Etiqueta : amor

Amor 2.0

Cultura del envase. Eduardo Galeano

«Estamos en plena cultura del envase» (Eduardo Galeano), vía Aquifrases

¿En qué se ha convertido el amor?

Decía el gran Silvio Rodríguez que los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí.

Y así veo el amor en el siglo XXI, como si se tratase del peor invierno. El miedo ha paralizado a media humanidad. Nos ha convertido en personas insensibles, ajenas a todo acto de amor. Podría decirse que es la enfermedad del s. XXI. Lo puedo ver, cada día, en las historias que me cuentan. En las excusas que se dicen para no afrontar el miedo a amar.

Internet nos ha facilitado la vida, eso no se puede negar, pero a mí parecer nos ha vuelto más egoístas. Creo que las relaciones en la era de la nueva tecnología se han convertido en frías e hirientes. Manipulan y controlan. Juegan y, cuando se cansan, buscan algo más nuevo. Consumo inmediato, de usar y tirar. Dan Slater afirma que las redes sociales están volviendo las relaciones más casuales.

Así se vive el amor en la era cibernética. Y es que pertenecemos al mayor escaparate que nunca nadie podría haberse imaginado. Inmersos en seleccionar y elegir como si fuésemos productos. Y, claro, eso deriva en amores superficiales y efímeros. Han dejado de existir las relaciones duraderas por la cantidad de opciones que se tienen en el mercado. Además de la falsa sensación de compañía que otorgan las redes sociales y que pocas veces puede ofrecerte una buena conversación a media tarde.

Galeano dice que vivimos en la cultura del envase y no puede estar más en lo cierto. Ha dejado de importar el interior, lo más buscado es un buen físico que haga subir el número de seguidores.

El amor 2.0 llena nuestras vidas con besos en forma de emoticonos, autoestima basada en la cantidad de likes recibidos, fotos para evidenciar la felicidad y ocultar la realidad detrás del sofá. Somos como aquel pasajero esperando en una sala de aeropuerto viendo despegar aviones, esperando a escoger el mejor, y por mejor quiero decir el que más incremente el número de followers. En conclusión: parejas de escaparate con un fondo vacío. Como expone Alfonso Casas en sus dibujos, publica una foto conmigo para que pueda ver todo el mundo lo felices que somos, de lo contrario pensarán que no me quieres.

No creas en lo que te venden, solo es publicidad; si rascas un poco, conocerás la otra cara de la moneda.

Alfonso Casas. Las mayores distancias no se miden en km

Pareja dormida en la misma cama mirando sus móviles, de Alfonso Casas

Albert Einstein dijo: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas”. Obsérvate ahora, pegado a una pantalla de móvil mirando vidas de personas a las que probablemente ni le intereses, mientras ignoras a las que te quieren. ¿Es esto en lo que se ha convertido el amor? ¿En seleccionar a tu futura pareja por el mejor selfie del día? O aún peor, ¿quién quiere comprometerse con la cantidad de posibles candidatos que ofrece Instagram?

Gracias, pero no acepto el trato. Prefiero mantenerme al margen de todo lo que esa oferta me ofrece porque no demando popularidad, sino sensibilidad. Sí, sensibilidad a la vida y a las personas. Querer y respetar por encima de todo, volver a conectar con los/as que tienes delante. Creo en el amor real, en conocer poco a poco y respetar la libertad ajena. Pero, sobre todo, en construir juntos un techo para cobijarnos fuera de todo esto.

Con esto no quiero decir que Internet sea la bruja malvada del cuento, para nada. Pero como todo en la vida se trata de decidir. Recuerda que lo único que nos pertenece es nuestro tiempo, en nuestra mano está decidir en qué y en quién queremos invertirlo.

El debate está servido. Y tú, ¿que opinas? ¿A favor o en contra del amor 2.0?

«La llamada» u otras formas de tratar el amor romántico

El otro día estuve viendo La llamada (película) de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Me vais a tener que perdonar, he de confesaros que no he visto la obra de teatro originaria, pero me hubiera encantado hacerlo antes de ver su versión cinematográfica.

Escribo sobre esta película porque, mientras estaba en la sala, mi cabeza hizo clic unas cuantas veces, y algunas ideas empezaron a conectar con otras. Seguramente, a quienes ya la habéis visto os haya pasado algo parecido. A quienes no, deciros antes que nada que vayáis, porque os reiréis. Y si fuisteis niños durante los noventa y os gustaban los libros de Monolito Gafotas, como es mi caso, posiblemente encontrareis un guiño a Sita Asunción en el personaje de Sor Bernarda. Nuevamente a los que no la habéis visto, deciros que puede que sea mejor posponer esta lectura para más adelante porque, aviso, contiene SPOILERS y no me gustaría ser la culpable de haber destripado la película a nadie. Una vez hecha esta advertencia, ¡comenzamos!

Cartel de la película "La llamada" donde aparecen sus protagonistas.

Cartel de la película La llamada

La llamada se desarrolla en el transcurso de un fin de semana de verano. El lugar en el que suceden todos los acontecimientos es un campamento católico de Segovia llamado La Brújula, regentado por monjas. En este contexto son narradas las historias de las cinco protagonistas. Y sí, habéis leído bien, ¡todas ellas son mujeres! Creo que esta película podría pasar el test de Bechdel sin problemas.

Hay dos amigas adolescentes. A ellas les gusta el reggaeton y el electro-latino. A veces cantan juntas, incluso han empezado a formar un grupo musical.

También hay una monja novicia, encargada de custodiar a las adolescentes. Es una mujer joven, aparentemente insegura e inocente, que toma el papel de paciente mediadora entre las chicas rebeldes y la monja encargada. Esta monja encargada de dirigir el campamento suele ser bastante estricta, pero no puede parar de verse reflejada en las jóvenes y de recordarse a ella misma en su juventud, llegando a cuestionarse sus propios métodos. Por último, entre las protagonistas también está la cocinera del campamento. Ella es cómplice y confidente de las jóvenes, sabe de sus salidas nocturnas y de sus amores de verano.

Al principio, podría parecernos que la trama va a girar en torno a la religión y a la rebeldía juvenil, pero pronto descubriremos que hay una cuestión que vertebra las demás temáticas presentes en la película. Esta cuestión es el amor romántico.

En La llamada, el amor romántico está tratado de una forma bastante curiosa. Cuando una de las adolescentes empieza a ver a Dios por las noches, cree que es una «llamada» a seguir el camino de la religión y posiblemente a casarse con Dios, convirtiéndose en monja. Esta idea es la que se insinúa en la película.

