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Perdona si te acoso, amor

Celebramos San Valentín publicando este post de nuestras compañeras de El Violeta es el nuevo Negro, proyecto dedicado a desgranar las narrativas de la literatura, las series y las películas de nuestro día a día desde una perspectiva de género. ¡Os animamos a seguirlas!

En los últimos años han aparecido unas serie de películas románticas para adolescentes que, realmente, romantizan el acoso sistemático. En los 90 ya existía esa idea. La famosísima comedia de Algo pasa con Mary se caracteriza por el acoso de varios ex de la protagonista y sus tácticas, a cada cual más sucia, para poder ganársela. Al menos, ahí nos hacía gracia. Ahora, a las niñas actuales les parece algo perfectamente deseable.

La novela y después película Crepúsculo fue una onda expansiva que llegó a todas. Si en aquel momento eras mala lectora, probablemente te engancharía el libro por pura curiosidad. Y si no, sacaron las películas. Yo me leí los dos primeros porque me sentía capaz de leerlos en inglés. Y me enganché porque coincidieron con mi primer amor y su posterior desengaño.

Escena en que Bella y Edward se conocen en la película Crepúsculo.

Bella conoce a Edward en Crepúsculo vía Blogger

El libro es fácil con ganas, se nota. Pero en tu soledad en la playa donde tu mejor amiga tiene que ser por obligación tu hermana, Bella es perfectamente compatible con ser tu alterego veraniego. Edward te parece maravilloso. Y ves casi lógico que fuera fantástico que se te apareciera a ti en el apartamento de vacaciones. Te parecería muy deseable conocer a Jacob también, que es un tío fantástico. Y es muy apetecible además que se metan en todo tipo de situaciones incómodas contigo de por medio. ¿Siendo más mayores no habéis sentido lo desagradable que es gustarle a una persona a la que no correspondes?

Yo dejé estos libros cuando empezaron a tener un punto turbio. Recuerdo una escena donde ella quiere desesperadamente llamar a Edward, el vampiro cañón y emocionalmente distante, y para ello se tira por un acantilado. ¡¡¡Se tira por un acantilado a aguas heladas SÓLO por llamar a su amor!!!

Bella considera a Edward una droga

Para Bella, Edward es una droga, vía Giphy

En Europa fuimos un pasito más allá y ahora todos los puentes andan llenos de candados. El culpable de esto es A tres metros sobre el cielo de Federicco Moccia. Al menos Crepúsculo estaba escrito por una mujer, esta saga es el producto de un señor de 40 años. Ojo con esto.

En esos libros, interpretados después por María Valverde y Mario Casas, se ve que la relación estupenda es aquella en la que la segunda vez que ves a un tío decide pegar a tu exnovio. Ella es el mismo prototipo que Bella, el mismo prototipo que Victoria de Memorias de Idhún… La chica cualquiera que podemos ser todas. Pero él es un tío que va dando palizas a cualquiera que se le cruce en un stop con la moto, cuyos problemas vienen causados -atención- porque pilló a su madre teniendo sexo con un vecino. Su reacción lógica fue casi matar al vecino, para después huir y ser buscado por la policía. O sea, yo no sabía que resulta que Hermano mayor era pionero en los realities de encontrar pareja.

Escena de pelea en A tres metros sobre el cielo

El «Match de la Lucha», con lo mejor de Hombres, Mujeres y Viceversa y la novela de Chuck Palahniuk. Chorrearás testosterona, vía Tumblr

Ella, en el curso de su delirante relación con él, aparece en la carrera de moteros del Mario Casas. En principio va para discutir porque le han puesto otra denuncia por lesiones, pero acaba tatuándose su inicial. La película sube en su escalada de psicosis sexoafectiva cuando se acuesta con él después de que él haya secuestrado el perro de su profesora. Ella, como ocurre en muchos casos de violencia de género, asume los comportamientos de él y se pega con un ex-rollo suyo. Finalmente, deciden darse un tiempo cuando Babi se entera de que además del secuestro han robado en su casa.

