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Alejandro Sanz no canta al amor sano

Hace años (muchos años) cantaba yo en las fiestas del pueblo de al lado eso de Quién me va curar el corazón partío.

¿Para qué me curaste cuando estaba herío / si hoy me dejas de nuevo el corazón partío?
¿Quién me tapara esta noche si hace frío? ¿Quién me va a curar el corazón partío?

A la canción no le falta nada: Mujer, cuídame, que es tu trabajo. Mujer, sé mi media naranja, perpetuemos juntos el mito. Y es que Alejandro Sanz no encarna, precisamente, el ideal de relación sana. Podría seguir con ejemplos, pero mejor poneos un disco suyo y valorad.

A mí me encantaba la música de Alejandro Sanz. Después descubrí el feminismo. Y digo Alejandro Sanz como puedo poner miles de ejemplos más de la música pop, porque sí, porque la música pop está llena de letras podridas. Nos gusta quejarnos del reguetón porque somos blancas, occidentales, de clase media. Nos gusta quejarnos del reguetón porque somos racistas y clasistas. Y sí, el reguetón está plagado de letras horribles, pero el pop refleja y reproduce también modelos de relación dañinos y parece que eso se nos olvida. Las letras del pop nos hacen pensar que sufrir por amor está bien, que controlar por amor es signo de que la otra persona nos importa, que los celos son la máxima expresión del romance. Y puede parecer amor, pero no lo es.

Hablo de Alejandro Sanz porque hace unos días salía la noticia de que había interrumpido uno de sus conciertos para echar a un hombre que estaba agrediendo a una mujer. ¡¡Paren las rotativas!! Por supuesto, cualquier persona debería intervenir ante una situación así. Más aún si eres hombre, estás dando un concierto y tienes a 10 personas de seguridad a tu lado. Lo que realmente habría sido noticia es:

Alejandro Sanz presencia una agresión machista en uno de sus conciertos y no hace absolutamente nada. 

Lo otro es, simple y llanamente, no ser cómplice.

El cantante, al volver al micrófono, parece ser que dijo: Bueno, les pido disculpas por el episodio de antes, porque yo no concibo que nadie toque a nadie, me da igual, y menos a una mujer. ¿Por qué dice Alejandro «menos a una mujer»? Porque cree que, a las mujeres, los hombres tienen que cuidarnos y protegernos. Y eso también es machismo. Igual que son machistas las letras de sus canciones. Está muy bien que los hombres ayuden a las mujeres cuando las están agrediendo pero, por favor, no lo convirtamos en una heroicidad. Y menos cuando esa misma persona dice en sus letras cosas que están en la base de la violencia:

¿A que no me dejas?
¿A que hago que recuerdes y que aprendas a olvidar?
¿A que hago que se caigan las murallas de tu pena?
¿A que te beso y te entregas, sin ni siquiera te des cuenta ?

¿Sólo a mí me suena esto a violencia de género?

Violencia de género

Violencia de género vía Amnistía Internacional

Los celos, el control, las amenazas, forzar a alguien a hacer algo… todo eso es también violencia. No solo pegar a alguien. Son violencias que tenemos más interiorizadas, asociadas a cosas como el amor, lo cual hace que seamos menos capaces de identificarlas como algo negativo. Las letras de Alejandro Sanz llegan a millones de personas de todo el mundo. Por eso tiene la posibilidad, y la responsabilidad, de transmitir modelos saludables de amor.

 

El fútbol y las mujeres

«- Hola, me llamo Carmen y me gusta el fútbol. – ¡Hola Carmen!»

Así me siento a veces, como si confesar que eres una mujer y te gusta el fútbol te llevara a un grupo de ayuda para recuperar tu feminidad. Pero lo peor no es eso. Eso en realidad, me importa bien poco. Lo peor es luchar contra ese estigma de «las mujeres no entienden el fútbol». Es un deporte, ¡no un problema de astrofísica! Vamos a ver, que alguien me explique cual es la «lógica» que hace que una mujer no entienda las reglas de un deporte y un hombre sí. ¿Cuál es la conexión neuronal que hace que las mujeres entiendan el mecanismo de una lavadora pero no el fútbol? Y viceversa, ¿Cuál es la conexión neuronal que hace que un hombre pueda poner una excusa para no entender el mecanismo de una lavadora?

Hemos hablado sobre este tema del fútbol y las mujeres más de una y dos veces entre las autoras de este blog. Hace unos meses en un programa de televisión, salía una muchacha explicando reglas del fútbol «en lenguaje femenino». Metáforas sobre la cola para pagar en Zara, métodos de cortejo en la discoteca y demás. Pero oye, no te puedes enfadar porque han añadido «en tono de humor», y es que si te enfadas encima eres una loca feminazi que no sabe encajar una broma. No soy capaz de volver a visionar el vídeo porque me cabreé tanto. Tantísimo. Pero os lo dejo aquí para que sepáis de qué hablo.

Buscando este vídeo como «fútbol explicado para mujeres» estas son las perlas que salen en la primera página de youtube.

  • Este vídeo explicando cómo funcionan los mundiales. A priori cuando empiezas a verlo está bien explicado, no hace metáforas con ir de compras, seguro que mucha gente diría ¿no sé qué ves de malo en este vídeo?. «Para mujeres», es el problema. Porque este vídeo está muy bien, pero si fuera simplemente para «novatos», para «inexpertos», para «los que están perdidos porque nunca les ha interesado el fútbol pero quieren entrar en la conversación»… No «para mujeres». Esa condescendencia de «ven bonita, que te vamos a explicar en estos simples vídeos de youtube como funciona esto para que así puedas saber de qué va el rollo».

https://www.youtube.com/watch?v=FKWo1H78xXA

  • Este vídeo que dice «Guía de Fútbol para mujeres» cuando es la perfecta guía de introducción simple a fútbol… para niños de cinco años.

https://www.youtube.com/watch?v=oaYmbQpTQEE

  • Y estas perlas para ilustrar todo lo contrario. ¡Ay! esos momentos de la vida que un hombre sólo es capaz de entender si se lo explicas con una buena metáfora futbolística.

https://www.youtube.com/watch?v=PAF_RI4SbAE

Sí, sé de fútbol, me gusta. Y sí, es posible que sepa más que tú de fútbol. Probablemente haya visto más partidos de fútbol profesionales, amateur y de niños que tú. Y a todo esto le tienes que quitar los últimos seis años de mi vida en los que me he mudado a un país en el que el fútbol es «soccer» y entre eso y el cambio horario, se hace cuesta arriba seguir el fútbol europeo. Sí, europeo. Cuando tenía menos de diez años mi padre y yo veíamos los partidos de la liga inglesa en Canal Plus y hacíamos apuestas a ver cuántos nombres de estadios ingleses podía recordar – ¡ay, la era pre-internet!

Esto no me hace menos femenina, ni un genio intelectual capaz de entender algún tipo de ciencia complicada para la que hay que estudiar durante años. Dejemos a un lado todos esos prejuicios y, por favor, enseñad a vuestros hijos a seguir el fútbol y a jugar a las casitas por igual, independientemente de si son niños o niñas.

 

En qué se parecen los machistas y las ONGs

– Perdona, ¿tienes un minuto?
– No, lo siento.
– ¡Qué desagradable eres!

Si al leer esto has pensado inmediatamente en alguien captando socios para una causa solidaria, enhorabuena, eres o pareces un hombre.  Si eres o pareces mujer, no sabrás si esta conversación se refiere a la situación anterior, a un día que corrías para coger el autobús y un tipo que iba a coger el siguiente te bloqueó en la parada, a ese señor raro que te esperaba en la puerta del colegio cuando tenías nueve años o a cualquiera de las otras miles, millones de variantes que tiene el acoso callejero. Y es que, de una forma curiosa y espeluznante, ambas prácticas (conseguir fondos para las ONGs y exigir atención a las mujeres simplemente porque sí, porque tú lo vales) se están entrecruzando a unos niveles que empiezan a ser prácticamente indistinguibles.

Imagen via Upcycled Patches

Imagen via Upcycled Patches

Empecemos por la parte marketiniana: «¿Tienes un minuto?» es una técnica de venta más vieja que andar hacia delante (o casi), llamada «El pie en la puerta». Esta se basa en algo que nos va a parecer súper evidente, pero que, en serio, no lo es desde el lado del receptor: cuando consigues algo de tu interlocutor es mucho más fácil conseguir algo más. El minuto se transforma en tu atención durante cinco, y esta en una donación puntual, que luego te agradecerán con una carta en la que te invitan a suscribirte permanentemente, y a continuación a aportar algo más de forma extraordinaria porque hay una necesidad puntual urgente que atender, y al cabo del año a subir tu cuota. Todas las ONGs que conozco (y, a pesar de muchas de las cosas que voy a escribir aquí, soy socia de tres y lo he sido de otras cinco más a lo largo de mi vida) funcionan exactamente igual. ¿Por qué? Porque funciona, claro. No siempre, pero funciona. Es como usar una palanca: si encuentras el punto de apoyo, mueves el mundo. Si encuentras la conexión, ese socio potencial ya es tuyo.

Así que las ONGs no van a por tu suscripción anual, claro que no. Van a que les digas que sí. Una sola vez. Van a lo seguro. «¿Te gustan los niños?» «¿No te parece terrible lo que está pasando en Siria?» «¡Tenemos que parar a quienes están destruyendo el Amazonas!, ¿verdad?». Porque a ver quién es el antisocial que tiene valor de decir «no, son una lacra social», «bueno, en la tierra somos muchos» o «a mí me da lo mismo: que se preocupen los que vengan detrás». No, eso no se dice, jamás. Somos buenos ciudadanos: nos gustan los niños y los animalitos y nos preocupamos por las personas que sufren, al menos si las vemos mucho por la tele y nos queda muy claro que no tienen nada que ver con nosotros (ya, lo de Melilla, pues lo comentamos otro día). Tuve la suerte de tener una profesora fantástica que me enseñó todo esto desde un punto de vista sociológico y no sólo desde el marketing que había estudiado yo y que recomiendo leer a todos los que os interese el tema, Vanesa Saiz Echezarreta; por mi parte lo dejo, de momento, aquí, porque casi os enlazo su tesis, y tampoco es la cuestión.

Los captadores de ONGs y los acosadores buscan lo sencillo: que digas que sí. Una sola vez. Compartir en X

Pero ahora, para quienes no seáis vistas como mujeres cuando andáis por las calles, tomáis café, estudiáis en la biblioteca, etc., os voy a contar otra cosa: y es que la interacción con los hombres desconocidos es, en nuestro caso, muy parecido a esto cada día, en cada contexto.

¿Os acordáis de la polémica que se desató cuando una chica se indignó en Twitter porque un chico se había acercado a ella en la biblioteca para invitarla a café? «¡Exagerada!» «¡Feminazi!» «¡Odiahombres!» «¡Desagradecida!» Hay que tener muy mala leche para que te siente mal que te inviten a un café, ¿eh? Pues no. Porque ese café tiene una historia detrás, y hemos aprendido de ella a protegernos.

Nuestra experiencia, a lo largo de los años, seamos más o menos guapas o feas conforme al canon de belleza que nos toque, viene a ser terriblemente similar en cuanto empezamos a compartirla: en muy poquitas ocasiones un desconocido nos ha abordado sin que hubiera una intención detrás. Generalmente, la sexual. Es más: luego esos mismos que levantan gritos de «odiahombres», si ella se hubiera levantado de la biblioteca y se hubiera ido a tomar un café con él, y él hubiera aprovechado la salida del café para llevarla a un callejón y violarla, son quienes dicen «qué ingenua, a quién se le ocurre tomar un café con un desconocido». Entre otros, nuestro Ministerio del Interior, nada menos.

Quienes acusan de odiahombres a una mujer por desconfiar la llaman ingenua si finalmente es violada. Compartir en X
Imagen via Tumblr

Imagen via Tumblr. La noticia completa sobre el asesinato de Mary «Unique» Spears se puede leer aquí.

Esto, así contado, suena ridículo de lo incoherente que es, pero vivimos con esto todos los días de nuestras vidas, sobre todo desde que nos desarrollamos. Porque, de pronto, tú tienes nueve o diez años pero hay señores random que se bajan de sus coches y te dicen «oye, guapa, ven un momento» (¿tienes un minuto?). Porque sacas a tu perro y montones de hombres solos te acorralan en los portales con el «qué perro tan bonito, ¿muerde?» (¿te gustan los niños?) para convertirse después en un «y la dueña, ¿muerde o se va a dejar tocar?». Porque cuando andas por la calle, señores random te gritan «qué seria vas, hija mía, sonríeme un poquito, alégrame la mañana» (sólo es un euro y es súper importante), pero resulta que cuando no te da la gana de sonreír, la cosa, a veces, se pone muy fea: porque ya no se trata de que tú sonrías y eso sea bonito para ti y para quienes te ven feliz, sino de que han hecho un mandato sobre lo que tienes que hacer, tú, como mujer, para formar parte del espacio público que dominan ellos, los hombres, y no has cumplido. ¿Cómo osas, mala mujer? A ver si vamos a tener que enderezarte. Y todas nosotras temblamos cuando oímos esas palabras porque no será la primera vez que, por plantarnos ante un trato que no nos gusta, lo que nos encontramos es, directamente, una agresión.

 

Volviendo a la relación entre ambas cosas: quizá las mujeres que os hayáis encontrado con captadores de ONGs recientemente hayáis visto un extraño fenómeno, y es que ahora en muchos casos el estilo original de aquellos se ha reforzado con las características primarias del acoso. Hemos llegado a tal punto que el chico simpático con chaleco de una asociación que, a priori, te cae bien, te dice «Madre mía, vaya belleza» y cuando no contestas dice «Está claro que eres sólo guapa por fuera, qué vergüenza no pararte a hablar conmigo». La primera vez me dejó a cuadros. Pero es que no me ha pasado una sola vez, no me ha pasado sólo a mí, y, por lo que he contrastado, no pasa sólo en Madrid. Que os acosen por la calle cuando quieren pediros dinero para una buena causa es tendencia, chicas. Tomad nota.

Y, por supuesto, no falta el recurso a la culpa. «Con lo guapa que eres y lo poco que sonríes» (hay que ver lo desagradecida que soy, que encima de que soy guapa no comparto mi belleza con todas las personas que quieran mirarla, así, como si mi vida fuera un escaparate gigantesco) se convierte en «con lo guapa que eres y lo poco solidaria que eres». Madre mía. Soy un desastre ciudadano. No me gustan los niños. No me importan los sirios. Están matando focas. Yo no llevo suelto, o estoy en el paro, o tengo un mal día, o me he sentido agredida por las formas terribles en las que el captador se ha dirigido a mí, pero, no os quepa duda, el sabor de boca que me llevo es que la culpa es mía. Porque soy una seca. Una rancia. Una desagradable. Una borde. Porque «una sonrisa no cuesta nada», «un euro no cuesta nada».

Verás, es que esa no es forma de dirigirte a una desconocida. Es que no me importa lo más mínimo que te parezca bella por dentro, por fuera o por donde meo. Mal está que me hostigues por la calle para pedirme dinero para un problema que resolvemos con organizaciones mediadoras en vez de demandando a nuestros gobiernos que tomen medidas sistémicas (perdón. Ya sabía que se me iba a escapar. Aun así, insisto, soy y he sido socia de varias ONGs y este texto es sin acritud hacia ellas, dejando al margen las estrategias de venta, que suelen estar externalizadas); pero que lo hagas apelando a la misma forma en la que me acosarías sexualmente me parece de locos.

Lección clave de autodefensa: pon límites lo antes que puedas, porque los van a intentar saltar. Compartir en X

¿Sabéis qué enseñan en los cursos de autodefensa? Que el pie en la puerta es súper eficaz. Y que, por tanto, cuando sepas que tu límite está en un punto determinado, tienes que ponérselo a la otra persona mucho antes. Para que no haga palanca. Da igual lo fácil que parezca la primera demanda, si es un minuto, una sonrisa o un café; si la interacción no te está gustando, si no tienes tiempo, si no tienes ganas, recuerda que no estás obligada a nada. Que no le debes nada a nadie. Pon ese límite desde el principio, para que tu interlocutor no se aproveche de esa culpa que tenemos tan bien interiorizada las mujeres, de esa necesidad permanente de agradar que nos enseñan como parte clave del ser mujer, de esa generosidad que conlleva el ser ciudadano pero a la que, curiosamente, sólo apelamos de forma puntual (¿hola, tienes un minuto?) y no desde el civismo que enseñaría, por ejemplo, que hacer sentir mal a una persona no es, en ningún caso, una técnica aceptable de venta. Ni de ligoteo, por supuesto.

Trainwreck: cómo no pedir perdón por lo que hacen los hombres y que ninguna mujer acabe contigo en el intento

Desde hace tiempo llevo encontrándome complejas situaciones donde mujeres se ven arrinconadas por decir demasiados «lo siento». Intentando encontrar la causa, indagué sobre lo mucho que nos disculpamos como genero, en general, ante cualquier acto, tengamos responsabilidad o no en ello; hay incluso artículos que te enseñan a no caer en el exceso de uso o evitar que pedir disculpas afecte a tu trabajo. Ahora no puedo parar de fijarme en mi propio uso de esa coletilla, y sus varias consecuencias. La mayoría de los hombres a los que pregunté sobre este tipo de interacción con las mujeres en su entorno laboral se habían dado cuenta de este exceso (y curiosamente después me escribieron comentándome que sus compañeros masculinos lo usaban menos). Sin embargo, ser consciente, y empezar no usarlo casi nada, me ha llevado a enemistarme con un montón de mujeres.

Fue entonces, cuando justo al ver Trainwreck me di cuenta de que Amy no sólo no pide perdón en situaciones en las que ella misma se fuerza a tener que expresar ese sentimiento (tanto en su propio contenido, como en Hollywood) sino que lo descarta de manera bruta, hasta ofensiva. Pone su creatividad a evitarlo.

[Contiene algunos spoilers de la película. Era inevitable.]

Desde la primera escena, Amy se ve influenciada por la presencia de su padre, y su mantra más que repetido en trailers, etc.: La monogamia no existe. Y es que parecía amor, pero en el fondo su padre les recuerda que no lo es. 30 años, esta forma de ver la vida conduce a una Amy que defiende sin «perdones» lo que piensa, y usa su poder para hacer lo que quiere, como si de un hombre se tratara, sin ningún reparo; mientras, su hermana es un opuesto de Amy: monógama, casada, queriendo tener hijos, y teniendo como pareja a un hombre completamente opuesto a con los que Amy sale. Y es la hermana, la que mantiene una relación distante hacia su padre, porque eso es «lo que la gente hace».

amyplease

El personaje de Amy actúa como un hombre, como por ejemplo, su caricatura del inverso del ligón de noche. Ella presenta sin juzgarla a una mujer que se acuesta con un hombre distinto cada noche, y lo hace sin pedir disculpas: es impetuosa, habla alto, y sin sentirse culpable. Nos muestra incluso la lista de hombres saliendo de su piso cuando ella les dice que se vayan a dormir a sus casas; y aunque, varios la miran esperado que se retracte, o se sienta culpable, no se oye nada parecido, excepto alguna frase humorística.

Otro momento en que no pide disculpas es cuando Steven, persona con quien está teniendo relaciones sexuales, se enfada y Amy responde con un «no exageres», tan masculino, o su famoso derivado «no te pongas histérica». Y es en ese acto donde cierto tipo de hombre en la sala, se habrá sentido representado. Pero… un momento, no es un hombre quien lo dice. ¿Qué está pasando? Jajaja; Amy, co-escritora de esta película, invierte los estereotipos de las Rom-coms, (donde decimonónicamente el personaje femenino pierde los estribos y comienza a criticar a su pareja, y el personaje masculino reacciona evitándolo). Si bien este método no es muy novedoso, sí que lo es en estilo. Es completamente más empoderador, y más irrisorio, que Amy esté frente a la exageración del hombre más «masculino», representado por John Cena, un famoso luchador de wrestling.

http://www.comingsoon.net/movies/features/461739-cs-interview-wwe-superstar-john-cena-slams-amy-schumer-in-trainwreck#/slide/1

Amy Schumer y John Cena

Hay que resaltar que Amy brilla en lo conciso, con sus sketches, y a lo mejor la continuidad de la película, tiene demasiados silencios. Pero es como si necesitáramos de esos minutos para procesar toda la crítica social que hay detrás de cada chiste. Mas allá de haber sido ligeramente criticada Amy, por firmar lo más ligero en burla machista, ella es muy consciente de su propia broma, y  contiene una feroz guía de como ser la mas badass de las badasses de una familia de clase media.

Llega un punto donde su lista sin perdón, es casi como el rincón de su humor, el nicho donde se encuentra con mucha gente que ha estado ahí. A veces hasta duele, como toda la relación que mantiene con su hermana. Donde huele a cierto juicio personal, donde te hace posicionarte, a veces con Amy y veces con su hermana. Es gran conocida la retahíla de bromas que Amy tiene en sus sketches hacia la «típica» mujer en una relación, algo conformista hacia su pareja, y con hijos, y digamos que eso la hace bastante radical. Y esa radicalidad le hace enfrentarse a su propio discurso; un proceso interesante, porque pareciera que se ilumina al ver que el peso de la crítica no debería caer en ese arquetipo, sino que ese arquetipo y ella tienen un enemigo mas poderoso: el patriarcado y los hombres que lo defienden. (Aunque, no nos olvidemos, sigue siendo una Rom-com, y necesita un final tipo, semi Rom-com como mínimo).

Yo salí de la película refrescada, con preguntas y reflexiones, incómodamente graciosas, más que nada porque nunca me las había planteado desde ese ángulo, y porque muchas otras mujeres habrían salido de esa incapacidad de no ser ellas mismas con un “estoy muy loca” o “perdón, no pretendía decir eso”, o algo más creativo. Nuestro patriarcado ha dejado que nuestra imaginación avance, siempre y cuando sea en torno a las mil y una maneras de excusarse, ¡Que gran creatividad!

Hasta en mi opinión, habría titulado la película “Cómo no pedir perdón por cosas, que los hombres machistas no lo piden y que ninguna mujer acabe contigo en el intento”.

«Como puedes ver, estoy en terrible condición física»

Y mi pregunta, ahora: ¿qué pasaría si abandonásemos esas mil y una maneras de excusarnos por casi todo, esas maliciosas coletillas?

Feminismo y militancia

No hay peor machista que el militante machista. Ese que ha leído sobre el tema, ha debatido sobre el tema, incluso puede que haya recriminado a algún compañero un comportamiento machista. No niega que el machismo exista, faltaría más. Pero él no es machista. Él lo tiene superado, porque ha reflexionado sobre el tema y se ha deshecho de ese tipo de actitudes y comportamientos.

La triste realidad de los espacios militantes (estoy pensando fundamentalmente en espacios comunistas y anarquistas) es que, mientras otras temáticas han sido largamente discutidas (lucha de clases, poder…) el feminismo ha quedado relegado a un segundo plano. Quizá porque estos espacios han estado tradicionalmente nutridos por hombres de forma mayoritaria y/o por ser considerada una lucha “de segunda”. No quiero decir, por ejemplo, que no existan actitudes reproductoras del sistema en otros aspectos, sino que éstas son (siempre desde mis vivencias) más minoritarias.

(Vía Pinterest)

(Vía Pinterest)

He hablado con compañeros de militancia sobre la importancia que tiene que charlen con sus amigos no politizados (y politizados) sobre feminismo, o que les señalen comportamientos machistas: “A vosotros os escucharán.”; y se han mostrado sorprendidos y dispuestos. No se trata sólo de que no nos agredáis, se trata de que sintáis esta lucha como una lucha de primer orden, que la sintáis vuestra y os declaréis feministas y actuéis como tales.

Sea como fuere, los hombres militantes interrumpen a sus compañeras en las asambleas. Los hombres violan a sus compañeras. Sí, nos violan. Los espacios militantes, que deberían ser espacios seguros por definición, no lo son. Son espacios donde se reproducen las mismas dinámicas que en otros lugares sociales. Es normal, queda mucho camino por recorrer y hemos sido socializados en esa basura patriarcal. Pero no es aceptable. Los espacios militantes, que deberían ser espacios seguros por definición, no lo son. Compartir en X

Imagen vía PikaraMagazine

Imagen vía PikaraMagazine

Cuando una mujer te señale una actitud machista, por favor no la cuestiones: créela. No es una feminazi. No es una loca del coño. No es hembrista. Es una compañera de militancia, es una amiga o una compañera de trabajo, o tu pareja, tu hermana, tu madre. Es una mujer. Es bastante probable que sepa de lo que hable.

Sí, nos violan. Por favor, la próxima vez que una mujer te señale la importancia de los espacios feministas no mixtos*, no la cuestiones. No lo conviertas en una conversación sobre ti. La reivindicación de espacios de este tipo responde al hecho de que, incluso en círculos militantes, se producen agresiones. Es necesario para nosotras crear espacios seguros, de cuidados y autodefensa, de afirmación de nosotras (porque una y otra vez se nos niega). Espacios en los empoderarnos, en los que sentirnos libres y no coaccionadas.

No quiere decir que todos los hombres seáis malos, agresores, violadores. Quiere decir que tenemos que organizarnos y a veces no queremos vuestra opinión. Trabajaremos con vosotros en otros espacios. No os excluimos de la lucha: sabemos que sin vosotros, sin la formación de los hombres en el feminismo, nunca acabaremos con el patriarcado. Pero también necesitamos esos otros espacios. Quizás sea difícil de entender, pero nos gustaría que nos respetarais y nos apoyarais en esto.

Nos vemos en las calles, en las plazas y en las asambleas.

*Los espacios feministas no-mixtos son, simplificando, espacios en los que sólo pueden participar mujeres y géneros no-normativos.

Otras muertas

Ya lo dije por aquí hace tiempo: hay asesinatos de primera (los magnicidios), los de segunda (los espectaculares) y los silenciosos, los normales, los de cada día.

A finales de los 90, José María Cano se marcaba esta canción sobre el terrorismo que ya se nos está olvidando. O no, claro, pero hay terrorismos, y terrorismos, se conoce.

Otro muerto, otro muerto
Qué más da
Si está muerto, que lo entierren y ya está
Otro muerto, pero no es sin ton ni son
De momento se acabó la discusión

Yo no sé, ni quiero
De las razones
Que dan derecho a matar
Pero deben serlo
Porque el que muere
No vive más, no vive más

Otro muerto, pero qué bonitos son
Calladitos, sin querer llevar razón
Otro muerto, pero tiene su porqué
Algo ha hecho y si no pregúntale

Yo no sé, ni quiero
De las razones que dan derecho a matar
Pero deben serlo
Porque el que muere
No vive más, no vive más

Yo no sé, ni quiero
De las razones
Que dan derecho a matar
Deben ser la hostia
Porque el que muere
No vive más, no vive más.

Cuando las muertas son ellas, hablamos de la desesperación de un ex marido, de los derechos adquiridos de los que los machos se van viendo despojados conforme se avanza en la igualdad de género efectiva. De las denuncias falsas, de que los padres tienen derecho a visitar a sus hijos (cuando justo hablamos de asesinos que los están matando en castigo a sus ex parejas).

 

Mitos sobre violencia de género

Imagen via @DoctoraGlas

Era muy difícil hablar de las raíces del conflicto vasco igual que es muy difícil hablar de las raíces del islamismo radical, y, sobre todo, es muy difícil hacerlo desde fuera.

Así que, por favor, dejadnos en paz mientras lloramos a las muertas y temblamos por todo el miedo que nosotras pasamos por ser mujeres.

 

El problema de Tim Hunt con las mujeres le ha costado caro

No sé si el Sr. Tim Hunt recuerda bien el día en que recibió el Premio Nobel de Medicina, allá por el año 2001, por su magnífico descubrimiento de las proteínas que controlan la división celular, pero de lo que sí estoy segura es de que tardará en olvidar su fatídica metida de pata en la Conferencia Mundial sobre Periodismo Científico celebrada esta semana en Seúl (Corea del Sur) (¡hasta el fondo, oiga, y con la que está cayendo con las mujeres y la ciencia!).

Tim Hunt en Bilbao, MTX
Como se pregunta Ana Ribera en su magnífico post:»Machismo en ciencia«, en el Blog: Mujeres con ciencia:
«¿Cuántas veces y ante qué audiencias habrá soltado estas y otras perlas, manchando la imagen de la ciencia y otros científicos?«.

Puede que haya sido la primera vez (y os aseguro que la última, por la cuenta que le trae), pues una de las cosas que he podido apreciar es que con la edad no sólo se nos gastan los huesos de las rodillas y la «tarjeta de crédito» de resistencia a los rayos UV, sino que también se consumen esos filtros sociales que nos han reprimido toda una vida, impidiendo que la «liemos parda» diciendo lo que verdaderamente pensamos. Pues sí, este señor, de 72 años de edad, probablemente esté diciendo ya en público lo que siempre ha pensado, vamos, ni más ni menos que las mujeres somos un incordio para sus fructíferas investigaciones.

El «angelito» ha dicho cosas como estas:

«Permítanme que les cuente mi problema con las mujeres… ocurren tres cosas cuando están en el laboratorio… Te enamoras de ellas, ellas se enamoran de ti y cuando las criticas, lloran»

Verá, Sr. Hunt, ¿a qué le llama usted criticar?, ¿a destrozar la autoestima?, ¿a hundir en la miseria?, ¿a no soportar que no se hagan las cosas como usted cree que se tienen que hacer?… Y la otra cuestión es ¿cómo las «critica»?, ¿hay respeto?, ¿hay educación? Pues si, señores, la mujeres somos de lágrima fácil (unas más que otras, claro está), pero es simplemente porque somos muchíiiiiiiisimo más sensibles y emocionalmente muy diferentes a los hombres y sobre todo, porque no podemos con las injusticias.

Y cuando se ve forzado a pedir disculpas va el buen señor y lo arregla diciendo:

«No pretendía decir lo que dije sobre tener problemas con las chicas. Quiero decir, es verdad que me he enamorado de mujeres en el laboratorio y ellas se han enamorado de mi. Eso es muy perjudicial para la ciencia. Siento muchísimo haber ofendido a alguien, es horrible. Solo pretendía ser honesto.«

Verdaderamente ser un buen científico no exime de ser un torpe. Pobres de aquellas a las que les ha tocado trabajar a sus órdenes, se me ponen los pelos como escarpias sólo de pensar en lo que han debido de tragar. Si hay algo con lo que no puedo en esta vida es con las faltas de respeto. Pero desengañémonos, este señor no es un caso aislado. El problema es ¿cómo se combate esto cuando el propio sistema tapa todo este tipo de comportamientos indecentes?

Sólo nos queda confiar en que este tipo de personas sean, al fin, una «especie» en vías de extinción. Algo me dice que las nuevas generaciones vienen con otras actitudes (o mas les vale).

El Sr. Hunt ha sido portada estos días en The Guardian («Tim Hunt, where’s the science in your prejudice against woman), The Huffinton Post (Sir Tim Hunt Apologises Over ‘Sexist Comments’, But Says He Was Just Trying To Be Honest), El País (Un ‘nobel’ de Medicina dimite por comentarios machistas, etc). Menudo marketing se ha hecho el hombre. La semana pasada muchos no sabíamos de su existencia y a partir de esta, el «personaje» va a desear no haber asistido nunca a esa conferencia. Verdaderamente ha sido un fin de fiesta sonado.

Y finalmente ha tenido que dimitir de su cargo de Profesor honorario en la Facultad de Ciencias de la Vida, en la University College de Londres, a pesar de su fracasado ‘intento’ de disculparse. Digo ‘intento’, por que lo que ha conseguido es empeorarlo aún más (si cabe). Definitivamente podríamos decir que es un ‘analfabeto emocional’. Y paradojas de la vida, la institución para la que trabajaba fue la primera universidad inglesa que admitió a las mujeres con los mismos derechos que los hombres (algo no me cuadra). Está claro que en esta prestigiosa institución han estado muchos años mirando para otro lado, mientras este señor hacía de las suyas (repito que no se trata de un caso aislado, que cosas así pasan a nuestro alrededor con más frecuencia de lo que desearíamos).

A raíz de todo este revuelo Twitter está que hierve con el #Distractinglysexy. Mi aportación está teniendo un éxito rotundo. Llevo 48 retuits y 57 favoritos (por ahora). Gracias, Sr. Hunt, gracias a su torpeza mi índice Klout se va a disparar.

 

Sr. Hunt, me temo que no termina su carrera laureado. La vida es así, se recoge lo que se siembra, ni mas, ni menos y ya iba siendo hora de que le tocara recoger, ¿no os parece?

«I am no man» – la mujer en el mundo de Tolkien

En el post anterior sobre el «Amor y Tolkien», me quedé con varios temas en el tintero, no sobre la idea del Amor en la obra del escritor británico, sino sobre la visión de la mujer en el mundo de la Tierra Media, ya no solo en El Señor de los Anillos ni El Hobbit, sino en la totalidad de la obra de Tolkien. (Un post, la verdad sea dicha, no daba para tanto…) Aunque esté de más, recordar a todo aquel que haya decidido dedicar algo de su tiempo a leer este humilde post, que no me considero una experta en Tolkien, sino una admiradora, y que espero no ofender a nadie y sé que mi visión no hace justicia a la genialidad de J.R.R. [Gracias por leerme. 🙂 ]

Una de los comentarios que más he oído sobre la obra de Tolkien es que de ella se desprende una visión machista del mundo. La mayoría – por no decir el 90% aproximadamente – de los protagonistas son masculinos, y teniendo en cuenta que ya hay una raza en la que predomina precisamente los varones (los Enanos) es lógico que en una primera lectura extraigamos una visión machista del mundo que nos regaló Tolkien. Yo he sido la primera que extraje una lectura de este tipo.

Sin embargo, y aunque no cabe duda que el sexo masculino tiene predominancia en la obra del Profesor, tras varias lecturas de la obra, ya en las adaptaciones cinematográficas como en los escritos de Tolkien, creo que realmente «machista» no sería la palabra para definir la visión de la mujer del J.R.R. Reflexionando mucho, tengo la sensación de que en la obra de Tolkien las mujeres aparecen algo distantes de la acción principal por la misma razón que en la obra de Jane Austen jamás leemos una conversación entre hombres: ambos autores vivieron en un mundo en el que se relacionaban predominantemente con los de su sexo. Tal como Austen reveló, nunca había escrito una escena en la que estuvieran a solas dos hombres porque como no conocía de qué hablaban en privado, no se sentía capaz de ello. Creo que en la obra de Tolkien se puede desprender también esa idea: lo cierto es que no recuerdo ninguna escena en la obra de Tolkien protagonizada por un grupo de mujeres. (Por favor, siéntase libres de corregirme) En la obra de J.R.R. Tolkien se destila, en mi visión, y según he podido leer a ciertos expertos, una visión idealizada de la mujer, unos «seres» «deseados»,»anhelados» y admirados por los protagonistas masculinos. Pero eso no significa que la visión de Tolkien sea una visión machista ni mucho menos, puesto que la mujer nunca está «por debajo del hombre», sino que se encuentra, precisamente, en un pedestal, y además… en la obra de Tolkien encontramos varios ejemplos de mujeres poderosas.

Evitaré en este post hablar de Arwen, Lúthien o Rosita (la hobbit que se convierte en la esposa de Sam), porque aunque no niego que tengan su importancia en la Tierra Media y demostrar una gran personalidad, más allá de ser personajes que reafirman la imagen de la mujer «anhelada» y «soñada» por el protagonista masculino, no representan el poder que Tolkien quiso dar a las mujeres.

 

Los dos mayores ejemplos de empoderamiento femenino que podemos encontrar en la obra de Tolkien, a parte de las deidades que conocemos en «El Silmarilion» (Varda,Yávanna, Estë… ) son Galadriel y Éowyn. Es curioso cómo en un mundo en el que la acción es dirigida principalmente por los varones, sean precisamente dos personajes femeninos los que demuestren determinado poder que los varones no son capaces de alcanzar y que suponen todo un hito para la trama.  

Galadriel no solo es guardiana de uno de los tres anillos de poder que fueron dados a los Elfos, sino que además, cuenta con el Espejo, con la Luz de Eärendil (capaz de iluminar, recordemos, los lugares más oscuros), el don de la videncia y es la destructora (como podemos leer en los apéndices) de Dol Guldur. Una elfa mediocre, vamos. 🙂

 

Pero mención a parte merece el personaje de Éowyn. Éowyn no solo es una mujer regia, luchadora, que decide combatir en batalla junto con sus homólogos masculinos… sino que además, Tolkien le concede a este personaje un gran honor solo por ser mujer: ser la único humano capaz de acabar con el Rey Brujo, aquel del que se profetizó que «nunca acabará por la mano de ningún hombre«. ¿Cabría pensar mayor proeza para cualquier personaje que acabar con uno de los principales villanos de la Tierra Media? Y Tolkien se lo dio precisamente a una mujer. 

¿El relato sobre la Tierra Media, escrito desde una perspectiva masculina? Sí. ¿Machista? Me parece que va a ser que no. 🙂

«-  Impedírmelo! ¿A mí? Estás loco. ¡Ningún hombre puede impedirme nada!

        – ¡Es que no soy ningún hombre viviente! Lo que tus ojos ven es una mujer (…) «


La ciencia de hacer ciencia siendo mujer

Recientemente descubrí la existencia de una gran mujer, Ángela Ruiz Robles, conocida como “Doña Angelita” (Villamanín, 1895 – Ferrol, 1975) que fue maestra, escritora e inventora, precursora del libro electrónico. Una mujer muy avanzada en su tiempo. Inventora de la “Enciclopedia Mecánica” en 1962, 50 años antes del boom de las tablets. Dedicada a la investigación y a la enseñanza y que en los años 50 ya era viuda y con 3 hijas. Debió ser una mujer increíble que decía que “si los muertos resucitaran verían todos los cambios tecnológicos de la sociedad, ascensores, electrodomésticos… pero si miraran la enseñanza, comprobarían que todo sigue como en la Edad Media”. Veinte años después de su muerte, si Angelita levantara la cabeza, vería que la cosa no ha variado sustancialmente, aunque eso sí, por fin se puede aligerar el peso de las carteras de los escolares (una de sus preocupaciones) gracias a las “tabletas electrónicas”, de las que ella podría considerarse una precursora.

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Imagen via Agencia SINC

La pregunta que en 1958 le hizo un periodista: “¿Una buena inventora puede ser una buena ama de casa?” debió dejarle bizca (o al menos a mí, en pleno siglo XXI, así me deja). Realmente es desolador leer cómo a principios del siglo XX sólo el 25% de la población femenina sabía leer y escribir, con una tasa de analfabetismo un 60% mayor que la masculina.

Sin ir más lejos mi pobre madre se quedó con las ganas de estudiar una carrera. Hija de farmacéutico (como Doña Angelita), pero quizás no tuvo la suerte de tener un padre con la mente tan abierta, pues entonces sólo a los hijos varones se les pagaban los estudios superiores. En ese sentido tengo que dar gracias de haber tenido un padre que en lo que a estudios se refiere (que no en cuanto a tareas del hogar) nos exigía por igual a los 9 hermanos (6 varones y 3 mujeres). Si Doña Angelita hubiera sido hombre, quién sabe si no habría llegado aún más lejos, quién sabe…

Por otro lado, leyendo el reciente artículo de Materia en El País: “El acceso de la mujer a la ciencia es un problema social”, una no puede hacer otra cosa que seguir indignándose porque a estas alturas del siglo XXI las mujeres tengamos que seguir luchando contra lo que la sociedad espera de nosotras.

Coincido con la astrónoma Silvia Torres en que si hubiera permitido el trato de favor por ser la «mujer de» (otro astrónomo) no podría haber demostrado al mundo científico que por sí misma era capaz de llegar a donde ha llegado, o sea, a presidenta de la Unión Astronómica Internacional (¿más lejos de lo que ha llegado su marido? Lo desconozco, la verdad).

Desde su actual posición y como sensibilizada que está con el tema, se ha puesto a indagar sobre el por qué no hay más mujeres científicas y/o con puestos de responsabilidad en el mundo de la ciencia. Y el por qué sigue siendo bien triste. La mujer sigue renunciando a estas alturas a su futuro profesional en pro de sus parejas. Es como que lo tenemos asumido y no hay manera de cambiarlo, salvo en raras excepciones.

Otro ejemplo de mujer científica de nuestro tiempo capaz de compaginarlo todo, es la matemática y gran divulgadora sevillana Clara Grima, que recientemente ha exhibido en sus actos de divulgación una camiseta cuyo mensaje me vuelve loca (que por cierto, si se os antoja una, podéis encargársela a “EsbozArte”, empresa artífice de semejante genialidad. Yo ya estoy tardando…):

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Imagen via Twitter
Clara es doctora en Matemáticas y Catedrática del Departamento de Matemática Aplicada en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Sevilla. Está empeñada en que las matemáticas lleguen a la sociedad (sí, las “mates”, esa asignatura que a más de uno nos ha traído por la calle de la amargura) y parece que lo está consiguiendo. Clara es un “culo inquieto” que no para y que compagina su trabajo con una vida familiar feliz y que además es madre de dos «polluelos». Digo yo que con lo que viaja es al marido al que le toca hacerse más cargo de los hijos. Y…¿pasa algo porque esto sea así?, ¿no, verdad? Todos “happy”. ¡Pues ya está!

En resumidas cuentas, que aunque no es fácil y la sociedad aún no acompañe todo lo que debiera a estas alturas, las mujeres «poc a poc» (como dicen en esta, mi tierra adoptiva – Mallorca) vamos haciéndonos un huequito en este «mundillo de la ciencia», donde no hay horarios y todas las horas son pocas.

Aunque parece que 7 de cada 10 niñas están interesadas ​​en la ciencia, curiosamente sólo 2 de cada 10 pretenden estudiar una carrera científica o tecnológica. Y lo cierto es que parece que todos tenemos nuestra parte de culpa de que esto sea así y si no lo crees, mira este vídeo:

La multinacional Microsoft ha hecho recientemente una campaña para intentar cambiar esto y ha creado el programa «DigiGirlz» para dar a las niñas la oportunidad de aprender acerca de las carreras tecnológicas. ¡Chapó por la iniciativa! Siempre he creído que sentimos menos interés por lo que no conocemos y/o entendemos, así es que esta iniciativa no vendrá nada mal. Ahora sólo falta que ese interés no sea «castrado» por el entorno familiar más cercano, que suele ser bastante determinante.

Y para terminar, mola el «Instituto de Investigación» recientemente sacado por Lego. En esta ocasión el juego está formado por una paleontóloga, una astrónoma y una científica de laboratorio. Su creadora ha sido la geocientífica Ellen Kooijman.

 

Laboratorio de lego
LEGO Instituto de investigación: mujeres científicas

Al parecer la idea surgió a raíz de la carta que una niña de 7 años envió a la empresa, en la que indirecta y sutilmente les tachaba de machistas. Les echaba en cara que en las figuras de Lego, los niños hacen cosas divertidas y de aventura, mientras que las niñas sólo hacen cosas aburridas como ir de compras, estar en casa, etc.

Carta Charlotte a Lego
Imagen de la carta de Charlotte Benjamin a LEGO

Bueno, a ver si entre todos conseguimos un poco de igualdad, que ya va siendo hora. Yo soy de las que de pequeña se lo pasaba mejor jugando con los Madelman y los indios y los vaqueros de mis hermanos. Voy a ver si me hago con uno de estos Legos de científicas, que me ha molado.

De cómo me di cuenta de que el cromosoma XX te impide conducir

Hace un año, mi madre quería ir a Granada. Así que le puse el cinturón, metí a mi hermano también en el coche y los llevé a Granada.
Repito: (YO) los llevé a Granada.
Cuando llegamos salió toda mi familia, que es muy efusiva, a saludarnos con muchos besos, abrazos, y una pregunta. A mi hermano. Resalto la O de hermanO.
– ¿Qué? ¿Has venido conduciendo tú, no?

Mi hermano, que es un ser muy lógico, hace lo mismo que yo. Miramos MI coche (que toda mi familia reconoce como mío), miramos las llaves en mi mano, miramos a mi tío (de cuya boca había salido la pregunta) y decimos, con cara de quédiseloco:
– No.
-Ah, claro, claro.

Y es una tontería, pero de estas tonterías que te dejan pensando. Hasta que (OH!!!) llegué a una conclusión que debe estar escrita por ahí en piedra, junto a los 10 mandamientos:
Según la ley de Dios, vol. 39, se establece que SIEMPRE que haya la opción de que conduzca un hombre en una pareja o conjunto familiar, conducirá el hombre, porque para eso son XY.

Y es que es así. Si una pareja se desplaza, conduce el hombre. Si una familia se desplaza, conduce el padre. Mi padre me ha llegado a pedir las llaves de mi coche cuando hemos ido a hacer un viaje. Y es que para mí, llamadme absurda, o materialista, o lo que sea, pero conduce el dueño del coche. INGENUA DE MÍ.

 

HIMYM - Going to be on lost
http://syriohghar.tumblr.com/post/29773938477/the-best-of-himym-in-my-opinion

Desde entonces he estado consultando, porque yo no soy de lanzar una teoría así sin más sin consultar ni nada.


Bueno, sí lo soy.
Pero esto no era una teoría, era una revelación, así que decidí compartirla (generosa que es una).
Lo que me he encontrado al revelar mi revelación (valga la redundancia) es:
1- Tía, mi padre conduce pero es que a mi madre no le gusta conducir.
2- Es que a mi madre le da miedo conducir.
3- Pues unos amigos que tengo ella conduce donde es más peligroso.
4- Yo no conduzco con mi novio pero porque me grita. Vamos, que es decisión mía.

¿No veis aquí un nexo común? ¿A nadie le parece raro que a las mujeres no les guste conducir o le tengan miedo (que la que conduce donde es más peligroso puede conducir porque le da pánico que lo lleve el novio)?
Igual es porque nuestros padres, o nuestros novios se han adjudicado siempre el papel de instructor. Porque siempre hemos visto que conducía el tío, si iban los dos en el coche. O por lo menos es lo que yo he visto. Excepto en dos ocasiones:
1- En autovía en viajes largos, para que él descanse. Una tía mía creo que se sacó el carnet concretamente para esto. Y no, no es broma.
2- Si se va de fiesta, para que él pueda beber. Que que una mujer beba está más feo, aparte.

Obviamente, hay excepciones, en las que todos pensareis. Yo hablo de una generalización que yo he observado a mi alrededor, de una experiencia en la que tíos con los que he «salido» han sido los conductores y ni hablar de ir en mi coche, del comentario típico de «mujer tenía que ser» y todo eso, que parece que una mujer sólo debe acercarse a un coche para hacer esto:

Chica en Bikini Lavando Coche
http://nimphie.blogspot.com.es/2013/01/el-automovil-como-simbolo-sexual.html

Eso sí, con poca ropa, que si no se mancha.

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