ir bien siempre, pero hay líneas que no se pueden cruzar.

Por último, te dejo este vídeo en el que Pamela Palenciano nos explica que No solo duelen los golpes, donde puedes aprender más sobre el amor romántico y sus negativos efectos.

¿Tienes alguna duda? ¿Me he dejado algún mito? Te leo en los comentarios 🙂





El día de la madre son todos

Hoy me gustaría dedicar este post a todas las madres, especialmente a la mía. En mi experiencia personal no me he dado cuenta del trabajo no pagado y no valorado que realizan las madres a diario, hasta que me he independizado. Un trabajo restado de su tiempo de ocio, en parte por la horrorosa cuasi-inexistencia de la conciliación laboral y personal, pero en eso no me voy a meter que da para dos o tres artículos más y muchas barbaridades que no debo decir.

Tradicionalmente, las mujeres siempre nos hemos dedicado a los trabajos de cuidados, no por razones biológicas —no os dejéis engañar—, sino por simple supervivencia de los bebés, ya que dependen de un adulto durante un largo periodo de tiempo en comparación con el resto de los mamíferos. Y qué mejor que las mujeres para tal tarea, ¿verdad?

El amor es lo más importante y requiere entrega total

Ese es uno de los axiomas del amor romántico del que hoy quiero hablaros. La referencia que tiene una misma de la propia existencia personal se elimina para convertirse en algo completamente dependiente de la pareja: no eres nadie sin tu media naranja. Si después de creerte todo eso encima tienes hijos, ya es el summum de la desintegración personal, y es que ya no eres ni media naranja, eres un gajo como mucho.

El amor romántico es la herramienta omnipotente y omnipresente para someter a las mujeres 

Efectivamente como dijo el machirulo Nietzsche, Dios ha muerto, pero en su lugar siempre ha estado el patriarcado. Lo que me pregunto ahora es: en las “sociedades formalmente igualitarias”, como dice la grandísima Ana de Miguel, ¿por qué el amor romántico invita a las mujeres, de manera sutil —o no tanto—, a dejarlo todo por amor? Lo curioso es que no lo dejamos todo realmente, solo dejamos lo que nos gusta hacer, nuestra profesión, nuestros amigos… y, por el camino, a nosotras mismas.

Hablo de mis padres porque es lo que conozco, y porque esto lo escribo como hija de una madre que tuvo que dejar sus sueños para trabajar al lado de su marido y cuidar de sus hijos. Ambos son hijos sanos del patriarcado, mi madre está alienada y mi padre es el prototipo de machirulo (menos mal que sé que no lo va a leer). Tras años de rebelión y de concienciación, el camino feminista me ha llevado a un estado de autoconciencia de la lucha contra el patriarcado que personalmente me hace sentir muy orgullosa. Sin embargo, me ha tocado irme de casa para darme cuenta de las muchas horas que ha dado mi madre por mí quitándoselas a ella misma.

Efectivamente, lo dejó todo.

via: https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20bike/pop

Madre e hija via: https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20bike/pop

Su negocio, su casa, sus amigos… Porque claro, después de 25 años casados es inconcebible que tengan amigos propios; de hecho si mi padre se entera de que algún amigo común habla con ella por WhatsApp se monta la de Dios es Cristo. Lo curioso es que la alienación de mi propia madre dentro de su burbuja de amor romántico consigue que lo vea como un gesto excepcionalmente bonito y, finalmente, que ella acabe haciendo lo mismo con él. Comen juntos, beben juntos, duermen juntos y no cagan juntos porque solo hay un váter, pero no os preocupéis que lo hacen con la puerta abierta.

Mi madre tuvo que ir sola a las ecografías, sola al paritorio y estuvo sola en su recuperación, que realmente duró tres días porque al cuarto tuvo que ir a casa a poner lavadoras y a trabajar. Porque otro tema, además, son las mujeres autónomas, que también da para decir muchas barbaridades. Eso es simplemente un ejemplo de todas las tareas que realiza diariamente, que ella jura que le gustan, pero que le ha tocado hacer sin intervención alguna de sus propios deseos. Al fin y al cabo, te casas y tienes que cuidar de tu familia y tu casa, porque si no vaya mierda de mujer eres, que no vales ni para limpiar.