Escena de A tres metros sobre el cielo en la que los protagonistas se besan en una piscina

Un profesor mío tenía un término para este tipo de escenas: porno emocional. Vía OkChicas

Cada día sale en las noticias cómo la violencia de género está aumentando entre las jóvenes. Echan la culpa a los móviles y a Internet (cómo no) y a que la educación en machismo no cala en las más jóvenes. Educadores, poneos un espejo al final de la clase y veos reflejados entre tanto pupitre. Pensad en lo viejos que parecéis en ese momento. Sólo desde ahí se puede ver que en esta edad donde es tan fácil irse a los extremos, estos críos sólo quieren irse a la otra punta de la relación entre sus padres. La única alternativa lo suficientemente buena que ofrecen los medios es esta.

¿Cómo va a reconocer una chica que su novio es un maltratador si se ponen filtros de Instagram en las peleas? ¿Cómo va a plantearse una chica un problema de dependencia si en estas películas se enseña que cuando quieres de verdad tu vida vale menos que una mirada suya?

No hay ninguna clase de tres cuartos de hora de violencia de género en el instituto que sustituya poner un candado en un puente con tu novio. Si consiguiéramos conocer y respetar más el lenguaje de las adolescentes, podríamos encontrar los modelos sanos de relación que ellas necesitan.

Escena en la que sale Bella Swan en la saga Crepúsculo

Bella Swan vía Giphy

Casada con La torre Eiffel

Erika LaBrie es una arquera americana que ha ganado medallas de oro para el equipo nacional de Estados Unidos de Tiro con arco. Ha roto el récord con arco recurvo olímpico hace algo más de una década y tiene una larga carrera como atleta en esta disciplina. Sin embargo, es más conocida como Erika Eiffel … por haberse casado con el monumento en el 2007. Su primera relación amorosa fue con Lance, su arco, que según Erika, le ha ayudado a convertirse en arquera de punta. El amor dicen que da alas (o era Red Bull), en esta ocasión es un amor que literalmente tira flechas.

Luego Erika, estando en relación con Lance, se encontró con La torre Eiffel por primera vez en el año 2004 e inmediatamente se sintió atraída. Dijo a ABC News que ella y otros «sentimos una conexión innata con objetos. Es algo normal para nosotros para conectar a varios niveles, emocional, espiritual y también físico para algunos». Ha mantenido también una relación de 20 años con el Muro de Berlín que inspiró la producción musical «El muro de Erika». ¡Viva el poliamor!

Erika Eiffel
Erika Eiffel (izquierda) casada con La torre Eiffel en 2007
pero también en relación con el Muro de Berlín (arriba a la derecha).
Amy Wolfe (abajo a la derecha) está enamorada de un parque recreativo en Alemania.
Fuente: Queensjournal.ca

Erika no es la única y la condición es conocida como Objetofilia o, dicho de manera sencilla, personas que se enamoran de objetos; y a mí el tema me despierta curiosidad y no precisamente por la patología que se asocia a la condición. La Objetofilia oficialmente es clasificada como parafilia y se considera que las personas que no han sido amadas o han sido tratadas como objetos en su infancia pueden encontrar escape en la Objetofilia. El Dr. David Morgan, un psicoanalista británico, dijo en el documental Taboo: Forbidden Love que «es una defensa muy inteligente de la mente de convertir algo doloroso en algo placentero», pero esto también es siempre la explicación simple del psicoanálisis – busca las causas de nuestras penas en el pasado.

