Los Nobel no son para mujeres

Hace unos días leíamos el siguiente tweet referente a los premios Nobel de este año:

Cualquiera habría pensado que la cosa quedaría ahí, en la denuncia de un hecho incuestionable: las mujeres vienen recibiendo, históricamente, muchos menos premios Nobel que los hombres. Algo así como media mujer por cada 10 hombres.

Mujeres y hombres premiados con el Nobel

Mujeres y hombres premiados con el Nobel vía Sin Embargo

Pero la cosa, por supuesto, no quedó ahí: Twitter se incendió con las respuestas al mencionado tweet, con comentarios a cada cual más desagradable. Que es una paranoia pensar que dan los Nobel en función de tu sexo, que si es que hay que dar los premios a quienes no se los merecen sólo por mantener la equidad y no por la calidad de su trabajo, que a ver, qué mujeres se merecían más el premio que los propios premiados

Aunque no lo creáis, vivimos en un sistema que, históricamente, se ha encargado de invisibilizar a las mujeres y sí, este sistema tiene preferencia por premiar a los hombres. Por premiar, siendo más exacta, a quienes se ajustan a la normatividad, discriminando a quienes no lo hacen. Esto incluye «publicitar» para bien las figuras de hombres más que las de mujeres. Por eso no eres capaz de mencionar 10 mujeres deportistas, 10 mujeres artistas y 10 mujeres científicas de carrerilla, pero sí eres capaz de hacerlo con hombres. Y por eso es tan importante rescatar referentes históricos femeninos. Porque haberlos, haylos.

No eres capaz de mencionar 10 mujeres deportistas, 10 artistas y 10 científicas de carrerilla. Compartir en X

Las cosas han cambiado en cierta medida en los últimos años: ya no queda tan bien decir abiertamente que las mujeres somos tontas o estamos locas así, en general. Por eso el gráfico ha variado un poco y, en los últimos 34 años, 30 mujeres han recibido el Nobel, mientras que en 79 años lo recibieron 19 mujeres. Pero la brecha sigue siendo intolerable.

Evolución del número de mujeres premiadas a lo largo de la historia vía Fortune

Evolución del número de mujeres premiadas a lo largo de la historia vía Fortune

Y es que, cuando denunciamos que no se conceden premios Nobel a mujeres, precisamente lo que decimos es que hay una estructura en forma de embudo que hace que, en España, en muchos ámbitos haya más mujeres licenciadas, pero sólo un 40% de profesoras, un 20% de catedráticas y una rectora. Está claro que históricamente ha habido un mayor acceso a la educación por parte de hombres (porque se nos ha discriminado, no por otra cosa), y eso lo seguimos arrastrando. Pero en el hecho de que haya pocas mujeres en altos cargos, premiadas o simplemente reconocidas influyen muchas otras dinámicas que tienen que ver no con nuestras capacidades biológicas sino con una socialización profundamente desigual.

A las mujeres nos enseñan a callar y nos llaman histéricas cuando replicamos; no nos enseñan a tener capacidad de negociación, a reclamar lo que nos corresponde o a «echarle morro» como a nuestros compañeros varones, por lo que muchas no conseguimos un ascenso o un aumento de sueldo; si tratamos de exponer nuestro punto de vista o destacamos, somos unas «marimacho» o unas «mandonas». Y, sin duda, se nos sigue invisibilizando sobremanera en áreas en las que valemos tanto o más que los hombres. Recuerdo un taller sobre feminismos donde todos los ponentes eran hombres. ¿De verdad no había ninguna mujer que pudiera hablar sobre el tema?

Cuando denunciamos que no hay mujeres que reciban el premio Nobel estamos denunciando este embudo y todas las dinámicas que subyacen. Las cosas están cambiando, sí, pero muy lentamente, y por eso es necesario seguir reivindicando una mayor igualdad y reconocimiento de las mujeres. No se trata de dar el premio a quien «no lo merezca» (de esto podríamos hablar también, pero es otro tema…). Se trata de poner de relieve que hay muchas mujeres que merecen o han merecido el Nobel y son o han sido invisibilizadas. Se trata de remarcar que muchas de las mujeres que llegan lejos lo han tenido mucho más difícil que los hombres que llegan a ese mismo punto.

Porque también se trata de remarcar que muchas mujeres no llegarán a conseguir el Nobel porque se quedarán por el camino. Dejarán sus carreras de lado por tener que volcarse en los cuidados (tareas que recaen de manera abrumadoramente mayoritaria en las mujeres y siguen sin valorarse) o serán menospreciadas por su género. Tendrán más dificultades para recibir financiación, para publicar, o simplemente serán desalentadas en su día a día. Oirán desde pequeñas que la ciencia no es para chicas, sus compañeros de laboratorio se reirán de ellas, harán «chistes inocentes«. Y al final se quedarán en alguno de los escalones de su carrera. Por cualquiera de estas razones y probablemente por muchas más.

En resumen: con todos esos comentarios machistas, con la negación de un sistema que penaliza a las mujeres (el patriarcado), estáis celebrando una estructura que impide que muchas mujeres lleguen a ser premios Nobel. Estáis matando a las futuras premio Nobel.

Virginia Woolf

El pasado 28 de marzo se cumplieron 75 años desde la muerte de Virginia Woolf. Sus textos, sin embargo, son imperecederos. Aunque no cabe duda de que hemos avanzado mucho en las últimas décadas, tampoco cabe duda de que queda mucho por hacer. Y es, por ejemplo, cuando leemos relatos escritos hace tanto tiempo, cuando nos damos cuenta.

Adeline Virginia Stephen (más conocida como Virginia Woolf) denunciaba en 1929 el hecho de que las mujeres no podían disponer en muchos casos una habitación propia, imprescindible para escribir. No tenían independencia económica. Y tampoco eran, en definitiva, valoradas igual que los hombres, como no lo eran sus escritos.

