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Trainwreck: cómo no pedir perdón por lo que hacen los hombres y que ninguna mujer acabe contigo en el intento

Desde hace tiempo llevo encontrándome complejas situaciones donde mujeres se ven arrinconadas por decir demasiados «lo siento». Intentando encontrar la causa, indagué sobre lo mucho que nos disculpamos como genero, en general, ante cualquier acto, tengamos responsabilidad o no en ello; hay incluso artículos que te enseñan a no caer en el exceso de uso o evitar que pedir disculpas afecte a tu trabajo. Ahora no puedo parar de fijarme en mi propio uso de esa coletilla, y sus varias consecuencias. La mayoría de los hombres a los que pregunté sobre este tipo de interacción con las mujeres en su entorno laboral se habían dado cuenta de este exceso (y curiosamente después me escribieron comentándome que sus compañeros masculinos lo usaban menos). Sin embargo, ser consciente, y empezar no usarlo casi nada, me ha llevado a enemistarme con un montón de mujeres.

Fue entonces, cuando justo al ver Trainwreck me di cuenta de que Amy no sólo no pide perdón en situaciones en las que ella misma se fuerza a tener que expresar ese sentimiento (tanto en su propio contenido, como en Hollywood) sino que lo descarta de manera bruta, hasta ofensiva. Pone su creatividad a evitarlo.

[Contiene algunos spoilers de la película. Era inevitable.]

Desde la primera escena, Amy se ve influenciada por la presencia de su padre, y su mantra más que repetido en trailers, etc.: La monogamia no existe. Y es que parecía amor, pero en el fondo su padre les recuerda que no lo es. 30 años, esta forma de ver la vida conduce a una Amy que defiende sin «perdones» lo que piensa, y usa su poder para hacer lo que quiere, como si de un hombre se tratara, sin ningún reparo; mientras, su hermana es un opuesto de Amy: monógama, casada, queriendo tener hijos, y teniendo como pareja a un hombre completamente opuesto a con los que Amy sale. Y es la hermana, la que mantiene una relación distante hacia su padre, porque eso es «lo que la gente hace».

amyplease

El personaje de Amy actúa como un hombre, como por ejemplo, su caricatura del inverso del ligón de noche. Ella presenta sin juzgarla a una mujer que se acuesta con un hombre distinto cada noche, y lo hace sin pedir disculpas: es impetuosa, habla alto, y sin sentirse culpable. Nos muestra incluso la lista de hombres saliendo de su piso cuando ella les dice que se vayan a dormir a sus casas; y aunque, varios la miran esperado que se retracte, o se sienta culpable, no se oye nada parecido, excepto alguna frase humorística.

Otro momento en que no pide disculpas es cuando Steven, persona con quien está teniendo relaciones sexuales, se enfada y Amy responde con un «no exageres», tan masculino, o su famoso derivado «no te pongas histérica». Y es en ese acto donde cierto tipo de hombre en la sala, se habrá sentido representado. Pero… un momento, no es un hombre quien lo dice. ¿Qué está pasando? Jajaja; Amy, co-escritora de esta película, invierte los estereotipos de las Rom-coms, (donde decimonónicamente el personaje femenino pierde los estribos y comienza a criticar a su pareja, y el personaje masculino reacciona evitándolo). Si bien este método no es muy novedoso, sí que lo es en estilo. Es completamente más empoderador, y más irrisorio, que Amy esté frente a la exageración del hombre más «masculino», representado por John Cena, un famoso luchador de wrestling.

http://www.comingsoon.net/movies/features/461739-cs-interview-wwe-superstar-john-cena-slams-amy-schumer-in-trainwreck#/slide/1

Amy Schumer y John Cena

Hay que resaltar que Amy brilla en lo conciso, con sus sketches, y a lo mejor la continuidad de la película, tiene demasiados silencios. Pero es como si necesitáramos de esos minutos para procesar toda la crítica social que hay detrás de cada chiste. Mas allá de haber sido ligeramente criticada Amy, por firmar lo más ligero en burla machista, ella es muy consciente de su propia broma, y  contiene una feroz guía de como ser la mas badass de las badasses de una familia de clase media.

Llega un punto donde su lista sin perdón, es casi como el rincón de su humor, el nicho donde se encuentra con mucha gente que ha estado ahí. A veces hasta duele, como toda la relación que mantiene con su hermana. Donde huele a cierto juicio personal, donde te hace posicionarte, a veces con Amy y veces con su hermana. Es gran conocida la retahíla de bromas que Amy tiene en sus sketches hacia la «típica» mujer en una relación, algo conformista hacia su pareja, y con hijos, y digamos que eso la hace bastante radical. Y esa radicalidad le hace enfrentarse a su propio discurso; un proceso interesante, porque pareciera que se ilumina al ver que el peso de la crítica no debería caer en ese arquetipo, sino que ese arquetipo y ella tienen un enemigo mas poderoso: el patriarcado y los hombres que lo defienden. (Aunque, no nos olvidemos, sigue siendo una Rom-com, y necesita un final tipo, semi Rom-com como mínimo).

Yo salí de la película refrescada, con preguntas y reflexiones, incómodamente graciosas, más que nada porque nunca me las había planteado desde ese ángulo, y porque muchas otras mujeres habrían salido de esa incapacidad de no ser ellas mismas con un “estoy muy loca” o “perdón, no pretendía decir eso”, o algo más creativo. Nuestro patriarcado ha dejado que nuestra imaginación avance, siempre y cuando sea en torno a las mil y una maneras de excusarse, ¡Que gran creatividad!

Hasta en mi opinión, habría titulado la película “Cómo no pedir perdón por cosas, que los hombres machistas no lo piden y que ninguna mujer acabe contigo en el intento”.

«Como puedes ver, estoy en terrible condición física»

Y mi pregunta, ahora: ¿qué pasaría si abandonásemos esas mil y una maneras de excusarnos por casi todo, esas maliciosas coletillas?

