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¿Prefieres estar sola o…?

Escena 1

Mi hijo de meses y yo en el Ministerio de Salud Pública del Ecuador,  esperando que luego de un mes de agendada la cita me atendieran. Dos turnos antes de mí, una señora que fue llamada a atención al usuario. Se le escucha a lo lejos: «Señora, usted está asegurada, vaya al Instituto de Seguridad Social».  La señora discute, habla, pide y nada. La mandan del MSP. Luego de 5 minutos viene con su esposo o pareja: lo zarandea, lo amenaza y grita: «En 5 minutos mi esposa estará siendo atendida o te desbarato, cabrón» y así fue, en 5 más la atendieron. 

mujer esperando sentada en un banco

Imagen de Daniel Nebreda vía Pixabay

Luego de esperar el mes de la cita más hora y media en la antesala me llaman: «Moreano, usted no puede ser atendida, vaya nomas al IESS». «Señor, por favor, he esperado un mes y estoy acá con mi hijo, ¡atiéndanme! El señor que separaba a su esposa decía: «Vengan con sus maridos, si no va a pasar esto muchas veces». Viendo el panorama, agarré a mi hijo, que tenía cerca de 6 meses, y me retiré llorando todo el camino a casa, mintiéndole a mi bebé que me dolía la cabeza, pero en realidad me apretaba el corazón.  Nuevamente discriminada por ser mujer y, ahora, por no tener marido.

Escena 2

Estaba feliz porque tapizaría unos muebles que me regaló mi madre. Compré una tela linda, esponjas y solo me faltaba dejar los muebles en el local del tapicero. Los dejé, me dio una factura y me dijo que regrese a los quince días… Pasaron 3 meses y en cada visita hubo un pretexto nuevo, mis muebles estaban desbaratados y la tela encima de ellos. Salí igualmente con mi hijo en brazos llena de impotencia porque el tipo ya no reaccionaba ni con amenazas de la factura que me dio.

Imagen de lilyrosemelody en Pixabay

Pues nuevamente con el hijo en brazos subía a mi casa y por esos azares de la vida, me encontré con el esposo de una amiga, le conté lo sucedido e inmediatamente volvimos al local: «Mire», le dice mi amigo, «si los muebles de mi esposa no están mañana a las 5 p.m. yo mismo vengo donde usted». Mágicamente los muebles estuvieron a la hora pactada. Estaba tan feliz por mi sala nueva que la discriminación por ser mujer en mala hora la anulé, pero era llorar de nuevo o festejar que mi hijo daba botes en los nuevos y bellos muebles. Decidí lo segundo.

Escena 3

Mandé a dar mantenimiento a un andador de mi hijo que me habían regalado y yo a su vez regalaría a mi sobrina. Eso cuento para tener idea de la economía materna circular. Me dieron recibo del andador que era muy, muy lindo y me dijeron que regrese en 5 días. Regresé y el dueño del local me dijo: «¿Qué andador?». «Este», le dije yo enseñando el recibo. «Acá no hay nada de eso», me gritó mirando a los cortes que hacía en cuerina. Le hice acuerdo los detalles pero de nada valió, se llevó el andador pero esta vez no tuve la suerte de encontrarme ningún amigo así que de nuevo fui agarrada a mi gordo llorando a casa.

Escena 4

Ingresé en un hospital público por una operación delicada, estuve 4 meses ahí metida, viví un infierno. Si no fuera por mi familia y amigas no sé si lo hubiera logrado. A la final me dieron el alta y mi hermano me dio posada para no tener mucha distancia con el hospital. Hubiera querido tener a un compañero que me cuide y me ayude pero en vez de eso pagué enfermeras para las 24h y mi madre se encargó de mi hijo ya que el papá está en otra cuidad y solo puede verlo cada 15 días. 