El contrato que se firma con el matrimonio para hacer perdurar las relaciones de amor romántico no es más que una herramienta para controlar el tiempo de la mujer, un tiempo que podríamos dedicar a derribar un sistema social que nos oprime con creencias falsas como que lo tienes que hacer todo por tu pareja y, si no, eres un fracaso; ideas como que tienes que cuidar de tus hijos, educarles, ayudarles a hacer los deberes y hasta hacerles la cama. Una vez te casas, dejas de ser mujer para ser madre y esposa.

Estatua de madre e hija via https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20statue/pop

La cama la tienen hecha los hombres por nosotras, mujeres trabajadoras que día a día hacemos por mejorar la vida de los demás sin importar la nuestra. Madres, esto va para vosotras, gracias. Gracias por querernos y cuidarnos, gracias por luchar con todo el peso del patriarcado que lleváis a las espaldas.

Vosotras nos estáis inspirando y nosotras nos estamos liberando

* También va por ti space mom; siempre estarás en nuestros corazones, Carrie.





Meetic: si no te gustan tus imperfecciones…

Aunque parece que poco a poco la cosa va cambiando, nuestra idea del amor sigue estando basada en numerosos mitos: es lo que conocemos como amor romántico, que no es el tipo de romanticismo que invade a tu pareja cuando decide prepararte una cena con velas a la luz de la luna, sino el tipo de romanticismo que puede convertir una relación en un infierno sin que nos demos cuenta.

Entre estos mitos se encuentran la idea de que los celos son una muestra de amor, de que la monogamia es la única forma de relación posible o el mito de la media naranja. Podemos encontrar los orígenes de este último mito en Platón y su idea de que las personas eran, en un principio, una especie de cuerpos redondeados con todas sus partes por duplicado. Estos seres decidieron desafiar a los dioses y, como castigo, se les dividió por la mitad, condenándoles a buscar y anhelar su otra mitad. Este mito ha llegado a nuestros días reflejado en, al menos, dos creencias: 1) que existe una única persona (o un número muy limitado de ellas) con las que podemos tener una relación verdadera y 2) que necesitamos otra persona para ser seres completos.

Ilustración de una chica cuya cara es media naranja

La media naranja vía Elena Ferrándiz

Estos mitos pueden llevar no solo a tremendas frustraciones (por ejemplo, por no encontrar a esa persona «ideal» hecha solo para ti), sino también a situaciones graves como son las relaciones de dependencia (tratar de llenar vacíos que tenemos a través de los demás, que nos completan); sensación de abandono cuando nos dejan (por qué nos iban a dejar, si somos la parte que completa a la otra parte); mutilaciones de la propia personalidad para encajar con lo que tu «pareja» espera de ti…

Piezas de puzzle vía Owlturd Comix

Todas estas situaciones construyen sin duda relaciones insanas, abocadas como poco a la tristeza y la frustración. Lo ideal es estar a gusto contigo misma/o, la típica frase que dice «No puedo ser el amor de tu vida porque soy el amor de la mía». Cuando te sientes bien, construyes un círculo de amistades diverso e interesante y no crees que necesites a una única persona externa para ser feliz es más fácil encontrar a una persona con la que construir una relación sana (aunque, claro está, no lo es todo). También entonces es más fácil superar una ruptura, porque no habrás perdido esa parte que te completaba y no habrá quedado un hueco en ti que haya que rellenar.

Por todo esto que os cuento, los anuncios de la última campaña de Meetic, #LoveYourImperfections (ama tus imperfecciones), me enfadan cada vez que los veo. Es muy frecuente ver publicidad en la que se celebran o se toman a risa cosas relacionadas con el amor como la infidelidad o, como ocurre en este caso, los complejos o las cosas que nos avergüenzan.