Virginia Woolf vía Deviantart

Virginia Woolf vía Deviantart

Woolf escribía:

Me aventuraría a decir que Anon, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer. (p.37)

Nunca lo sabremos. Pero sí sabemos que, a día de hoy, el trabajo de las mujeres no se reconoce -ni salarialmente ni a nivel valorativo- en la misma medida que el de los hombres. Sabemos que solo unas pocas mujeres ocupan altos cargos. Que el techo de cristal es una realidad muy visible. No habría sido extraño que muchas mujeres, sabedoras del rechazo que generaría hacia su libro ver su nombre de mujer en la portada, decidieran sacar a la luz de forma anónima su obra. De hecho es algo que seguimos viviendo: J. K. Rowling escondió su nombre tras sus iniciales cuando sacó Harry Potter por recomendación de sus editores.

Ser mujer no está de moda. Y menos aún decir esto, decir que el feminismo sigue siendo enormemente necesario. Que hay que continuar la labor de denuncia de Virginia y de tantas otras mujeres a lo largo de la historia. Mujeres cuya lucha ha permitido que hoy podamos expresarnos políticamente, abortar o no hacerlo según sea nuestra voluntad o tener nuestra propia habitación, nuestros propios ingresos nuestros textos publicados con nuestro nombre en la portada.

La historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es más interesante quizá que el relato de la emancipación misma. (p.41)

Hace unos días, uno de mis artículos recibía un comentario de un chico que decía haberse sentido excluido al ver la última película de Star Wars: el despertar de la fuerza. Para él, los personajes masculinos de la entrega eran «planos» y creía estar viendo «una película de Barbie». Déjame contestarte desde aquí y decirte que nosotras tenemos que soportar película tras película ser «la» mujer de la película. La única. Frente a los variados personajes «planos» que aparecen en Star Wars-Barbie, las mujeres somos representadas a menudo en la ficción como una única mujer que, por supuesto, no puede condensar la enorme diversidad del género femenino y acaba siendo, por tanto, un personaje enormemente estereotipado, en lo que se conoce como «El principio de la Pitufina«. Déjame pedirte un esfuerzo de empatía, porque si tú te sientes excluido viendo una película, imagínate cómo nos sentiremos nosotras viendo tantas otras. O caminando por la calle. O en una discoteca. O incluso en nuestro trabajo, nuestra asamblea o nuestra casa. Permíteme decirte que, si el feminismo de Star Wars te ofende, más nos ofende a nosotras que te ofenda. El feminismo no es ofensivo. Las mujeres empoderadas no son ofensivas. El machismo es ofensivo. Y mata.

Woolf hablaba de «hombres sin más calificación aparente que la de no ser mujeres». Esos que parece que saben más y tienen mucho más que decir que tú, mujer, por el hecho de ser leídos como hombres. Y quedan muchos.

Por esto, hoy, quiero reivindicar, como hizo Virginia, el feminismo:

Porque aquí nos acercamos de nuevo a este interesante y oscuro complejo masculino que ha tenido tanta influencia sobre el movimiento feminista; este deseo profundamente arraigado en el hombre no tanto de que ella sea inferior, sino más bien de ser él superior […]. (p.73)

Porque cada vez que rechazas el feminismo y dices que «lo importante son las personas» o que «debería llamarse igualitarismo» estás rechazando y dando la espalda a un movimiento que reivindica eso. Precisamente, lo importante son las personas, así que ¿por qué tanto rechazo? ¿Porque «te sientes excluido»? Las mujeres estamos verdaderamente excluidas (como lo están otros colectivos como las personas migrantes, las trans, las homosexuales, etc.) así que intenta mirar dentro de ti y pregúntate si nosotras queremos excluirte o lo que temes es perder tus privilegios.

Puedes leer Una habitación propia aquí.

Alejandro Sanz no canta al amor sano

Hace años (muchos años) cantaba yo en las fiestas del pueblo de al lado eso de Quién me va curar el corazón partío.

¿Para qué me curaste cuando estaba herío / si hoy me dejas de nuevo el corazón partío?
¿Quién me tapara esta noche si hace frío? ¿Quién me va a curar el corazón partío?

A la canción no le falta nada: Mujer, cuídame, que es tu trabajo. Mujer, sé mi media naranja, perpetuemos juntos el mito. Y es que Alejandro Sanz no encarna, precisamente, el ideal de relación sana. Podría seguir con ejemplos, pero mejor poneos un disco suyo y valorad.

A mí me encantaba la música de Alejandro Sanz. Después descubrí el feminismo. Y digo Alejandro Sanz como puedo poner miles de ejemplos más de la música pop, porque sí, porque la música pop está llena de letras podridas. Nos gusta quejarnos del reguetón porque somos blancas, occidentales, de clase media. Nos gusta quejarnos del reguetón porque somos racistas y clasistas. Y sí, el reguetón está plagado de letras horribles, pero el pop refleja y reproduce también modelos de relación dañinos y parece que eso se nos olvida. Las letras del pop nos hacen pensar que sufrir por amor está bien, que controlar por amor es signo de que la otra persona nos importa, que los celos son la máxima expresión del romance. Y puede parecer amor, pero no lo es.

Hablo de Alejandro Sanz porque hace unos días salía la noticia de que había interrumpido uno de sus conciertos para echar a un hombre que estaba agrediendo a una mujer. ¡¡Paren las rotativas!! Por supuesto, cualquier persona debería intervenir ante una situación así. Más aún si eres hombre, estás dando un concierto y tienes a 10 personas de seguridad a tu lado. Lo que realmente habría sido noticia es:

Alejandro Sanz presencia una agresión machista en uno de sus conciertos y no hace absolutamente nada. 

Lo otro es, simple y llanamente, no ser cómplice.