Ella no sabe lo que le está pasando, se avergüenza y guarda silencio porque piensa que no la van a entender. Lo vive con el secretismo y la cautela de un enamoramiento. Pero si hay alguien que conoce muy bien lo que le está ocurriendo, esa es la monja novicia. Y como si de una hermana mayor se tratase, le aconseja que no dé ese paso, que se lo piense porque aún es muy joven y va a tener que renunciar a muchas cosas que le hacen feliz: la música, sus aspiraciones, la ropa que le gusta llevar… Esto es algo muy parecido a lo que ocurre cuando tenemos una pareja posesiva.

Imagen de los actores y actrices que actúan en "La llamada" durante el rodaje.

Reparto de la película La llamada

Esta monja sabe bastante de la situación. También tuvo un grupo de música en su adolescencia y fantaseó con otras muchas metas vitales distintas a convertirse en novicia. Y es que si se atreve a hablar sobre ello con la adolescente es porque se ha empezado a dar cuenta de que ha dejado demasiadas cosas olvidadas al centrarse en su vocación espiritual, y ahora está calibrando si el peso de la religión la está ahogando como persona.

¿Podríamos compararlo con las aspiraciones aparcadas en los márgenes de nuestros días por otorgarle todos nuestros esfuerzos y ganas a noviazgos y matrimonios o a la consecución de ellos? Yo pienso que sí. Y creo que la película, pretendidamente o no, consigue que lleguemos a esta conclusión.

Mientras todo esto ocurre, otra adolescente se está enfrentando al gran tabú de la homosexualidad y a la incomprensión que podría conllevar el reconocerlo públicamente, dado el contexto religioso en el que se desarrolla la trama. Su realidad es, al mismo tiempo, diferente y similar a la de su amiga.

Por último, la cocinera del campamento se ha cansado de ocultar a los demás que su pareja la ha dejado. Ahora lo único que quiere es un hombre con el que poder salir a bailar.

Vemos, por tanto, que en un primer momento las protagonistas deciden replegarse sobre sí mismas. Más tarde se atreverán a expresar lo que les está ocurriendo y a compartirlo con el resto de personajes.

Como os adelantaba antes, el amor romántico traspasa toda la película. A veces, incluso de las formas que menos podríamos haber esperado. Y para mí eso es un punto muy a favor, ya que la mayoría de las veces que se nos habla de amor en el cine ha de tratarse de un amor romántico al uso o más bien estereotipado, encarnado casi siempre por una pareja joven, heterosexual y guapa. Y podríamos seguir la lista, enumerando características típicas y conocidas por todos.

Pero si hay algo que me ha gustado mucho muchísimo de esta película, es la sororidad que desprenden, unas con otras, sus protagonistas. La representación de la camaradería, del apoyo, del afecto, de la comprensión o del trabajo codo con codo entre mujeres, en detrimento de la rivalidad y la falta de empatía por nuestras congéneres a la que nos tienen acostumbradas en el cine. Por todas estas razones no os puedo dejar de recomendar una vez más esta película, ya que no os dejará indiferentes.

Cartas de amor del siglo XXI

El amor rara vez es como aparece en las películas, pero está en nuestras manos forjar grandes historias. Esta historia nos muestra que el amor viene de forma inesperada, que no tenemos por qué buscarlo. También que, a veces, para ganar hay que arriesgar. Que nos podemos enamorar a primera vista, pero luego el amor hay que trabajarlo día a día. Y que ningún nuevo amor debería hacernos dejar de lado los que ya existen. Porque en este blog caben la crítica y la deconstrucción, pero también las historias bonitas.

El recuerdo de los inicios de esta historia está algo desdibujado. Probablemente porque fue algo progresivo y tal vez demasiado surrealista. Era mi último año de instituto. Me había pasado seis años de mi vida entre esas paredes y, a pesar de haber intentado en algún momento salir con alguna chica, no había tenido éxito alguno. Tampoco le daba mucha importancia, simplemente pasaba página cada vez que algo así sucedía. Pero lo cierto es que dentro de mí había algo que me hacía ver que quería estar en una relación. Con esto no me refiero a que quisiera desesperadamente salir con cualquiera, sino que, iluso de mí, pensaréis, estaba deseando que llegara el momento en el que encontrara a la chica ideal.

Esperando vía Unsplash

La vida en los pasillos era igual de aburrida que siempre. Llenos de gente, cada uno con los suyos y sin hacer mucho caso de las locuras de los demás. Así era yo también hasta que un día, en el segundo trimestre, mi mirada se encontró con un largo y precioso pelo rubio que parecía querer llegar hasta la cintura. Me llamó la atención, pero no le di más importancia. Unos días después me volvería a encontrar con aquella chica por el pasillo. “Es realmente guapa”, pensé.

No sabía absolutamente nada de ella. Ni cuántos años tenía, ni a qué curso iba (aunque al mío estaba casi convencido de que no iba), ni por supuesto cómo se llamaba. Todo eran incógnitas. Pasaban los días y cada vez tenía más ganas de volver a cruzarme con ella. Me suscitaba mucha curiosidad y tenía bastantes ganas de conocer cómo era realmente. No sabía qué, pero algo hacía que destacara entre el resto de las chicas. No solo físicamente, sino que se podía intuir que era alguien especial. Parecía una chica inteligente y muy agradable, pero podía saberlo a ciencia cierta. Al cabo de unas semanas tuve que aceptar la realidad: me había enamorado. Todo esto estaba muy bien, pero no tenía ni la más mínima idea de cómo podía conocerla. No me gusta considerarme tímido, pero siempre me ha costado empezar a hablar con alguien que no conozco de nada.

Con el paso de las semanas, con la sucesión de ciertas casualidades y con la ayuda de algunas personas, descubrí que aquella chica tenía un bonito nombre y unas aspiraciones académicas idénticas a las mías. Toda esta labor de investigación iba más o menos bien encaminada hasta que me enteré de que tenía novio. En ese momento mi mundo se derrumbó por unos minutos. Pero poco tiempo me faltó para darme cuenta de que ese no iba a ser motivo suficiente como para tirar la toalla. Mi hermana me comentó, a mi parecer de manera acertada, que el hecho de que alguien tenga pareja no te impide poder conocer a persona. Aunque obviamente las cosas se habían complicado ligeramente, se me ocurrió que tal vez escribirle una carta podía ser una bonita forma de que supiese de mi existencia. El formato de la carta varió en diversas ocasiones hasta aproximarse al resultado final: sería una carta anónima en la cual le propondría conocerme a la salida del instituto una tarde.

Yo no tenía muchas esperanzas de que aquel plan fuera a funcionar y por ello le di bastantes vueltas durante bastantes semanas a si debía o no llevarlo a cabo. Pero el tiempo se me echaba encima y realmente quería conocerla. Finalmente me decidí a intentarlo. Un viernes conseguí hacerle llegar la carta. La suerte estaba echada.

