Antes de partir de viaje a tierras bálticas, ya había escuchado acerca de una gran diferencia demográfica entre sexos en la población de estos países, siendo mucho mayor el número de mujeres que el de hombres. Escuché concretamente que en Letonia era más notable, aunque en mi experiencia, Estonia y Letonia mantuvieron un aparente equilibrio que no llamaba la atención.
Todo cambió al llegar a Kaunas, la segunda ciudad mas grande de Lituania (400 mil habitantes), después de Vilnius, y la mas poblada por población autóctona (93%) sin apenas inmigración. En un corto paseo por la calle Laisvės alėja, la calle peatonal mas larga de Europa del Este y arteria principal de Kaunas, se observa con facilidad que en la ciudad predominan las mujeres. Niñas, jóvenes, adultas, tanto trabajando como paseando, tanto solas como acompañadas.
Arte urbano
Es llamativo ver cómo desempeñan todo tipo de trabajos, visibles, incluso aquellos en los que tradicionalmente se han vinculado a los hombres. Y lo más curioso es que no hablo de una mujer obrera de vez en cuando, sino que son muchas las mujeres que en la calle crean y participan de una sociedad, que parece creada por ellas.
Un ejemplo curioso son los baños de los establecimientos, formados por dos servicios para mujeres por cada uno de hombres y mas curioso aún es observar que se han invertido los papeles, al ver a los hombres esperando en la cola. Y es que la población de Kaunas está descompensada y esto hace que tenga un brillo especial.
Baños en un establecimiento de Kaunas
Estudiando acerca de la demografía de Lituania y en particular de Kaunas, no se observan tasas de natalidad desiguales, pero sí una alta tasa de mortalidad en los hombres de corta y mediana edad, debida a enfermedades cardiovasculares y tumores, pero también a un alto grado de mortalidad por causas externas, como las derivadas del alcohol, accidentes de tráfico o suicidios, siendo Lituania el segundo país con mas suicidios de Europa después de Groenlandia. Y es que los hombres en Lituania, viven bajo la premisa machista, «Kuo labiau vyras bijo būti moteriškas, tuo labiau jis mėgsta, stiprų alkoholį«, «Cuanto mas miedo tiene un hombre a ser femenino, mas alcohol bebe» y esto, trae sus consecuencias. Los hombres con tal de no mostrar su feminidad llegan a tal extremo de caer en el suicidio.
Si además se añade que la población masculina de mayor edad se ve mermada en un altísimo porcentaje por la segunda guerra mundial, el resultado es que Kaunas es un ejemplo de tierra de mujeres.
Mujeres que lucharon y sobrevivieron a la guerra, que entonaron himnos de libertad durante la Revolución Cantada, y que se adaptaron al capitalismo.
Ahora solo cabe preguntarse si esta diferencia demográfica tiene unas consecuencias mas allá de estos simples datos, es decir, en relaciones en cuanto a la igualdad de trato y a derechos y oportunidades de las mujeres.
Laisve (“Libertad”), de Eurika Masytė, una de las canciones mas respetadas de la Revolución Cantada
Una de las frases más repetidas en mi casa el último invierno ha sido ésta. Así casi puedo afirmar que soy experta en Frozen. Han hecho de «Suéltalo… Suéltalo» mi banda sonora particular.
Sinceramente, la impresión que tengo es que Elsa se les ha colado a Disney. Pero por si acaso crearon a Ana, su hermana, esperando que todas las niñas la adoraran y aprendieran a no enamorarse de extraños.
Elsa es la única princesa feliz de conocerse a sí misma. No necesita príncipes azules. Se la nota fuerte y feliz cuando decide ir por su cuenta y alejarse del mundo. En contraposición está su hermana Ana: inocente, enamoradiza, tierna… Toda una princesa. ¿Esperaría Disney que todas las niñas fueran como locas buscando muñecas y disfraces de Ana a la sección de princesas?
Pero no, todas las niñas quieren ser Elsa. Una princesa mezclada con súperheroe, que lanza hielo tanto para crear cosas bonitas como defenderse. Yo veo a las niñas en la calle lanzando rayos invisibles de hielo. Ninguna que quiera ser Ana. Ni una sola con interés en enamorarse ya sea de un príncipe o un repartidor de hielo.
Si a una niña le das a elegir, Elsa les ha dado la posibilidad de elegir tener superpoderes. Eligen hielo antes que tener amor. ¡¡¡Pueden ser superheroínas!!! Pueden competir contra Spidermans, supermanes y otros súperheroes del patio del colegio con súperpoderes de hielo. No tienen que ser sus novias para que les defiendan. Se pueden coger de la mano de otra niña al grito de «esto es amor verdadero» y lanzar hielo a los otros súperheroes de los que están presentes en formas de individuos por debajo de uno con cincuenta metros.
No, no han ido en masa a comprar muñecas y disfraces de Ana. Elsa mola más. Da igual estar sola, que nadie las comprenda o que ningún hombre se atreva siquiera a sacarla a bailar. Lanzar hielo mola más que eso.
Ahora eso sí, quedo a la espera que no destrocen el personaje de Elsa en la próxima entrega. Que no pongan en marcha la maquinaria patriarcal y conviertan a Elsa en otra cosa. Ninguna niña ha echado de menos que Elsa se enamore ni que la salven. Diosa quiera que la próxima de Frozen no tenga como eje principal que Elsa se enamore. Porque, sinceramente no me acabo de fiar de Disney y de cómo funciona la maquinaria patriarcal.
Ana no les ha funcionado de contrapeso de Elsa. Las niñas quieren ser superpoderosas. Quieren ser protagonistas reales de su propia historia. ¡¡¡Qué más da no ser dulce y tierna si tienes superpoderes!!! Elsa les ha dado la posibilidad de elegirse a ellas mismas.