El cantante, al volver al micrófono, parece ser que dijo: Bueno, les pido disculpas por el episodio de antes, porque yo no concibo que nadie toque a nadie, me da igual, y menos a una mujer. ¿Por qué dice Alejandro «menos a una mujer»? Porque cree que, a las mujeres, los hombres tienen que cuidarnos y protegernos. Y eso también es machismo. Igual que son machistas las letras de sus canciones. Está muy bien que los hombres ayuden a las mujeres cuando las están agrediendo pero, por favor, no lo convirtamos en una heroicidad. Y menos cuando esa misma persona dice en sus letras cosas que están en la base de la violencia:

¿A que no me dejas?
¿A que hago que recuerdes y que aprendas a olvidar?
¿A que hago que se caigan las murallas de tu pena?
¿A que te beso y te entregas, sin ni siquiera te des cuenta ?

¿Sólo a mí me suena esto a violencia de género?

Violencia de género

Violencia de género vía Amnistía Internacional

Los celos, el control, las amenazas, forzar a alguien a hacer algo… todo eso es también violencia. No solo pegar a alguien. Son violencias que tenemos más interiorizadas, asociadas a cosas como el amor, lo cual hace que seamos menos capaces de identificarlas como algo negativo. Las letras de Alejandro Sanz llegan a millones de personas de todo el mundo. Por eso tiene la posibilidad, y la responsabilidad, de transmitir modelos saludables de amor.

 

Star Wars: el feminismo contraataca

Ya hemos hablado en alguna ocasión de la importancia que tienen la música, el cine o el arte como transmisores de valores. Especialmente si se trata de una saga tan influyente como Star Wars. La nueva película, Star Wars: el despertar de la fuerza está dando mucho que hablar en lo que respecta al feminismo… para bien o para mal. 
[Aviso: contiene spoilers].
Para empezar, la película pasa el Test de Bechdel —dos mujeres con nombre, que dialogan entre ellas, hablan de un tema que no sea un hombre— cuando Rey y Maz se encuentran y hablan sobre la fuerza.  De hecho, la película no es la única de la saga que pasa el test.

 

Pero esto no es, sin duda, suficiente. Sobre todo si tenemos en cuenta el trato que se ha dado a los personajes femeninos, como Padmé y Leia, en entregas anteriores. Por una parte, Anakin se vuelve malo como consecuencia de los sentimientos que tiene hacia su madre, Shmi, y hacia su pareja, Padmé. Por otra parte, la propia Padmé pasa de ser una importante figura política a quedarse esperando a su marido en casa y, por último, a dejarse morir cuando no puede soportar la deriva que Anakin ha tomado. Leia, que también tiene un papel relevante como líder de la Alianza Rebelde, acaba siendo banalizada en la famosa escena en la que Jabba the Hut la esclaviza y la viste con un bikini dorado. Carrie Fisher, la actriz que la interpreta, ya ha dicho a Daisy Ridley (Rey) que luche contra ese disfraz de esclava. La cuestión es: ¿por qué las mujeres de Star Wars, por fuertes y relevantes que sean en las películas, acaban siendo siempre cosificadas e infravaloradas?
La nueva entrega da un giro a la situación de las mujeres. Habrá que ver si dura. Para empezar, hay más personajes femeninos: mujeres piloto, mujeres stormtrooper… poco a poco se normaliza la presencia de las mujeres. Entre los personajes femeninos, hay varios que tienen o parece que tendrán un papel relevante en la saga: Phasma, la capitana de los stormtroopers, interpretada por Gwendoline Christie (a la que ya hemos visto interpretando el papel de una mujer fuerte, aunque algo estereotipada, en Juego de Tronos); Maz Kanata, interpretada por Lupita Nyong’o, cuyo papel es fundamental para ayudar a Rey a encontrar su camino; o la propia Rey, protagonista indiscutible de la cinta.
Rey no es perfecta; no es una feminista de manual, pero tampoco tiene que serlo. Para mí, lo interesante del personaje es que es creíble: se comporta como muchas feministas nos comportamos en el día a día cuando rechazamos dar dos besos a un cliente y le tendemos la mano, porque a nuestro colega no le daría dos besos; cuando nos molesta que nos abran la puerta a nosotras en un supuesto gesto de cortesía que, sin embargo, no tendrían con un hombre; cuando, como le pasa a Rey, intentan salvarnos (o llevarnos las bolsas de la compra, que pesan mucho), sin que lo hayamos pedido. 

 

En el mundo real, una de las mayores controversias en torno a la película ha sido la ausencia de Rey entre los juguetes de Hasbro. La razón, o más bien la excusa, que han dado, es que incluirla podría suponer spoilers. Mira tú qué detallazo. El error está ya subsanado, pero ahí queda.
La polémica también se desataba, una vez más, alrededor de Carrie Fisher. La actriz ha sido criticada por su aspecto físico, porque se ve que una no puede tener 59 años en paz. La actriz, que es además guionista y escritora, ha respondido a estos comentarios a través de su Twitter.

Queda mucho por hacer desde el feminismo, no sólo en Star Wars, pero es esperanzador que en una superproducción podamos encontrar tantos elementos positivos. Mientras tanto, habrá que seguir luchando. Que la fuerza os acompañe. 

El patriarcado a examen

Los sistemas sociales tienden a reproducirse y perpetuarse. Lo pueden hacer de formas más o menos sutiles, que van desde el empleo de la violencia física hasta la emisión de mensajes más o menos obvios a través de medios de comunicación, formas de arte y cultura, etc. Cuando te están educando desde que naces dentro de una determinada forma de pensar, es más fácil que ciertos mensajes o actitudes te pasen desapercibidas, porque encajan en tu marco de pensamiento (Lakoff) y no rebotan en él. Si, en cambio, provienes de otra cultura o empiezas a cambiar la forma de pensar gracias a lecturas, películas, o acciones externas al sistema social al que perteneces, percibirás ciertos comportamientos que para otros son normales o ciertas ideas te chirriarán.