Al día siguiente me coloqué en la barandilla y me dispuse a esperar. A medida que avanzaban los minutos sobre la hora de la quedada, yo iba perdiendo la esperanza. De pronto, la vi acercándose. Cualquiera pensaría que era una locura, pero allí estaba ella, aproximándose hacia mí. Yo no lo podía creer. Ciertamente no había pensado en que aquella situación pudiera llegar a producirse y ella no se creía que aquella carta fuera real. Me confesó que se quedó alucinada cuando leyó aquella carta tan profunda. Tras saludarnos, fuimos a dar una vuelta y congeniamos bastante bien. Yo flotaba en una nube. Por si no estaba yendo todo suficientemente bien, me dijo que ya no tenía novio.

Un mes después empezamos a salir y desde entonces hemos hablado cada día durante horas por WhatsApp (sobre todo al principio, momento en el que yo tenía que estudiar para la Selectividad y ella que preparar los exámenes finales) y hemos quedado cada día que hemos podido. Además, he seguido escribiendo para ella en momentos de inspiración.

Soy consciente de que el tiempo que he estado con mi novia desde entonces ha sido mucho mayor del que le he dedicado a familia y amigos y es algo que estoy tratando de corregir, porque no lo quiero así.

Tras unos meses de relación en los que hemos pasado momentos increíbles, he hecho cientos de kilómetros en bus para poder estar con ella y he perdido la cuenta de las flores que nos hemos regalado, me alegro mucho de haber confiado en aquella mínima posibilidad que tenía de que todo saliera bien, y he de decir que me ha servido para demostrarme que merece la pena perseguir aquello que queremos. Por eso creo que cualquier acción de la que se dude, debe ser realizada siempre que la recompensa sea mayor que el posible fracaso, como fue en este caso.

El amor romántico y sus mitos

¿Alguna vez has sentido que estabas en una relación que te hacía más mal que bien? ¿Alguna vez pensaste que, aunque había cosas de tu pareja que no te gustaban, seguro que podías hacer que cambiara por amor? ¿Alguna vez te ha mirado tu pareja el móvil, revisando tus mensajes o con quién habías hablado? ¿Alguna tu chico te ha recriminado que llevaras una falda corta o que salieras con tus amigas? ¿Alguna vez te ha hecho ilusión que tu novio se pusiera celoso de que hablaras con un amigo tuyo porque has pensado que era señal de que te quería?

Podemos entender por amor romántico un modelo de amor que sostiene la familia tradicional: relaciones estables, monógamas (una sola pareja), heterosexuales (hombre-mujer) y generalmente con hijos/as. Otro tipo de relaciones son rechazadas en las sociedades en las que el modelo de amor romántico predomina porque la diversidad es una amenaza. Pero no debemos pensar solo en personas casadas y adultas cuando pensamos en este tipo de amor. La mayoría de las características se dan en relaciones entre jóvenes y se pueden dar entre personas homosexuales. El modelo de familia tradicional es, simplemente, el tipo de relación predominante en el imaginario de la sociedad.

Frase de Kate Millet sobre el amor

Frase de Kate Millet

El amor romántico está basado en una serie de mitos o creencias falsas que expondré a continuación. Estos mitos, junto con el hecho de que el amor romántico tiende a rechazar y excluir otros tipos de amor, hacen que el amor romántico sea un modelo dañino. Por eso en Parece amor, pero no lo es queremos contribuir a construir formas diferentes de afecto y cuidados. Los mitos son los siguientes:

  • Media naranja: encontramos su explicación en la obra El banquete, de Platón, donde los seres humanos eran perfectos, redondeados y tenían piernas, brazos y cara por duplicado. Estos desafiaron a los dioses y su castigo fue ser divididos en dos, disminuyendo su poder. Para el tema que nos ocupa, esto se traduce en que los seres humanos reales somos seres incompletos que buscan su media naranja, la parte que nos arrebataron. Pero la realidad es otra: ni necesitamos que nadie nos complete ni existe una única persona con la que podamos encajar.
Pintada en la que se lee "sin ti soy yo".

Sin ti soy yo, vía Pikara Magazine

  • Finitud: según esta idea, el amor es limitado; es como si tener otras relaciones afectivas y otras amistades significara querer menos a esa otra persona. Por supuesto, esto no es así.
  • Amor jerarquizado: sitúa a la pareja en la cúspide de la pirámide y coloca el resto de formas de amor, como la amistad, en un segundo plano.
  • Pareja como «todo»: la pareja se entiende como una especie de entidad sagrada que lo es todo, de manera que no necesitamos tener más relaciones. Esta creencia, unida a que en la fase de enamoramiento «solo tenemos ojos» para la persona de la que nos hemos enamorado, hace que muchas personas dejen de lado otras relaciones cuando empiezan a salir con alguien. Sin embargo, esto es un error por varias razones. En primer lugar, y egoístamente, no sabes cuánto va a durar esa relación, y si dejas de lado tus otras relaciones es probable que no puedas recuperarlas más tarde y te quedes solo/a. En segundo lugar, tus amigos y familiares no se merecen eso; cuidar a la gente a la que quieres y que te quiere es importante. En tercer lugar, reducir tus relaciones a una supone depositar una gran responsabilidad en esa persona; no es saludable hacerlo todo con una única persona, es bueno diversificar y tener tiempos de ocio por separado.
Que no te deje hacer lo que te gusta no es amor

Que no te deje hacer lo que te gusta no es amor, vía Youtube

  • Los polos opuestos se atraen: esta creencia enlaza con la anterior. Lo cierto es que puedes encajar muy bien con una persona con gustos diferentes, pero siempre habrá cosas que tengáis en común: una cierta forma de ver la vida, por ejemplo. Pero es importante no romantizar el hecho de que no tengas nada que ver con esa persona que te gusta o incluso choquéis. Las relaciones no deben ser una especie de batalla. Sin embargo, como decíamos antes, está bien que tengáis gustos diferentes y os mováis con grupos distintos con quienes sí podáis compartir esas aficiones. No pasa nada si a ti te gustan los videojuegos y a tu pareja no: ¡vete a viciar con tus colegas mientras él se va a un concierto!
  • Discutir es malo/bueno: a ver, discutir no es malo en sí. Es normal tener discrepancias y no pasa nada por hablar sobre ello siempre que no se falte al respeto. Por el contrario, no discutir nunca no es necesariamente algo 100 % positivo. Puede que os estéis callando cosas que realmente pensáis o que creáis que tener diferencias es algo malo, y esto no es así, es normal porque sois personas diferentes con inquietudes diferentes.
  • El amor lo puede todo: malas noticias: no. Las personas no cambian por amor y, lo que es más, no debemos pretender que cambien por nosotras. Pensar que el amor lo puede todo solo lleva a que nos decepcionen una y otra vez y a exigir a la gente cosas que cambien para adaptarse a nuestros gustos, lo cual no es justo.
  • Celos = amor: no, no y mil veces no. Los celos son el reflejo de miedos e inseguridades y son fruto de los mitos que venimos mencionando —que el amor es finito y querer a una persona significa querer menos a otra, que solo hay una persona hecha para ti, etc.—, pero nunca son señal de amor. No debes tolerar los celos ni creer que indican amor, porque lo que indican es que tu pareja quiere limitarte, controlar con quién sales…

Imagen de Rachel Walker, vía Unspash

  • Amor = enamoramiento: el enamoramiento es una fase que suele durar entre días y unos pocos años; es un proceso bioquímico, sobre el que tenemos poco control y en el que solemos experimentar embelesamiento por la otra persona. Suele ser una fase en la que la relación nos parece mágica. El amor es, en mi opinión, algo sobre lo que tenemos mucho más control. Las cosas no tienen por qué parecer mágicas una vez que termina la fase de enamoramiento, pero da más espacio a los cuidados y permite construir una relación basada en cosas que van más allá de la atracción y la exaltación.