Fundación de Cicely. Feminismo y futuro

Si me dieran a elegir una serie para llevarme a una isla desierta no tendría duda en mi elección. Han pasado 20 años desde el final de su emisión y, sin embargo, Doctor en Alaska (Northern Exposure 1990-1995) sigue siendo el equivalente de Los Simpsons en serie no animada. No hay situación cotidiana o duda existencial que no tenga reflejo en alguno de sus capítulos, y la cantidad de secuencias memorables a las que se puede recurrir para mostrarlo es considerable. Durante seis temporadas esta serie creada por Joshua Brand y John Falsey narra las peripecias de Joel Fleischman (Rob Morrow), un joven doctor neoyorkino, algo neurótico y escéptico, que se ve obligado a ejercer como médico general en Cicely, un remoto pueblo de Alaska. Cicely empieza siendo un entorno que produce un fuerte rechazo en él, una especie de reducto salvaje que no encaja en sus parámetros de urbanita. Pero pronto sus habitantes y la forma de vida de ese extraño pueblo van afectando a la perspectiva vital del doctor y a la de los espectadores.

doctor en alaska dr fleischmanCicely es ese sitio en el que el locutor de la radio local, un exconvicto aficionado a la filosofía, hace instalaciones artísticas y oficia las bodas y entierros sin ser cura. Donde una joven de familia adinerada prefiere pilotar aviones a responder a las expectativas de su familia. Donde una reina de la belleza de 18 años decide casarse con un antiguo cazador 40 años mayor que ella que reniega de la crueldad de sus antecesores. Donde la dueña de la tienda es una anciana temperamental que dejó atrás a su familia para empezar de nuevo una vida independiente. Donde conviven un joven introvertido y afable con vocación de cineasta, un astronauta retirado con ínfulas de magnate, una india de carácter tranquilo pero de voluntad irredimible y toda una serie de personajes peculiares y a la vez comunes, gente que podría ser rechazada o simplemente ignorada por los convencionalismos sociales dominantes pero que encuentran en ese rincón de Alaska un espacio en el que vivir en paz y ser valorados.

doctor en alaska cicely

Y poco a poco Cicely se convierte en un sitio en el querrías estar. Un lugar donde las dificultades se superan con humor y tolerancia, donde todos se conocen y siempre hay alguien que entiende tu rareza. Lo que concierne al pueblo se plantea y vota en asamblea y no como una reivindicación extraordinaria, sino como un acto cotidiano. En Cicely aprendes a vivir con razonamiento, con intuición, con diálogos entre personas muy diferentes, con reflexiones individuales y colectivas, con experiencias estéticas, con los vínculos con la naturaleza. Las situaciones a veces son surrealistas o contradictorias, los personajes cambian. Pero paradójicamente todo ello consolida el realismo de la serie. Aunque parezca un universo un tanto mágico y especial, no es un cuento irreverente, te está hablando de algo que está ahí, en todas partes, latente en distintas grados. El mundo no tiene ese pulcro orden de los anuncios, de los sistemas, capitalista, comunista, da igual. Hay un crisol de circunstancias y de necesidades humanas que no caben en ellos, que son cubiertas por colectivos reales que han sido invisibilizados en los libros de historia y que rara vez aparecen en los medios. Y detrás de eso está el sufrimiento de la gente, un imaginario colectivo secuestrado, personas que son discriminadas, maltratadas, esclavizadas, limitadas, denigradas, asesinadas por la desigualdad, el machismo, la xenofobia, la homofobia. Y los cánones de perfección social, de aquello que se impone como ideal a lograr, no son más que otro instrumento del patriarcado para tenerte sometido a miedos e insatisfacciones que bloqueen tu capacidad de autonomía, que impidan que veas el poder que te da el amor en todas sus modalidades, no sólo la romántica patriarcal.

Coges la carretera y te diriges al norte, sin destino fijo […], y justo cuando crees que has perdido contacto con todo lo real, te encuentras con Cicely, Alaska.

Doctor en Alaska se fundamenta en la diversidad de relaciones: heteronormativas, intergeneracionales, interculturales; pero es la relación entre dos mujeres la que da origen al pueblo. En uno de sus capítulos se relata la historia de Cicely y Roslyn, dos mujeres muy diferentes que deciden fomentar la cultura en esa comunidad a la que llegan y promover una visión mucho más abierta de la convivencia que permita que todos se sientan aceptados y contribuyan al enriquecimiento común. Pero estas pioneras del feminismo y del poliamor se enfrentan al poder establecido y acaban sufriendo las consecuencias. Sin embargo, su ejemplo marca tan profundamente a esa localidad que sus habitantes deciden recordarlas llamando Cicely a la ciudad y Roslyn al café del pueblo. Y no sólo eso. Cicely mantiene el respeto por la pluralidad, por el valor de las ideas y por la comprensión del amor desarrollado en la comunidad, la tribu, la familia, la amistad, la individualidad o  la simple y valiosa empatía entre congéneres. Por aquel entonces no era consciente de que aquella serie tan diferente a las demás hablaba también del feminismo, pero el tiempo la ha colocado en su lugar convirtiéndola en un referente fundamental.

roslyn cicely doctor en alaska

Cicely y Roslyn, fundadoras de Cicely

El feminismo no va de odiar a los hombres, es evidente, y sin embargo siempre tienes que aclararlo y casi pedir disculpas. No es la consecución de la igualdad con ellos en este régimen injusto. No, el feminismo es la cultura de los cuidados, del desarrollo de toda la potencialidad constructiva del ser humano, de la sostenibilidad, de la libertad, la integración y la tolerancia. El feminismo son muchos feminismos y tampoco es la panacea que todo lo salvará, pero se instrumentaliza en la crítica y crece y no se muere en la autoindulgecia. El feminismo sirve, no crea siervos. El feminismo es que la gente no deje de ser feliz por una etiqueta de género. No es cosa de mujeres, ni de hombres, es cosa de todos. Pero si lo proclama una mujer escúchala, oye sus palabras y no le reclames que haya hecho suyo ese discurso porque es el discurso de aquellos a los que no han dejado hablar y a las mujeres las han silenciado mucho tiempo. Luego si crees en ello defiéndelo, compártelo, pero no le cambies el nombre o lo digas con la boca pequeña y un pero detrás porque entonces le estás robando todo su sentido.Si consideras que llamarlo feminismo es una manera de limitar esa lucha a un colectivo es que no has entendido que el feminismo es la no limitación de la lucha a un colectivo.