El problema de Tim Hunt con las mujeres le ha costado caro
No sé si el Sr. Tim Hunt recuerda bien el día en que recibió el Premio Nobel de Medicina, allá por el año 2001, por su magnífico descubrimiento de las proteínas que controlan la división celular, pero de lo que sí estoy segura es de que tardará en olvidar su fatídica metida de pata en la Conferencia Mundial sobre Periodismo Científico celebrada esta semana en Seúl (Corea del Sur) (¡hasta el fondo, oiga, y con la que está cayendo con las mujeres y la ciencia!).
«¿Cuántas veces y ante qué audiencias habrá soltado estas y otras perlas, manchando la imagen de la ciencia y otros científicos?«.
Puede que haya sido la primera vez (y os aseguro que la última, por la cuenta que le trae), pues una de las cosas que he podido apreciar es que con la edad no sólo se nos gastan los huesos de las rodillas y la «tarjeta de crédito» de resistencia a los rayos UV, sino que también se consumen esos filtros sociales que nos han reprimido toda una vida, impidiendo que la «liemos parda» diciendo lo que verdaderamente pensamos. Pues sí, este señor, de 72 años de edad, probablemente esté diciendo ya en público lo que siempre ha pensado, vamos, ni más ni menos que las mujeres somos un incordio para sus fructíferas investigaciones.
El «angelito» ha dicho cosas como estas:
«Permítanme que les cuente mi problema con las mujeres… ocurren tres cosas cuando están en el laboratorio… Te enamoras de ellas, ellas se enamoran de ti y cuando las criticas, lloran»
Verá, Sr. Hunt, ¿a qué le llama usted criticar?, ¿a destrozar la autoestima?, ¿a hundir en la miseria?, ¿a no soportar que no se hagan las cosas como usted cree que se tienen que hacer?… Y la otra cuestión es ¿cómo las «critica»?, ¿hay respeto?, ¿hay educación? Pues si, señores, la mujeres somos de lágrima fácil (unas más que otras, claro está), pero es simplemente porque somos muchíiiiiiiisimo más sensibles y emocionalmente muy diferentes a los hombres y sobre todo, porque no podemos con las injusticias.
Y cuando se ve forzado a pedir disculpas va el buen señor y lo arregla diciendo:
Verdaderamente ser un buen científico no exime de ser un torpe. Pobres de aquellas a las que les ha tocado trabajar a sus órdenes, se me ponen los pelos como escarpias sólo de pensar en lo que han debido de tragar. Si hay algo con lo que no puedo en esta vida es con las faltas de respeto. Pero desengañémonos, este señor no es un caso aislado. El problema es ¿cómo se combate esto cuando el propio sistema tapa todo este tipo de comportamientos indecentes?
Sólo nos queda confiar en que este tipo de personas sean, al fin, una «especie» en vías de extinción. Algo me dice que las nuevas generaciones vienen con otras actitudes (o mas les vale).
Y finalmente ha tenido que dimitir de su cargo de Profesor honorario en la Facultad de Ciencias de la Vida, en la University College de Londres, a pesar de su fracasado ‘intento’ de disculparse. Digo ‘intento’, por que lo que ha conseguido es empeorarlo aún más (si cabe). Definitivamente podríamos decir que es un ‘analfabeto emocional’. Y paradojas de la vida, la institución para la que trabajaba fue la primera universidad inglesa que admitió a las mujeres con los mismos derechos que los hombres (algo no me cuadra). Está claro que en esta prestigiosa institución han estado muchos años mirando para otro lado, mientras este señor hacía de las suyas (repito que no se trata de un caso aislado, que cosas así pasan a nuestro alrededor con más frecuencia de lo que desearíamos).
A raíz de todo este revuelo Twitter está que hierve con el #Distractinglysexy. Mi aportación está teniendo un éxito rotundo. Llevo 48 retuits y 57 favoritos (por ahora). Gracias, Sr. Hunt, gracias a su torpeza mi índice Klout se va a disparar.
Sr. Hunt, me temo que no termina su carrera laureado. La vida es así, se recoge lo que se siembra, ni mas, ni menos y ya iba siendo hora de que le tocara recoger, ¿no os parece?
«Antes de…» de Linklater (Antes de amanecer, 1995; Antes de atardecer, 2004; Antes del anochecer, 2013)
Nota de la coordinadora: Como hemos comentado ya en otras ocasiones, el proyecto de este blog fue siempre concebido como uno colectivo. En esta ocasión intentamos salir de los límites de la red y aprovechar la excusa para hacer un «cineclub» presencial, viendo unas cuantas de nosotras la famosa trilogía «Before» de Linklater, para luego poner en común nuestras impresiones a lo largo del visionado en forma de diálogo; un nuevo formato de post que espero que tenga recorrido en otras temáticas y otros encuentros.
VEGA: Por empezar por algún sitio, quería comentar por qué para mí era tan importante la idea de hacer un post colectivo y un visionado conjunto de la trilogía Before de Linklater. Fue viendo la tercera, Antes del anochecer, en el primer año de vida del blog, cuando pensé en la categoría de «construyendo». Me parecía importante que dentro del blog no sólo hubiese espacio para señalar lo que nos parece mal, sino también las representaciones en positivo; es un tópico, ya lo sé, pero un «otras historias de amor son posibles». Luego, cuando pensaba en recuperar el tema, ya no me parecía tan adecuado, porque en realidad me quedaba un sabor agridulce, como que no terminaba de cuajar. Por eso me parecía importante contrastar con otras miradas. ¿Habéis sentido vosotros también que es una representación romántica pero realista, o fui yo sola, entonces?