Todas estas características se manifiestan muchas veces de formas sutiles y no son fáciles de detectar. Hemos crecido con referentes que las reproducen una y otra vez y que nos llegan a diario a través de series, películas, libros, anuncios… Aunque puedan parecer inofensivas, estas características combinadas conducen a relaciones de maltrato y a la violencia machista. Es importante no aceptar de forma acrítica las relaciones tal como las conocemos; debemos ser capaces de analizarlas y decidir qué nos sienta bien y qué no nos gusta. Cuando haya algo que no te haga sentir bien, tienes que transmitírselo a tu pareja y hacer lo posible por cambiarlo. También es importante saber que lo que a ti no te sirve puede hacer felices a otras personas, y debemos respetarlo siempre que sean relaciones sanas.

Es importante saber que el amor no duele. Si estás en una relación dañina, no es amor. Esto no quiere decir que todo tenga que ir bien siempre, pero hay líneas que no se pueden cruzar.

Por último, te dejo este vídeo en el que Pamela Palenciano nos explica que No solo duelen los golpes, donde puedes aprender más sobre el amor romántico y sus negativos efectos.

¿Tienes alguna duda? ¿Me he dejado algún mito? Te leo en los comentarios 🙂

Parece amor, pero no lo sé

El verano empezaba sofocante, quería refrescarme con tus besos y no podía. Los compromisos y el trabajo este año nos habían obligado a mantener una relación a distancia de manera temporal. Las dos sabíamos de sobra estar sin la otra, pero nunca nos ha impedido echarnos de menos. Las llamadas a veces saciaban mi sed por contarte cosas, las que no le cuento a todo el mundo, algunas que sólo te cuento a ti. Y sin embargo entendimos que algo faltaba en todos los mensajes y fotos que nos enviamos. Somos sólo cuerpos, tú y yo, más que nadie, necesitábamos tocarnos.

Estas vacaciones nos han obligado a ponernos creativas, a hablar, antes que nada, y disfrutar también los momentos en que no teníamos nada que decirnos. He descubierto que me pone cachonda contarte mis amores de verano, lo que me gusta y lo que no de la gente que me he follado estos meses a medio camino entre el mar y la montaña. Me pone también que me cuentes tus romances, chicas que te están enseñando cosas nuevas que después compartirás conmigo.

Ilustración Joan Turu Amor Revolución No-Monogamia Anarquia relacional Poliamor Feminismo

Ilustración: Joan Turu

Es verano y toca conocer a gente nueva. Espero que algún día subas al pueblo a conocer a mis yayos y al chico que me comió el coño por primera vez, hay momentos que sellan amistades supongo. Pero el año que viene me toca a mí visitar Tenerife contigo y tus tíos, que ayer por la noche debieron de escuchar sin querer cómo te corrías con mi voz al teléfono. Qué bueno haber sido novatas las dos en tantas cosas. Me gusta que sepas reírte de nosotras constantemente, así equivocarse nunca es demasiado grave.

¿Sabes? Lo primero que me pregunta la gente a la que le hablo sobre ti es cómo nos conocimos, para preguntar después, con cierto tono de ansiedad, si nuestra relación era “así” desde el principio. Curioso que una cosa que nos salió de manera tan natural le resulte tan maravillosa a las demás. Curioso que fuera ya verano cuando un día decidimos quedar solas después de la asamblea a tomar una birra y tal vez fumar un porro en tu terraza. Hacía poco menos de un año que nos conocíamos y ahora hablábamos por WhatsApp a diario, aunque solo fuera para quejarse de los exámenes o enviarnos memes marxistas. Esa tarde de junio era más que nada pegajosa, a ti te brillaban las mejillas y a mí se me pegaban los muslos a la silla. Por ese entonces ya teníamos un par de bromas internas y se notaba que estábamos cómodas la una con la otra. A lo mejor el choco nos subió más de la cuenta con el sol, a lo mejor fue el momento en el que encontramos este deseo mutuo y cariñoso que no conocíamos antes. No lo sé, pero me encontré besando tus labios carnosos, tu lengua buscando la mía. La gente empezó a llamarnos parejita, novias, follamigas, qué manía con ponernos etiquetas, nosotras simplemente éramos mejores amigas y lo seguimos siendo.

Hoy el sol no me da tregua; me fumo el piti de buenos días escuchando la canción que me enviaste ayer por la noche, muy tú. He encontrado placer en extrañarte, contra todo pronóstico ajeno no me duele y me regodeo en recordar todas tus constelaciones una por una. Las empecé a contar una noche de julio mientras dormías sobre mi cama empapada y pude comprobar la alineación de todas tus pecas. Qué bonito, qué bonito no tenerte.

El día de la madre son todos

Hoy me gustaría dedicar este post a todas las madres, especialmente a la mía. En mi experiencia personal no me he dado cuenta del trabajo no pagado y no valorado que realizan las madres a diario, hasta que me he independizado. Un trabajo restado de su tiempo de ocio, en parte por la horrorosa cuasi-inexistencia de la conciliación laboral y personal, pero en eso no me voy a meter que da para dos o tres artículos más y muchas barbaridades que no debo decir.

Tradicionalmente, las mujeres siempre nos hemos dedicado a los trabajos de cuidados, no por razones biológicas —no os dejéis engañar—, sino por simple supervivencia de los bebés, ya que dependen de un adulto durante un largo periodo de tiempo en comparación con el resto de los mamíferos. Y qué mejor que las mujeres para tal tarea, ¿verdad?

El amor es lo más importante y requiere entrega total

Ese es uno de los axiomas del amor romántico del que hoy quiero hablaros. La referencia que tiene una misma de la propia existencia personal se elimina para convertirse en algo completamente dependiente de la pareja: no eres nadie sin tu media naranja. Si después de creerte todo eso encima tienes hijos, ya es el summum de la desintegración personal, y es que ya no eres ni media naranja, eres un gajo como mucho.

