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Emma Watson y los inadvertent feminists

Me gusta Emma Watson. Me gustaba ya de niña, cuando se hizo famosa mundialmente en el papel de Hermione Granger. Hermione era una niña curiosa, inteligente y muy muy sabia que, lejos de encarnar el rol típico del estudiante cobardica y debilucho, se convierte en la principal arma contra El Mal (a.k.a. who-must-not-be-named a.k.a. Voldemort). Es una niña valiente, fuerte e ingeniosa y nos demuestra (y demuestra a todas las niñas de esa edad) que se puede ser una heroína leyendo muchos libros y siendo una empollona. Olé.

Después de hacerse rica y famosa con las ocho películas de Harry Potter, ¿a qué se dedicó Emma? Participó en campañas para promover el comercio justo y los alimentos orgánicos, realizó viajes humanitarios a varios países de África y Asia, y otras muchas e importantes cosas que la llevaron a convertirse en Embajadora de Buena Voluntad de la ONU. Y, en esta nueva empresa, el año pasado lanzó la campaña HeForShe, que se autodefine como un «movimiento solidario para la igualdad de género que reúne a la mitad de la humanidad en apoyo a la otra mitad». Para la promoción de esta campaña, Emma dio el siguiente discurso en la sede de la ONU:

Transcripción en inglés aquí

Para mí, este discurso tiene un valor muy importante por dos razones: por cómo intenta «captar» para la causa a los que llama «inadvertent feminists» (entre los que me incluyo) y por cómo levanta la voz para protestar contra los estereotipos masculinos. Con respecto a lo primero (que da título al post), valoro mucho a las personas que van a la esencia de las cosas, a la acción, en lugar de enrocarse en el significado de las palabras (aunque estas importen, y mucho). Parece claro que ella es consciente de la carga negativa que porta el concepto ‘feminismo’ y trata de conseguir la implicación en él de todos (especialmente de los hombres) por encima del envoltorio de la palabra. Con respecto a lo segundo, no podemos negar que también los hombres son víctimas de las implacables etiquetas y también a ellos les interesa esta lucha, también deben mojarse. Entiendo que lo que Emma Watson pretende es tocar puertas que no se han tocado con anterioridad, o no con la suficiente fuerza. Darle al concepto del feminismo otro color, aunque siempre haya habido feministas que dijeran lo mismo. No por decirlo ella tiene más valor, pero llega más lejos, y como bien dice ella misma en el discurso… «If not me, who?»

Después de este discurso, con motivo del Día Internacional de la Mujer (2015), y continuando con la misma campaña. Watson participó en una charla en la que respondió a preguntas en directo y por redes sociales:

Y, como no podía ser de otra manera, dado lo fantástica y maravillosa que es, en esta y en las charlas por Facebook y Twitter dejó varias perlas que comparto con vosotros, ya para terminar:

P.D.: Además, ADEMÁS DE TODO ESTO, es más mona que una manada de conejos correteando por el parque. Tenía que decirlo.

Lo que entiendo por feminismo de la diferencia

Antes que nada, indicar que me encantaría poder escribir sobre el feminismo de la diferencia con más conocimiento, pero confieso que hace años que no pensaba en él. Disfruté de sus ideas, que entendí y compartí, cuando tuve como profesoras en la Universidad Autónoma de Barcelona a Marina Picazo y a la tristemente desaparecida Encarna Sanahuja, pero de eso hace tanto que ya apenas recuerdo cuatro cosas de todas aquellas que se esforzaron en enseñarnos. Si tuviera aquí mis apuntes de «Arqueología de las mujeres» me serían de gran utilidad, pero a falta de ellos, me he leído algunos artículos para poder escribir estas líneas a modo de presentación para quien esté interesado.

Me ha parecido que hoy el feminismo de la diferencia ha pasado de moda, y tal vez sus postulados han perdido fuerza incluso para aquellas que tanto lo defendieron como Victoria Sendón, que ahora propugna más lo que llama «feminismo integral» aunque de hecho, es una evolución del primero. Pero tal como a mi me lo contaron, el feminismo de la diferencia, era el camino a seguir para llegar a crear un mundo realmente igualitario, no para que la mujer se integrara en este en que vivimos y que ya está viciado de por sí pues parte de unas bases desiguales y mal construidas, o en todo caso construidas sólo por hombres y, por tanto, favorables a ellos. Quizá fue una utopía y por ello ha decaído, pero sus ideales son tan poderosos que merecen ser recordados.