También puedes encontrarte con quienes lo consideran innecesario porque ya vivimos en la igualdad redactada en las leyes y declaraciones de derechos, esas que son quebrantadas por estados y ciudadanos, o quienes argumentan que insistir en el discurso feminista puede ser contraproducente por saturación. Si ya sabemos que hombres y mujeres no tienen las mismas oportunidades, no hace falta cacarear a todas horas datos que lo corroboren, analizar todo a través de las gafas violetas o pretender  que lo establecido cambie de la noche a la mañana. Pues resulta que sí que hace falta, hay que visibilizar hasta la saciedad, porque el cambio necesitará muchas noches y muchas mañanas para hacerse real. No basta con la aprobación de cuotas de participación en los organismos de poder o con avances puntuales de cara a la galería. Crear una nueva conciencia de lo establecido, de lo aceptable, una nueva forma de vivir, sólo puede consolidarse mediante el debate constante en todos los ámbitos, porque es la única forma de normalizarlo, de la misma manera que la violencia, la explotación y la miseria se han normalizado en este mundo globalizado a base repetir patrones en toda forma de comunicación posible.

feminismo

Cicely y Roslyn lo entendieron y el espíritu de lo que defendían cambió a una pequeña ciudad ficticia. Así que si ves que hay razón para que las cosas no sean como son haz tu parte y cuestiona lo que quieras. Háblalo, modifica tu lenguaje, exprésate en formas nuevas si las viejas se te quedan cortas, asóciate, comparte, reflexiona, movilízate en la calle, en casa, donde sea. Apoya con medios, con discurso, con difusión, apoya dejando pasar. Comparte vídeos, escribe en blogs polifónicos sobre grandes cosas, sobre pequeñas cosas. O simplemente escucha y observa. Suma tu historia a otras historias y haz manada, comunidad. Hazlo día a día, en tu entorno o con desconocidos. Cada gesto de cada individuo puede hacer brotar una idea en otro, una perspectiva diferente. Y así funciona, uno a uno. Cuando veía Doctor en Alaska de adolescente quería que Cicely existiera, que fuera real. Hoy, todos esos gestos y mensajes de otras personas que defienden el feminismo me muestran que puede serlo, y que esa isla a la que me llevaría la única serie que me cambió la vida ya no está desierta.

Otras muertas

Ya lo dije por aquí hace tiempo: hay asesinatos de primera (los magnicidios), los de segunda (los espectaculares) y los silenciosos, los normales, los de cada día.

A finales de los 90, José María Cano se marcaba esta canción sobre el terrorismo que ya se nos está olvidando. O no, claro, pero hay terrorismos, y terrorismos, se conoce.

Otro muerto, otro muerto
Qué más da
Si está muerto, que lo entierren y ya está
Otro muerto, pero no es sin ton ni son
De momento se acabó la discusión

Yo no sé, ni quiero
De las razones
Que dan derecho a matar
Pero deben serlo
Porque el que muere
No vive más, no vive más

Otro muerto, pero qué bonitos son
Calladitos, sin querer llevar razón
Otro muerto, pero tiene su porqué
Algo ha hecho y si no pregúntale

Yo no sé, ni quiero
De las razones que dan derecho a matar
Pero deben serlo
Porque el que muere
No vive más, no vive más

Yo no sé, ni quiero
De las razones
Que dan derecho a matar
Deben ser la hostia
Porque el que muere
No vive más, no vive más.

Cuando las muertas son ellas, hablamos de la desesperación de un ex marido, de los derechos adquiridos de los que los machos se van viendo despojados conforme se avanza en la igualdad de género efectiva. De las denuncias falsas, de que los padres tienen derecho a visitar a sus hijos (cuando justo hablamos de asesinos que los están matando en castigo a sus ex parejas).

 

Mitos sobre violencia de género

Imagen via @DoctoraGlas

Era muy difícil hablar de las raíces del conflicto vasco igual que es muy difícil hablar de las raíces del islamismo radical, y, sobre todo, es muy difícil hacerlo desde fuera.

Así que, por favor, dejadnos en paz mientras lloramos a las muertas y temblamos por todo el miedo que nosotras pasamos por ser mujeres.

 

Kaunas Mujeres

Antes de partir de viaje a tierras bálticas, ya había escuchado acerca de una gran diferencia demográfica entre sexos en la población de estos países, siendo mucho mayor el número de mujeres que el de hombres. Escuché concretamente que en Letonia era más notable, aunque en mi experiencia, Estonia y Letonia mantuvieron un aparente equilibrio que no llamaba la atención.

Todo cambió al llegar a Kaunas, la segunda ciudad mas grande de Lituania (400 mil habitantes), después de Vilnius, y la mas poblada por población autóctona (93%) sin apenas inmigración. En un corto paseo por la calle Laisvės alėja, la calle peatonal mas larga de Europa del Este y arteria principal de Kaunas, se observa con facilidad que en la ciudad predominan las mujeres. Niñas, jóvenes, adultas, tanto trabajando como paseando, tanto solas como acompañadas.


Graffitti mujer en Kaunas

Arte urbano

Es llamativo ver cómo desempeñan todo tipo de trabajos, visibles, incluso aquellos en los que tradicionalmente se han vinculado a los hombres. Y lo más curioso es que no hablo de una mujer obrera de vez en cuando, sino que son muchas las mujeres que en la calle crean y participan de una sociedad, que parece creada por ellas.