En realidad el mensaje es aparentemente positivo (y eso es lo que me preocupa y asusta): no te preocupes, no es tan grave eso que te preocupa de ti, acabarás encontrando a alguien al que le guste. Pero es que la solución no es que le guste a otra persona, como ya hemos dicho, porque eso no va a hacer necesariamente que te guste a ti y, aunque puede que te haga perderlo de vista un tiempo, si esa persona deja de estar a tu lado vas a volver a tenerlo presente, y con más fuerza que nunca. Este es uno de los anuncios. Podéis ver más aquí y aquí.

Sé lo que estáis pensando: no es para tanto. Las personas que salen en los anuncios no están acomplejadas por nada «serio», solo por su torpeza y sus malas dotes para la cocina. Pero creo que, más allá de los ejemplos, el mensaje que transmite es equivocado, y ese mensaje se sigue transmitiendo igual. Además, lo que a ti te parecer irrelevante puede ser todo un mundo para otra persona.

Luego van más allá y crean anuncios en los que te animan a inventar tus imperfecciones. Ahí ya me pierdo, la verdad, y no sé ni cómo interepretarlo. ¿Alguna idea?

Os animo a buscar más allá de aquello que nos parece simpático (y también a pensar sobre aquello que nos produce malestar) porque suele llevar atados significados que tenemos muy interiorizados y de los que no somos conscientes hasta que nos paramos a reflexionar. Es así precisamente como funciona el humor, desatando creencias y prejuicios de los que no somos conscientes.

Y recuerda: si no te gustan tus imperfecciones… trabaja en ello para hacer que desaparezcan o llegar a aceptarlas de verdad.





Perdona si te acoso, amor

Celebramos San Valentín publicando este post de nuestras compañeras de El Violeta es el nuevo Negro, proyecto dedicado a desgranar las narrativas de la literatura, las series y las películas de nuestro día a día desde una perspectiva de género. ¡Os animamos a seguirlas!

En los últimos años han aparecido unas serie de películas románticas para adolescentes que, realmente, romantizan el acoso sistemático. En los 90 ya existía esa idea. La famosísima comedia de Algo pasa con Mary se caracteriza por el acoso de varios ex de la protagonista y sus tácticas, a cada cual más sucia, para poder ganársela. Al menos, ahí nos hacía gracia. Ahora, a las niñas actuales les parece algo perfectamente deseable.

La novela y después película Crepúsculo fue una onda expansiva que llegó a todas. Si en aquel momento eras mala lectora, probablemente te engancharía el libro por pura curiosidad. Y si no, sacaron las películas. Yo me leí los dos primeros porque me sentía capaz de leerlos en inglés. Y me enganché porque coincidieron con mi primer amor y su posterior desengaño.

Escena en que Bella y Edward se conocen en la película Crepúsculo.

Bella conoce a Edward en Crepúsculo vía Blogger

El libro es fácil con ganas, se nota. Pero en tu soledad en la playa donde tu mejor amiga tiene que ser por obligación tu hermana, Bella es perfectamente compatible con ser tu alterego veraniego. Edward te parece maravilloso. Y ves casi lógico que fuera fantástico que se te apareciera a ti en el apartamento de vacaciones. Te parecería muy deseable conocer a Jacob también, que es un tío fantástico. Y es muy apetecible además que se metan en todo tipo de situaciones incómodas contigo de por medio. ¿Siendo más mayores no habéis sentido lo desagradable que es gustarle a una persona a la que no correspondes?

Yo dejé estos libros cuando empezaron a tener un punto turbio. Recuerdo una escena donde ella quiere desesperadamente llamar a Edward, el vampiro cañón y emocionalmente distante, y para ello se tira por un acantilado. ¡¡¡Se tira por un acantilado a aguas heladas SÓLO por llamar a su amor!!!

Bella considera a Edward una droga

Para Bella, Edward es una droga, vía Giphy

En Europa fuimos un pasito más allá y ahora todos los puentes andan llenos de candados. El culpable de esto es A tres metros sobre el cielo de Federicco Moccia. Al menos Crepúsculo estaba escrito por una mujer, esta saga es el producto de un señor de 40 años. Ojo con esto.