No quiero contar esto con el ánimo de informarles cuánto puede llorar una mujer sola de clase media, media baja, sino cuánto debemos soportar quienes no cabemos en la normalidad establecida hace años y que se invisibiliza el sufrimiento de la violencia de género. 

¿Ya sabes por qué soy feminista? ¿Ves que no es tan difícil entender por qué lucha el feminismo? Para evitar la discriminación de la mujer por el simple hecho de serlo.

Imagen de Abel Escobar en Pixabay

Si naciste mujer, ya estás dentro de las estadísticas de posibles femicidios. Sí, te pueden matar por ser mujer.

Si naciste mujer e indígena o afro, eres doblemente discriminada.

Si eres mujer, indígena, afro, pagana o politeísta, de izquierda, o no terminaste la U porque te embarazarte,  multiplica la discriminación por 5 o más. Pero más allá de esto que cuento, el remedio está en la lucha. Si toparon a tu hermana, si la abusaron, si te violaron, si te pagaron menos, si mataron a tu amiga por ser mujer, ¡protesta! Y si esa protesta es bailando, quemando, rezando, rompiendo, saliendo desnuda a la calle, dale, querida, yo te apoyo.

Si protestas bailando, quemando, rezando, rompiendo, saliendo desnuda a la calle, dale, querida, yo te apoyo. Clic para tuitear

¿Sabes por qué? Porque #YoSíTeCreo

Así que ahora tengo 42 años, mi cabeza es gris, no tengo pareja y pienso que si la tengo para hacer valer mis derechos y no para vivir con amor, es mejor estar sola que sentirse sola estando acompañada.

Rosa Luxemburgo: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres».

Artemisse

Ciencia ficción feminista



Al igual que el anterior post que escribí, empiezo este haciendo referencia de nuevo a una “vivencia casual”, es decir, ese momento en el que de repente, como por arte de magia, algo que para entonces era desconocido o casi, te asalta, ocupa espacio en tu mente y te dices a ti misma: lo quiero. En este caso fue hace tiempo escuchando un programa de radio. Estaban hablando de este libro y la alerta me saltó cuando escuché las palabras novela de ciencia ficción feminista y ¡yo no había leído ninguna!

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La puerta al país de las mujeres (The Gate to Women’s Country) es una novela de la escritora norteamericana, Sheri S. Tepper publicada en 1988. La acción se desarrolla unos trescientos años después de lo que parece ser un holocausto nuclear. Para evitar que volviera a ocurrir deciden organizar la sociedad de otra forma.

En las amuralladas ciudades las mujeres mantienen una parte de la cultura del pasado. Ellas son las que se encargan de gestionar y dirigir la sociedad mientras que fuera, las guarniciones de guerreros se encargan de cultivar la violencia y luchar para defender las ciudades. Para las mujeres, estos hombres son sus propios hijos, hermanos y amantes a los que pueden perder para siempre si, tras el período de formación militar en la adolescencia, deciden no volver a las ciudades.

A medida que avanza la narración vamos descubriendo que estamos ante una historia marcada por conspiraciones, secretos, amores, contrastes. Además de mantenernos en una continua tensión, nos hace ir planteándonos un sinfín de preguntas que nos llevan sin duda, a respuestas que tienen que ver con el poder y el ansia de poseerlo. Poder sobre los más pobres, los de otra raza, los de otro sexo, de otra religión, en definitiva el poder de unos humanos sobre otros.La autora, con una prosa sugerente y dinámica, nos adentra en las cabecitas de cada uno de los personajes. Utiliza la ciencia ficción para reflexionar sobre nuevos modelos de sociedad y nos plantea cuestiones sobre cómo la sociedad asigna roles de género y de qué manera el papel reproductivo de la mujer afecta en su posición social.

Los y las protagonistas de la historia recuerdan a los personajes de la Ilíada de Homero y tanto es así, que a lo largo de la novela se va desarrollando una obra teatral griega, con la que resalta una de las ideas principales de este texto: lo que supone el conflicto bélico para las mujeres.