El patriarcado es un sistema basado (por simplificarlo) en la desigualdad de las mujeres con respecto a los hombres, en la superioridad de estos como colectivo. Como sistema social que es, el patriarcado tiende también a reproducirse y perpetuarse. Por esto es posible que, mientras desde el feminismo se reivindican la erradicación de los piropos, de la apropiación masculina de los espacios públicos o de los comportamientos caballerescos (por ejemplo dejar pasar antes por la puerta a las mujeres, pero no a los hombres) porque son manifestaciones del patriarcado, haya personas que consideren que son cosas nimias y que las feministas exageran.

En este post vamos a ver algunas herramientas para evaluar la manifestación del patriarcado en el cine (Test de Bechdel y Principio de la Pitufina) y la publicidad (Test de Conmutación), formas de hacer visibles elementos machistas que se transmiten una y otra vez a través de las pantallas.

Test de Bechdel

Test de Bechdel. Vía Pictoline.

Test de Bechdel. Vía Pictoline.

El Test de Bechdel consta de 3 preguntas que se han de responder afirmativamente para que la película pase el test:

  1. ¿Aparecen al menos dos mujeres? (Una variante del test pregunta además si las mujeres tienen nombre -¡qué exigentes!)
  2. ¿Hablan entre ellas? 
  3. ¿Sobre un tema que no tenga que ver con hombres? (Da igual si son amantes, padres, profesores…).

Puede que os parezca que el test es poco exigente, pero hay una cantidad sorprendente de películas que no lo pasan. Además, es importante señalar su origen: el test se formuló por primera vez en el cómic «Unas lesbianas de cuidado» y viene a decir que, ya que las mujeres solemos aparecer en las obras de ficción sólo para hablar de hombres, es difícil que se nos represente como lesbianas.

Extracto de "Unas lesbianas de cuidado", de Alison Bechdel.

Extracto de «Unas lesbianas de cuidado», de Alison Bechdel

También hay quien propone variantes o añadidos al test: analizar cuánto tiempo transcurre desde que empieza la película hasta que pasa el test, el número de escenas en que la película pasa el test (¿cuántas veces hablan esas dos mujeres con nombre entre ellas de algo que no sean hombres?)… Pero no debemos quedarnos en el mero recuento de escenas, de personajes y de temas. Aunque sin duda ésta es una herramienta útil y rápida para denunciar la falta de protagonismo de las mujeres en el cine (¡y eso que no es un requisito del Test que las mujeres sean protagonistas!), cabe ir más allá. Puede que, si entramos en un análisis cualitativo, alguna película no pase el test y retrate a mujeres empoderadas o que lo pase y reproduzca, uno tras otro, todos los clichés del patriarcado. No queremos mujeres que hablen entre ellas pero sólo actúen en el papel de madre y esposa o de chica sexy. También cabría preguntarse qué tipo de cine estamos analizando: si esto se cumple en las superproducciones o también en el cine alternativo. 

Bechdel

Prueba Conmutativa

¿Qué pasaría si hiciéramos un anuncio con un hombre con el culo en pompa, medio desnudo y subido en una moto? ¿O comiendo una hamburguesa en actitud sexy? Has acertado: resultaría absurdo. Sin embargo, estas mismas imágenes se reproducen continuamente con mujeres como protagonistas y no son tantas las voces que se alzan en contra. Las mujeres y los hombres tienen asignados socialmente roles diferentes y este desequilibrio se salda con una cosificación mucho mayor de las mujeres.

Llevado al extremo, podemos incluso encontrar un mismo producto vendido de formas muy distintas en su versión para hombres y para mujeres.

Este sencillo ejercicio de conmutación permite sacar a la luz estas situaciones y nos lleva a preguntarnos: Si nos llama la atención, nos disgusta o nos choca ver a hombres en esas situaciones, ¿por qué no nos ocurre lo mismo cuando se trata de mujeres?

Síndrome de la Pitufina

Por último, el Síndrome Pitufina consiste en la presencia, en una serie de televisión o película, de una única mujer en un grupo más o menos grande de hombres. Suele tratarse de una mujer estereotipada (por ejemplo, la rubia tonta). En la serie de los Pitufos, que da nombre a este síndrome, la Pitufina es la única mujer pitufo. Es creada por el malvado Gargamel con el objetivo de sembrar el caos en la aldea y acabar con los pitufos, a los que odia. La pitufina no es, por tanto, una pitufa de verdad, y le pide al sabio de la aldea que la convierta. Papá Pitufo le echa un sortilegio y presenta ante toda la aldea, palabras textuales, a una pitufina nueva y mejorada. Esto se traduce, en resumidas cuentas, en que ha dejado de ser una chica morena de pelo corto con zapatos planos para pasar a ser una rubia de pelo largo con tacones.

El antes y el después de Pitufina. Vía Fanpop.

El antes y el después de Pitufina. Vía Fanpop.

Por supuesto, estas series o películas no pasan el Test de Bechdel. Pero, además, el hecho de que haya una única mujer limita las representaciones de las mujeres en los medios de comunicación y hace que sigan reproduciéndose los roles que tanto daño hacen. La presencia de varios hombres hace que puedan recrearse diferentes personajes que, aunque siguen estando estereotipados, al menos generan sensación de diversidad. Sin embargo, la mujer es eso: la mujer, como si todas fuéramos iguales. Suele ser un personaje, además, sexualizado para el disfrute del resto de personajes… y de los espectadores. Uno de los ejemplos del Síndrome Pitufina que podemos mencionar es la serie The Big Bang Theory, fundamentalmente en sus primeras temporadas. Penny, la nueva vecina, ha llegado a la ciudad para perseguir su sueño: ser actriz. Sus vecinos, y los amigos de estos, son científicos. Los estereotipos están servidos.

The Big Bang Theory. Vía Televisa.

The Big Bang Theory. Vía Televisa.

¿Conoces alguna herramienta más para analizar el machismo en el cine y la televisión? ¡Cuéntanoslo!

Feminismo y militancia

No hay peor machista que el militante machista. Ese que ha leído sobre el tema, ha debatido sobre el tema, incluso puede que haya recriminado a algún compañero un comportamiento machista. No niega que el machismo exista, faltaría más. Pero él no es machista. Él lo tiene superado, porque ha reflexionado sobre el tema y se ha deshecho de ese tipo de actitudes y comportamientos.