En esos libros, interpretados después por María Valverde y Mario Casas, se ve que la relación estupenda es aquella en la que la segunda vez que ves a un tío decide pegar a tu exnovio. Ella es el mismo prototipo que Bella, el mismo prototipo que Victoria de Memorias de Idhún… La chica cualquiera que podemos ser todas. Pero él es un tío que va dando palizas a cualquiera que se le cruce en un stop con la moto, cuyos problemas vienen causados -atención- porque pilló a su madre teniendo sexo con un vecino. Su reacción lógica fue casi matar al vecino, para después huir y ser buscado por la policía. O sea, yo no sabía que resulta que Hermano mayor era pionero en los realities de encontrar pareja.

Escena de pelea en A tres metros sobre el cielo

El «Match de la Lucha», con lo mejor de Hombres, Mujeres y Viceversa y la novela de Chuck Palahniuk. Chorrearás testosterona, vía Tumblr

Ella, en el curso de su delirante relación con él, aparece en la carrera de moteros del Mario Casas. En principio va para discutir porque le han puesto otra denuncia por lesiones, pero acaba tatuándose su inicial. La película sube en su escalada de psicosis sexoafectiva cuando se acuesta con él después de que él haya secuestrado el perro de su profesora. Ella, como ocurre en muchos casos de violencia de género, asume los comportamientos de él y se pega con un ex-rollo suyo. Finalmente, deciden darse un tiempo cuando Babi se entera de que además del secuestro han robado en su casa.

Escena de A tres metros sobre el cielo en la que los protagonistas se besan en una piscina

Un profesor mío tenía un término para este tipo de escenas: porno emocional. Vía OkChicas

Cada día sale en las noticias cómo la violencia de género está aumentando entre las jóvenes. Echan la culpa a los móviles y a Internet (cómo no) y a que la educación en machismo no cala en las más jóvenes. Educadores, poneos un espejo al final de la clase y veos reflejados entre tanto pupitre. Pensad en lo viejos que parecéis en ese momento. Sólo desde ahí se puede ver que en esta edad donde es tan fácil irse a los extremos, estos críos sólo quieren irse a la otra punta de la relación entre sus padres. La única alternativa lo suficientemente buena que ofrecen los medios es esta.

¿Cómo va a reconocer una chica que su novio es un maltratador si se ponen filtros de Instagram en las peleas? ¿Cómo va a plantearse una chica un problema de dependencia si en estas películas se enseña que cuando quieres de verdad tu vida vale menos que una mirada suya?

No hay ninguna clase de tres cuartos de hora de violencia de género en el instituto que sustituya poner un candado en un puente con tu novio. Si consiguiéramos conocer y respetar más el lenguaje de las adolescentes, podríamos encontrar los modelos sanos de relación que ellas necesitan.

Escena en la que sale Bella Swan en la saga Crepúsculo

Bella Swan vía Giphy





La cultura patriarcal nos exige amar

Tarde de domingo,  grupo de chicas en el que una de ellas cuenta desanimadamente que ha tenido una discusión con su pareja. Él no muestra ni un mínimo de interés de arrepentimiento. Aun así todas intentan animarla, excusándolo, con comentarios tales como «Estará pasando por un mal momento». Dos mesas más allá, otro grupo de chicas comenta sobre el mismo tema. En el fondo del bar dos chicas debatiendo sobre el amor.

¿Por qué tantas conversaciones sobre el mismo debate? ¿Será coincidencia o es que a las mujeres, en ciertas etapas, nos preocupa especialmente el amor?

Creo que hay una etapa en la vida de una mujer en la que todos sus pensamientos giran en torno al mismo asunto: tener una pareja. A veces, el problema radica en que quedan atrapadas en ese círculo que parece no tener fin. He visto a muchas mujeres dejar su vida aparcada por mantener una relación de amor romántico que no les beneficia.