En realidad se sabe poco de la condición y, aunque es muy fácil patologizar, hay algunas investigaciones que despiertan ideas interesantes. Amy Marsh, una sexóloga clínica investigó a 21 miembros de la OS Internationale, organización para objetofilos, fundada por Erika Eiffel, y descubrió que la mitad habían sido diagnosticados con trastornos del espectro autista. Lo que es interesante es que Marsh dice que las emociones y las experiencias que la gente ha compartido a lo largo del estudio corresponden a definiciones generales de orientación sexual. Lo más distintivo de su estudio es precisamente la idea de que la gente siente una conexión profunda y desarrolla una relación afectiva con los objetos de su deseo y que se podría considerar orientación sexual genuina aunque poco común. Las relaciones de los objetófilos, en palabras de la sexóloga, están poblados de celos, roturas y angustias y algunos de ellos son monógamos y otros no.

Es una práctica muy común para los objetófilos elaborar maquetas de sus amantes que pueden llevar a casa, sobre todo cuando el objeto que aman es un objeto público como La torre Eiffel o el Muro de Berlín, o cuando se encuentra lejos y no puede ser visitado a menudo. También practican relaciones sexuales con sus amantes y como dice Erika, «lo que es intimidad para nosotros, puede que no sea entendido como intimidad para las personas».

Los objetófilos se excitan por ciertas formas y texturas y hay investigaciones que sugieren que puede que hayan nacido con un cableado diferente del cerebro ,o dicho de otra forma, puede que tengan la capacidad heredada de percibir las cosas de otra manera, condición conocida como Sinestesia. Los sinestésticos pueden sentir colores o escuchar olores pero uno de los atributos que acompaña algunas formas de sinestesia es la personificación. Hay gente que asocia las secuencias de números, letras y meses con diferentes personalidades y los hay quienes ven personalidades en objetos (Object Personification Synaesthesia): aquí entrarían los objetofilos, dicen los científicos. Así, la pasión por los objetos puede ser pura naturaleza y no consecuencia de traumas.

Sea cuál sea la causa a mí me hace pensar si no es esto lo que nos espera en un futuro lejano, pero también si no se trata de una evolución de la mente humana que ha adelantado a su época. En un mundo donde cada vez más el foco de atención es sobre lo material, mundo en que vivimos rodeados de objetos y nuestras relaciones están mediadas por la tecnología, me pregunto ¿Qué falta para que la gente se empiece a enamorar de estos objetos? La película Her de Spike Jonze es un buen ejemplo de un futuro donde sería lo más natural del mundo enamorarse de tu sistema operativo, porque vives en un mundo donde la tecnología es tan presente que le empiezas a atribuir agencia. Humanos y objetos tendrán la misma importancia, mezclados en una red sin jerarquía que podría parecer actualmente una locura hablando del amor.

Her Spike Jonze
Joaquin Phoenix en la película de Spike Jonze «Her»
Fuente: thetangential.com

Por otro lado, ¿qué es el amor? No creo que alguien pueda contestar esta pregunta fácilmente aunque mucho pensamiento se le ha dedicado al tema. Hace décadas las generaciones «se conformaban» con lo que tenían a mano y encontraban parejas fácilmente, formando familias y esto supuestamente era el amor o la culminación de ella. Nosotros vivimos en una época de transformaciones socioculturales, además sobreinformados y engañándonos con que siempre vendrá algo mejor, descartando gente por el camino como si fueran muñecas desechables o siempre dudando entre varias opciones.

Exigimos mucho, supuestamente sabemos lo que queremos pero no estamos dispuestos a esforzarnos para mantener una relación y a veces relaciones simultáneas se performan con el fin de conseguir el estado de satisfacción personal deseado. Queremos controlar cómo, cuándo y dónde vamos a tener las relaciones. Estamos menos dispuestos a ceder o a renunciar a lo que consideramos nuestro derecho porque un egocentrismo extremo define nuestro tiempo y condiciona, creo, nuestra idea de lo que es el amor. Un amor que tiene que venir a nuestra medida como lo hemos visualizado mentalmente, un amor idealizado y que no existe, al menos no entre dos seres humanos.

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