DOVI: Para mí las películas son una evolución desde lo puramente romántico hacia lo realista. Cada una es más intensa que la anterior porque es más auténtica y compleja. La primera me pareció especialmente romántica en el sentido de «ficticia», la última tiene muchísima verdad: es más dura de ver porque nos recuerda más a una relación de auténtica, con sus problemas, con su historia, sin personajes perfectos… Al final, unos creíamos que seguirían juntos y otros que no. Creo que es porque en la ficción las parejas no discuten (especialmente en las sitcoms), si discuten es que es el fin. Pero en la vida real, se discute. Nos peleamos y nos arreglamos. Y decimos cosas de las que luego nos arrepentimos.
VEGA: Estaba pensando en por qué me gustó tantísimo la tercera en comparación con las primeras y creo que has dado totalmente en el clavo. Para mí no es tanto que sea más dura de ver (aunque nos costó, es cierto, por lo realista de la discusión), como el hecho de que en este caso es real. En realidad, las dos primeras son un salto al vacío: son dos personas que no se conocen de nada y deciden lanzarse hacia lo desconocido. El hecho de que haya una tercera es en realidad lo que hace que la apuesta valiera la pena, pero lo normal es que hubiera salido mal. Quiero decir: que la tercera es, independientemente de su desarrollo, el final feliz de las primeras, el «a veces los flechazos salen bien». Es curioso porque si lo ves así, en realidad la más realista es la verdaderamente romántica de las tres.
DOVI: ¡Es cierto! Es que lo más real es lo más bonito. Por cierto, me sorprendió que os cayera tan mal el personaje femenino, ¿alguien me lo explica? 😉
VEGA: Ella me parece mucho más estereotipada que él. La francesa feminista liberada que en realidad se escuda en los discursos políticos para no enfrentarse a sus propios privilegios, a sus miedos. Recurre mucho a lo de que «lo personal es político» pero no veo que haga nada de política en su vida personal. No me parece que sea justa en ningún momento con Jesse, su comunicación es bastante pasivo-agresiva. No respeta las fronteras (lo comentamos cuando sacaba a colación, de pronto, en la comida con los demás huéspedes, el problema de la mudanza, cuando no lo había hablado en absoluto). No para de criticar a Jesse por una supuesta masculinidad estándar (cuando se mete con él por «querer una rubia tonta») cuando es ella la que no para de ejercer la feminidad estándar. Creo que se victimiza sin motivos, y eso hace que me ponga muy nerviosa. ¿Por qué no cuestiona nunca sus propios privilegios, sólo los ajenos?
ANA: Después de darle muchas vueltas a la sensación contradictoria que me dejaban las películas he descubierto por qué. La propuesta de Vega de hacer un post colectivo encerraba la idea de que la trilogía mostraba una relación poco habitual en los relatos románticos. Una idea mucho más sana de lo que es el amor. Al verlas pensé: «madre mía, si no son más que una sucesión de tópicos». Pero no. Creo que encierra una crítica profunda al modelo de amor romántico contado desde el mismo arquetipo de relación romántica.Así que he dejado un tiempo de reposo a las películas, he olvidado los detalles y, tal vez, me he quedado tan solo con las sensaciones que perduran, y he llegado a la conclusión de que la trilogía es una demostración de la tragedia que supone el amor romántico para las parejas. Un discurso complejo en el que los personajes son atravesados una y otra vez por elementos extratextuales que hace que se comporten de una forma extraña, que de pronto la acción dé un giro inesperado o que llegue a resultar hasta desagradable de lo previsible de los acontecimientos. Muy a menudo, lo que ocurre en la narración no se debe a la ficción en la que se enmarca sino al entramado de elementos culturales de los que hemos aprendido qué es el amor y cómo se ejecuta.
En la primera película, que ella baje del tren porque él se lo pide, es una acción que obedece a cánones absolutamente románticos. Por una cuestión de puro pragmatismo ninguna de nosotras bajaríamos. Pero hemos aprendido que por la media naranja hay que hacer locuras. Pensemos por un momento que lo llamamos «hacer locuras por amor», por lo que es lógico pensar que son acciones que o bien ponen en peligro nuestra seguridad, integridad o estabilidad emocional y que, probablemente, si no provocaran ninguna de estas cosas, no las llamaríamos locuras. Pues bien, el personaje de ella, como personaje, ha visto las mismas películas románticas que hemos visto las demás y por eso lo hace. Y él, como personaje, también las ha visto y es por eso se lo pide.
Esperamos del final que él cumpla con su papel de romántico empedernido y que sea él quien pague la afrenta y decida quedarse. Sin embargo, la ilusión desmedida por un final con perdices de primero tendremos que dejarla para más adelante. Él falla a los espectadores y solo deja encima de la mesa una promesa que suena a mentira. Volveremos. Un coitus interruptus que nos pone tras la pista de que la trilogía se niega a ser un tópico de amor adolescente.
Durante el desarrollo del film hemos asistido a la crítica explícita al amor como construcción cultural, que los personajes se sientan como en una película es sin duda un metadiscurso que le da la coartada perfecta al director para escribir una trama al uso y, sin embargo, estar haciendo una crítica abierta de lo que ocurre.
La última película, sin embargo, es la muestra del peligro que tiene esta forma de entender el amor, cuando el amor mal entendido se convierte en el eje mismo de la vida. Si no es dramático no es amor. Él y ella han hecho todas las locuras posibles. Primero es él quien abandona todo por ella y luego ella quien deja atrás todo por él. Después, vuelve a ser Jesse quien deja a su hijo en otro continente para vivir la vida «real» junto a Celine. Se acabaron las locuras de la juventud y toca hacerse adulto de golpe.