Jedi vs. princesa vía Feminista Ilustrada

Amor romántico, amor insano o tóxico, como queráis llamarlo, he aquí la raíz del problema. Hemos crecido con las películas de Disney, las cuales nos dicen que somos princesas indefensas que necesitamos ser salvadas por nuestro príncipe azul. No somos princesas, somos unas guerreras. Luego, llega la sociedad para volver a repetirte que busques a tu media naranja, o de lo contrario nunca serás feliz, porque eres una persona incompleta. Prueba de ello, todos los programas que existen, tales como Mujeres y hombres y viceversa o First Dates, entre otros.

Este amor que nos refleja la sociedad no es un amor sano, nos roba todo lo que somos para que tengamos una actitud sumisa ante la vida. Este es un factor determinante para establecer relaciones en las que cabe la violencia de género. El amor romántico nos lleva a atravesar límites que dejan nuestra autoestima y dignidad heridas. Es una relación basada en la conquista y la seducción, exime de toda culpa al hombre y castiga duramente a la mujer. Nuestra cultura ha idealizado este amor, dando sentido a nuestra vida cuando llega. Que un hombre te elija te da valor y éxito social.

Nosotras no tenemos la culpa de que nos preocupe tanto el amor, es la sociedad la que nos lo exige. Hemos nacido en una cultura patriarcal en la que nos educan para ser la parte pasiva de la sociedad. Nuestra misión: amar por encima de todo. 

El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a las mujeres y hacerlas dependientes, en todos los sentidos. (Kate Millet)

Para romper con este esquema hay que dejar el amor insano a un lado, dejar de creer en su existencia. Olvidar el amor tóxico y conversar de lo verdaderamente importante: el amor hacia ti. Habla de ti, de lo que sientes, de tus intereses, de lo que te preocupa. Búscate y conócete, porque nadie te va a querer tanto como tú misma. Elimina los hábitos de amor insano. Rechaza preocuparte exclusivamente de la persona que menos te quiere. Evita los consejos que nos hagan ser sujetos pasivos. Actúa. Recuerda siempre que las mujeres no necesitamos del amor romántico para vivir.

Hemos nacido en una cultura patriarcal en la que nos educan para ser la parte pasiva de la sociedad. Clic para tuitear

La única persona que va a estar contigo durante toda tu vida eres tú misma. Para plantarle cara al patriarcado, quiérete, porque si tú te quieres jamás aceptarás comportamientos que vayan contra tu dignidad. Tú eres el pilar fundamental de tu vida, descúbrete y disfruta de este viaje. Puedes hacerlo sola o acompañada, solo tú eres quien decide. Te perteneces a ti misma.

Recuérdaselo a todas las mujeres guerreras de tu alrededor, porque siempre unidas es mejor.





Neoliberalismo sexual y amor romántico

Hace poco me di cuenta de la absurda cantidad de tiempo que pasamos lxs jóvenes buscando pareja, o en su defecto hablando de buscar pareja. Pero más curiosa me resulta la respuesta confiada de mis amigxs cuando menciono esta reflexión junto con mi típica frase «el amor romántico es tóxico». La respuesta más generalizada que recibo es: ¡será tóxico pero es que yo soy muy románticx!

Annoyed boy

Pese a los avances de la lucha feminista en la búsqueda de la igualdad, el sistema patriarcal está anclado en la estructura social, el dominio masculino se ha convertido en algo más que su definición literal. Este gobierno, o contrato social que nadie ha firmado, es algo endémico en la vida de las mujeres, la institucionalización de una estructura de creencias establecida para mantenerlas en un continuo estado de sumisión. 

Es inevitable, por tanto, tratar de discernir cómo el patriarcado ha llevado a cabo una estrategia para someter a la mujer a través de las relaciones afectivas. Ana de Miguel habla del amor romántico como algo que todo lo puede y todo lo justifica, ya que es el propósito más absoluto de la vida. Ese célebre sin ti no soy nada de Amaral es una clara prueba de que el amor es la búsqueda de la persona perfecta que nos complete, ya que si no se encuentra una pareja la vida se convierte en una perpetua deambulación triste y solitaria. El amor no puede fracasar nunca pase lo que pase, ya que es lo que da sentido a la vida.