Un ejemplo curioso son los baños de los establecimientos, formados por dos servicios para mujeres por cada uno de hombres y mas curioso aún es observar que se han invertido los papeles, al ver a los hombres esperando en la cola. Y es que la población de Kaunas está descompensada y esto hace que tenga un brillo especial.
Kaunas Baños

Baños en un establecimiento de Kaunas

Estudiando acerca de la demografía de Lituania y en particular de Kaunas, no se observan tasas de natalidad desiguales, pero sí una alta tasa de mortalidad en los hombres de corta y mediana edad, debida a enfermedades cardiovasculares y tumores, pero también a un alto grado de mortalidad por causas externas, como las derivadas del alcohol, accidentes de tráfico o suicidios, siendo Lituania el segundo país con mas suicidios de Europa después de Groenlandia. Y es que los hombres en Lituania, viven bajo la premisa machista, «Kuo labiau vyras bijo būti moteriškas, tuo labiau jis mėgsta, stiprų alkoholį«, «Cuanto mas miedo tiene un hombre a ser femenino, mas alcohol bebe» y esto, trae sus consecuencias. Los hombres con tal de no mostrar su feminidad llegan a tal extremo de caer en el suicidio.

Si además se añade que la población masculina de mayor edad se ve mermada en un altísimo porcentaje por la segunda guerra mundial, el resultado es que Kaunas es un ejemplo de tierra de mujeres.

Mujeres que lucharon y sobrevivieron a la guerra, que entonaron himnos de libertad durante la Revolución Cantada, y que se adaptaron al capitalismo.

Ahora solo cabe preguntarse si esta diferencia demográfica tiene unas consecuencias mas allá de estos simples datos, es decir, en relaciones en cuanto a la igualdad de trato y a derechos y oportunidades de las mujeres.

Laisve (“Libertad”), de Eurika Masytė, una de las canciones mas respetadas de la Revolución Cantada

Emma Watson y los inadvertent feminists

Me gusta Emma Watson. Me gustaba ya de niña, cuando se hizo famosa mundialmente en el papel de Hermione Granger. Hermione era una niña curiosa, inteligente y muy muy sabia que, lejos de encarnar el rol típico del estudiante cobardica y debilucho, se convierte en la principal arma contra El Mal (a.k.a. who-must-not-be-named a.k.a. Voldemort). Es una niña valiente, fuerte e ingeniosa y nos demuestra (y demuestra a todas las niñas de esa edad) que se puede ser una heroína leyendo muchos libros y siendo una empollona. Olé.

Después de hacerse rica y famosa con las ocho películas de Harry Potter, ¿a qué se dedicó Emma? Participó en campañas para promover el comercio justo y los alimentos orgánicos, realizó viajes humanitarios a varios países de África y Asia, y otras muchas e importantes cosas que la llevaron a convertirse en Embajadora de Buena Voluntad de la ONU. Y, en esta nueva empresa, el año pasado lanzó la campaña HeForShe, que se autodefine como un «movimiento solidario para la igualdad de género que reúne a la mitad de la humanidad en apoyo a la otra mitad». Para la promoción de esta campaña, Emma dio el siguiente discurso en la sede de la ONU:

Transcripción en inglés aquí

Para mí, este discurso tiene un valor muy importante por dos razones: por cómo intenta «captar» para la causa a los que llama «inadvertent feminists» (entre los que me incluyo) y por cómo levanta la voz para protestar contra los estereotipos masculinos. Con respecto a lo primero (que da título al post), valoro mucho a las personas que van a la esencia de las cosas, a la acción, en lugar de enrocarse en el significado de las palabras (aunque estas importen, y mucho). Parece claro que ella es consciente de la carga negativa que porta el concepto ‘feminismo’ y trata de conseguir la implicación en él de todos (especialmente de los hombres) por encima del envoltorio de la palabra. Con respecto a lo segundo, no podemos negar que también los hombres son víctimas de las implacables etiquetas y también a ellos les interesa esta lucha, también deben mojarse. Entiendo que lo que Emma Watson pretende es tocar puertas que no se han tocado con anterioridad, o no con la suficiente fuerza. Darle al concepto del feminismo otro color, aunque siempre haya habido feministas que dijeran lo mismo. No por decirlo ella tiene más valor, pero llega más lejos, y como bien dice ella misma en el discurso… «If not me, who?»

Después de este discurso, con motivo del Día Internacional de la Mujer (2015), y continuando con la misma campaña. Watson participó en una charla en la que respondió a preguntas en directo y por redes sociales:

Y, como no podía ser de otra manera, dado lo fantástica y maravillosa que es, en esta y en las charlas por Facebook y Twitter dejó varias perlas que comparto con vosotros, ya para terminar:

P.D.: Además, ADEMÁS DE TODO ESTO, es más mona que una manada de conejos correteando por el parque. Tenía que decirlo.

De cómo me di cuenta de que el cromosoma XX te impide conducir

Hace un año, mi madre quería ir a Granada. Así que le puse el cinturón, metí a mi hermano también en el coche y los llevé a Granada.
Repito: (YO) los llevé a Granada.
Cuando llegamos salió toda mi familia, que es muy efusiva, a saludarnos con muchos besos, abrazos, y una pregunta. A mi hermano. Resalto la O de hermanO.
– ¿Qué? ¿Has venido conduciendo tú, no?

Mi hermano, que es un ser muy lógico, hace lo mismo que yo. Miramos MI coche (que toda mi familia reconoce como mío), miramos las llaves en mi mano, miramos a mi tío (de cuya boca había salido la pregunta) y decimos, con cara de quédiseloco:
– No.
-Ah, claro, claro.

Y es una tontería, pero de estas tonterías que te dejan pensando. Hasta que (OH!!!) llegué a una conclusión que debe estar escrita por ahí en piedra, junto a los 10 mandamientos:
Según la ley de Dios, vol. 39, se establece que SIEMPRE que haya la opción de que conduzca un hombre en una pareja o conjunto familiar, conducirá el hombre, porque para eso son XY.

Y es que es así. Si una pareja se desplaza, conduce el hombre. Si una familia se desplaza, conduce el padre. Mi padre me ha llegado a pedir las llaves de mi coche cuando hemos ido a hacer un viaje. Y es que para mí, llamadme absurda, o materialista, o lo que sea, pero conduce el dueño del coche. INGENUA DE MÍ.

 

HIMYM - Going to be on lost
http://syriohghar.tumblr.com/post/29773938477/the-best-of-himym-in-my-opinion

Desde entonces he estado consultando, porque yo no soy de lanzar una teoría así sin más sin consultar ni nada.


Bueno, sí lo soy.
Pero esto no era una teoría, era una revelación, así que decidí compartirla (generosa que es una).
Lo que me he encontrado al revelar mi revelación (valga la redundancia) es:
1- Tía, mi padre conduce pero es que a mi madre no le gusta conducir.
2- Es que a mi madre le da miedo conducir.
3- Pues unos amigos que tengo ella conduce donde es más peligroso.
4- Yo no conduzco con mi novio pero porque me grita. Vamos, que es decisión mía.

¿No veis aquí un nexo común? ¿A nadie le parece raro que a las mujeres no les guste conducir o le tengan miedo (que la que conduce donde es más peligroso puede conducir porque le da pánico que lo lleve el novio)?
Igual es porque nuestros padres, o nuestros novios se han adjudicado siempre el papel de instructor. Porque siempre hemos visto que conducía el tío, si iban los dos en el coche. O por lo menos es lo que yo he visto. Excepto en dos ocasiones:
1- En autovía en viajes largos, para que él descanse. Una tía mía creo que se sacó el carnet concretamente para esto. Y no, no es broma.
2- Si se va de fiesta, para que él pueda beber. Que que una mujer beba está más feo, aparte.

Obviamente, hay excepciones, en las que todos pensareis. Yo hablo de una generalización que yo he observado a mi alrededor, de una experiencia en la que tíos con los que he «salido» han sido los conductores y ni hablar de ir en mi coche, del comentario típico de «mujer tenía que ser» y todo eso, que parece que una mujer sólo debe acercarse a un coche para hacer esto:

Chica en Bikini Lavando Coche
http://nimphie.blogspot.com.es/2013/01/el-automovil-como-simbolo-sexual.html

Eso sí, con poca ropa, que si no se mancha.

Ciencia ficción feminista



Al igual que el anterior post que escribí, empiezo este haciendo referencia de nuevo a una “vivencia casual”, es decir, ese momento en el que de repente, como por arte de magia, algo que para entonces era desconocido o casi, te asalta, ocupa espacio en tu mente y te dices a ti misma: lo quiero. En este caso fue hace tiempo escuchando un programa de radio. Estaban hablando de este libro y la alerta me saltó cuando escuché las palabras novela de ciencia ficción feminista y ¡yo no había leído ninguna!

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La puerta al país de las mujeres (The Gate to Women’s Country) es una novela de la escritora norteamericana, Sheri S. Tepper publicada en 1988. La acción se desarrolla unos trescientos años después de lo que parece ser un holocausto nuclear. Para evitar que volviera a ocurrir deciden organizar la sociedad de otra forma.

En las amuralladas ciudades las mujeres mantienen una parte de la cultura del pasado. Ellas son las que se encargan de gestionar y dirigir la sociedad mientras que fuera, las guarniciones de guerreros se encargan de cultivar la violencia y luchar para defender las ciudades. Para las mujeres, estos hombres son sus propios hijos, hermanos y amantes a los que pueden perder para siempre si, tras el período de formación militar en la adolescencia, deciden no volver a las ciudades.

A medida que avanza la narración vamos descubriendo que estamos ante una historia marcada por conspiraciones, secretos, amores, contrastes. Además de mantenernos en una continua tensión, nos hace ir planteándonos un sinfín de preguntas que nos llevan sin duda, a respuestas que tienen que ver con el poder y el ansia de poseerlo. Poder sobre los más pobres, los de otra raza, los de otro sexo, de otra religión, en definitiva el poder de unos humanos sobre otros.La autora, con una prosa sugerente y dinámica, nos adentra en las cabecitas de cada uno de los personajes. Utiliza la ciencia ficción para reflexionar sobre nuevos modelos de sociedad y nos plantea cuestiones sobre cómo la sociedad asigna roles de género y de qué manera el papel reproductivo de la mujer afecta en su posición social.

Los y las protagonistas de la historia recuerdan a los personajes de la Ilíada de Homero y tanto es así, que a lo largo de la novela se va desarrollando una obra teatral griega, con la que resalta una de las ideas principales de este texto: lo que supone el conflicto bélico para las mujeres.

Este sería el planteamiento general de una novela que ha levantado opiniones de todo tipo, ya que en definitiva, nos reconstruye una civilización bajo el dominio de las féminas, que mantienen a los varones en una ridícula autocontemplación fálica consagrados a la lucha y al culto de sus cuerpos, mientras ellas rigen la sociedad, con la colaboración de algunos hombres que deciden abandonar la guarnición.

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Tepper ha sido acusada de feminazi por esta obra. Plantea una discusión clásica dentro de la comunidad científica: si las identidades de género masculino-femenino tienen una base biológica o son construcciones culturales e ideológicas. Aunque parezca que la obra se decanta por el biologicismo, lo cual me dejó ojiplática, teniendo en cuenta mi formación sociológica y mi convicción firme sobre el peso determinante que lo social y lo cultural tiene sobre los individuos y sus grupos. La sensación que me queda después del impacto final, es que la autora tampoco termina de creerse este posicionamiento porque lo apoya en creencias y lo resuelve con una ausencia científica evidente.

Por último, hacer referencia a que la autora también nos plantea otras cuestiones que no he mencionado todavía. La primera es que el amor romántico supone una forma de manipulación a las mujeres, y la otra es que la educación sexista, dentro de la organización claramente funcional que se plantea, es antinatural.

Estamos ante un libro, como digo yo, con sustancia, que no deja indiferente e incita a la reflexión constante desde la primera línea, compartas o no esta hipotética civilización.

Mujeres trabajadoras: de epítetos y cristales

Viñeta sobre el 8M

Mi primera aproximación a los estudios de género fue casualidad. Yo en realidad andaba estudiando cómo culpabiliza el sistema de discursos a las personas por su precariedad laboral cuando me encontré en una librería un manual llamado «Las chicas buenas no consiguen el despacho de la esquina o 101 errores inconscientes con los que las mujeres sabotean su propia carrera«, y aunque me había prometido no mezclar el tema del género en mi tesis, me lo acabé llevando, dispuesta a destrozarlo sin piedad. No pude.

Resultó que el libro era un auténtico manual de empoderamiento y uno de esos momentos en los que te pones las gafas violetas y la vida no vuelve a parecerse a lo que pensabas que era. Y es que el libro tenía razón en su inmensa mayoría; no me gusta la idea de llamar autosabotaje o «errores inconscientes» a los estereotipos de género, pero aun así lo que decía tenía sentido: la forma de comportarse de las mujeres en el entorno laboral es totalmente incompatible con la idea de liderazgo tal y como la tenemos construida. Carmen lo decía en su post sobre la industria del cine: las mujeres ambiciosas son malas. Por tanto, una mujer que no esté dispuesta a ser percibida como una bruja no puede triunfar en un sistema que premia la ambición. De ahí La Perfecta Cabrona en el trabajo, un libro que te anima a hablar contigo misma cual Anastasia Steele sobre su saltarina diosa interior: cada vez que tomes una decisión impopular, piensa en tu Cabrona Interior y sus metas. Es decir: distánciate, aléjate de ese juicio que te hacen, no dejes que tu feminidad se vea atacada. Pórtate como un machirulo o como una femme fatale en tu espacio de trabajo (no olvidemos la importancia entre los iconos asociados a la mujer trabajadora de los tacones de aguja) y quítate la coraza de camino a casa, para prepararte para tu papel de amantísima madre y esposa.

No nos engañemos: a día de hoy, así viven todas esas que retratan como «supermujeres» y que son sencillamente aquellas que tienen empleo remunerado. No ya por una decisión empoderadora de no sometimiento a la dependencia económica, no: ¿cuántas familias pueden ahora mismo vivir con un sueldo? En su inmensa mayoría, las mujeres han saltado al mercado laboral y se han quedado estancadas en sectores feminizados por su relación con el trabajo que hacían ya sin remuneración alguna (limpieza, cuidado, educación, organización) o en puestos intermedios de los que no pueden salir. Conclusión: una fuerza de trabajo más barata (incluso en la realeza) y en muchos casos más sacrificada, porque si algo hemos aprendido las mujeres es a trabajar sin esperar nada a cambio, a sacrificarnos por los demás. Por eso el 8 de marzo debería ser el día de la mujer, a secas; porque no conozco ninguna mujer que no sea trabajadora, reciba o no un sueldo a cambio. ¿Cómo conseguir una recompensa justa por ese esfuerzo? Abrazando a nuestra cabrona interior. Siendo auténticas perras. ¿Se llevan los machirulos? Pues vamos a ser peores que ellos.

Esto era lo que Cristina señalaba en su post sobre el feminismo de la diferencia. Es normal que las personas prefieran trabajar con jefes que con jefas  si las que han accedido a esta posición lo han hecho exagerando las características machistas del liderazgo autoritario: adicción al trabajo, autoatribución de los logros del equipo, renuncia a las medidas legales necesarias para una conciliación de la vida familiar y laboral (hemos dicho ya lo del sacrificio, ¿no?), y, en definitiva, toda una ética de la dominación que se opone al liderazgo transaccional al que también llaman «femenino» o «blando». Y esta es mi parte favorita del problema.

Existen otras formas de trabajar y de liderar. No sólo existen, sino que dadas la economía del conocimiento interconectada, la primacía de la ética del intercambio, la llegada de las generaciones Y y Z a la fuerza laboral, la pirámide poblacional en una marcada tendencia de envejecimiento, esas otras formas son absolutamente imprescindibles para el sostenimiento de nuestra sociedad. Las empresas más competitivas hoy día son aquellas que saben motivar a sus trabajadores, y esto se hace a través de una dinámica más horizontal donde las órdenes no son tales y donde se priman actitudes como la diversidad, la creatividad o la innovación, incompatibles con un estilo autoritario de mando. Estamos en la era de la conversación: algo en lo que llevan siglos socializando a las mujeres, no a las hombres: son ellas quienes hablan y escuchan mejor. El marketing se llena de palabras como «vivencial» o mientras se sigue sin dar a los hombres suficiente formación en inteligencia emocional, negándoles desde niños la expresión de sus propios sentimientos.

Olvídemonos de si son ustedes feministas o no, y partamos de que tienen un mínimo instinto de supervivencia. ¿De qué vamos a vivir cuando no haya nuevas generaciones que nos sostengan? ¿Quién va a cuidarnos si no tenemos hijos que se hagan cargo de nosotros ni liquidez en las arcas del destrozado Estado de Bienestar? ¿Y cómo vamos a tener hijos si no fomentamos la conciliación, tanto para hombres como para mujeres (cualquiera diría que la crianza es exclusiva de ellas a la vista de cómo se trata este asunto)?

¿Cómo vamos a conseguir que unos jóvenes que han aprendido de primera mano que las empresas no son de fiar nos entreguen los mejores años de su vida si no les pagamos lo suficiente como para que vivan ni les aportamos un mínimo empuje a su desarrollo profesional y personal?

¿Cómo vamos a adaptar nuestras empresas a un entorno donde hay que trabajar en equipo y a través de redes cada vez más complejas basadas en la confianza y en la comunicación bidireccional? ¿Cómo piensan hacer todo esto negando los atributos «blandos», «femeninos», del cuidado, la confianza, la motivación, el diálogo?

En la jaula de cristal hay encerradas muchas mujeres, pero cuando el techo estalle no son sólo ellas las que van a resultar heridas.

Premiadas pero transparentes: por qué es importante el #AskHerMore

Febrero es el mes del amor romántico, pero también es el mes de los premios cinematográficos. Y cada año, además de las porras sobre quién se llevará los galardones y las repeticiones hasta la saciedad de los chistes más polémicos de cada gala (dentro de lo que se permite una polémica en una gala), se repite también la tradición más insustancial de todas: la alfombra roja.