Aquí es donde creo que lleváis más razón: la tercera película es la más realista. Muestra el resultado de las prácticas del amor romántico. Cuando ya no quedan imposturas comienza el drama. El personaje de él parece haber decidido dejar lo romántico para los textos que escribe y disfrutar fuera de sus páginas. El de ella, sin embargo, preferiría vivir lo que como personaje de ficción vive en los libros de él. Por eso se niega a firmar el libro, porque ella se niega a ser un personaje de ficción. Es una pulsión de muerte que plantea un nuevo dilema en el que le toca a él salvar el amor de nuevo. Es una espiral sin límite que encierra una promesa de fondo: ella hará lo que sea para mantener viva la tensión narrativa que exige el amor romántico y él está llamado a resolverla una y otra vez para cerrar la trama. Por eso ella nos cae mal, porque es la responsable de los dramas presentes y futuros.
¿Y quienes nos leéis, qué pensáis? Os animamos a formar parte de nuestro «cineclub virtual».
Vírgenes o vulvas: ¿y si llevamos dos mil años adorando al coño?
Desde un punto de vista antropológico, la religión tiene el objetivo de explicar lo que no se comprende y tranquilizar a la sociedad ante lo imprevisible (además, claro, de sustentar las estructuras de poder). Una de las peticiones más extendidas a los dioses, en todas las culturas, es la de la fertilidad, tanto de los campos como de las mujeres. Por eso, desde tiempos ancestrales, era habitual tener figuras de genitales a las que se les rendía culto, como forma de alentar a los dioses a traer buenas cosechas y descendencia fuerte.
Tampoco es ningún secreto que las religiones dominantes tomaron las tradiciones paganas y las reescribieron, aportándoles una lógica interna dentro de su narración: sin ir más lejos, la celebración del Corpus Christi que celebrábamos esta semana, destinada a celebrar la eucaristía, se relaciona directamente con Pentecostés, fiesta judía donde, en origen, se agradecían las primeras cosechas antes de empezar a celebrarse la alianza del Sinaí. Es decir, que independientemente de nuestras creencias religiosas, subyace a ellas siempre el agradecimiento por la vida, tanto en su dimensión agrícola como en la reproductiva.
Hace algunos años que diversos colectivos feministas «rinden culto» durante las fiestas católicas a vulvas que sacan en procesión: la del Santísimo Coño de todos los Orgasmos, la del Santísimo Coño Insumiso, y otras que buscan oponer la figura del coño a la de la Virgen como forma de protesta por las legislaciones que, con base en la ética católica, restringen los derechos de las mujeres. Sin embargo, cuando vemos estas imágenes, la figura del coño, en lugar de resultar chocante, resulta natural, y en lugar de separarse, se asemeja. Y es aquí cuando llega la pregunta: ¿podríamos haber sustituido la adoración a la vulva por la adoración a la Virgen?
Hace tiempo que me planteé la pregunta (fue en Semana Santa, de hecho) y a pesar de haber buscado varias veces información al respecto sólo la he encontrado ahora (podéis imaginar qué pasa cuando buscas en Google virgen y vagina), y sí, efectivamente, artistas como Mónica Castagnotto, en una exposición de 1999 de la que fue censurada su obra Virgen y Vagina, ya habían presentado la similitud entre ambas.
Virgen y Vagina, de Mónica Castagnotto (fotomontaje, fragmento)
Evidentemente en esta última escultura el paralelismo es buscado, pero a raíz de una conversación con otro de los autores del blog empecé a indagar sobre la Virgen de Guadalupe y, por fin, encontré un análisis como el que me venía rondando: efectivamente, la Virgen de Guadalupe comenzó a adorarse en Mexico en sustitución de las diosas de la fertilidad (Tonantzin), y quizá precisamente por eso el canon bajo el que se representa es particularmente «vulvar»:
En definitiva, ¿es posible que la Iglesia católica, tan aparentemente misógina, haya hecho esta concesión a la sacralidad de los genitales femeninos como origen de la vida? Debatiéndolo entre los autores del blog, otra de nosotros concluía que podía tratarse de una concesión que negaba el placer de la mujer (puedes usar tus genitales para dar vida, pero sin disfrutar del sexo, como hizo la Virgen María). Personalmente, llamadme romántica, pero que la cabeza de la Virgen se corresponda anatómicamente con el clítoris me parece una dichosa coincidencia, y ojalá sirviera como punto de partida para que esta institución respetara de una vez el cuerpo femenino y la libertad de esta.
«Históricamente ser mujer correspondió a la expulsión de la vida política, al no reconocimiento ni remuneración del trabajo doméstico, y es precisamente esto lo que ha permitido a las mujeres -no de modo esencial ni identitario, sino porque se encontraban en esa situación- desarrollar otro tipo de prácticas y estrategias referidas a la cooperación, la solidaridad y la circulación. El devenir-mujer de la política es un devenir minoritario porque implica el desarrollo de estrategias alternativas que pasan a través de la subjetivación y la creación de nueva comunidad, o de nuevos sentidos para la vida común.» Judith Revel
Se dice que estas elecciones, municipales y autonómicas, han sido las de las mujeres; algo que puede resultar chocante para aquellas personas que, como era el caso en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, estábamos ya gobernadas por supuestas mujeres, Ana Botella o Esperanza Aguirre. Sin embargo, a estas «lideresas» no las podemos considerar como mujeres en el sentido tradicional del reparto de roles asignados. Eso es algo que destaca a la perfección Barbijaputa: tendrán vagina, pero esas personas no entran dentro de lo que entendemos por mujer, de lo que tienen en común Colau y Carmena.En El país de las mujeres, Gioconda Belli plantea un escenario en el que son ellas quienes dominan el panorama político: un grupo de mujeres, organizadas en un partido de nombre a priori chocante (el PIE, nada menos que Partido de la Izquierda Erótica), proponen cambiar la ciudadanía por la cuidadanía, un concepto en el que el centro de la política son los cuidados. Esto es algo que se ha comentado mucho tanto estos días como de cara al panorama político que se abre a raíz de los últimos resultados electorales en este momento.