El amor romántico es la herramienta omnipotente y omnipresente para someter a las mujeres 

Efectivamente como dijo el machirulo Nietzsche, Dios ha muerto, pero en su lugar siempre ha estado el patriarcado. Lo que me pregunto ahora es: en las “sociedades formalmente igualitarias”, como dice la grandísima Ana de Miguel, ¿por qué el amor romántico invita a las mujeres, de manera sutil —o no tanto—, a dejarlo todo por amor? Lo curioso es que no lo dejamos todo realmente, solo dejamos lo que nos gusta hacer, nuestra profesión, nuestros amigos… y, por el camino, a nosotras mismas.

Hablo de mis padres porque es lo que conozco, y porque esto lo escribo como hija de una madre que tuvo que dejar sus sueños para trabajar al lado de su marido y cuidar de sus hijos. Ambos son hijos sanos del patriarcado, mi madre está alienada y mi padre es el prototipo de machirulo (menos mal que sé que no lo va a leer). Tras años de rebelión y de concienciación, el camino feminista me ha llevado a un estado de autoconciencia de la lucha contra el patriarcado que personalmente me hace sentir muy orgullosa. Sin embargo, me ha tocado irme de casa para darme cuenta de las muchas horas que ha dado mi madre por mí quitándoselas a ella misma.

Efectivamente, lo dejó todo.

via: https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20bike/pop

Madre e hija via: https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20bike/pop

Su negocio, su casa, sus amigos… Porque claro, después de 25 años casados es inconcebible que tengan amigos propios; de hecho si mi padre se entera de que algún amigo común habla con ella por WhatsApp se monta la de Dios es Cristo. Lo curioso es que la alienación de mi propia madre dentro de su burbuja de amor romántico consigue que lo vea como un gesto excepcionalmente bonito y, finalmente, que ella acabe haciendo lo mismo con él. Comen juntos, beben juntos, duermen juntos y no cagan juntos porque solo hay un váter, pero no os preocupéis que lo hacen con la puerta abierta.

Mi madre tuvo que ir sola a las ecografías, sola al paritorio y estuvo sola en su recuperación, que realmente duró tres días porque al cuarto tuvo que ir a casa a poner lavadoras y a trabajar. Porque otro tema, además, son las mujeres autónomas, que también da para decir muchas barbaridades. Eso es simplemente un ejemplo de todas las tareas que realiza diariamente, que ella jura que le gustan, pero que le ha tocado hacer sin intervención alguna de sus propios deseos. Al fin y al cabo, te casas y tienes que cuidar de tu familia y tu casa, porque si no vaya mierda de mujer eres, que no vales ni para limpiar.

El contrato que se firma con el matrimonio para hacer perdurar las relaciones de amor romántico no es más que una herramienta para controlar el tiempo de la mujer, un tiempo que podríamos dedicar a derribar un sistema social que nos oprime con creencias falsas como que lo tienes que hacer todo por tu pareja y, si no, eres un fracaso; ideas como que tienes que cuidar de tus hijos, educarles, ayudarles a hacer los deberes y hasta hacerles la cama. Una vez te casas, dejas de ser mujer para ser madre y esposa.

Estatua de madre e hija via https://morguefile.com/search/morguefile/17/mother%20statue/pop

La cama la tienen hecha los hombres por nosotras, mujeres trabajadoras que día a día hacemos por mejorar la vida de los demás sin importar la nuestra. Madres, esto va para vosotras, gracias. Gracias por querernos y cuidarnos, gracias por luchar con todo el peso del patriarcado que lleváis a las espaldas.

Vosotras nos estáis inspirando y nosotras nos estamos liberando

* También va por ti space mom; siempre estarás en nuestros corazones, Carrie.

Descreídos de treinta años

Al margen de todos los prejuicios de una sociedad patriarcal, de todos los medios de información y publicidad, películas que circunscriben el amor hacia un mundo rosa que más valdría dejar de llamar “comedia romántica” para tildarlo de “ciencia ficción”. Dejando a un lado la irradiación maravillosa que reflejan algunos de nuestrxs amigxs sobre sus relaciones amorosas y pasionales (sí… esxs amigxs tuyos que llevan juntos desde los 17, ya tienen casa, van a por la parejita y parece que su vida es tan perfecta que casi dan ganas de vomitar); al margen de todo eso, entérense: el amor no suele durar siempre, el amor duele en muchas ocasiones. El amor no es como lo pintan o como creías que era.

El amor, tal y como lo presentan, es una de las mayores mentiras que ha habido y habrá siempre.

Y nada te salva de ello. Por mucho que unx sea inteligente y tenga una gran perspicacia en la vida, es difícil de digerir, de entender y de, finalmente, asumir para actuar en consecuencia.

Tal vez porque el bombardeo mediático-social es tenaz, porque los mismos mecanismo psicobiológicos del enamoramiento juegan en tu contra o, simplemente, porque nos encanta tropezar en esa deliciosa piedra.

Un hombre le pone un parche al corazón de una mujer.

Corazón parcheado vía Facebook

Y eso que no podemos decir que no hemos sido avisadxs. Todxs estamos hartxs de escuchar a esos amigxs (o ex parejas) pesimistas e irónicxs que pasean de un lado a otro martirizándose (y, por tanto, martirizándote cuando estás a unos metros de ellxs) lanzando a discreción proclamas contra cualquier tipo de romanticismo que nos hacen dudar incluso de si son humanos. Mujeres y hombres de hojalata que no tienen corazón. Lxs mirabas antes, con aire de superioridad, a veces incluso con cierta lástima pero siempre con benevolencia, que para esos son tus amigxs, pensando que no se puede ir por la vida con una mirada tan negra sobre las relaciones, que en la vida merece la pena luchar por lo que se cree, que el amor todo lo puede, y todo ese tipo de consignas que te han cañoneado a lo largo de tu vida.

Pero la vida pone a cada uno en su sitio, como dicen muy acertadamente las madres, y llega por fin un tiempo determinado, que puede ser más tarde o más temprano, sin que casi te des cuenta, en que parece —y solo parece— que todo recobra el sentido y te das cuenta de la verdad:

Esos lúgubres amigxs no estaban tan equivocados. (Con ciertas salvedades, claro).

A muchos, esa reflexión les pasa con treinta años, aunque ese es un tiempo estipulado en el que nada tiene que ver, de hecho, la edad. Como dije antes, puede ser antes o después, todo tendrá que ver con el momento vital que atravieses, por ejemplo, que te deje la pareja de toda la vida, que se escuche la llamada de tener un hijo y no se tenga con quién, multitud de bodas en verano y yo compuestx y sin novix, etc.