La triste realidad de los espacios militantes (estoy pensando fundamentalmente en espacios comunistas y anarquistas) es que, mientras otras temáticas han sido largamente discutidas (lucha de clases, poder…) el feminismo ha quedado relegado a un segundo plano. Quizá porque estos espacios han estado tradicionalmente nutridos por hombres de forma mayoritaria y/o por ser considerada una lucha “de segunda”. No quiero decir, por ejemplo, que no existan actitudes reproductoras del sistema en otros aspectos, sino que éstas son (siempre desde mis vivencias) más minoritarias.

(Vía Pinterest)

(Vía Pinterest)

He hablado con compañeros de militancia sobre la importancia que tiene que charlen con sus amigos no politizados (y politizados) sobre feminismo, o que les señalen comportamientos machistas: “A vosotros os escucharán.”; y se han mostrado sorprendidos y dispuestos. No se trata sólo de que no nos agredáis, se trata de que sintáis esta lucha como una lucha de primer orden, que la sintáis vuestra y os declaréis feministas y actuéis como tales.

Sea como fuere, los hombres militantes interrumpen a sus compañeras en las asambleas. Los hombres violan a sus compañeras. Sí, nos violan. Los espacios militantes, que deberían ser espacios seguros por definición, no lo son. Son espacios donde se reproducen las mismas dinámicas que en otros lugares sociales. Es normal, queda mucho camino por recorrer y hemos sido socializados en esa basura patriarcal. Pero no es aceptable. Los espacios militantes, que deberían ser espacios seguros por definición, no lo son. Compartir en X

Imagen vía PikaraMagazine

Imagen vía PikaraMagazine

Cuando una mujer te señale una actitud machista, por favor no la cuestiones: créela. No es una feminazi. No es una loca del coño. No es hembrista. Es una compañera de militancia, es una amiga o una compañera de trabajo, o tu pareja, tu hermana, tu madre. Es una mujer. Es bastante probable que sepa de lo que hable.

Sí, nos violan. Por favor, la próxima vez que una mujer te señale la importancia de los espacios feministas no mixtos*, no la cuestiones. No lo conviertas en una conversación sobre ti. La reivindicación de espacios de este tipo responde al hecho de que, incluso en círculos militantes, se producen agresiones. Es necesario para nosotras crear espacios seguros, de cuidados y autodefensa, de afirmación de nosotras (porque una y otra vez se nos niega). Espacios en los empoderarnos, en los que sentirnos libres y no coaccionadas.

No quiere decir que todos los hombres seáis malos, agresores, violadores. Quiere decir que tenemos que organizarnos y a veces no queremos vuestra opinión. Trabajaremos con vosotros en otros espacios. No os excluimos de la lucha: sabemos que sin vosotros, sin la formación de los hombres en el feminismo, nunca acabaremos con el patriarcado. Pero también necesitamos esos otros espacios. Quizás sea difícil de entender, pero nos gustaría que nos respetarais y nos apoyarais en esto.

Nos vemos en las calles, en las plazas y en las asambleas.

*Los espacios feministas no-mixtos son, simplificando, espacios en los que sólo pueden participar mujeres y géneros no-normativos.

Perdóname por ser varón heterosexual

Hablé en otro post de la inquietante ola de odio al feminismo que asola nuestra sociedad y que es firmemente sostenida por una mayoría de hombres y alguna mujer despistada. Quiero hablaros hoy de los argumentos que suelen salir en las conversaciones en que una feminista se encuentra con un hater. Probablemente os suenen porque, todo sea dicho, además de poco convincentes son bastante poco originales.

Llamarte feminazi o hembrista: Entiéndelo, tienen que intentarlo. Con estos términos te desacreditan como interlocutora y niegan tu autoridad para debatir sobre el tema. Al fin y al cabo, no eres más que una radical con la que no se puede razonar. Pero adivina qué: ni el feminazismo ni el hembrismo existen. Ni en la RAE ni en la vida real. Que sí, que habrá alguna persona en el universo que quiera darle la vuelta a la tortilla y someter a los hombres o agarrar un cuchillo y…el resto os lo podéis imaginar. Pero ni se trata de una mayoría sustancial, ni conforman un movimiento real, ni pertenecemos a él todas las personas que nos identificamos con los feminismos.

El feminazismo y el hembrismo existen en tanto que amenaza imaginada por los hombres, que temen que años de sometimiento de las mujeres por parte del colectivo masculino acabe en una rebelión de éstas contra ellos. Es decir, existe en tanto que paranoia. Creednos, tenemos cosas más importantes que hacer. Queremos poder vivir nuestra vida plenamente y sin miedo. Con muchos de vosotros a nuestro lado, si es lo que decidimos. Y lo que es más, nuestra lucha va a liberaros a vosotros de la imposición de roles e identidades que también os perjudican. Si nosotras podemos librarnos de nuestros miedos, vosotros también.

El argumento del “flaco favor le haces al feminismo”: sabemos que históricamente habéis llevado la voz cantante en política, historia, filosofía, arte, sociología más recientemente, y un largo etcétera. Nuestra incorporación a la educación y los movimientos sociopolíticos puede ser reciente, pero es firme. Lo de que a los hombres se les asocie la inteligencia y a las mujeres la belleza está superado. No creáis que nos podéis dar lecciones también en esto. No sabéis lo que es bueno para el feminismo mejor que nosotras (al menos, no por definición). La mayor parte de las veces que he oído este argumento hacía referencia a algún chiste o slogan tipo “machete al machote” o “ante la duda, tú la viuda” que había sido sacado de quicio, de contexto o exagerado. En cualquier caso, si ante la extensión y buenas prácticas del feminismo tu único recurso es atacar un meme, vamos bien.

Imagen de Memes Feministas

Imagen de Memes Feministas

El argumento de “perdóname por ser varón heterosexual” o argumento “pasivo-agresivo”: pues mira, no, no te perdono. No puedes elegir con qué privilegios naces, pero sí de qué privilegios detentas…y ostentas. Cuando dices algo así estás mostrando que no crees que tengas un privilegio por haber nacido hombre, cuando sí lo tienes. Si, por el contrario, lo reconoces y haces algo por cambiarlo, entonces no se te puede reprochar nada porque, efectivamente, uno no elige cómo nace. Reconocer tus propias cadenas es lo que te permite acabar con ellas.El argumento de “imagínate eso al revés”: podemos volver al ejemplo anterior del “ante la duda, tú la viuda”. –Es que imagínate que eso lo dijéramos de las mujeres. A ver cómo te lo explico…Es que eso YA pasa. Nos asesinan diariamente, nos violan, nos vejan, nos insultan, nos lanzan “piropos”…No necesitamos imaginar estúpidos memes porque es nuestra realidad diaria.

El argumento del “yo no soy machista”: puede no parecer un argumento de tipo odio-al-feminismo, pero lo es en un sentido muy radical, porque da a entender que el feminismo no es tan importante como parece, ya que “la gente normal” como él no es machista. Sería, por tanto, cosa de otros, de un grupo reducido y a-normal. Exime, además, de responsabilidad a quien esgrime este argumento. La triste realidad es que el machismo está extendido y normalizado hasta tal punto que todo el mundo tiene interiorizados conductas y actitudes machistas y el machismo penetra todas las esferas de la vida.

Imagen de Memes Feministas

Imagen de Memes Feministas

Si te topas con alguno de estos argumentos…suerte. Quienes se escudan tras ellos no suelen estar dispuestos a debatir, escuchar ni tratar de entender. Pero, en fin, que no se diga que no lo intentaste.El argumento del “pero también los hombres son asesinados”: nadie lo niega. Y, aunque podría enfatizar que las mujeres asesinadas son muchísimas más, me parece que la cuestión cuantitativa es secundaria con respecto a otra: creo que esos casos (haciendo referencia a los que son perpetrados por mujeres y no en defensa propia) son también consecuencia del sistema machista y patriarcal en el que nos hallamos inmersos, esta vez en sentido contrario.

Nota: Podéis leer más sobre el tema en Falacias ‘ab machismum’ volumen I y volumen II, de Barbijaputa.

El odio al feminismo

Me recuerdo, no sin vergüenza y hasta un poquito de grima, diciendo hace unos años que el feminismo me parecía una lucha muy legítima e importante, pero que no me identificaba con esa etiqueta. Hoy digo abiertamente y con orgullo que sí, que por supuesto, que soy FEMINISTA. Subrayo lo del orgullo porque este movimiento está siendo frankensteinizado, y ser feminista parece querer decir ser una suerte de monstruo que quiere cortar el pene a todos los hombres, robarles sus derechos y someterles.

En este texto, quiero tratar de buscar las razones para este odio al feminismo; me resulta llamativo, porque creo que muy poca gente sería capaz de decir abiertamente que no está de acuerdo con los valores que el feminismo defiende (aunque siempre hay alguien dispuesto a decir que ya hemos alcanzado la igualdad) y sin embargo hay mucha gente que dedica tiempo a criticar el feminismo. No es que no se impliquen en el movimiento feminista, no: es que emplean horas de su tiempo en atacarlo. ¿Por qué este odio? ¿Por qué este esfuerzo en criticar un movimiento que busca acabar con el machismo, con los ataques e injusticias hacia la mujer, con la violencia y los asesinatos o con la imposición de roles dañinos? ¿Por qué, en definitiva, ese odio a una palabra?

Creo encontrar pistas para responder en Una habitación propia. La obra me trajo esa sensación de déjà vu típica de los escritos de hace décadas que están hoy de rabiosa actualidad. Siendo sincera con una misma, la sorpresa viene más por ese optimismo militante de no poder creer que haya tantos paralelismos entre la sociedad descrita en un libro de hace casi 100 años (1929) y las actuales que porque realmente haya algo de lo que sorprenderse. Porque, al fin, ¿quién dijo progreso?

Porque aquí nos acercamos de nuevo a este interesante y oscuro complejo masculino que ha tenido tanta influencia sobre el movimiento feminista; este deseo profundamente arraigado en el hombre no tanto de que ella sea inferior, sino más bien de ser él superior, este complejo que no sólo le coloca, mire uno por donde mire, a la cabeza de las artes, sino que le hace interceptar también el camino de la política, incluso cuando el riesgo que corre es infinitesimal y la peticionaria humilde y fiel. […] La historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es más interesante quizá que el relato de la emancipación misma. (P.40)

¿Será esto verdad? ¿Tendrán los hombres miedo de perder su posición privilegiada, su poder? ¿Miedo de encontrarse con mujeres en puestos de mayor responsabilidad, de tener jefas? ¿Miedo, quizás, de que cuando nuestras posibilidades de acceder puestos en empresas o en política se igualen, se elija a una mujer antes que a ellos?

El hecho de que, hasta hace muy poco, los hombres hayan sido mayoritariamente quienes proveen y las mujeres quienes trabajan en casa va ligado a una educación y una asignación de roles que los hombres, como las mujeres, llevan interiorizados. Apuesto a que el choque de una realidad social cambiante con estos roles está llevando a una crisis (no necesariamente consciente) de la identidad masculina que puede conducir a la percepción del feminismo como una amenaza. También desde la quiebra de la identidad femenina. Este momento de crisis no es necesariamente negativo (aunque lo sea, y mucho, a corto plazo, generando no sólo odio hacia el feminismo sino también hacia las mujeres). Puede ser también un momento para redefinir roles e identidades.

Para mí, si crees que las mujeres merecen tener las mismas oportunidades y derechos que los hombres, eres feminista. Si crees que los hombres no deberían tener privilegios sobre las mujeres, eres feminista. Si crees que debemos acabar con una cultura que hace que cientos de mujeres mueran a manos de sus parejas cada año, eres feminista. Si crees que el horror de las violaciones y las agresiones físicas y verbales debe ser cortado de raíz, eres feminista. Podríamos seguir, pero para muestra un botón. Parece que cualquiera debería estar de acuerdo con estas ideas, ¿no? No parece descabellado, ni radical ni mucho menos una señal de las aspiraciones secretas de las mujeres que buscan en el fondo someter a los hombres. Sin embargo, oyendo a muchos hablar parece que sí.

Una vez que una/o se reconoce a sí misma/o en el feminismo, creo que no le queda otra opción, moralmente hablando, que combatir el machismo. Esta lucha puede adoptar múltiples formas. Creo que el cambio, que la desaparición de la cultura del machismo, se puede dar (entre otras cosas) a partir de una paulatina reconfiguración de las relaciones entre las personas. Por ejemplo, haciendo ver a tus compañeros de trabajo o amigos que un comentario que han hecho es ofensivo. No permitiendo que te sujeten la puerta a ti, mujer, porque jamás les has visto sujetar la puerta para un hombre. Haciendo un reparto igualitario de las tareas con tu pareja. No dejando que la cultura del “rosa para niñas, azul para niños” te condicione a la hora de educar a tus hijos.

Imagen via RedBubble

Por supuesto, otros cambios deben ser de carácter legal, o requieren de una lucha colectiva. También te animo a unirte a alguno de los movimientos que luchan por realizar cambios a un nivel más amplio. Pero no hay que restar importancia a la lucha diaria, a las microacciones que todas y todos podemos realizar, ya que el sostén último del machismo son los dispositivos que llevamos incorporados, que están invisibilizados y que operan en el día a día.Existen también multitud de grupos de apoyo y de cuidados que creo que son fundamentales para hacer frente a nuestro día a día como mujeres, un día a día que es de lucha constante y que, incluso cuando no nos damos cuenta de ello, supone un desgaste emocional muy grande.

En definitiva, organízate, lucha…y cuídate y deja que te cuiden.

La infidelidad como argumento de venta

Para mí, uno de los éxitos del capitalismo consiste en haber logrado convertir el consumismo (el consumo exacerbado, el consumo de cosas que no son imprescindibles) en algo cotidiano, normal y, hasta cierto punto, inevitable. Nuestra sociabilidad, la creación de nuestra identidad, nuestro ocio, etc. se basan cada vez más, como tenencia histórica, en el consumo y menos en otras cuestiones como la política.

La creación de necesidades no puede, sin duda, surgir de la nada, sino que se construye a partir de alguna de las necesidades básicas: la necesidad de relacionarnos con otros, de alimentarnos, de disponer de un techo… A partir de ahí, el capitalismo empieza a bombardearnos con anuncios y discursos sobre lo imprescindible que es para nosotros disponer del último modelo de iPhone, beber agua embotellada o quedar con los amigos en el garito de moda de Malasaña.

En cualquier caso, no pretendo discutir aquí el hecho de que estos artefactos mejoren o no nuestra vida, ni quiero dejar entrever que debamos prescindir de todo lo que no es absolutamente necesario y volver a vivir en cuevas. Sólo pretendo señalar el hecho de que, en la mayoría de los casos, nuestras formas de consumo no son fruto de una reflexión que nos lleve a pensar que necesitamos un producto o servicio (donde necesitar puede traducirse perfectamente por querer), sino que son consecuencia principalmente de un bombardeo constante de mensajes que nos incitan a ser de una forma determinada, lo cual lograremos a través del consumo de ciertos productos.

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Escena de la película They Live

Generalmente este bombardeo es tan constante y a gran escala que no somos conscientes de él y, sin embargo, parece ser efectivo. En mi opinión (advierto que no he estudiado publicidad y no es más que eso, una opinión), esa efectividad se basa en el hecho de que la publicidad -y otro tipo de herramientas empleadas para convencernos de que consumamos- apelan a sentimientos, ideas con las cuales nos sentimos cómodos, entretenidos, etc. y que calan de manera suave en nosotros, a base de repeticiones. ¿Que también podría ser que acabemos comprando un producto porque la forma de venderlo nos desagrada o no estamos de acuerdo con los valores que transmite? Puede ser, pero no lo creo.

Y esto me lleva al punto central de este post, que es la proliferación (o quizás el número haya sido constante en el tiempo y me haya ido yo a fijar ahora) de anuncios que nos venden un producto a través de la mención de la infidelidad.

El primero que vi fue uno de Canal+ que forma parte de una serie bastante extensa de anuncios que venden su paquete de cine, series y fútbol por diez euros. En él aparecen dos chicas charlando en el coche sobre el novio de una de ellas, porque a ella le molesta cuando él se pone futbolero. La amiga le dice que pase de él y “se lo monte” con varios personajes de ficción, a lo que ella responde que le va a “dar un repaso” a uno de estos personajes. Obviamente no se hace referencia a una infidelidad real, pero queda ahí.

 

El segundo iba en la misma línea, es de Movistar y reza “Mi novia me engaña con otra serie”, en enormes dimensiones en plena plaza de Jacinto Benavente.

Mi novia me engaña con otra serie

Publicidad desplegada en la madrileña plaza de Jacinto Benavente

El último, quizás el más explícito, es de la web de venta de ropa Zalando, y muestra a una mujer probándose ropa en su casa mientras le pide al repartidor que le vaya pasando prendas. El que suponemos que es pareja de la chica llega a casa, se encuentra la escena, pone mala cara y la mujer le dice que no se preocupe, que puede devolverlo todo hasta en 100 días. (No entraremos en el hecho de que tenga que justificar ante el hombre lo que compra o deja de comprar, porque no viene al caso, pero también es digno de análisis). El tío, que parece ser que no era eso por lo que estaba mosqueado, le pregunta si al repartidor también le puede devolver, como insinuando que no le mola nada que ese hombre estuviera ahí, con su chica, haciendo vete tú a saber qué cosas.