Quizá es buen momento de preguntarse cuántos de los graves problemas actuales se podrían responder simplemente cambiando el paradigma con el objetivo principal de pensar en los cuidados. Hace ya un tiempo me partí un pie y me encontré de pronto completamente dependiente (no piensas que automáticamente las muletas te obligan también a prescindir de tus brazos). En ese nivel de dependencia en el que tenía que pedir un vaso de agua tuve que obligarme a revisar todo lo que entendía hasta ese momento que era la autosuficiencia; algo en lo que me ayudó mucho Cojas y precarias, un excelente libro de Traficantes de sueños que recomiendo a todas las personas con las que hablo desde entonces, que te enseña que aquello de que ningún ser humano es una isla es tremendamente cierto.
Queréis ver POLITICA en mayusculas? Foto del backstage de la noche de ayer. Sin cuidados no hay victoria posible ♡♥ pic.twitter.com/vMdohTaIrr
En El país de las mujeres, lo primero que hace el gobierno dirigido por Viviana Sansón es expulsar a los hombres de la esfera pública: despiden a los funcionarios y, dándoles una paga, los envían a su casa a cuidar y se llevan a sus mujeres a ejercer el funcionariado. Este cambio, origen de muchos de los problemas que desestabilizan el gobierno de Sanson, es también el Gran Cambio Radical que hace que muchos de los hombres, al principio simplemente anestesiados por un oportuno volcán que acaba con su testosterona, terminen entendiendo que es cierto que las mujeres necesitan una oportunidad para enseñar que hay otras formas de liderar y de gestionar.Ese es el espíritu que vemos también en Carmena y en Colau: no son personas que mandan a secas, y por eso no son hombres, son personas que gestionan, no lideresas sino delegadas; son personas que respetan la voluntad popular y que entienden que no pueden gobernar solas sino por y con la gente. Una actitud de conciliación, de diálogo, de entender las necesidades ajenas, que forma parte de todo el imaginario de lo femenino y que hasta ahora ha tenido muy poquita reproducción en la política, ni en estos municipios ni en ningún otro, salvo quizás a raíz del 15M en las pequeñas asambleas de barrio donde todo el mundo tiene algo que hacer y decir.
Foto via Disopress
Frente a aquella que hablaba de cuando otros vestían a sus hijos (y que por tanto se colocaban en la posición del varón de la familia y dejaban a su personal doméstico la posición de la mujer) nos encontramos ahora con alcaldesas que van al mercado y lo hacen en el metro, o con aquellas que consideran que la Fórmula 1 es un lujo que debe uno pagarse, a diferencia de las becas comedor. De pronto los problemas de todos los días, los de la gestión de la casa, los de «donde comen dos comen tres», repartir la compra de la semana para que nadie se quede con hambre, hacer caldo con cualquier cosa, son los que protagonizan la esfera política. Algo que era tremendamente necesario considerando las tasas de pobreza, y es que las mujeres no gestionan la pobreza como una humillacion sino como un problema que resolver, como un reto para su creatividad donde demostrar lo que mejor han hecho todos estos siglos: optimizar, repartir, escuchar. Por todo eso son Carmena y Colau las que necesita esta España esquilmada, y por eso sinceramente espero que muy pronto se vea convertido en el país de las mujeres.
En ocasiones es difícil recordar que las relaciones no existen por sí mismas sino que existen las personas que se relacionan. Lo que cada uno ve y experimenta con la otra persona, es decir, aquello que sucede en su cabeza y no los hechos en sí, ésa es la relación. A menudo intentamos definir el amor con determinadas características que en realidad sólo son traslaciones de nuestros temores individuales. Y normalmente nuestros problemas al relacionarnos comienzan en esa confusión. Asumimos que lo que vemos es la realidad, pero no es más que una parte de la realidad vista desde una sola perspectiva. Es totalmente humano generalizar a partir de la experiencia personal, y el cine romántico se mueve en esos parámetros, vemos lo que ocurre entre dos personas desde fuera. Pero ¿y si pudiéramos verlo como lo ve cada parte? ¿No reside precisamente ahí la esencia de la relación en vez de en los acontecimientos en sí y sus resultados?
Desde esta premisa se desarrolla ‘The disappearance of Eleanor Rigby’ (Ned Benson, 2013), una misma historia contada en dos películas desde la perspectiva de cada una de las partes. Eleanor y Conor (Jessica Chastain y James McAvoy) se han separado e intentan reconstruir sus vidas y los momentos clave que les llevaron hasta ese punto. La narración se centra en un periodo concreto en el que podemos ver algunas escenas comunes mostradas en la forma en que cada uno las recuerda y las ha asimilado. Y además, como espectadores, tenemos la ventaja de asistir también al desarrollo de los personajes en sus parcelas no compartidas. A pesar de la sencillez de la propuesta, contar lo mismo desde un lado y el otro, el efecto es poderoso y fascinante. Percibiendo las diferencias de tono en esos momentos narrados desde ambas orillas y llegando a conocer la información que se le escapa a cada parte, es inevitable plantearse muchas cuestiones e incluso modificar nuestra manera de aproximarnos al amor.