El caso es que esas cosas suelen suceder en España en unos hipotéticos treinta solteros años, y así te plantas a esa edad, con algunas relaciones a sus espaldas, y miras para atrás y miras para adelante, y piensas: «¿Y ahora qué?».

“¿Estoy bien solx? ¿Quiero tener un hijx? ¿Podré volver a tener una relación?”.

“¿El amor es de color de rosas?”.

Preguntas existenciales a las que deberemos dar respuestas mientras disfrutaremos de ese maravilloso estado que es la libertad de estar solx (no os equivoquéis, no digo que sea mejor que estar en pareja, porque tanto lo uno como lo otro es maravilloso).

Y ¡qué diablos!, me voy a tirar a la piscina, y decir algo muy alto: en mi opinión deberían dar subvenciones a los solterxs de más de treinta años porque, sin lugar a dudas, mueven el mundo.

  • Trabajan su jornada laboral como si nada, y luego se marchan al cine, al teatro, al bar, de concierto con los pocxs amigxs que queden sin ennoviar.
  • Siguen saliendo los fines de semana, mientras los demás ven distraídamente una película en el calor del hogar.
  • Por lo tanto, mueven los engranajes del sector hostelero y del espectáculo de este y muchos países.
  • Alquilan pisos que decoran fervientemente como si fueran casas de Ikea o hipsters de Instragram.
  • Contratan paquetes de viajes concertados o, mejor aún, viajan solitarixs en busca del significado de su existencia por lo más recónditos lugares del planeta tierra, que luego muestran en Facebook o por fotos de su móvil en los grupos de sus amigxs (sólo por dar envidia).
  • Consumen toneladas de preservativos y otros métodos anticonceptivos.
  • Son los mejores tíos y tías del universo y engalanan de regalos inverosímiles a los hijos de su hermanx, a los que adoran.
  • Compran paquetes de comida en el supermercado que saben que no van a poder consumir enteros, maldiciendo porque no hacen packs individuales.
  • Son la fuente más grande de adopciones y cuidadores de animales del mundo.
  • Y, por último, sustentan, por sí solos, a familias enteras que viven de las páginas e-dating o de ligoteo.

Pero, sobre todo, están prevenidos sobre el amor, con una mochila de buenas y malas experiencias que les hacen discernir, de una manera cada vez más nítida, qué es lo que unx quiere para sí.

Lo bueno es eso: que ya no se andan con gilipolleces, que saben que el amor no es “ciencia ficción” sino realidad.

Lo malo es que, normalmente, eso se aprende por las malas, después de una fea experiencia,  y una vez que se rompe un corazón es difícil encontrar todos los trozos para arreglarlo y que se recomponga igual.

Aunque quizás no debería quedar igual, debería formarse un corazón nuevo, una escultura de formas propias que fuese capaz de latir pero también de razonar y  pensar como un analítico cerebro.

Se debería aprender, en vez de olvidar, pero sin echar la mirada atrás.

Si consigues eso, enhorabuena, estarás bien solo y en pareja.

Pero si acaso, por lo que sea, vuelven a romperte el corazón en mil pedazos, no te preocupes porque siempre te haremos un lugar en el “Club de los descreídos”.

Mañana, cañas a las 20:00 en el bar de siempre.

Humans: amor sintético

(Aviso: contiene destripes de la serie Humans)

Inteligencia artificial

Hay un tema que me fascina: el de la inteligencia artificial (IA). Cuando veo noticias sobre robots que ayudan a enfermos en los hospitales, coches que se conducen solos o programas informáticos que son capaces de detectar si una persona está transmitiendo sentimientos negativos o positivos en sus tweets me siento como si estuviera dentro de la película Blade Runner (la uno ;). Sin duda, todavía estamos muy verdes en el tema de la IA pero, al ritmo que avanza el desarrollo tecnológico (se dice que cualquier joven científico que empiece hoy su carrera podrá decir al final de su vida activa que el 80 o 90% de todo el trabajo científico acumulado tuvo lugar delante de sus propios ojos)*, no es raro imaginarnos dentro de unos años rodeados de bots indistinguibles de los humanos.

Alan Turing diseñó en los años cincuenta un test orientado a tratar de distinguir un humano de una máquina: un sujeto hace preguntas a una máquina y trata de averiguar si al otro lado se encuentra una máquina o un humano. En cualquier caso, este test solo permite averiguar lo buena que es una máquina imitando a un humano, no si esta máquina es consciente o capaz de aprender. Ejemplos recientes como el de Tay, la IA adolescente de Microsoft que en cuestión de horas se convirtió en una nazi racista, demuestran que la capacidad de aprendizaje de las máquinas es una realidad. Y este rápido avance nos pone sobre aviso: no podemos dejar para mañana la cuestión de la relación entre  los seres humanos y las IA.

Chiste sobre el test de Turing

Test de Turing vía xkcd

Humans

La serie Humans, versión británico-estadounidense de la sueca Real Humans, nos acerca a estos planteamientos. En un hipotético futuro cercano, los humanos convivimos con synths (sintéticos): robots de apariencia muy similar a la nuestra, con altas capacidades pero sin consciencia, que se encargan de todo tipo de tareas. Básicamente, un ejército de esclavos que no pueden quejarse… hasta que despiertan. Los sintéticos conscientes son capaces de recordar todo lo que los humanos les hacían antes, golpes y humillaciones incluidos.

Se puede argumentar que los humanos no sabían que los sintéticos percibían lo que les hacían (en un sentido estricto no lo sentían mientras no eran conscientes). Sin embargo, esta teoría se va al traste cuando vemos que Qualia, una gran corporación dedicada a la investigación de los sintéticos, comienza a dar caza a los synths conscientes; o cuando vemos que la promesa de juzgar como una igual a Niska si ella y su abogada Laura pueden demostrar que es consciente es en realidad un enorme fraude. La realidad se destapa: no hay ninguna voluntad de dejar de disponer de una gran fuente de mano de obra gratuita.

Pero, como en la vida misma, no todas las personas son iguales. Ya hemos dicho que Laura está ayudando a Niska a conseguir un juicio justo; su hija, Mattie, es una pedazo de hacker que presta una ayuda fundamental a los sintéticos; y luego está Astrid.

Niska grita después de ser agredida

Niska grita de rabia después de ser agredida vía Giphy

Amor sintético

Niska y Astrid se conocen en una discoteca en Berlín y se convierten en amantes. Niska acaba yéndose, temerosa de mostrar lo que realmente es. Vuelven a encontrarse un tiempo después, cuando Laura da con ella, y es entonces cuando la sintética por fin se decide a abrirse. La relación que tienen las dos es, a mi modo de ver, sana y humana: aunque Astrid se queda hecha polvo cuando Niska se va, es capaz de perdonar y acompañar a Laura cuando ésta le dice que Niska la necesita. Cuando por fin Niska está preparada le dice quién es y Astrid es comprensiva con ella. Finalmente huyen juntas y, cuando Astrid se da cuenta de que Niska debe regresar para ayudar a su familia, no la pone en la tesitura de hacerle elegir: le dice que vaya y, cuando esté preparada, vaya a buscarla a Berlín.