Reconozco que el fenómeno del photocall me parece totalmente absurdo y por tanto no soy objetiva. Olga tuvo a bien explicarme la importancia que este momento pre-gala tiene para los diseñadores como ocasión única de mostrar sus creaciones, y, está bien, lo acepto. Pero me parece un momento destinado puramente a celebrar a la mujer como percha (para diseñadores, por supuesto, masculinos), sean quienes sean estas mujeres. Porque las actrices serán preciosas (otro problema que tendríamos que hacernos mirar) pero no son modelos, ni tienen por qué serlo. Y porque en Hollywood debería haber mucho más que actrices, como señalaba Carmen en su post de la semana pasada, y debería valorarse su talento y no su elegancia.

Lucir un determinado modelo no es sólo un «valor añadido» o un favor mutuo que se hacen actriz y diseñador. Es una pantalla que se superpone a la ocasión que ellas tienen para presentar su trabajo de todo un año. A ellos se les pregunta por sus proyectos, recientes y futuros; a ellas, «¿quién te ha vestido?». Y ojo a la enunciación de esta frase, que las coloca de nuevo en la posición de muñecas a la que tanto se empeñan en devolvernos. Una práctica que no sólo se realiza en estas ocasiones especiales, donde efectivamente el atuendo es importante, sino también en las entrevistas de promoción de sus películas, como recalcó Scarlett Johansson en la promoción de Los Vengadores ante la insistencia de la prensa en saber si podía llevar ropa interior bajo su traje, o las preguntas sobre su dieta.

Afortunadamente, y gracias en gran parte al trabajo de concienciación de Amy Poehler y Tina Fey en los Globos de Oro, varios medios han tratado de poner esta práctica en evidencia, adhiriéndose a la iniciativa #AskHerMore del The Representation Project. Por ejemplo, BuzzFeed UK preguntándole a los actores las típicas preguntas dirigidas a mujeres en los BAFTA. Desconcertándoles por completo, claro está.

El problema, al final, no son las alfombras rojas, sino el tipo de relación que se establece con las mujeres en los medios. Tras la polémica camisa de Matt Taylor, director del proyecto Rosetta-Philae, mi hermana me preguntaba por qué me parecía tan mal y las reacciones de las personas ante las quejas eran «no es tan importante, lo importante es su trabajo». Bueno, pues diariamente las mujeres se enfrentan a esa misma situación: el «giro» que le piden a Eddie Redmayne puso en evidencia el sexismo en la prensa deportiva, ya que fue la tenista Eugenie Bouchard la que se enfrentó a esta solicitud en la cancha, a la que Serena Williams se negó rotundamente preguntando si Federer o Nadal recibían la misma petición por parte de la prensa. La cosmonauta rusa Yelena Serova se ha enfrentado a preguntas sobre cómo cuidar de su pelo y maquillarse en el espacio (que, como todo el mundo sabe, es una preocupación fundamental de cualquier cosmonauta… mujer).

The Daily Share, por su parte, ha llevado las preguntas recopiladas a través del Amy Poehler’s Smart Girls a los photocalls, como en los Screen Actors Guild Awards, sumándose a BuzzFeed y preguntando a estas mujeres no sólo por su estilo, sino por sus valores, habilidades, trayectorias y aspiraciones personales. Algo absolutamente imprescindible si queremos construir modelos diferentes a los tradicionales de la mujer en Hollywood.

Patricia Arquette ha marcado un hito demandando igualdad salarial en su discurso de aceptación, pero otras artistas están haciendo un enorme trabajo cotidiano que no se está viendo en los medios, como Geena Davis y su Institute on Gender in Media, Reese Witherspoon y su salto a la producción para garantizar que haya papeles femeninos realmente relevantes, o, fuera de la industria cinematográfica, el School of Doodle para animar a las niñas a emprender carreras artísticas. De todo esto es de lo que las queremos oír hablar, periodistas.

Y es que las mujeres de la industria del espectáculo no son, ni mucho menos, sólo perchas

 

Amor, admiración, ¿anulación?

¿Qué quieres que te diga?
¿Que mi vida va genial?
¿Que todo transcurre tal y como lo pensé,
tal cual, sin más?
¿Que todas mis decisiones
pasan por un autotune de aciertos?
Qué más da, si no lo vas a escuchar.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que escogiste lo mejor?
¿Que ya no quedaba amor?
¿Que no me merecías porque eras lo peor?
¿Qué tengo mil ilusiones,
qué ya no queda ni un gramo de pena?
Qué más da. Nunca supiste escuchar.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que el tiempo va a mejorar,
que el gobierno está fatal,
que el Barça hoy ha vuelto a pinchar?
¿Qué quieres que te diga,
que sin ti no puedo más,
Que mi vida se rompió cuando te fuiste sin pensar que

nunca, nunca más me iba a recuperar
porque cuando tú jugabas yo creía
que lo que hacías era amar?
Y mientras,
yo me enamoraba como un fan
de tu voz, de tus amigos, de tu ropa
y de tu forma de mirar.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que prefiero pasear por la playa
y escuchar a Billy Joel, o quizás a Ben Folds Five,
porque sé que tú los odiabas,
no eran suficientemente indies…?
Qué más da. Tú siempre fuiste lo más.

¿Qué quieres que te diga?
¿Que el trabajo no está mal,
que cerraron el local donde solíamos tocar?
¿Qué quieres que te diga,
que me arrancaste el corazón?
Y hoy se te ocurre venir a pedir perdón
Después de un siglo o dos.