Vía https://melrook.wordpress.com
Vía https://melrook.wordpress.com
Empezamos a preguntarnos qué habrá sucedido en la cabeza del otro en todas esas situaciones que nos marcaron en nuestras relaciones y cómo el hecho de reaccionar de manera diferente ante lo mismo puede distanciar a dos personas que se quieren. Normalmente recurrimos al tópico de que «son cosas que pasan», pero en realidad no son cosas que pasan, somos nosotros y nuestra incapacidad para ver todas las piezas del rompecabezas. Y aunque parezca inútil de entrada, la mera toma de consciencia de que nuestra visión es parcial y el intento de ponernos en el lugar del otro ya suponen un gran paso. La tendencia a proyectar nuestros patrones internos en el otro y en nuestra relación con él es muy fuerte, sobre todo a medida que acumulamos intentos de conectar con otras personas. La distorsión de la realidad se alimenta a sí misma cuanto más implicados nos sintamos con relación a lo que nos afecta. Es el clásico efecto de «cómo no veía esto cuando estaba viviéndolo». Hay distintas variantes de esta manipulación a la que nuestra mente somete lo que llega a ella; considerar que el otro va a actuar como nosotros o movido por los mismos intereses cuando el bagaje de cada uno es totalmente distinto, esperar que la otra persona cubra unas necesidades que ni siquiera nosotros tenemos perfiladas claramente, definirnos a nosotros mismos y tomar nuestras decisiones siguiendo una manera de ser que pensamos como propia cuando en realidad es un compendio de temores y pautas de comportamiento inculcadas que utilizamos como mecanismos de supervivencia. Y es así como en el camino nos rompemos, porque para sentirnos más seguros necesitamos construir verdades absolutas que nos guíen y lo hacemos juntando fragmentos dispersos que muchas veces ni siquiera son nuestros. Es como tratar de leer un libro en el que sólo hay impresas algunas palabras sueltas.
Puede parecer que este planteamiento es desesperanzador porque nadie es capaz de posicionarse en todos los puntos de vista posibles de cada situación y construir una imagen completa de la realidad. Ni siquiera nosotros como espectadores con más información logramos alcanzar una conclusión certera para la historia de Eleanor y Conor. Pero quizás no hace falta ser un superhéroe con cosmovisión infalible, tal vez baste con profundizar en nuestra manera de ver, trabajar en nosotros mismos, conocernos con sinceridad, y luego tratar de entender que al otro le ocurrirá igual pero a su modo. No podemos saber absolutamente todo en relación a lo que vivimos, pero si podemos conocernos a nosotros, lo cual no es poco, e intentar conectar con el otro a través de la empatía. Es una manera más sana de cimentar las relaciones que apoyarnos en proyecciones. Además, es ingenuo esperar que otra persona nos dé las respuestas a nuestras preguntas, como mucho pueden ayudarnos con los motivos para encontrarlas.
Y en ese siguiente paso dentro de la crisis de una pareja por la visión que cada uno tiene de ella, se sitúa otra película sobre las relaciones, ‘The one I love’ (Charlie MacDowell, 2014). La cinta de MacDowell se presenta también como una propuesta experimental, aunque en este caso lo que llama la atención no está tan relacionado con el formato sino con el propio argumento. Ethan (Mark Duplass) y Sophie (Elisabeth Moss) son un matrimonio que asiste a terapia para intentar salvar su relación y prueban a pasar unos días solos en una casa de campo por recomendación de su terapeuta. Hasta aquí no hay nada extraordinario en el planteamiento, uno de los recursos más socorridos para fomentar la comunicación entre dos personas es aislarlas en un entorno relajado para darles la oportunidad de expresarse sin presiones externas. Pero la situación adquiere otras dimensiones cuando los protagonistas descubren que en el lugar al que han ido suceden cosas un tanto extrañas. Poco más se puede desvelar de la historia sin arriesgarse a romper la base de su dinámica; un juego de realidades que se mueve entre el humor y los temores e instintos más básicos de sus personajes.
Vía http://variety.com/
Lo más interesante de ‘The One I love’ es el concepto de la visión que tenemos del otro, qué ocurre cuando nuestra relación es larga y la persona de la que nos enamoramos cambia. Es más, considerando que es inevitable que todos cambiemos, ya que es lo que implica crecer, cómo afecta esto a nuestras relaciones y cómo asimilamos la versión del amor que logra sobrevivir a ese paso del tiempo. «El problema es que te enamoraste de mis flores, no de mis raíces…Y cuando vino el otoño no supiste qué hacer». Usando esta frase hecha podemos entender un poco el estado en el que se encuentran Ethan y Sophie. Aunque quieran continuar con su relación, están demasiado perdidos porque ya no logran comunicarse ya que cada uno está inmerso en la visión que tiene del otro y de las cosas, cada una de ellas anclada en momentos distintos, en prioridades diferentes.
Vía http://filmint.nu/
«Envolvemos al amado en capas de cristal, y vemos una visión en lugar de una persona durante todo el tiempo que dura el encanto» Stendhal
Otro elemento sobre el que trabaja la historia es cómo las expectativas pueden hacer que nos desviemos de lo fundamental. Nos agobiamos por la maraña de cosas que fallan y que nos gustaría cambiar de nuestra pareja mientras no prestamos atención a lo básico ¿Siento amor en realidad por esta persona o es dependencia, necesidad o temor a estar solo? ¿Conozco de verdad al otro o conozco una versión de él que mi mente elaboró a partir de algunos de sus rasgos y gran parte de mis deseos?¿Por qué mis relaciones acaban derivando en las mismas dinámicas o se estancan siempre en los mismos problemas? La terapia especial de nuestros protagonistas mantiene el suspense hasta el tramo final de la película no sólo por su juego con una realidad anormal, sino porque atañe a esos interrogantes universales. Básicamente la cuestión es que si quieres sentirte realizado contigo mismo y con tus relaciones amorosas tienes que mancharte y trabajar cuestiones complicadas y que te obligarán a repensarte, si no, es probable que acabes dedicando esfuerzos y tiempo a los mismos errores con personas diferentes.
Vía http://conidayvuelta.com/
Tanto el díptico de ‘The disappearance of Eleanor Rigby: Her – The disappearance of Eleanor Rigby: Him’ como ‘The one I love’ me han parecido propuestas muy interesantes para plantearse la importancia del concepto de cómo vemos lo que ocurre en nuestras relaciones y cómo construimos nuestra visión del otro. Si trasladamos la responsabilidad de lo que acontece al motor de las relaciones, es decir, a los que se relacionan, y no a las relaciones en sí, como si fueran entes imperturbables bajo los que no queda más remedio que someterse, podemos encontrar la templanza que da saber que nuestra felicidad es posible por nosotros mismos, que podemos construirla. De esta forma, aunque pueda parecer difícil alcanzarla, lo positivo es que uno puede empezar a acercarse a ella cuando quiera, incluso ahora mismo. Que no puedas ver algo en determinado momento no significa que no esté ahí.