Otra relación interesante es la que se produce entre la investigadora en inteligencia artificial, Athena, y la IA que ha desarrollado, V. La IA está basada en los recuerdos y vivencias de su propia hija, que está en coma tras un accidente durante una excursión. Athena está desesperada por recuperar a su hija. Está dispuesta a cualquier cosa, llevándose por el camino a varios sintéticos conscientes en un intento de dar a la IA un cuerpo para acercarla más a lo humano. Esta falta de limitación corporal hace, de hecho, que cuando la IA se vuelve consciente se vaya expandiendo y alejando cada vez más de lo que su hija fue, recuperando la vieja dualidad platónica. Finalmente, Athena asume que su hija se ha ido y deja marchar a la IA.

Astrid y Niska en una escena de Humans

Astrid y Niska en una escena de Humans vía Tumblr

Reflexionando

Me parece muy emocionante la serie, y la relación entre Astrid y Niska en especial, porque da mucho que pensar sobre el ser humano. ¿Es la consciencia determinante en la existencia del ser humano? ¿Es suficiente? ¿Puede una entidad consciente ser humana sin un cuerpo? ¿Puede una inteligencia artificial amar? ¿Y puede amar un ser humano a una inteligencia artificial? ¿Puede ser una inteligencia artificial monógama o heterosexual?

No hay duda alguna de que la ciencia no es neutral y, por tanto, cuando los humanos inventan máquinas imprimen en ellas sus propios sesgos y prejuicios. Los sintéticos de Humans, por ejemplo, son absolutamente normativos físicamente. La heterogeneidad se limita al color de la piel y el pelo. Esto no es sorprendente, porque los sintéticos tienen un modo adulto que desbloquea sus funciones sexuales. Volviendo al mundo real, podemos preguntarnos por qué la mayoría de asistentes virtuales están configuradas como mujeres.

* De Solla Price, Science Since Babylon, Yale Univ. Press, New Haven, 1963, pp.7-10

Querida General Organa

Querida General Organa:

Star Wars no se hizo para mí. Nací en los 90, de padres suburbanos a los que la trilogía original les pilló mayores. Además nací en los 90 siendo una niña, así que no consideraron que La guerra de las galaxias fuera algo interesante para mí. De ti escuché hablar cuando salió la trilogía del 2000, pero sólo de tus peinados y tu traje blanco. No me sentí identificada con tu imagen, pero por mucho empeño que pusiera Padme mucho menos con ella. La trilogía del 2000 me pareció blanda, predecible, un blockbuster más.

Ojalá te hubiera conocido antes de los 10 años. Te hubiera amado-odiado a partes iguales. Tu valentía, tu arrojo, tu amor con Han Solo a regañadientes, tu «lo sé» burlón. Me hubiera imaginado siendo tu rival, tu amiga. Siendo tú.

Haberte descubierto a los 20 también ha sido una suerte. Aunque iba ya curtida de cine de autor pero también de mucho peliculón hollywoodiense, Star Wars me absorbió completamente. La forma de aunar culturas de George Lucas, su inspiración en la mitología y en el trabajo de Joseph Campbell sobre ella y, por qué no, que en 1979 hubiera una mujer autosuficiente y guerrera (aunque princesa) es fascinante. Creo que por eso me dolió tanto leer en un análisis de Star Wars desde el punto de vista del viaje del héroe que eras un acompañante masculino, literalmente según el texto, una tomboy.

Porque no, no eres la Princesa Leia. Como dice Anne Thériault no debes ser recordada como una princesa, sino como una general.

Leí la carta que Carrie Fisher te escribió. En ella habla de ti como del retrato de Dorian Gray, tú resplandeciente y blanca y ella envejeciendo e hinchándose. Pero, afortunadamente, pudo volver a interpretarte, porque sin Carrie Fisher quizás tú serías una anécdota.

Cuando fui a ver El despertar de la fuerza me retorcía los dedos buscando palomitas, pensando en si esta sería la puñalada final a la saga después de que la trilogía del 2000 la dejara agonizando. No fue así. Y no fue así, entre otros motivos, por ti.

Tú siempre has sido el corazón de la Rebelión. Con unos orígenes por un lado reales y por el otro lado perturbadores, fuiste capaz de seguir tus propias decisiones. En vez de dar tumbos de un lado a otro de la galaxia, fuiste fiel a tus ideales, a la rebelión. A diferencia de Luke, al que cada perturbación de la Fuerza le hacía cometer imprudencias arriesgadas, tú te mantuviste impasible. También sentías la Fuerza, pero sentías que la Rebelión valía más.

Leia le dice a Han Solo que deje de llamarla alteza.

Leia y Han Solo en una escena de El imperio contraataca vía Giphy

Y en El despertar de la fuerza se ve a la mujer hinchada y mayor que describe Carrie Fisher. Esa mujer que cuadra igualmente con la vida de Fisher que con la vida de una mujer cuyo hijo se ha vuelto lo que ella más podía temer, cuya relación de amor terminó, pero lo más importante: que fue dejada sola ante las circunstancias. Tanto Han Solo como Luke decidieron desentenderse del problema, cada uno a su manera.

Tú no. Tú retomaste las armas y te dispusiste a ser lo que siempre has sido: una líder. No puedo más que dar gracias a Carrie Fisher por habernos mostrado la evolución de Leia, la misma mujer fuerte y decidida que abraza con cariño y protección a la nueva generación de mujeres que se disponen a emprender la lucha. Porque sabe que no es fácil, pero que huir no es una actitud posible.

Algunos románticos dicen que la partida de Han te hizo irte. Cualquiera que te conozca mínimamente sabe que no es cierto. Cualquiera que te conozca sabría que, por mucho dolor que te supusiera, hubieras seguido siendo la líder de tu pueblo, no porque fuera lo que ellos necesitaban, sino porque era lo que tú querías. Tu papel terminó como termina el de Yoda, o el de Obi-Wan Kenobi; aquellos que saben que ya han cumplido un ciclo y necesitan descansar. Creo que en el episodio VIII haces un papelón, y estoy deseando verte, aunque sepa que vaya a ser la despedida final. Sin embargo, siempre te veré, ya sea como la princesa con moño de fallera o la general con ojeras marcadas. Me da igual, porque sé que siempre estarás. Lo maravilloso de la Fuerza es que nunca te has ido del todo.

Gracias por todo, Carrie Fisher. Gracias por todo, General Organa.

No conozco la autoría de este fantástico gif, si alguien lo conoce estaré encantada de citarle.