Este sería el planteamiento general de una novela que ha levantado opiniones de todo tipo, ya que en definitiva, nos reconstruye una civilización bajo el dominio de las féminas, que mantienen a los varones en una ridícula autocontemplación fálica consagrados a la lucha y al culto de sus cuerpos, mientras ellas rigen la sociedad, con la colaboración de algunos hombres que deciden abandonar la guarnición.

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Tepper ha sido acusada de feminazi por esta obra. Plantea una discusión clásica dentro de la comunidad científica: si las identidades de género masculino-femenino tienen una base biológica o son construcciones culturales e ideológicas. Aunque parezca que la obra se decanta por el biologicismo, lo cual me dejó ojiplática, teniendo en cuenta mi formación sociológica y mi convicción firme sobre el peso determinante que lo social y lo cultural tiene sobre los individuos y sus grupos. La sensación que me queda después del impacto final, es que la autora tampoco termina de creerse este posicionamiento porque lo apoya en creencias y lo resuelve con una ausencia científica evidente.

Por último, hacer referencia a que la autora también nos plantea otras cuestiones que no he mencionado todavía. La primera es que el amor romántico supone una forma de manipulación a las mujeres, y la otra es que la educación sexista, dentro de la organización claramente funcional que se plantea, es antinatural.

Estamos ante un libro, como digo yo, con sustancia, que no deja indiferente e incita a la reflexión constante desde la primera línea, compartas o no esta hipotética civilización.





Lo que entiendo por feminismo de la diferencia

Antes que nada, indicar que me encantaría poder escribir sobre el feminismo de la diferencia con más conocimiento, pero confieso que hace años que no pensaba en él. Disfruté de sus ideas, que entendí y compartí, cuando tuve como profesoras en la Universidad Autónoma de Barcelona a Marina Picazo y a la tristemente desaparecida Encarna Sanahuja, pero de eso hace tanto que ya apenas recuerdo cuatro cosas de todas aquellas que se esforzaron en enseñarnos. Si tuviera aquí mis apuntes de «Arqueología de las mujeres» me serían de gran utilidad, pero a falta de ellos, me he leído algunos artículos para poder escribir estas líneas a modo de presentación para quien esté interesado.

Me ha parecido que hoy el feminismo de la diferencia ha pasado de moda, y tal vez sus postulados han perdido fuerza incluso para aquellas que tanto lo defendieron como Victoria Sendón, que ahora propugna más lo que llama «feminismo integral» aunque de hecho, es una evolución del primero. Pero tal como a mi me lo contaron, el feminismo de la diferencia, era el camino a seguir para llegar a crear un mundo realmente igualitario, no para que la mujer se integrara en este en que vivimos y que ya está viciado de por sí pues parte de unas bases desiguales y mal construidas, o en todo caso construidas sólo por hombres y, por tanto, favorables a ellos. Quizá fue una utopía y por ello ha decaído, pero sus ideales son tan poderosos que merecen ser recordados.

El más tradicional «feminismo de la igualdad» trata de equiparar las mujeres a los hombres, a nivel legal, laboral, cultural… reivindica que todos somos iguales y así debemos ser tratados y considerados. En cambio, «diferencia» fue la palabra elegida para designar un feminismo que defendía que sin ser lo mismo debemos aspirar a las mismas cosas, puesto que el contrario de igualdad es «desigualdad» no diferencia, y nosotras, por naturaleza, somos diferentes a los hombres pero aspiramos a unos mismos objetivos en el mundo.