Me gusta Emma Watson. Me gustaba ya de niña, cuando se hizo famosa mundialmente en el papel de Hermione Granger. Hermione era una niña curiosa, inteligente y muy muy sabia que, lejos de encarnar el rol típico del estudiante cobardica y debilucho, se convierte en la principal arma contra El Mal (a.k.a. who-must-not-be-named a.k.a. Voldemort). Es una niña valiente, fuerte e ingeniosa y nos demuestra (y demuestra a todas las niñas de esa edad) que se puede ser una heroína leyendo muchos libros y siendo una empollona. Olé.
Después de hacerse rica y famosa con las ocho películas de Harry Potter, ¿a qué se dedicó Emma? Participó en campañas para promover el comercio justo y los alimentos orgánicos, realizó viajes humanitarios a varios países de África y Asia, y otras muchas e importantes cosas que la llevaron a convertirse en Embajadora de Buena Voluntad de la ONU. Y, en esta nueva empresa, el año pasado lanzó la campaña HeForShe, que se autodefine como un «movimiento solidario para la igualdad de género que reúne a la mitad de la humanidad en apoyo a la otra mitad». Para la promoción de esta campaña, Emma dio el siguiente discurso en la sede de la ONU:
Para mí, este discurso tiene un valor muy importante por dos razones: por cómo intenta «captar» para la causa a los que llama «inadvertent feminists» (entre los que me incluyo) y por cómo levanta la voz para protestar contra los estereotipos masculinos. Con respecto a lo primero (que da título al post), valoro mucho a las personas que van a la esencia de las cosas, a la acción, en lugar de enrocarse en el significado de las palabras (aunque estas importen, y mucho). Parece claro que ella es consciente de la carga negativa que porta el concepto ‘feminismo’ y trata de conseguir la implicación en él de todos (especialmente de los hombres) por encima del envoltorio de la palabra. Con respecto a lo segundo, no podemos negar que también los hombres son víctimas de las implacables etiquetas y también a ellos les interesa esta lucha, también deben mojarse. Entiendo que lo que Emma Watson pretende es tocar puertas que no se han tocado con anterioridad, o no con la suficiente fuerza. Darle al concepto del feminismo otro color, aunque siempre haya habido feministas que dijeran lo mismo. No por decirlo ella tiene más valor, pero llega más lejos, y como bien dice ella misma en el discurso… «If not me, who?»
Después de este discurso, con motivo del Día Internacional de la Mujer (2015), y continuando con la misma campaña. Watson participó en una charla en la que respondió a preguntas en directo y por redes sociales:
Y, como no podía ser de otra manera, dado lo fantástica y maravillosa que es, en esta y en las charlas por Facebook y Twitter dejó varias perlas que comparto con vosotros, ya para terminar:
P.D.: Además, ADEMÁS DE TODO ESTO, es más mona que una manada de conejos correteando por el parque. Tenía que decirlo.
En el post anterior sobre el «Amor y Tolkien», me quedé con varios temas en el tintero, no sobre la idea del Amor en la obra del escritor británico, sino sobre la visión de la mujer en el mundo de la Tierra Media, ya no solo en El Señor de los Anillos ni El Hobbit, sino en la totalidad de la obra de Tolkien. (Un post, la verdad sea dicha, no daba para tanto…) Aunque esté de más, recordar a todo aquel que haya decidido dedicar algo de su tiempo a leer este humilde post, que no me considero una experta en Tolkien, sino una admiradora, y que espero no ofender a nadie y sé que mi visión no hace justicia a la genialidad de J.R.R. [Gracias por leerme. 🙂 ]
Una de los comentarios que más he oído sobre la obra de Tolkien es que de ella se desprende una visión machista del mundo. La mayoría – por no decir el 90% aproximadamente – de los protagonistas son masculinos, y teniendo en cuenta que ya hay una raza en la que predomina precisamente los varones (los Enanos) es lógico que en una primera lectura extraigamos una visión machista del mundo que nos regaló Tolkien. Yo he sido la primera que extraje una lectura de este tipo.
Sin embargo, y aunque no cabe duda que el sexo masculino tiene predominancia en la obra del Profesor, tras varias lecturas de la obra, ya en las adaptaciones cinematográficas como en los escritos de Tolkien, creo que realmente «machista» no sería la palabra para definir la visión de la mujer del J.R.R. Reflexionando mucho, tengo la sensación de que en la obra de Tolkien las mujeres aparecen algo distantes de la acción principal por la misma razón que en la obra de Jane Austen jamás leemos una conversación entre hombres: ambos autores vivieron en un mundo en el que se relacionaban predominantemente con los de su sexo. Tal como Austen reveló, nunca había escrito una escena en la que estuvieran a solas dos hombres porque como no conocía de qué hablaban en privado, no se sentía capaz de ello. Creo que en la obra de Tolkien se puede desprender también esa idea: lo cierto es que no recuerdo ninguna escena en la obra de Tolkien protagonizada por un grupo de mujeres. (Por favor, siéntase libres de corregirme) En la obra de J.R.R. Tolkien se destila, en mi visión, y según he podido leer a ciertos expertos, una visión idealizada de la mujer, unos «seres» «deseados»,»anhelados» y admirados por los protagonistas masculinos. Pero eso no significa que la visión de Tolkien sea una visión machista ni mucho menos, puesto que la mujer nunca está «por debajo del hombre», sino que se encuentra, precisamente, en un pedestal, y además… en la obra de Tolkien encontramos varios ejemplos de mujeres poderosas.