Portada de

Portada de «Neoliberalismo sexual», de Ana de Miguel

Aún así, me resulta alarmante cómo una generación que cada vez está más concienciada sobre la perspectiva de género sigue manteniéndose, de manera voluntaria, en un estado de alienación imperturbable. La entrega total es el ideal que plaga la búsqueda eterna de una pareja que tiene que durar toda la vida, porque si no vaya pérdida de tiempo. Estamos dispuestxs a todo por triunfar en el amor, una de las razones del famoso online dating. Ana de Miguel habla del amor romántico como un clásico del feminismo, es decir, algo que se lleva debatiendo desde el movimiento sufragista.

Es el momento de luchar contra esta quimera, ahora que ponerse las gafas moradas es algo que ya no asusta tanto. Sin embargo, como afirma De Miguel, la dificultad se encuentra en lidiar con la doble moral sexual que, por un lado, defiende la liberación sexual de la mujer y, por otro, en todos los medios proyecta el mensaje del amor como manera de autorrealización.

Cuando empiezas a pensar en esto del amor romántico, te cuestionas cómo lo has tenido toda la vida delante y nunca te has dado cuenta de lo tóxico que realmente es, pero no te sientas culpable: la invisibilización de la coacción a la mujer a través del amor es uno de los factores que habilitan la reproducción de la desigualdad. En esto, como en todo lo respectivo a la desigualdad, no tenemos la culpa nosotras.

Una de las reflexiones de Ana de Miguel que más incendiaria me pareció en el capítulo titulado «del amor como proyecto de vida al amor como valor en la vida» fue cómo analizaba la evolución del amor romántico en la actualidad, una época en la que muchas sociedades son consideradas formalmente igualitarias, y por lo tanto las jóvenes tenemos acceso a más actividades que nunca. Sin embargo, las hostilidades y trabas que nos pone el patriarcado para desarrollar un proyecto de vida pueden condicionar nuestra concepción del amor para convertirlo en algo que ofrece sentido a la vida.

Y es que, después de la revolución sexual, la década prodigiosa de los sesenta, la sexualidad se convirtió en el centro de la reflexión. Fue el inicio de la repulsa de la sexualidad normativa y hegemónica en términos patriarcales; sin embargo, esta lucha nos ha llevado a la división entre dos espectros paralelos de vivir la sexualidad dentro de la ilusión del amor romántico: la promiscuidad, que define a las mujeres como objetos serviles, y las relaciones formales, que definen a las mujeres como propiedad.

Esta reflexión de la que os hablé al principio sobre la búsqueda del amor coincidió en el tiempo con mi descubrimiento de Ana de Miguel y su libro Neoliberalismo sexual, que me dejó con una estupenda sensación de feminista experta.

Este libro defiende que ni hay libertad ni hay igualdad. Hay nuevas formas de reproducción de la desigualdad, una vuelta acrítica a los valores más rancios del rosa y el azul. No vamos a resignarnos ante la conversión del ser humano en mercancía, ¡ven con nosotras!

No me malinterpretéis, no soy de esas personas condescendientes que dan charlas, sino que ahora he perdido la paciencia que me permitía escuchar monólogos vacíos sobre igualdad con la esperanza de que, entre todas, alguna palabra mereciese la pena. Me he convertido, en cierta manera, en una womansplainer, una mujer que tiene una voz fuerte y que decide los términos en los que desarrolla sus relaciones afectivas, así como el tiempo y el esfuerzo que invierte en ellas. He encontrado mi voz y de eso, bajo mi punto de vista, va la lucha contra el amor romántico, de encontrar una voz propia que te permita vencer la cantidad de mensajes que recibimos a diario para darnos por vencidxs y buscar a nuestra media naranja.

El problema no es el tiempo que invertimos ni la forma, sino el tipo de romance idílico que buscamos de manera generalizada (a mis amigxs sólo les falta decir que les encantan las comedias románticas), al fin y al cabo Kate Millet no estaba muy equivocada cuando decía que el amor es el opio de las mujeres. Finalmente, para responder a todos ellxs que se autodenominan muy románticxos, me gustaría utilizar el subtítulo de Neoliberalismo sexual, ya que el amor romántico simplemente es El mito de la libre elección.