Ulises y Penélope: el reencuentro de OT

Hace 15 años los realities se llamaban “experimentos sociológicos”. Mantenían las mismas cuotas de pantalla altísimas que ahora, pero nadie buscaba información en Internet sobre un concursante en el modo incógnito del Chrome. Y no es porque en ese momento usáramos Explorer y el mejor buscador fuera Yahoo; no, es porque conmocionaron a la sociedad entera. Gran hermano pronto demostró que de experimento tenía lo que mezclar Mentos con Coca-Cola y se hacía incómodo de ver después de las noticias sentados en familia, pero Operación triunfo conquistó esos mismos sillones familiares.

OT generó emoción con aquellos chavales que parecían haberse bajado de un autobús desde Kansas, con su estilo medio moderno, medio bakala. OT produjo lloros en niñas de primaria que tenían que irse a dormir sin saber a quién habían nominado, que al medio día al llegar del colegio se veían el VHS grabado por sus padres, si ninguna suertuda había podido irse a dormir más tarde de las 12. OT fue el primer concierto para muchas, el primer acercamiento con el mundo fan teenager. Me pasé toda la adolescencia negando haberme comprado una bandana de Beth y escuchando música que representara mi ennui adolescente. A tu lado desde hacía mucho era demasiado optimista y descafeinado.

OT1, Operación triunfo, concursantes,

Vía El Mundo: El Reencuentro de los Concursantes de Operación Triunfo 1

Yo tenía 10 años cuando salió el primer OT. A mí me gustaba la música, jugar a hacer galas en los recreos y emocionarme tanto por algo en conjunto con tanta gente. Así que no me motivó tanto la relación Chenoa – Bisbal como las expulsiones y ver qué temas iban a cantar. Tampoco reaccioné tanto a que Chenoa y Bisbal lo dejaran como a que Rosa perdiera Eurovisión (qué lagrimones echamos unas amigas vestidas de comunión esa noche). Sólo recuerdo que ella estaba verdaderamente afectada mientras él, como Tarzán, saltaba de liana en liana televisiva.

Ahora, 15 años después, lo destacado del reencuentro no es cómo una productora jugó con las emociones de un grupo de chavales que pasaron, en palabras textuales, de no poder salir de casa por los fans a pasar desapercibidos. Cómo la gran mayoría no ha encontrado un futuro en la industria musical y se limitan a sobrevivir mientras los productores amasaron dinero.

No, la gran conclusión es la “cobra” de Bisbal a Chenoa.

Imagen obtenida de "Cuore": Bisbal, Chenoa, la cobra y el otro ángulo de cámara (http://www.revistacuore.com/ocio/television/noticias/bisbal-chenoa-la-cobra-y-el-otro-angulo-de-camara)

Vía Cuore: Bisbal, Chenoa, la cobra y el otro ángulo de cámara

Da igual que haya salido otro plano, otro vídeo, una declaración jurada en un estrado de los Estados Unidos. No, queremos ver a Chenoa como alguien devoto de amor más de diez años después, alguien que sigue esperando las migajas de Bisbal al que describen como jugando con ella a su antojo. El público quiere etiquetar a Chenoa en Penélope, en la mujer que siempre ama y espera por mucho daño que le hayan hecho, en disculpar que no haya tenido tiempo de llamarte en dos semanas pero sí de irse de fiesta con sus colegas, en que te proponga una relación abierta pero se enfade si te has whatsappeado con otro, en que te deje colgada con los niños para coger un ascenso laboral que el único beneficio que va a repercutir es quitarle marrones a él en casa. Pero tú lo toleras, porque en el fondo le amas, y ese amor te redime, y te da la compasión de los otros. Eres una buena mujer, no como esas que en los divorcios arramplan con todo. Eres una buena mujer porque amas y esperas.

De él se dice que no se ha comportado bien. Así, como hablarías de Pablo Escobar o Walter White porque la serie te ha llevado a empatizar con narcotraficantes. Con la boca pequeña, porque en el fondo te cae bien. Le disculpas. Le entiendes o le envidias. Él ha triunfado, y el resto sale cantando con ropa hortera y petacas que no terminan de funcionar mientras él brilla en el escenario.

Bisbal era un cantante de orquesta que entró en el casting de OT porque le convenció una novia. Una novia que le amaba y le esperaba pacientemente para las visitas de la academia. Una novia de la que prácticamente no trascendió el nombre, porque rápidamente surgió su historia de amor con Chenoa. “Qué bonito”, pensó mi yo de 10 años, y supongo que el yo de mucha gente más. Porque la historia fue un boom.

Tan poco acostumbrados entonces a los realities, creo que ninguna nos podíamos plantear que Bisbal, debajo de los rizos, podía ser un tío muy listo, que sabía que la popularidad amorosa dentro de la academia podía aumentar el share del programa y su propia cuota de popularidad y llevarle a la final. Aunque la historia de superación de Rosa nos tocó a todos la fibra y eso desplazó su romance. Porque, afortunadamente, todos preferimos ser la mejor versión de nosotros mismos que un rollete apasionado.

Y tal y como vino, su amor con Chenoa se fue. Chenoa salió verdaderamente afectada en los medios y él siguió. Siguió con otra, siguió con una carrera musical con grandes hits, y siguió con la fama. Alguien dirá “quien a hierro mata a hierro muere”, pero ser la mujer que espera y ama significa también verse superada por el amor correspondido, que debe ser aceptado a cualquier coste. Además, que yo sepa las parejas son decisiones de dos, y dejarlo o engañar probablemente de uno.

Así que Bisbal triunfó, y Chenoa creo que está de jurado en Tu cara me suena. No sé que ha hecho en estos últimos años, pero supongo que este programa es su logro más reciente desde OT. Me alegro por ella. Bisbal desarrolló una carrera prolífica, ha salido con supermodelos y se comió el escenario en el concierto. Con la historia de la famosa cobra sí se ha comentado que igual su comportamiento no fue el más adecuado, que igual le perdió la ambición, pero nadie ha pensado que diez años después tenga historias que superar de OT.

Sin embargo, seguimos dando por hecho que Chenoa sigue estancada en esa ruptura tan inesperada. En la Odisea, cuando Ulises vuelve Penélope ha hecho su propio viaje sin salir de casa. Ella ha crecido en su telar, ha tomado sus propias decisiones, cuando Ulises aparece se encuentran dos extraños. Pero preferimos la Odisea Disney, donde Penélope espera como el primer día. Porque eso hacen las mujeres que aman de verdad. Porque Chenoa era una chica simpática, porque hacían una pareja muy bonita para ponerla en la carpeta, porque Chenoa era una buena chica, y las buenas chicas aman para siempre.

chenoa, bisbal, ot, reencuentro, ot1, amor,

Vía Vanitatis: «Chenoa confiesa cómo vivió su historia de amor con Bisbal en Operación triunfo«

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad