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Letras podridas

¿Qué te parece si una noche oyes a alguien decirte: Mirando a una chica tan bonita me pregunto por qué anda tan solita (1)? Es probable que esa frase te ponga en alerta o te inquiete. Puede que la vergüenza no te deje salir corriendo. Porque qué descortés sería hacer eso a aquel extraño que te piropea sin conocerte, ¿verdad?

La historia continúa. ¿Qué estudias? ¿Vives lejos de aquí? Eres muy guapa. A cada pregunta que respondes sientes como si te deshicieses de partes de tu intimidad. Pero, como no quieres dar a entender que eres una miedosa, contestas.

La velada se vuelve más íntima. Su espontaneidad irrespetuosa aflora nuevamente. Ahora mueve el culo, hazlo como si doliese (2). Te dice que sabe lo que quieres, que eres una buena chica (3). Te voy a dar algo lo suficientemente grande como para partirte el culo en dos (4).

Te apartas. No deberías haberme tentado, te gusta jugar. Si no quieres flamenquito, no toques las palmas. Es muy tarde para echarse atrás (5). Te advierte esto desde la confianza que le da estar en su terreno.

Si vuelves a intentar marcharte, te voy a atar a la cama, y voy a prender fuego a la casa (6).

Tu no querías estar sola porque tu mundo es pequeño (7)porque has normalizado que cuando le gustes a un chico le abrirás las puertas de par en par, y estarás dispuesta a hacer todo a su voluntad. Porque soy tuya toda, de arriba abajo. Toda. Aunque mi vida corra peligro (8). Y si amenaza con prenderte fuego, tú debes contestar que te gusta cómo duele (9)Porque sin ti (hombre) no soy nada (10)porque estoy decidida a quererte sin más, a morir si esta vida es sin ti (11).

Fuente: tumblr_mvz7hgRZxa1sk9yxbo1_500

Vía Pinterest

Las frases de este relato pertenecen a canciones que oímos día a día. Son canciones animosas, con ritmos alegres o emotivos, muy pegadizos. Suenan realmente bien. Pero si nos detenemos en sus letras y tratamos de llevar sus estrofas a hipotéticas vivencias, estas canciones dejan de ser bonitas. Están podridas por dentro. Podridas de odio, de prejuicios, de intolerancia o de violencia.

Por eso, me gustaría deciros algo alentador antes de acabar. Existen otras canciones. Sí, existen. Y ahora, a través de sus letras, digo que estamos cansados de llevar siglos y siglos soportando la misma canción (12), que cada día es más intenso el sentimiento de que hay que cambiar esto (13)Que hay que romper la cadena de lo indiferente (14).

Que no somos como nos quieren representar. No soy esa que tú te imaginas. Una señorita tranquila y sencilla, que ríe por nada diciendo sí a todo. Esa no soy yo (15). Pedimos que nos dejen ser otra cosa que no sea un cuerpo (16). Save me from Disney, save me from the power, save me from the botox, sálvame de ti (17). Sálvame de esa tierra de los hombres, que realmente es una tierra de antihombres (18). Porque el utilizar las cadenas propias para dominar (19), no tiene sentido.

Por eso, es tiempo cambiar. De que digamos que no somos malas personas por querer nuestro hueco (20). Que ya era hora, ahora me toca a mí (21). Nos toca a nosotras. Ahora toca ser más fuerte que nunca (22).

Canciones:

(1) Nicky Jam – Hasta el amanecer.

(2) (3) y (4) Robin Thicke – Blurred lines.

(5) Alejandro Sanz feat. Jesse & Joy – No soy una de esas.

(6) y (9) Eminen feat. Rihana – Love the way you lie.

(7) y (10) Amaral – Sin ti no soy nada.

(8) Malú – Toda.

(11) Malú – Encadenada a ti.

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(12) Mafalda – Bombas violetas.

(13) La Otra – Cada vez.

(14) Ana Tijoux – Antipatriarca.

(15) Mari Trini – Yo no soy esa.

(16) Gata Cattana – Lisístrata.

(17) The Mamzelles – Save me.

(18) The Mamzelles – La tierra de los hombres.

(19) La Otra – La otra.

(20) Mafalda – Recuperar mi vida.

(21) Bebe – Que nadie me levante la voz.

(22) Mafalda feat. Sara Hebe – La llorona.

Star Wars: el feminismo contraataca

Ya hemos hablado en alguna ocasión de la importancia que tienen la música, el cine o el arte como transmisores de valores. Especialmente si se trata de una saga tan influyente como Star Wars. La nueva película, Star Wars: el despertar de la fuerza está dando mucho que hablar en lo que respecta al feminismo… para bien o para mal. 
[Aviso: contiene spoilers].
Para empezar, la película pasa el Test de Bechdel —dos mujeres con nombre, que dialogan entre ellas, hablan de un tema que no sea un hombre— cuando Rey y Maz se encuentran y hablan sobre la fuerza.  De hecho, la película no es la única de la saga que pasa el test.

 

Pero esto no es, sin duda, suficiente. Sobre todo si tenemos en cuenta el trato que se ha dado a los personajes femeninos, como Padmé y Leia, en entregas anteriores. Por una parte, Anakin se vuelve malo como consecuencia de los sentimientos que tiene hacia su madre, Shmi, y hacia su pareja, Padmé. Por otra parte, la propia Padmé pasa de ser una importante figura política a quedarse esperando a su marido en casa y, por último, a dejarse morir cuando no puede soportar la deriva que Anakin ha tomado. Leia, que también tiene un papel relevante como líder de la Alianza Rebelde, acaba siendo banalizada en la famosa escena en la que Jabba the Hut la esclaviza y la viste con un bikini dorado. Carrie Fisher, la actriz que la interpreta, ya ha dicho a Daisy Ridley (Rey) que luche contra ese disfraz de esclava. La cuestión es: ¿por qué las mujeres de Star Wars, por fuertes y relevantes que sean en las películas, acaban siendo siempre cosificadas e infravaloradas?
La nueva entrega da un giro a la situación de las mujeres. Habrá que ver si dura. Para empezar, hay más personajes femeninos: mujeres piloto, mujeres stormtrooper… poco a poco se normaliza la presencia de las mujeres. Entre los personajes femeninos, hay varios que tienen o parece que tendrán un papel relevante en la saga: Phasma, la capitana de los stormtroopers, interpretada por Gwendoline Christie (a la que ya hemos visto interpretando el papel de una mujer fuerte, aunque algo estereotipada, en Juego de Tronos); Maz Kanata, interpretada por Lupita Nyong’o, cuyo papel es fundamental para ayudar a Rey a encontrar su camino; o la propia Rey, protagonista indiscutible de la cinta.
Rey no es perfecta; no es una feminista de manual, pero tampoco tiene que serlo. Para mí, lo interesante del personaje es que es creíble: se comporta como muchas feministas nos comportamos en el día a día cuando rechazamos dar dos besos a un cliente y le tendemos la mano, porque a nuestro colega no le daría dos besos; cuando nos molesta que nos abran la puerta a nosotras en un supuesto gesto de cortesía que, sin embargo, no tendrían con un hombre; cuando, como le pasa a Rey, intentan salvarnos (o llevarnos las bolsas de la compra, que pesan mucho), sin que lo hayamos pedido. 

 

En el mundo real, una de las mayores controversias en torno a la película ha sido la ausencia de Rey entre los juguetes de Hasbro. La razón, o más bien la excusa, que han dado, es que incluirla podría suponer spoilers. Mira tú qué detallazo. El error está ya subsanado, pero ahí queda.
La polémica también se desataba, una vez más, alrededor de Carrie Fisher. La actriz ha sido criticada por su aspecto físico, porque se ve que una no puede tener 59 años en paz. La actriz, que es además guionista y escritora, ha respondido a estos comentarios a través de su Twitter.

Queda mucho por hacer desde el feminismo, no sólo en Star Wars, pero es esperanzador que en una superproducción podamos encontrar tantos elementos positivos. Mientras tanto, habrá que seguir luchando. Que la fuerza os acompañe. 

Estarás contenta

Es sabido por todos que ser feminista es un coñazo. No solo por el coñazo enorme que hay que tener para no achantarse ante el patriarcado, sino también en el sentido más tradicional de “pesadez, aburrimiento”.

Ponerse las gafas lilas es como tomarse la pastilla (ahora no recuerdo si era la roja o la azul) de Matrix: por mucho que quieras, ya no puedes dejar de ver. Y es muy duro no dejar de ver todos los días, a todas horas, en todas partes, la larga sombra del machismo contaminándonos la vida. No voy a poner ejemplos porque si estás leyendo esto es que ya te los sabes de memoria.

Alicia en Matrix. Vía Greg Gillemin

Alicia en Matrix. Vía Greg Gillemin

Total, que de ver la opresión a no poder evitar señalarla no hay más que un paso, y para llegar de señalar la opresión a encontrar bufidos, ceños fruncidos, quejas o incluso insultos, casi no hay ni que moverse. Así que nos convertimos en las aguafiestas, en las pesadas, en las obsesas. Las que no podemos ver la tele tranquilas, pasear sin cabrearnos, ir a un festival sin notar que no hay ni un grupo sin hombres, pero sí mil sin mujeres.

No hace mucho me vi, por cosas de trabajo, en una mesa inaugural de un congreso como “autoridad”. Éramos cinco “autoridades”, entre las que había cuatro mujeres y un hombre. Yo estaba ese día contenta porque el congreso era interesante, porque había dormido muy bien y porque era tan temprano que solo había tenido que ignorar un comentario desafortunado del camarero sobre mi blusa. Un día genial y casi libre de machismo.

Al terminar la intervención y sentarme junto a un compañero me guiñó un ojo, me sonrió y me dijo: “Estarás contenta”. Yo no entendía. “Sí, cuatro de las cinco autoridades sois mujeres”. Le sonreí, porque me cae muy bien, pero me había estropeado el día. Dudo que nadie le haya dicho nunca a él “estarás contento” en las incontables ocasiones en las que las autoridades son todas machos, porque eso es normal. Y a mí me gustaría no tener que estar contenta, tampoco. Que lo nuestro sea normal, vaya.

Pero, además, su “estarás contenta” significaba muchas cosas. Ya era hora de que estuvieras contenta. ¿Ves como también sucede a veces que sois mayoría? Te quejas demasiado. Cuando sois todas mujeres no os decís nada.

Mi compañero no dijo nada de eso (y seguramente no está de acuerdo con algunas de las afirmaciones que le atribuyo), pero todo lo contiene la frase “estarás contenta”. Flota en ella porque lo hemos oído tantas veces que ya no hace falta ni que nos lo digan: nos sale de carrerilla.

“Estarás contenta”, como un imperativo. Porque si no lo estamos, somos molestas. Nos pasamos la vida señalando lo que no nos gusta y eso es incómodo. En primer lugar, porque a ver qué nos hemos creído para atrevernos a expresar nuestra opinión cuando es contraria al sentir general, que es como decir el sentir del heteropatriarcado. En segundo lugar, porque tenemos razón y dejamos en evidencia a los que querrían ignorar el machismo para seguir disfrutando el anuncio de ropa interior o su programa favorito, pero ahora que lo señalamos les es un poco más difícil.

“Estarás contenta”, porque una mujer que no sonríe, que no da las gracias por su opresión, que se atreve a disentir, es una mujer ingrata y peligrosa. “Estarás contenta”, porque si estás contenta será más fácil ignorarte. Come y calla, como me decían de niña.

Una mujer que no sonríe, que se atreve a disentir, es una mujer ingrata y peligrosa. Compartir en X

A mí me gusta estar contenta. Y me gusta estarlo con o sin motivo. Porque ha salido el sol, porque me va bien el trabajo, porque mi hija vuelve a casa con algo bonito que contarme. Lo que no me gusta es que me digan cuándo y por qué debo estarlo. Sobre todo si ese motivo no les basta a ellos para estar contentos, si ese motivo es su normalidad y mi excepción.

Así que, sí, estaré contenta. Cuando me salga del coñazo, concretamente. Mientras tanto, seguiré quejándome cada vez que me parezca justo.

Parece una app feminista para ligar, pero no lo es

Trabajo en una revista de moda y mi bandeja de entrada es un museo de los horrores de todos los clichés dañinos para las mujeres. Solo muy de vez en cuando aparece algo esperanzador sobre un tema que no tiene nada que ver con el índice de masa corporal, la depilación, San Valentín o que la conciliación solo concierne a la parte de la humanidad que tiene vagina. Hace unas semanas me llegó una nota de prensa sobre Muapp, una aplicación para ligar en la que, supuestamente, se priorizan los intereses de las mujeres. “Bravo, albricias, por fin”, pensé, inocente de mí, antes de leer la nota de prensa.

Muapp, "ladies first"

Muapp, Ladies first

Y es que las aplicaciones para ligar son un entorno bastante hostil (otro) para las mujeres. Si tenéis dudas acerca de este punto os invito a echarle un vistazo a @Byefelipe, una cuenta de Instagram en la que se recopilan las burradas que las usuarias de Tinder y otras apps para ligar reciben por rechazar o ignorar a los hombres por chat. Cuando la descubrí,  los tres o cuatro primeros posts me hicieron gracia. Ver a esos individuos con esas fotos de perfil sonrojantes, con esas gafas de sol, con esos fondos, con esas pintas, cabrearse como niños y decirle a una desconocida que se está perdiendo el polvo del año o una “monstruosa polla que le cambiará la vida” me despertó hasta ternura. Pero a medida que iba bajando el timeline se me iban revolviendo las tripas.

Las apps para ligar son un entorno hostil para las mujeres. Compartir en X

Resulta que en las apps para ligar, igual que en el mundo real, hay mucho gatillo fácil. Basta que no reciban respuesta en un tiempo que consideren aceptable para que desaten una agresividad descontrolada. “Estás demasiado gorda para tener tanta seguridad en ti misma”, “No te me puedes permitir”, “No eres lo suficientemente guapa para ignorarme». Y otras cositas más barrocas y alarmantes del tipo “vas a morir sola” o “espero que todos tus hijos nazcan muertos”.

Byefelipe es una prueba (otra) de que existe una estructura que educa a los hombres en el convencimiento de que si no obtienen lo que quieren de las mujeres tienen todo el derecho a decirles que ojalá acaben descuartizadas en el fondo del camión de la basura.

Sospechaba yo que si  Muapp se vendía como una aplicación confortable para las mujeres era porque ofrecía herramientas para evitarles toda esta mierda. Bueno, pues no. Muapp se vende como una aplicación feminista por las siguientes razones: los hombres solo pueden entrar por invitación anónima y las usuarias saben si un hombre está hablando con más de una mujer a la vez. Las dos fundadoras definen la historia de la siguiente manera: “Los hombres y las mujeres son diferentes y, por lo tanto, buscan soluciones diferentes. En las aplicaciones actuales las mujeres parecen no estar satisfechas ya que suponen solamente el 35% del total de los usuarios. Se pierde mucho tiempo pasando perfiles que provocan rechazo o hablando con personas que no buscan lo mismo. Por eso, decidimos desarrollar Muapp, el ‘Tinder’ que a nosotras nos hubiese gustado tener”. No llegan a decir que su app es feminista, solo que se basa en “el concepto del ladies first”. Los medios que se refieren a ella sí lo hacen.

Las jóvenes emprendedoras y las webs que hablan sobre el tema, o bien tienen una confusión monumental sobre el concepto de “feminismo”, o bien piensan que la tenemos todos los demás. Este reclamito casposo del ladies first no tiene nada que ver con el feminismo, pero el feminismo vende camisetas así que coloquémoslo aquí, que igual también sirve para vender aplicaciones de móvil. Sobre este abaratamiento e instrumentalización del término como algo cuqui y de moda se despacha estupendamente Diana Aller aquí.  

Muapp no solo no es feminista sino que se basa en prejuicios dañinos para las mujeres. Asume como una realidad el estereotipo de que las mujeres vivimos nuestra sexualidad con cierta ansiedad y desagrado, con cierta sensación de obligación. La utilizamos como moneda de cambio porque después de todo, no es más que un engorroso peaje que pagar para conseguir el amor.  El amor exclusivo. El mensaje es que nosotras somos diferentes. Todas una caricatura de la novia del pueblo, celosas y posesivas, nos molesta la mera interacción entre nuestro pretendiente y el resto de las mujeres. Si caemos en la imperdonable ordinariez de bajarnos el Tinder en el móvil no es para pillar sin ton ni son, aquí hemos venido a  enamorarnos. Ellos son diferentes. Cosas de la biología.

Muapp no solo no es feminista sino que se basa en prejuicios dañinos para las mujeres. Compartir en X

“El Tinder que a nosotras nos hubiera gustado tener”; a algunas, quizá, otras prefieren usar esta clase de aplicaciones a modo de red de arrastre para follar como simias. Sorpresa. Exactamente igual que les sucede a los hombres.
Puede que la causa de que las mujeres solo supongamos un 35% de los usuarios de aplicaciones para ligar tenga más que ver con que queremos evitar todo lo recogido en @Byefelipe que con que busquemos todo lo que ofrece Muapp.

¡Gracias, Pamela!

Cuando estaba en segundo curso de carrera vino a mi facultad Pamela Palenciano. Por aquel entonces mi relación con el feminismo era ambivalente, podía sentir el desagrado y la impotencia que me producían algunas situaciones cotidianas de machismo. Conocía el origen de la rabia, pero no sus causas, y por lo tanto veía esa disconformidad como algo lleno de banalidad y subjetivismo. Mis ideas eran disidentes, pero personales e íntimas y en definitiva no tenían más horizonte a la vista que unas réplicas de andar por casa pronunciadas con voz temblorosa, y eso si corrían la suerte de ser pronunciadas.

Pero, ¿por qué no era claramente feminista si el machismo me molestaba? Porque el feminismo era algo demasiado serio, demasiado importante para llegarlo a relacionar con las tonterías que le pueden preocupar a alguien corriente. A veces también solía pensar que no quería ser vista por los demás como una radical exagerada. Os pido que os pongáis en situación y tratéis de entender a mi yo de esa época; veía a las feministas como unas mujeres que luchaban por cosas realmente importantes pero que no me concernían del todo, ni me iban a ayudar a desentramar las contradicciones diarias que por otra parte cada vez eran más pronunciadas. Aún  no había escuchado nunca el lema de «lo personal es político» tan en boga ahora, pero se gestaba una pregunta en mí bastante relacionada con esta expresión: ¿podía ser el feminismo una lucha en lo cotidiano y lo personal y ser al mismo tiempo una lucha colectiva? La respuesta llegó pronto y fue decisiva para colocarme las gafas lilas ante los ojos definitivamente.

Aquella mañana en la que Pamela Palenciano llegó a la facultad, yo estaba en clase de demografía y me debatía junto a mi compañera de mesa entre quedarnos en clase resolviendo problemas del Diagrama de Lexis o salir a hurtadillas para ir a ver a Pamela al Aula Social en cuanto dieran un descanso. Optamos por lo segundo, sin restar importancia al Diagrama de Lexis en nuestro aprendizaje como sociólogas.

Cuando entramos en el aula había unas veinte personas. Ninguna conocida a la vista, todas eran de otros cursos o de asociaciones de la facultad. La mayoría éramos mujeres salvo dos o tres chicos. A pesar de haber tan poco público nos sentamos de las últimas para que no se nos viese demasiado, teníamos pululando sobre nosotras la incertidumbre de si aquel acto nos iba a entusiasmar, a conmover o a desengañar. Nuestra actitud era de ignorante desconfianza, pero también de una irrefrenable curiosidad, la misma que nos había hecho llegar hasta allí esa mañana.

Pamela Palenciano está de gira en Madrid este mes de enero. https://www.youtube.com/watch?v=tTPXpSUNRho

Pamela Palenciano está de gira con No Solo Duelen los Golpes en Madrid este mes de enero. Vía Youtube

Pamela captó nuestra atención desde el principio de su monólogo. Nos hablaba de forma directa, clara y lo que hasta ahora habían sido percepciones personales se convertían en certezas compartidas. ¿Por qué no me había atrevido a revelarme contra las cosas que me molestaban en lo cotidiano? ¿Por qué ni siquiera había pensado antes en ello como algo susceptible de cambio? Mi compañera y yo asentíamos con la cabeza cuando Pamela decía en clave cómica, pero lanzando verdades como puños al público, que dejó su reino para irse al reino de su novio, dijo adiós mamá, adiós papá, adiós amigas y, sobre todo, amigos, o adiós a la contraseña del Facebook.

Había dejado de hacer todo lo que le gustaba —salir con quien se lo pasaba bien, hablar como siempre lo había hecho—porque ahora todo su tiempo era prioritariamente para su novio, y cuando estaba en el patio del instituto con sus amigas ya no podía reír ninguna anécdota contada porque simplemente ella no estaba allí cuando habían sucedido. O nos hablaba de cómo, tras las discusiones que tenía con él, se prometía una y otra vez a sí misma que no le iba a esperar, que no iba a seguir así, y sin embargo esperaba y seguía inmóvil, mientras se frustraba por haber caído en contradicción consigo misma una vez más y por estar alimentando el que su novio no valorase el tiempo que ella dedicaba a aguardarle permanentemente. Porque a Pamela su pareja del instituto le intentó asesinar, pero ella no nos habla de eso, nos habla de la convivencia diaria con él: de los gestos, de las palabras, de todo aquello que es pequeño, sutil y se va aceptando poco a poco sin decir esta boca es mía.

A Pamela su pareja le intentó asesinar, pero ella habla de aquello que es sutil y se va aceptando... Compartir en X

Ahora necesito que demos un salto en el tiempo. Vayamos a noviembre de 2015: voy paseando por Ciudad Universitaria de camino a una reunión en el Instituto de Investigaciones Feministas de la Complu, donde realizo mi doctorado, cuando veo anunciado en uno de esos paneles habilitados para colocar carteles que Pamela Palenciano estará con su monólogo No Solo Duelen los Golpes en el salón de actos de Ciencias de la Información en unos días. ¿Por qué no volver a verla? Es cierto que, después de aquella vez, quería haber vuelto a asistir. En casa había buscado muchas veces su performance por Youtube y se la había mostrado a mis padres y sobre todo a mi hermana pequeña y también a amigas, con el entusiasmo de quien da un consejo que le ha sido útil.

https://twitter.com/Letrasfeminist/status/661449255773671424

Cartel de presentación del acto del 5 de noviembre en Ciencias de la Información. Vía Twitter 

El día del monólogo llega y yo estoy allí, vengo acompañada por una compañera recién llegada de México que se ha animado a venir conmigo cuando le he contado que iba a asistir. Alrededor del portón de acceso al salón de actos se arremolina mucha gente y entramos todxs en tropel cuando abren las puertas. Me entusiasmo cuando  veo que el espacio llega a su aforo máximo, ya ni siquiera hay butacas para tantxs y hay quienes han empezado a ocupar los pasillos o el espacio entre la primera fila de butacas y el escenario, somos multitud.

Escucho el monólogo con suma atención, no quiero perderme ninguna pista, ninguna clave, no quiero que se me olviden las sensaciones que causa en mí el escuchar su historia. Creía que no iba a ocurrir pero, a pesar de haber andado, leído y deconstruido mucho desde que acudí al primer No Solo Duelen los Golpes hasta la segunda cita con Pamela, es difícil no descubrirse en pequeños detalles que desearía no reproducir, pero que se escapan de las manos sin darnos cuenta y sin pretenderlo la inercia te lleva algunas veces, aunque pongas todo tu empeño en resistirte, a circular por el surco ya marcado, a ser como la cabra que tira pa el monte, y hace falta por muy feminista que seas que te recuerden ciertas cosas para que no se te olviden.

Veía por el público a chicas y también a chicos de diecinueve o veinte años, aproximadamente la edad que yo tendría aquella vez, me recordaban a mí, y me alegraba de que ellxs estuviesen allí descubriendo a lo mejor que sus desencuentros consigo mismxs y con los demás no son tan particulares como creían, o que lleguen a la conclusión de que lo personal, lo emocional y lo más visceral hay que gritarlo a voces en un auditorio, como hace Pamela, en vez de quedarse oculto en el plano privado de nuestras vidas. Porque sí amigxs, lo personal es político y Pamela lo hace patente cada vez que se sube a un escenario, acude a alguna plaza, asociación, instituto o universidad. Le doy las gracias infinitamente por ello.

Lo personal es político y Pamela lo hace patente cada vez que se sube a un escenario. Compartir en X

«Somos la mitad de la humanidad.»

Cuando uno ve Sufragistas atraviesa una infinidad de emociones humanas: frustración, impotencia, rabia… Y entre lágrimas se acuerda de su madre, de su abuela y de todas las mujeres que nos han ayudado a llegar donde hemos llegado, porque ellas se sacrificaron por nosotros. Sufragistas simboliza lo duro que fue llegar hasta aquí y la lucha de esta(s) mujer(es) que tuv(ieron)o que pelear contra las autoridades; que tuvieron que recurrir a la violencia porque, tristemente, era el único lenguaje que entendían la mayoría de los hombres; que tuvieron que luchar contra sus maridos e incluso contra las propias mujeres que tenían interiorizada esa figura machista y eran reacias al cambio y a la evolución como sociedad.

Sufragistas narra unos elementos históricos que son contados a través del factor humano, a través de las personas que hicieron posible esa victoria sobre los derechos sociales. La película posiciona su mirada y nos narra, mediante veracidad histórica, esta lucha de mujeres. Y lo hace a través del procedimiento dramático más clásico y eficaz: centrándose en el caso individual de Maud Watts, una joven trabajadora de la Inglaterra de 1912 que va tomando conciencia de las humillantes limitaciones que se le imponían a las mujeres. Centrándose en este personaje, la película reconstruye la época a la perfección y logra la total identificación del público -tanto con el personaje como con la causa- mientras va dibujando las distintas etapas del movimiento sufragista a través de los pequeños episodios de lucha en los que Maud se ve envuelta. Realmente se puede ver el viaje del personaje, que va desde una simple trabajadora y madre obediente que un día se ve inmersa en una reivindicación sindical hasta que, a partir de ahí, va interiorizando la idea de la defensa de los derechos, dándose cuenta que las mujeres tenían que levantarse para alcanzar la igualdad en todos los ámbitos, tanto laborales como sociales.

Carey Mulligan lleva a cabo uno de los papeles de su vida, sabiendo capturar a la perfección los costes que tiene una batalla política de esta altura, haciendo verídica la profunda y creíble transformación de su personaje, un sufrimiento que vemos reflejado en cada escena, en cada primer plano y en cada lágrima de la actriz inglesa. La ambientación, ayudada por la fotografía del español Eduard Grau, por el diseño de producción de Alice Normington y por el compositor Alexandre Desplat, logra a la perfección ese tono de película grisácea que ya vimos anteriormente en otras películas ambientadas en el Londres de principios del XX como Las Cenizas de Ángela.

El equipo de Sufragistas

Sufragistas es una película de mujeres, hecha por mujeres (la directora es Sarah Gavron, la mayoría de las productoras son mujeres, la guionista es Abi Morgan y el reparto está lleno de estrellas femeninas), pero necesaria para todos los públicos. Sobre todo para los hombres. La cinta enseña sus cartas desde el principio, incluso desde el tráiler con la que la promocionaron, y no pide disculpas en ningún momento por ser emocionante, siendo consciente de que es algo que funciona muy bien a nivel de cine comercial. El espectador siente el peligro real e inmediato al que se enfrentan unos personajes que lo arriesgan todo: a ser despedidas de sus puestos de trabajo, a ser encerradas en la cárcel, a ser alimentadas a la fuerza o incluso a perder a sus propios hijos.

Es cierto que la película es oportunista por la época de premios en la que se ha estrenado y por la evidente carrera comercial hacia el Óscar por el que va a optar, pero no por eso la hace menos necesaria. El debate de Sufragistas no debe centrarse únicamente en si se merece la nominación de mejor película o mejor actriz, sino que debe traer a nuestro recuerdo lo durísimo que fue el poder llegar hasta 2015 y que a día de hoy gocemos de los derechos sociales de que disponemos. De hecho, los créditos finalizan con una serie de horribles estadísticas sobre el sufragio femenino. El debate que debe proponernos la cinta es la injusticia que supuso que las mujeres tuvieran que luchar por unos derechos con los que todos debimos haber nacido, una lucha que se llevó a cabo cuando ni siquiera tenían voz. Como dice Emmeline Pankhurst, el personaje que interpreta Meryl Streep en la película, las mujeres no querían quebrantar las leyes, sino que querían poder redactarlas también.

La cinta narra la injusticia de luchar por unos derechos con los que todos debimos haber nacido. Compartir en X

Es más, Sufragistas llega en un momento inmejorable, en una época en la que (por fin) el debate dentro de la industria y la prensa por el lugar que ocupa la mujer en Hollywood está en todas partes. Hace unos meses Jennifer Lawrence reivindicaba el papel de la mujer dentro de la industria y denunciaba la abismal diferencia de salarios entre las actrices y sus compañeros masculinos de reparto. Además, Hollywood se está dando cuenta del potencial narrativo (y económico) que están teniendo las historias protagonizadas por mujeres y es por ello que por primera vez en muchos años están destacando y centrando el peso de las historias en las mujeres: Mad Max: Fury Road, Inside Out, Espías, Los Juegos del Hambre, la nueva saga de Star Wars, etc.

Y ésta es una de las primeras veces en las que esta voz se levanta. Para que se les oiga.

Por qué [no] necesito el feminismo

De un tiempo a esta parte, el vídeo de la canadiense Lauren Southern titulado Por qué no necesito el feminismo (Why I don’t need feminism) se ha hecho muy popular en las redes, a raíz de una foto que subió hace algunos años. Ya existe alguna respuesta a este vídeo, pero algunas mujeres (de cuyos nombres no quiero/puedo acordarme) estuvimos reflexionando sobre esto y creo que si no se publica, reventamos. Va con cariño para Lauren y, sobre todo, por y para ellas.

Respuesta a Lauren Southern

Esta es la foto que Lauren subió a su página en Tumblr

Esta chica se ha dedicado a desmontar el feminismo con argumentos que lo convierten en un movimiento cómplice o, como mínimo, observador pasivo de los problemas de los hombres. Todo su discurso se articula en esta línea a lo largo del vídeo, cuyo lapidario pistoletazo de partida es que el feminismo no es un movimiento que busque la igualdad, entre otras cosas porque no hay una representación igualitaria de los problemas de ambos géneros. Bueno. Respondamos por enésima vez a esta creencia, remarcando en primer lugar la confusión entre los términos igualitario y equitativo, y aclarando la confusión existente.

Según Lauren Southern el feminismo no es un movimiento que busque la igualdad. Compartir en X

El feminismo defiende los derechos de la mujer (género tradicionalmente oprimido) con el fin de igualarlos a los del hombre (género tradicionalmente opresor). No hay una representación equitativa de los problemas de ambos géneros porque los problemas, su calado, su amplitud, su trasfondo, su gravedad, no son iguales. El feminismo es, por lo tanto, un movimiento igualitario pero no equitativo. ¿Se traduce esto en la pretendida invisibilización de los problemas masculinos? No. ¿Se traduce en la lucha por los derechos que el machismo lleva siglos arrebatando? Sí. Punto.

Continuemos. El vídeo habla después de la cifra de hombres violados en las prisiones de Estados Unidos. Lo cierto es que desconozco la fuente de donde se han extraído estos datos, así que es tan difícil verificarlos como contrastarlos. Con la misma fiabilidad se podría decir que prácticamente la totalidad de esas violaciones han sido ejercidas por hombres (puesto que las prisiones son espacios no mixtos), así como hacernos una idea aproximada de las violaciones ejercidas por hombres en las cárceles de mujeres (sobre lo cual jamás se darán datos oficiales porque supondría señalar con el dedo a los funcionarios que trabajan en ellas). Y eso por no hablar del número de violaciones producidas en el ámbito doméstico que no son denunciadas por miedo, o las debidas al fenómeno denominado trata de blancas, el tercer negocio más rentable del mundo por detrás de la venta de armas y del narcotráfico, y cuyas víctimas son mayoritariamente mujeres y menores, en una proporción aproximada del 80%.

Según Lauren, las feministas guardan silencio sobre el tema. Sin embargo, en 2003 en Estados Unidos el feminismo lideró una coalición que defendía el Prison Rape Elimination Act of 2003 (Ley por la Eliminación de las Violaciones en Prisión). Más tarde, en 2011, la Feminist Majority Foundation estuvo luchando por cambiar la definición de violación para que esta incluyera como víctimas a los hombres (que antes no estaban incluidos) pero también otros tipos de violación, en una campaña llamada Rape is Rape. No sé si silencio es la palabra que mejor define lo que hacen las feministas con respecto de esto.

La violencia de género es siempre la ejercida contra una mujer por parte de un hombre. Compartir en X

Siguiente lanzamiento de datos aleatorios: Casi la mitad de las víctimas del abuso doméstico en Estados Unidos y Canadá son hombres. De nuevo me gustaría empezar aclarando la diferencia entre la violencia de género (la ejercida contra una mujer por parte de un hombre que sea o haya sido su cónyuge o a la que le haya unido una relación de afectividad, según el Instituto Nacional de Estadística) y la violencia doméstica (toda violencia ejercida por un hombre o por una mujer hacia cualquier persona de las recogidas en el artículo 173.2 del Código Penal –descendientes, ascendientes, cónyuges, hermanos, etc.– a excepción de los casos específicos de violencia de género). Es decir, que de todos los datos que voy a enumerar a continuación habría que hacer el análisis correspondiente solo en términos de violencia de género para ver el número exacto de mujeres que mueren a manos de sus maridos, exmaridos, novios o exnovios.

Habría que explicar también la diferencia entre la violencia situacional de pareja (que, efectivamente, ambos géneros ejercen por igual, pero se da en situaciones puntuales y generalmente es el resultado de una discusión, por lo que no es representativa de la violencia crónica o sistemática) y la violencia sistemática (que incluye actos cotidianos de control mediante la coacción activa o coercitiva, tanto por motivos económicos como sentimentales, sexuales, psicológicos, etc., que son los que suelen acabar en el asesinato o daños psicológicos irreversibles y el reflejo inmediato de la estructura social). Dicho lo cual, en este caso tampoco se dan a conocer las fuentes. Sin embargo, el Bureau of Justice Statistics (portal estadístico del Departamento de Justicia de los Estados Unidos), empleando como fuente el national crime victimization survey, presenta alguna comparación con un porcentaje parecido a este en alguna de sus tablas. El peligro de no contextualizar las estadísticas es una posible interpretación incorrecta. Expliquemos con datos, que de datos va el asunto:

Efectivamente, en el ámbito familiar, un 42,5% de las víctimas mortales entre 2003 y 2012 fueron hombres, mientras que el 57,5% fueron mujeres. Sin embargo, un estudio del mismo BJS afirma que el 81% de las denuncias en los 75 estados más grandes del país fueron puestas contra hombres. Además, el equilibrio entre los porcentajes de ambos géneros se da (y me avergüenza tener que escribir esto) por la muerte de menores: el 50,8% eran hijos y el 49,2% eran hijas, mientras que la relación de víctimas entre los cónyuges fue del 19% de maridos y 81% mujeres. Esto quiere decir que un alto número de asesinatos se produjo por parte del padre de familia hacia el resto de sus miembros. Esto no ocurre solo en Estados Unidos. En España, según datos del INE, de las 34.407 denuncias por violencia doméstica en 2014, 31.538 víctimas eran mujeres. En los años anteriores los números son muy similares. Me parece triste y patético justificar cualquier violencia equiparando datos, pero ya que es el argumento espada de los detractores del feminismo, equiparémoslos de forma justificada.

Para seguir con el diluvio estadístico de fuentes desconocidas, en el vídeo nos encontramos con que el 80% de los casos de suicidio son hombres, así como el 92% de las víctimas de muertes laborales, el 97% de las muertes durante las guerras y el 77% de las víctimas de homicidio. En los casos de suicidio es difícil señalar un culpable, siendo que la mayoría de ellos, sin embargo, son propiciados por la presión de la sociedad, según estudios de la OMS. Una sociedad dominada por el patriarcado. El hecho de que la mayoría de las muertes laborales y las muertes durante las guerras sean de hombres tiene una explicación tan sencilla como que los puestos de mayor riesgo laboral han estado tradicionalmente destinados a los hombres, y los ejércitos son nutridos en grandes proporciones por hombres (desde los gobernantes que las lideran hasta los soldados rasos que las luchan). Por último, de nuevo el Bureau of Justice Service afirma que, entre 1980 y 2005, el 90% de los asesinatos fueron cometidos por hombres. No añadiré nada más.

Los hombres son obligados a cumplir estándares sociales. ¿Quién les obliga? El patriarcado. Compartir en X

El vídeo clama que los hombres son objetivizados, violados, maltratados y obligados a cumplir estándares sociales igual que las mujeres. Bueno, en términos estadísticos no es igual, pero dejémoslo en que también son víctimas, como las mujeres. ¿Víctimas de quién? ¿Quién les obliga a cumplir esos estándares? El patriarcado. La industria, las guerras, la economía mundial, los roles, el autoritarismo, todo, está impuesto por una sociedad dominada por los hombres.

Lauren también se queja de que, en caso de divorcio, probablemente ella se quedaría con la custodia de sus hijos. Sí, esto es así porque lo normal en caso de divorcio es que sean lxs propixs progenitorxs quienes lleguen a un acuerdo, y generalmente la madre se queda con la custodia porque ella es quien carga con la mayor parte de la responsabilidad. Socialmente, a la mujer se le asigna el rol de cuidadora que asume la maternidad y al padre el rol de ciudadano que contribuye económicamente a sustentar a la familia. Es precisamente contra estos roles (entre otras cosas) contra lo que lucha el feminismo. Así pues, lo mejor que pueden hacer aquellos padres que quieran asumir el rol de la paternidad es unirse al feminismo, pues sus luchas son convergentes en este punto. Aunque la realidad legal es que no hay ninguna premisa, doctrina, ley o jurisprudencia que adjudique la custodia a la madre de forma sistemática. porque todxs somos iguales ante la ley. En el Código Civil Español, por ejemplo, todxs figuramos como progenitorxs y/o cónyuges.

Respuesta al vídeo de Lauren Southern

Captura del vídeo de Lauren Southern,Why I don’t need feminism

Por si la ración de datos aleatorios y de origen desconocido nos había sabido a poco, el vídeo continúa: Como mujer, recibiría la mitad de la condena por cometer exactamente el mismo crimen que un hombre. Literalmente, no se qué decir a esto. ¿En qué prisión? ¿En qué Estado? ¿Según qué ley? ¿Con antecedentes? ¿Sin ellos? ¿De qué crimen está hablando? No se sabe. No se sabe si es cierto o si no, si ha descontextualizado las estadísticas como ha hecho con las víctimas de la violencia doméstica, si se lo ha inventado, si es una información maquillada… No se sabe nada. No me romperé la cabeza preguntándome más acerca de este fenómeno inaudito de la justicia. Aún así, añadiré que con respecto al sistema de encarcelamiento hay una gran cantidad de mujeres feministas que luchan porque este sea honesto y justo. Algunas de ellas son Angela Davis, Sarah Lamble o Julia Sudbury.

Si acuso a alguien de violarme, me tomarían en serio. Y no se reirían de mí por no ser lo suficientemente masculina. No se por qué a estas alturas sigo sorprendiéndome. Suponiendo un mundo idílico en el que siempre te tomaran en serio por ser mujer y decir que has sido violada (¿Cómo ibas vestida?; Algo habrías hecho; Darías a entender que tú también querías; No fuiste lo suficientemente clara; Es tu novio, ¿cómo te va a haber violado?; y así podría seguir hasta el infinito), puede que sí se riesen de ti por ser un hombre violado… El patriarcado y los estereotipos que este impone. Las mujeres, como potenciales víctimas de una violación en mil millones de situaciones diferentes, generalmente no ridiculizamos a la persona agredida. Generalmente. Claro que puede pasar, pero no es lo normal. Por esta regla de tres, por cierto, es muy probable que como mujer seas ridiculizada si no eres lo suficientemente femenina.

¿Cómo ibas vestida?; Algo habrías hecho; No fuiste clara; Es tu novio, ¿cómo te va a haber violado? Compartir en X

Otro asunto que preocupa a Lauren es la falta de asistencia a los hombres en caso de violencia doméstica. El hecho de que las campañas de apoyo estén mayoritariamente dirigidas a ellas tiene una explicación lógica en base a la sociedad en la que se dan: el modelo de familia que aún impera responde al modelo tradicional. Volvamos a explicar este punto, que por lo visto no es tan evidente: la mujer cuida de la casa y los niños y (en menor medida, pero también) depende económicamente del hombre. Esto acorrala a la mujer en una situación que dificulta mucho dejar la casa, pues ella es la responsable de los hijos, y esa baza podría usarla el maltratador en su contra, tanto por medio de una estrategia victimista, como de indefensión o como amenaza. En el caso contrario, un hombre tiene más accesos y facilidades para abandonar el hogar, en tanto que es económicamente más independiente y domésticamente menos responsable.

De todas formas, de nuevo la realidad legal es diferente, porque la Ley de Violencia Contra las Mujeres que se aprobó en 1994 ampara tanto a hombres como a mujeres dado que, como se ha mencionado anteriormente, todxs somos iguales ante la ley.

Lauren también está convencida de que como mujer, es más probable que obtenga un puesto en el gobierno o en el ejército a pesar de no estar cualificada, solo para que cumplan una cuota de igualdad. Ay diosas, mi capacidad de asombro está rebosada. Ya no me cuestiono qué le habrá llevado a Lauren a hacer semejante afirmación, así que me limitaré a explicarla: las cuotas de igualdad existen porque existe la desigualdad en las plantillas (la propia frase de Lauren admite que esto es así). A pesar de que más del 50% de la población mundial es femenina, su representación en las empresas y en los puestos de trabajo no es ni proporcionada ni mucho menos igualitaria. Esto no quiere decir que una mujer tenga más posibilidades de ser contratada a pesar de estar menos cualificada (¿Pero dónde está la relación entre ambas cosas? Es que de verdad, de verdad que no la encuentro), quiere decir que EL NÚMERO DE CANDIDATAS A UN PUESTO AUMENTARÁ, aumentando así el abanico de mujeres, capacitadas en mayor o menor medida, a las que se entreviste. A esto se le llama discriminación positiva, no «teregalounpuestoporsermujer».

Y por último, sí Lauren, el feminismo considera que nacer hombre en un sistema dominado por los hombres te concede ciertos privilegios inherentes. Esto no significa que todos los hombres hagan uso de forma deliberada de sus privilegios, ni que las feministas odien a los hombres. Significa que los hombres son privilegiados por poder vestir lo que quieren. Son privilegiados por poder andar por su barrio sin miedo a ser violados. Son privilegiados porque siguen ganando más que nosotras, siguen teniendo más oportunidades que nosotras. Y, sobre todo, porque son ellos los ACTORES, no nosotras. Ellos son quienes se matan, quienes se exigen, quienes se apuntan al jodido ejército. Y quienes nos matan y nos exigen a nosotras. La violencia ES machista porque es ejercida por un macho, y es ejercida porque no encajas en sus cánones patriarcales. O porque él encaja demasiado bien.

El feminismo no compadece a la víctima; ataca al agresor.

El feminismo no los quiere muertos; nos quiere vivas.

El patriarcado a examen

Los sistemas sociales tienden a reproducirse y perpetuarse. Lo pueden hacer de formas más o menos sutiles, que van desde el empleo de la violencia física hasta la emisión de mensajes más o menos obvios a través de medios de comunicación, formas de arte y cultura, etc. Cuando te están educando desde que naces dentro de una determinada forma de pensar, es más fácil que ciertos mensajes o actitudes te pasen desapercibidas, porque encajan en tu marco de pensamiento (Lakoff) y no rebotan en él. Si, en cambio, provienes de otra cultura o empiezas a cambiar la forma de pensar gracias a lecturas, películas, o acciones externas al sistema social al que perteneces, percibirás ciertos comportamientos que para otros son normales o ciertas ideas te chirriarán.

El patriarcado es un sistema basado (por simplificarlo) en la desigualdad de las mujeres con respecto a los hombres, en la superioridad de estos como colectivo. Como sistema social que es, el patriarcado tiende también a reproducirse y perpetuarse. Por esto es posible que, mientras desde el feminismo se reivindican la erradicación de los piropos, de la apropiación masculina de los espacios públicos o de los comportamientos caballerescos (por ejemplo dejar pasar antes por la puerta a las mujeres, pero no a los hombres) porque son manifestaciones del patriarcado, haya personas que consideren que son cosas nimias y que las feministas exageran.

En este post vamos a ver algunas herramientas para evaluar la manifestación del patriarcado en el cine (Test de Bechdel y Principio de la Pitufina) y la publicidad (Test de Conmutación), formas de hacer visibles elementos machistas que se transmiten una y otra vez a través de las pantallas.

Test de Bechdel

Test de Bechdel. Vía Pictoline.

Test de Bechdel. Vía Pictoline.

El Test de Bechdel consta de 3 preguntas que se han de responder afirmativamente para que la película pase el test:

  1. ¿Aparecen al menos dos mujeres? (Una variante del test pregunta además si las mujeres tienen nombre -¡qué exigentes!)
  2. ¿Hablan entre ellas? 
  3. ¿Sobre un tema que no tenga que ver con hombres? (Da igual si son amantes, padres, profesores…).

Puede que os parezca que el test es poco exigente, pero hay una cantidad sorprendente de películas que no lo pasan. Además, es importante señalar su origen: el test se formuló por primera vez en el cómic «Unas lesbianas de cuidado» y viene a decir que, ya que las mujeres solemos aparecer en las obras de ficción sólo para hablar de hombres, es difícil que se nos represente como lesbianas.

Extracto de "Unas lesbianas de cuidado", de Alison Bechdel.

Extracto de «Unas lesbianas de cuidado», de Alison Bechdel

También hay quien propone variantes o añadidos al test: analizar cuánto tiempo transcurre desde que empieza la película hasta que pasa el test, el número de escenas en que la película pasa el test (¿cuántas veces hablan esas dos mujeres con nombre entre ellas de algo que no sean hombres?)… Pero no debemos quedarnos en el mero recuento de escenas, de personajes y de temas. Aunque sin duda ésta es una herramienta útil y rápida para denunciar la falta de protagonismo de las mujeres en el cine (¡y eso que no es un requisito del Test que las mujeres sean protagonistas!), cabe ir más allá. Puede que, si entramos en un análisis cualitativo, alguna película no pase el test y retrate a mujeres empoderadas o que lo pase y reproduzca, uno tras otro, todos los clichés del patriarcado. No queremos mujeres que hablen entre ellas pero sólo actúen en el papel de madre y esposa o de chica sexy. También cabría preguntarse qué tipo de cine estamos analizando: si esto se cumple en las superproducciones o también en el cine alternativo. 

Bechdel

Prueba Conmutativa

¿Qué pasaría si hiciéramos un anuncio con un hombre con el culo en pompa, medio desnudo y subido en una moto? ¿O comiendo una hamburguesa en actitud sexy? Has acertado: resultaría absurdo. Sin embargo, estas mismas imágenes se reproducen continuamente con mujeres como protagonistas y no son tantas las voces que se alzan en contra. Las mujeres y los hombres tienen asignados socialmente roles diferentes y este desequilibrio se salda con una cosificación mucho mayor de las mujeres.

Llevado al extremo, podemos incluso encontrar un mismo producto vendido de formas muy distintas en su versión para hombres y para mujeres.

Este sencillo ejercicio de conmutación permite sacar a la luz estas situaciones y nos lleva a preguntarnos: Si nos llama la atención, nos disgusta o nos choca ver a hombres en esas situaciones, ¿por qué no nos ocurre lo mismo cuando se trata de mujeres?

Síndrome de la Pitufina

Por último, el Síndrome Pitufina consiste en la presencia, en una serie de televisión o película, de una única mujer en un grupo más o menos grande de hombres. Suele tratarse de una mujer estereotipada (por ejemplo, la rubia tonta). En la serie de los Pitufos, que da nombre a este síndrome, la Pitufina es la única mujer pitufo. Es creada por el malvado Gargamel con el objetivo de sembrar el caos en la aldea y acabar con los pitufos, a los que odia. La pitufina no es, por tanto, una pitufa de verdad, y le pide al sabio de la aldea que la convierta. Papá Pitufo le echa un sortilegio y presenta ante toda la aldea, palabras textuales, a una pitufina nueva y mejorada. Esto se traduce, en resumidas cuentas, en que ha dejado de ser una chica morena de pelo corto con zapatos planos para pasar a ser una rubia de pelo largo con tacones.

El antes y el después de Pitufina. Vía Fanpop.

El antes y el después de Pitufina. Vía Fanpop.

Por supuesto, estas series o películas no pasan el Test de Bechdel. Pero, además, el hecho de que haya una única mujer limita las representaciones de las mujeres en los medios de comunicación y hace que sigan reproduciéndose los roles que tanto daño hacen. La presencia de varios hombres hace que puedan recrearse diferentes personajes que, aunque siguen estando estereotipados, al menos generan sensación de diversidad. Sin embargo, la mujer es eso: la mujer, como si todas fuéramos iguales. Suele ser un personaje, además, sexualizado para el disfrute del resto de personajes… y de los espectadores. Uno de los ejemplos del Síndrome Pitufina que podemos mencionar es la serie The Big Bang Theory, fundamentalmente en sus primeras temporadas. Penny, la nueva vecina, ha llegado a la ciudad para perseguir su sueño: ser actriz. Sus vecinos, y los amigos de estos, son científicos. Los estereotipos están servidos.

The Big Bang Theory. Vía Televisa.

The Big Bang Theory. Vía Televisa.

¿Conoces alguna herramienta más para analizar el machismo en el cine y la televisión? ¡Cuéntanoslo!

Fundación de Cicely. Feminismo y futuro

Si me dieran a elegir una serie para llevarme a una isla desierta no tendría duda en mi elección. Han pasado 20 años desde el final de su emisión y, sin embargo, Doctor en Alaska (Northern Exposure 1990-1995) sigue siendo el equivalente de Los Simpsons en serie no animada. No hay situación cotidiana o duda existencial que no tenga reflejo en alguno de sus capítulos, y la cantidad de secuencias memorables a las que se puede recurrir para mostrarlo es considerable. Durante seis temporadas esta serie creada por Joshua Brand y John Falsey narra las peripecias de Joel Fleischman (Rob Morrow), un joven doctor neoyorkino, algo neurótico y escéptico, que se ve obligado a ejercer como médico general en Cicely, un remoto pueblo de Alaska. Cicely empieza siendo un entorno que produce un fuerte rechazo en él, una especie de reducto salvaje que no encaja en sus parámetros de urbanita. Pero pronto sus habitantes y la forma de vida de ese extraño pueblo van afectando a la perspectiva vital del doctor y a la de los espectadores.

doctor en alaska dr fleischmanCicely es ese sitio en el que el locutor de la radio local, un exconvicto aficionado a la filosofía, hace instalaciones artísticas y oficia las bodas y entierros sin ser cura. Donde una joven de familia adinerada prefiere pilotar aviones a responder a las expectativas de su familia. Donde una reina de la belleza de 18 años decide casarse con un antiguo cazador 40 años mayor que ella que reniega de la crueldad de sus antecesores. Donde la dueña de la tienda es una anciana temperamental que dejó atrás a su familia para empezar de nuevo una vida independiente. Donde conviven un joven introvertido y afable con vocación de cineasta, un astronauta retirado con ínfulas de magnate, una india de carácter tranquilo pero de voluntad irredimible y toda una serie de personajes peculiares y a la vez comunes, gente que podría ser rechazada o simplemente ignorada por los convencionalismos sociales dominantes pero que encuentran en ese rincón de Alaska un espacio en el que vivir en paz y ser valorados.

doctor en alaska cicely

Y poco a poco Cicely se convierte en un sitio en el querrías estar. Un lugar donde las dificultades se superan con humor y tolerancia, donde todos se conocen y siempre hay alguien que entiende tu rareza. Lo que concierne al pueblo se plantea y vota en asamblea y no como una reivindicación extraordinaria, sino como un acto cotidiano. En Cicely aprendes a vivir con razonamiento, con intuición, con diálogos entre personas muy diferentes, con reflexiones individuales y colectivas, con experiencias estéticas, con los vínculos con la naturaleza. Las situaciones a veces son surrealistas o contradictorias, los personajes cambian. Pero paradójicamente todo ello consolida el realismo de la serie. Aunque parezca un universo un tanto mágico y especial, no es un cuento irreverente, te está hablando de algo que está ahí, en todas partes, latente en distintas grados. El mundo no tiene ese pulcro orden de los anuncios, de los sistemas, capitalista, comunista, da igual. Hay un crisol de circunstancias y de necesidades humanas que no caben en ellos, que son cubiertas por colectivos reales que han sido invisibilizados en los libros de historia y que rara vez aparecen en los medios. Y detrás de eso está el sufrimiento de la gente, un imaginario colectivo secuestrado, personas que son discriminadas, maltratadas, esclavizadas, limitadas, denigradas, asesinadas por la desigualdad, el machismo, la xenofobia, la homofobia. Y los cánones de perfección social, de aquello que se impone como ideal a lograr, no son más que otro instrumento del patriarcado para tenerte sometido a miedos e insatisfacciones que bloqueen tu capacidad de autonomía, que impidan que veas el poder que te da el amor en todas sus modalidades, no sólo la romántica patriarcal.

Coges la carretera y te diriges al norte, sin destino fijo […], y justo cuando crees que has perdido contacto con todo lo real, te encuentras con Cicely, Alaska.

Doctor en Alaska se fundamenta en la diversidad de relaciones: heteronormativas, intergeneracionales, interculturales; pero es la relación entre dos mujeres la que da origen al pueblo. En uno de sus capítulos se relata la historia de Cicely y Roslyn, dos mujeres muy diferentes que deciden fomentar la cultura en esa comunidad a la que llegan y promover una visión mucho más abierta de la convivencia que permita que todos se sientan aceptados y contribuyan al enriquecimiento común. Pero estas pioneras del feminismo y del poliamor se enfrentan al poder establecido y acaban sufriendo las consecuencias. Sin embargo, su ejemplo marca tan profundamente a esa localidad que sus habitantes deciden recordarlas llamando Cicely a la ciudad y Roslyn al café del pueblo. Y no sólo eso. Cicely mantiene el respeto por la pluralidad, por el valor de las ideas y por la comprensión del amor desarrollado en la comunidad, la tribu, la familia, la amistad, la individualidad o  la simple y valiosa empatía entre congéneres. Por aquel entonces no era consciente de que aquella serie tan diferente a las demás hablaba también del feminismo, pero el tiempo la ha colocado en su lugar convirtiéndola en un referente fundamental.

roslyn cicely doctor en alaska

Cicely y Roslyn, fundadoras de Cicely

El feminismo no va de odiar a los hombres, es evidente, y sin embargo siempre tienes que aclararlo y casi pedir disculpas. No es la consecución de la igualdad con ellos en este régimen injusto. No, el feminismo es la cultura de los cuidados, del desarrollo de toda la potencialidad constructiva del ser humano, de la sostenibilidad, de la libertad, la integración y la tolerancia. El feminismo son muchos feminismos y tampoco es la panacea que todo lo salvará, pero se instrumentaliza en la crítica y crece y no se muere en la autoindulgecia. El feminismo sirve, no crea siervos. El feminismo es que la gente no deje de ser feliz por una etiqueta de género. No es cosa de mujeres, ni de hombres, es cosa de todos. Pero si lo proclama una mujer escúchala, oye sus palabras y no le reclames que haya hecho suyo ese discurso porque es el discurso de aquellos a los que no han dejado hablar y a las mujeres las han silenciado mucho tiempo. Luego si crees en ello defiéndelo, compártelo, pero no le cambies el nombre o lo digas con la boca pequeña y un pero detrás porque entonces le estás robando todo su sentido.Si consideras que llamarlo feminismo es una manera de limitar esa lucha a un colectivo es que no has entendido que el feminismo es la no limitación de la lucha a un colectivo.

También puedes encontrarte con quienes lo consideran innecesario porque ya vivimos en la igualdad redactada en las leyes y declaraciones de derechos, esas que son quebrantadas por estados y ciudadanos, o quienes argumentan que insistir en el discurso feminista puede ser contraproducente por saturación. Si ya sabemos que hombres y mujeres no tienen las mismas oportunidades, no hace falta cacarear a todas horas datos que lo corroboren, analizar todo a través de las gafas violetas o pretender  que lo establecido cambie de la noche a la mañana. Pues resulta que sí que hace falta, hay que visibilizar hasta la saciedad, porque el cambio necesitará muchas noches y muchas mañanas para hacerse real. No basta con la aprobación de cuotas de participación en los organismos de poder o con avances puntuales de cara a la galería. Crear una nueva conciencia de lo establecido, de lo aceptable, una nueva forma de vivir, sólo puede consolidarse mediante el debate constante en todos los ámbitos, porque es la única forma de normalizarlo, de la misma manera que la violencia, la explotación y la miseria se han normalizado en este mundo globalizado a base repetir patrones en toda forma de comunicación posible.

feminismo

Cicely y Roslyn lo entendieron y el espíritu de lo que defendían cambió a una pequeña ciudad ficticia. Así que si ves que hay razón para que las cosas no sean como son haz tu parte y cuestiona lo que quieras. Háblalo, modifica tu lenguaje, exprésate en formas nuevas si las viejas se te quedan cortas, asóciate, comparte, reflexiona, movilízate en la calle, en casa, donde sea. Apoya con medios, con discurso, con difusión, apoya dejando pasar. Comparte vídeos, escribe en blogs polifónicos sobre grandes cosas, sobre pequeñas cosas. O simplemente escucha y observa. Suma tu historia a otras historias y haz manada, comunidad. Hazlo día a día, en tu entorno o con desconocidos. Cada gesto de cada individuo puede hacer brotar una idea en otro, una perspectiva diferente. Y así funciona, uno a uno. Cuando veía Doctor en Alaska de adolescente quería que Cicely existiera, que fuera real. Hoy, todos esos gestos y mensajes de otras personas que defienden el feminismo me muestran que puede serlo, y que esa isla a la que me llevaría la única serie que me cambió la vida ya no está desierta.

«I am no man» – la mujer en el mundo de Tolkien

En el post anterior sobre el «Amor y Tolkien», me quedé con varios temas en el tintero, no sobre la idea del Amor en la obra del escritor británico, sino sobre la visión de la mujer en el mundo de la Tierra Media, ya no solo en El Señor de los Anillos ni El Hobbit, sino en la totalidad de la obra de Tolkien. (Un post, la verdad sea dicha, no daba para tanto…) Aunque esté de más, recordar a todo aquel que haya decidido dedicar algo de su tiempo a leer este humilde post, que no me considero una experta en Tolkien, sino una admiradora, y que espero no ofender a nadie y sé que mi visión no hace justicia a la genialidad de J.R.R. [Gracias por leerme. 🙂 ]

Una de los comentarios que más he oído sobre la obra de Tolkien es que de ella se desprende una visión machista del mundo. La mayoría – por no decir el 90% aproximadamente – de los protagonistas son masculinos, y teniendo en cuenta que ya hay una raza en la que predomina precisamente los varones (los Enanos) es lógico que en una primera lectura extraigamos una visión machista del mundo que nos regaló Tolkien. Yo he sido la primera que extraje una lectura de este tipo.

Sin embargo, y aunque no cabe duda que el sexo masculino tiene predominancia en la obra del Profesor, tras varias lecturas de la obra, ya en las adaptaciones cinematográficas como en los escritos de Tolkien, creo que realmente «machista» no sería la palabra para definir la visión de la mujer del J.R.R. Reflexionando mucho, tengo la sensación de que en la obra de Tolkien las mujeres aparecen algo distantes de la acción principal por la misma razón que en la obra de Jane Austen jamás leemos una conversación entre hombres: ambos autores vivieron en un mundo en el que se relacionaban predominantemente con los de su sexo. Tal como Austen reveló, nunca había escrito una escena en la que estuvieran a solas dos hombres porque como no conocía de qué hablaban en privado, no se sentía capaz de ello. Creo que en la obra de Tolkien se puede desprender también esa idea: lo cierto es que no recuerdo ninguna escena en la obra de Tolkien protagonizada por un grupo de mujeres. (Por favor, siéntase libres de corregirme) En la obra de J.R.R. Tolkien se destila, en mi visión, y según he podido leer a ciertos expertos, una visión idealizada de la mujer, unos «seres» «deseados»,»anhelados» y admirados por los protagonistas masculinos. Pero eso no significa que la visión de Tolkien sea una visión machista ni mucho menos, puesto que la mujer nunca está «por debajo del hombre», sino que se encuentra, precisamente, en un pedestal, y además… en la obra de Tolkien encontramos varios ejemplos de mujeres poderosas.

Evitaré en este post hablar de Arwen, Lúthien o Rosita (la hobbit que se convierte en la esposa de Sam), porque aunque no niego que tengan su importancia en la Tierra Media y demostrar una gran personalidad, más allá de ser personajes que reafirman la imagen de la mujer «anhelada» y «soñada» por el protagonista masculino, no representan el poder que Tolkien quiso dar a las mujeres.

 

Los dos mayores ejemplos de empoderamiento femenino que podemos encontrar en la obra de Tolkien, a parte de las deidades que conocemos en «El Silmarilion» (Varda,Yávanna, Estë… ) son Galadriel y Éowyn. Es curioso cómo en un mundo en el que la acción es dirigida principalmente por los varones, sean precisamente dos personajes femeninos los que demuestren determinado poder que los varones no son capaces de alcanzar y que suponen todo un hito para la trama.  

Galadriel no solo es guardiana de uno de los tres anillos de poder que fueron dados a los Elfos, sino que además, cuenta con el Espejo, con la Luz de Eärendil (capaz de iluminar, recordemos, los lugares más oscuros), el don de la videncia y es la destructora (como podemos leer en los apéndices) de Dol Guldur. Una elfa mediocre, vamos. 🙂

 

Pero mención a parte merece el personaje de Éowyn. Éowyn no solo es una mujer regia, luchadora, que decide combatir en batalla junto con sus homólogos masculinos… sino que además, Tolkien le concede a este personaje un gran honor solo por ser mujer: ser la único humano capaz de acabar con el Rey Brujo, aquel del que se profetizó que «nunca acabará por la mano de ningún hombre«. ¿Cabría pensar mayor proeza para cualquier personaje que acabar con uno de los principales villanos de la Tierra Media? Y Tolkien se lo dio precisamente a una mujer. 

¿El relato sobre la Tierra Media, escrito desde una perspectiva masculina? Sí. ¿Machista? Me parece que va a ser que no. 🙂

«-  Impedírmelo! ¿A mí? Estás loco. ¡Ningún hombre puede impedirme nada!

        – ¡Es que no soy ningún hombre viviente! Lo que tus ojos ven es una mujer (…) «


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