(La Casa Azul – Como un fan)

Este post es un exorcismo, una confesión, una hoja de diario; muy poco filosófica, ni psicológica, ni sociológica. Me enamoré como una fan casi a la vez que era lanzada esta canción; y no era la primera vez. Y es una forma terrible de enamorarse. Bebía cada una de sus palabras. Sus gustos eran mis deberes. Lo que en aquella época leía, veía o escuchaba está todavía tan relacionado con su persona que tengo autores, cineastas y grupos vetados aún, diez años después. Por si a alguien le cabía duda, la historia acabó mal, fatal. De hecho suelo presumir de que entre mis ex parejas se cuentan varios de mis mejores amigos pero en este caso aún no podemos estar en la misma habitación sin que se enrarezca el ambiente. Sí, diez años después.Si intento entender por qué aquella relación me dolió tanto a día de hoy sigo sin entenderlo bien. El pasado 25N una chica que conozco y que trabaja precisamente sobre el amor en su tesis nos proponía en Facebook que analizásemos entre las formas sutiles de dominación dentro de la pareja la que se construye desde la admiración, que cuestionásemos nuestro propio deseo. «¿Por qué tanta necesidad de admirar? Y sobre todo ¿qué es lo que consideramos admirable?» Me parecen dos preguntas indispensables para pensar sobre cómo nos enamoramos.

She's hot she's read everything

¿Es Alex Vause, de Orange is the new black, también sapiosexual?

Al buscar quien me guíe, busco a quien sepa más que yo. Me coloco inmediatamente en la posición de aprendiz. ¿Qué implica eso? Para empezar, que mi capacidad crítica se ve tremendamente mermada. Esa persona ya no tiene fallos. Siempre tiene razón. Eso empieza a generar dudas, una tras otra, sobre el propio criterio. ¿Es cierto esto que creo? ¿Estoy segura de que disfruto con esto? Una base fantástica, por cierto, para las relaciones tóxicas de todo tipo. No es necesario que alguien te haga sentir inútil si tú misma ya te has colocado en esa posición a costa de idolatrar a la otra persona, de creer que ella es el producto terminado y tú quien aún tiene un largo camino por recorrer.¿Cuántas de las personas que conocéis consideran que la admiración es un componente indispensable del amor? George Sand decía que el amor, sin admiración, es sólo amistad. Si contesto instintivamente, yo misma levantaría la mano. Necesito admirar para enamorarme porque, como esta chica proponía, hay una cierta sensación de estatus construida en torno al amar a quien es mejor que nosotros. Y así, no amamos al compañero, sino al guía. Admiramos la inteligencia; y ojo, que esto es preocupante: creemos que las personas negativas son más inteligentes, encima.

To me you are perfect

Una profecía que, en realidad, se autocumple. Incluso aunque tenga qué aportar, no lo voy a demostrar. Como un perrillo faldero, soy yo quien se entusiasma, quien admira, quien sigue, quien imita. La otra persona se puede sentir halagada, incluso obligada. Pero en estas condiciones no hay forma de que se sienta entusiasmada por estar conmigo. Y leía hace poco que si las dos partes no sienten entusiasmo, no hay nada que hacer. Me parece un buen criterio. La relación se convierte en un cementerio para las aspiraciones de una de las dos partes, que se coloca en el plano secundario. Pero también para el orgullo, la admiración y la sorpresa de quien se coloca en la posición de superioridad. También me he visto en esas, y aquel guía me dejó porque «había dejado de ser yo misma». Eso es lo que pasa cuando una se enamora como una fan. Que desaparece en el otro. Y nadie quiere estar con una cáscara vacía (de hecho, si alguien quiere estar con vosotros cuando no sois vosotros mismos, huid; es un síntoma de narcisismo bastante chungo no echar de menos a la persona por la que os habíais sentido atraídos cuando desaparece para convertirse en vuestro espejo).

Creo que esto nos pasa más a las mujeres. Supongo que por varios factores que confluyen en torno a esta desigualdad de poderes, que queda perfectamente reflejada en el «detrás de un gran hombre hay una gran mujer». Detrás. La Mujer-Pigmalión puede sentirse perfectamente realizada gracias a lo que ha conseguido que su pareja sea, que sus hijos sean. En ciencia, lo llamamos «Efecto Matilda«. En las revistas de estilo de vida, han decidido llamarlo «sapiosexualidad«: el fenómeno de sentirse atraído por la inteligencia ajena. O quizá deberíamos decir «atraída»: al buscar sapiosexual en Google, tres de las diez entradas de la primera página hablan de «mujeres sapiosexuales» expresamente. De entre las que no están marcadas en el título, otra más está ilustrada con una mujer, otra con una pareja heterosexual (aunque en el pie de foto se dice expresamente «Las mujeres sapiosexuales sienten atracción por los hombres inteligentes«, como si no pudiera suceder a la inversa), y otra comienza diciendo: «Hace rato fue derribado el estereotipo de la mina que va tras el dinero, éxito y belleza de un hombre. Quizás quedan algunas por ahí, pero hoy la moda es otra: los sapiosexuales, una especie más común de lo que pensabas.»

Es decir: la atracción por la inteligencia viene a sustituir la atracción por el dinero y el éxito por los que las mujeres han cambiado tradicionalmente su belleza física. La inteligencia, lógicamente, está asociada al estatus en la sociedad del conocimiento. ¿Pensaban ustedes que eran menos superficiales porque les atraía más una buena conversación que un buen tono muscular? Se equivocaban. En realidad es el mismo mecanismo superficial, aplicado a los nuevos tiempos. Mala suerte.

Y, ¿saben una cosa? El problema del amor basado en las mentes es que es pegajoso. Se queda adherido a las canciones, a los libros, a las películas. Nos ataca por sorpresa detrás de algunas palabras del diccionario y se come nuestros gustos. Y de pronto, con la ruptura, no perdemos sólo a esa persona. Detrás de ella se van discografías completas, el cine francés, tres estaciones de metro, una forma de hablar y de escribir.

Cada persona que forma parte de nuestra vida deja una herencia, un aprendizaje. Qué bonito sería entenderlo así y hacerlo nuestro de forma natural, progresiva, selectiva. Y mutua. Y compartir lo que nosotras también hemos aprendido, y seguimos aprendiendo por otras vías. E intercambiarnos, en lugar de anularnos.

Y que no tengan que pasar diez años para poder volver a leer a Pizarnik.

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