Evitaré en este post hablar de Arwen, Lúthien o Rosita (la hobbit que se convierte en la esposa de Sam), porque aunque no niego que tengan su importancia en la Tierra Media y demostrar una gran personalidad, más allá de ser personajes que reafirman la imagen de la mujer «anhelada» y «soñada» por el protagonista masculino, no representan el poder que Tolkien quiso dar a las mujeres.
Los dos mayores ejemplos de empoderamiento femenino que podemos encontrar en la obra de Tolkien, a parte de las deidades que conocemos en «El Silmarilion» (Varda,Yávanna, Estë… ) son Galadriel y Éowyn. Es curioso cómo en un mundo en el que la acción es dirigida principalmente por los varones, sean precisamente dos personajes femeninos los que demuestren determinado poder que los varones no son capaces de alcanzar y que suponen todo un hito para la trama.
Galadriel no solo es guardiana de uno de los tres anillos de poder que fueron dados a los Elfos, sino que además, cuenta con el Espejo, con la Luz de Eärendil (capaz de iluminar, recordemos, los lugares más oscuros), el don de la videncia y es la destructora (como podemos leer en los apéndices) de Dol Guldur. Una elfa mediocre, vamos. 🙂
Pero mención a parte merece el personaje de Éowyn. Éowyn no solo es una mujer regia, luchadora, que decide combatir en batalla junto con sus homólogos masculinos… sino que además, Tolkien le concede a este personaje un gran honor solo por ser mujer: ser la único humano capaz de acabar con el Rey Brujo, aquel del que se profetizó que «nunca acabará por la mano de ningún hombre«. ¿Cabría pensar mayor proeza para cualquier personaje que acabar con uno de los principales villanos de la Tierra Media? Y Tolkien se lo dio precisamente a una mujer. ¿El relato sobre la Tierra Media, escrito desde una perspectiva masculina? Sí. ¿Machista? Me parece que va a ser que no. 🙂
Seamos sinceros. Las mujeres en las películas de acción son unas completas inútiles. No aciertan a defenderse ni intentan mínimamente ayudar a sus compañeros masculinos a resolver las situaciones de peligro. Normalmente no entran en la pelea y, si lo hacen, suele ser para empeorar las cosas.
En líneas generales, hay 2 tipos de personaje femenino. El primero, el más común, lo llamaremos la «princesita indefensa». Seguro que sabes a qué me refiero. Esa mujer femenina, guapa y sobre todo asustada cuyo papel es simplemente esperar a ser rescatada o salvada por los machos.
Recuperando el viejo cuento de princesas y héroes, solo acierta a mirar y quizá a emitir gritos de auxilio. O bien ha sido capturada y necesita ser rescatada o bien, sobrepasada por los acontecimientos, mira boquiabierta desde un rincón. Como en esta escena del Caso Bourne (o millones de otras escenas):
Luego está la «mujer guerrera». Es mucho menos común y suele aparecer solo si ya hay varios tíos, como un bonito complemento al grupo presentado en forma de tía maciza. Tiene que ser sexy y fría. Eso no suele faltar.
Pero, ojo, que si entran en la pelea, lo habitual que la caguen en algún momento y son muchas las veces en las que necesitan ser salvadas tras cometer errores en el combate. Porque, claro, todos sabemos que la mujeres no están hechas para la violencia física.
Wonder Woman rescatada por los machos
Otro clásico, el que más gracia me hace. La secuencia la conoces, porque la has visto mil veces: hombre malo ataca a mujer indefensa. Mujer indefensa consigue coger un arma y apuntar hacia él. Mujer indefensa tiembla y balbucea mientras apunta temblorosa al hombre malo. El hombre malo (y desarmado), solo con el increíble poder de su masculinidad, es capaz de desarmar a la mujer, quien ha perdido totalmente el control de la situación.
Un ejemplo más: «Payback», minuto 48. Mel Gibson se acaba de ir dejando a la chica sola, momento que ha aprovechado el hombre malo para atacar. En un momento de la pelea, ella consigue coger un bate e intenta darle no una ni dos, sino TRES veces. Y las tres falla. Por supuesto.
Y así podríamos seguir horas y horas. Incluso hay películas con una mujer fuerte y guerrera, como Leia en Star Wars o Trinity en Matrix, cuyo valor en algunos casos y protagonismo en otros se va diluyendo a medida que avanza la acción. En la Guerra de las Galaxias IV «Una Nueva Esperanza», casi al final, cuando Obi Wan lucha con Darth Vader llegan Leia, Hans y Luke. Por algún motivo, Leia ha dejado de ser autosuficiente, es la única que no va armada, y solo grita, agitando mucho las manitas.
Aún más, en un género de cine tan poco realista como es este, con su explosiones imposibles y protagonistas casi inmortales, parece que lo inverosímil son los personajes femeninos, valientes y poderosos. Recientemente, tras el estreno de «Mad Max: Furia en la Carretera», donde Charlize Theron interpreta a una heroína llamada Imperator Furiosa, hay quien ha pedido el boicot a la película con argumentos como este:
«El feminismo se ha infiltrado en Hollywood, arruinando todas las películas de acción potencialmente buenas con personajes femeninos forzados y tramas románticas sin sentido. Han tenido el valor de marginar al protagonista de una franquicia de cine titulada ‘Mad jodido Max’ y reemplazarle por un personaje femenino imposible con el objetivo de complacer a las feministas.»
En el cine nos enseñan que la agresividad y la fuerza son cosas de hombres y nosotras no debemos (ni sabemos) usarlas, que lo físico es patrimonio del sexo «fuerte». Y, posiblemente, esto contribuye a reforzar entre las mujeres la indefensión aprendida.
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Ver Política de cookies