Es algo complicado de explicar. Para aclararlo un poco, pensemos en los deportes: un hombre puede competir para ser el más fuerte, más rápido, saltar más alto. Sus condiciones son distintas a las de las mujeres que nunca conseguirán igualar sus marcas pero ¿es eso lo que queremos? ¿ser igual de fuertes y rápidas? No, nosotras deberíamos querer que nuestros valores, metas y objetivos sean tan importantes como los suyos. Para ello, no se busca equiparar sus marcas sino realizar un cambio de paradigma total, construir una nueva sociedad de pies a cabeza en la que sea tan importante aquello en lo que valemos nosotras como aquello en lo que valen ellos. ¿Por qué tan pocos deportes valoran la agilidad? ¿Será por qué los hombres perderían en ellos en una competición mixta? Desde la diferencia se busca luchar por qué aquello en lo que nosotras ganamos sea igual de importante que en lo que ganan ellos, podríamos decir que queremos inventar otros deportes en los que todos tengamos iguales oportunidades de ganar, o incluso más allá, en los que nosotras tengamos ventaja, igual que ellos la tienen en los que ellos han inventado.

¿Y en política, cultura y economía? ¿Acaso nos gusta la sociedad que los hombres han creado? ¿Hemos pensado alguna vez en cómo sería la que podríamos crear nosotras si partiéramos de cero?

Guía de la Buena Esposa (España, 1953)

El feminismo de la diferencia no es opuesto al feminismo de la igualdad, simplemente va algo más allá, busca que se deje de considerar desigual aquello en lo que hombres y mujeres somos distintos, y evidentemente, es desigual situándoles a ellos arriba y a nosotras debajo. El feminismo más tradicional lucha por unos cambios más directos, más fácilmente asequibles que conducen a conseguir unas cuotas de poder parecidas para mujeres y hombres, pero el de la diferencia trata de que ese poder se base en unas circunstancias tan favorables para los unos como para los otros, no busca repartir lo que ellos han construido, ni incorporarse a su sistema, sino construir algo nuevo en el que el valor y la importancia de lo que pueden aportar unos y otros sea considerado el mismo. Busca otras políticas, otra manera de hacer las cosas que sea más nuestra o más de todos.

Para ello, considera indispensable que las mujeres se apoyen entre ellas y construyan los pilares del mundo que desean de una manera tan fuerte como ellos lo han hecho a lo largo de toda la Historia. «Complicidad y solidaridad» entre nosotras confiando en que nuestros aportes son más importantes que los de ellos, pues si ahora, en el camino, los consideramos iguales, perderemos la oportunidad de equiparar aquello que estamos construyendo a lo que ellos han conseguido a lo largo de los siglos confiando sólo en ellos y no en nosotras.

Como decía, vivimos en un lugar que han creado los hombres, el objetivo sería crear otro nosotras. En palabras de Victoria Sendón «el feminismo de la diferencia no es una meta, sino un camino provisional».

Victoria Sendón en el artículo “Así se expresa el nuevo feminismo” (campaña de *S,C,P,F)

Victoria Sendón en el artículo “Así se expresa el nuevo feminismo” (campaña de *S,C,P,F)

En fin, esto es a muy, muy grandes rasgos una introducción tan superficial que casi me da vergüenza a lo que yo entiendo como feminismo de la diferencia. Y espero que me perdonéis, si algo no está bien explicado e incluso si me he equivocado en alguno de sus postulados.

Por ello, si realmente queréis aprender más sobre lo que significa, os invito a leer a algunas de sus autoras más significativas, como la francesa Luce Irigaray o la italiana Carla Lonzi (aunque muchos de sus textos son realmente muy teóricos y enrevesados).

En España tenemos a Victoria Sendón, que ha sido en este país la mayor precursora del feminismo de la diferencia. Ella escribe un blog desde hace 10 años (hasta en eso fue una adelantada a sus días!) que trata temas diversos y muy de actualidad, siempre desde una visión feminista de alguien que lleva toda una vida luchando por defender estos ideales.

También de ella os recomiendo un artículo verdaderamente interesante sobre qué es el feminismo de la diferencia que os permitirá entenderlo más allá de la confusión que mis palabras os hayan podido crear.





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