El más tradicional «feminismo de la igualdad» trata de equiparar las mujeres a los hombres, a nivel legal, laboral, cultural… reivindica que todos somos iguales y así debemos ser tratados y considerados. En cambio, «diferencia» fue la palabra elegida para designar un feminismo que defendía que sin ser lo mismo debemos aspirar a las mismas cosas, puesto que el contrario de igualdad es «desigualdad» no diferencia, y nosotras, por naturaleza, somos diferentes a los hombres pero aspiramos a unos mismos objetivos en el mundo.

Es algo complicado de explicar. Para aclararlo un poco, pensemos en los deportes: un hombre puede competir para ser el más fuerte, más rápido, saltar más alto. Sus condiciones son distintas a las de las mujeres que nunca conseguirán igualar sus marcas pero ¿es eso lo que queremos? ¿ser igual de fuertes y rápidas? No, nosotras deberíamos querer que nuestros valores, metas y objetivos sean tan importantes como los suyos. Para ello, no se busca equiparar sus marcas sino realizar un cambio de paradigma total, construir una nueva sociedad de pies a cabeza en la que sea tan importante aquello en lo que valemos nosotras como aquello en lo que valen ellos. ¿Por qué tan pocos deportes valoran la agilidad? ¿Será por qué los hombres perderían en ellos en una competición mixta? Desde la diferencia se busca luchar por qué aquello en lo que nosotras ganamos sea igual de importante que en lo que ganan ellos, podríamos decir que queremos inventar otros deportes en los que todos tengamos iguales oportunidades de ganar, o incluso más allá, en los que nosotras tengamos ventaja, igual que ellos la tienen en los que ellos han inventado.

¿Y en política, cultura y economía? ¿Acaso nos gusta la sociedad que los hombres han creado? ¿Hemos pensado alguna vez en cómo sería la que podríamos crear nosotras si partiéramos de cero?

Guía de la Buena Esposa (España, 1953)

El feminismo de la diferencia no es opuesto al feminismo de la igualdad, simplemente va algo más allá, busca que se deje de considerar desigual aquello en lo que hombres y mujeres somos distintos, y evidentemente, es desigual situándoles a ellos arriba y a nosotras debajo. El feminismo más tradicional lucha por unos cambios más directos, más fácilmente asequibles que conducen a conseguir unas cuotas de poder parecidas para mujeres y hombres, pero el de la diferencia trata de que ese poder se base en unas circunstancias tan favorables para los unos como para los otros, no busca repartir lo que ellos han construido, ni incorporarse a su sistema, sino construir algo nuevo en el que el valor y la importancia de lo que pueden aportar unos y otros sea considerado el mismo. Busca otras políticas, otra manera de hacer las cosas que sea más nuestra o más de todos.

Para ello, considera indispensable que las mujeres se apoyen entre ellas y construyan los pilares del mundo que desean de una manera tan fuerte como ellos lo han hecho a lo largo de toda la Historia. «Complicidad y solidaridad» entre nosotras confiando en que nuestros aportes son más importantes que los de ellos, pues si ahora, en el camino, los consideramos iguales, perderemos la oportunidad de equiparar aquello que estamos construyendo a lo que ellos han conseguido a lo largo de los siglos confiando sólo en ellos y no en nosotras.

Como decía, vivimos en un lugar que han creado los hombres, el objetivo sería crear otro nosotras. En palabras de Victoria Sendón «el feminismo de la diferencia no es una meta, sino un camino provisional».

Victoria Sendón en el artículo “Así se expresa el nuevo feminismo” (campaña de *S,C,P,F)

Victoria Sendón en el artículo “Así se expresa el nuevo feminismo” (campaña de *S,C,P,F)

En fin, esto es a muy, muy grandes rasgos una introducción tan superficial que casi me da vergüenza a lo que yo entiendo como feminismo de la diferencia. Y espero que me perdonéis, si algo no está bien explicado e incluso si me he equivocado en alguno de sus postulados.

Por ello, si realmente queréis aprender más sobre lo que significa, os invito a leer a algunas de sus autoras más significativas, como la francesa Luce Irigaray o la italiana Carla Lonzi (aunque muchos de sus textos son realmente muy teóricos y enrevesados).

En España tenemos a Victoria Sendón, que ha sido en este país la mayor precursora del feminismo de la diferencia. Ella escribe un blog desde hace 10 años (hasta en eso fue una adelantada a sus días!) que trata temas diversos y muy de actualidad, siempre desde una visión feminista de alguien que lleva toda una vida luchando por defender estos ideales.

También de ella os recomiendo un artículo verdaderamente interesante sobre qué es el feminismo de la diferencia que os permitirá entenderlo más allá de la confusión que mis palabras os hayan podido crear.

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