De estos tres ejemplos me llama la atención el hecho de que se recurra a la infidelidad para vender un producto. En ellos se pasa del tono jocoso del anuncio de Canal+ al dramático en el de Movistar y por último a la construcción de una situación en la que uno de los protagonistas parece creer realmente que una infidelidad ha ocurrido o
podría ocurrir (también bañada de un tono jocoso). ¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué se recurre a la infidelidad? Tengo varias hipótesis: puede ser que la infidelidad genere (o, en fin, los publicistas crean que genera) un gran rechazo en la población y por eso se intente hacer chiste con ella. Para suavizar su peso, como queriendo decir “empatizo contigo, te comprendo, la infidelidad es una mierda”. Puede ser también que estemos sufriendo una crisis de identidad de las relaciones, el amor y la familia que todo nos haga un poco de
gracia y no sepamos muy bien cómo gestionar esto de la infidelidad (lo cual no es incompatible con lo primero). O puede ser, frente a esto, que la infidelidad esté bastante extendida y no sea algo que genere tanto rechazo como cabría pensar. Quien ve el anuncio se siente interpelado, no necesariamente de manera reflexiva, porque es o podría ser parte activa de esa relación de infidelidad.

En cualquier caso, para mí no cabe duda de que el capitalismo apela a nuestros sentimientos y debilidades para vender y hacernos conscientes de esto puede ser una herramienta poderosa.

La culpa es de la monogamia, abraza el poliamor: ¿repensar las relaciones para dejarlo todo igual?

Alguien me dijo un día que si algo te molesta, te da asco o te genera odio, has de pararte a pensar acerca de ello y tratar de comprobar qué dispositivo hay detrás: una cuestión de clase, de género, etnocéntrica o de cualquier otro tipo. Imagino que lo mismo ocurre con aquello que causa el fervor de grandes grupos humanos. De pronto algo se pone de moda y parece que eres imbécil si no te subes al carro de semejante modernez. Que no te enteras, colega, que esto es lo que mola ahora.

El tema de las relaciones humanas (afectivas, amorosas, de amistad…) me preocupa como persona y como socióloga. Como persona es un tema que me revuelve; me duele pensar y debatir sobre ello, y creo que es una buena señal, porque quiere decir que se están desmoronando cosas que dabas por hecho, que te habían inculcado desde las primeras etapas del aprendizaje y nunca habías podido pensar. Como socióloga, una de las cosas que me interesa es analizar la enorme complejidad que subyace a las relaciones interpersonales e intergrupales, por mucho que a veces los sociólogos nos empeñemos en reducirlas a numeritos.

Por esto me parece que, cuando la cuestión a tratar es ni más ni menos que un cambio radical del modelo de relaciones que lleva vigente (¿cuánto tiempo?), hay que avanzar con cautela, tratar de reprimir un entusiasmo exacerbado y evitar dar lecciones de superioridad moral al resto del mundo. Porque el modelo a través del cual nos relacionamos no es algo que se pueda cambiar de la noche a la mañana.

Ya hemos dicho en este blog que el amor romántico se basa en numerosos mitos, que hemos interiorizado eficazmente y que por ello le sirven de firme sustento: la media naranja, los celos como regalo, el control como muestra de afecto, el dolor como algo inherente al amor, etc. Queda claro que todos estos mitos son perjudiciales, crean relaciones insanas y debemos trabajar para que, poco a poco, desaparezcan del imaginario colectivo, sustituyéndolos por representaciones orientadas al bienestar y no al sacrificio. Por eso me preocupa que la alternativa que se está poniendo de moda estos días, la del poliamor (con sus subcategorías), llegue rodeada de más mitos e irrealidades, de grandilocuencia y de esa actitud de superioridad moral.

Corazones

Imagen vía Morguefile

Creo que coincidiremos en que buscar una pluralidad de modelos de relación es algo positivo. Que cada uno pueda elegir la opción que mejor se le adapte sin coacción. Está claro que la monogamia no es para todo el mundo, pero ¿no es para nadie? ¿Y es para todo el mundo el poliamor? La cuestión central es que, a día de hoy, la monogamia es la única opción posible. Esto entraña dos problemas: el primero es que no hay tal cosa como «elegir» ser monógamo y el segundo que cuando eliges no serlo, te espera rechazo y boicot por parte de mucha gente.Para mí la monogamia, a pesar de ser la base del amor romántico, no lo agota. La monogamia es sólo un rasgo del enorme entramado del amor romántico, en el que se entremezclan la dominación de los hombres sobre las mujeres, de los heterosexuales sobre otras sexualidades, de la monogamia sobre el poliamor, del capitalismo sobre otras formas de organización económico-social, etc. Dominación. Dominación y violencia. Entiendo que para atacar a un sistema firmemente arraigado es más fácil atacarlo en su conjunto que andar haciendo concesiones a alguno de sus rasgos, porque la crítica pierde fuerza, pero me da un poco de miedo también la crítica totalizadora, acrítica de tan ambiciosa que es. Me preocupa que se piense que atacando la monogamia cambiará todo, cuando el amor romántico es mucho más que eso. Me preocupa esa festividad en torno al poliamor, como si fuera la fórmula que nos liberará de todos nuestros males. Y, sobre todo, lo poco que se exponen los problemas que esta alternativa lleva aparejados.

Creo que la teoría y la práctica han de ir unidas. No podemos pasarnos la vida teorizando sin llevar a la práctica los cambios que pretendemos llevar a cabo. Pero tampoco tiene sentido pretender hacer un cambio de modelo para dejarlo todo igual. Y mucho me temo que tener varias parejas (y aquí estoy simplificando los rasgos del poliamor, pero precisamente me preocupa la ligereza con la que se expone esta propuesta por parte de quienes la defienden) no va a acabar por sí mismo con el amor romántico. Se pueden tener numerosas relaciones paralelas y repetir los patrones de violencia del amor romántico.

Es muy probable que una relación monógama sea más dañina que una poliamorosa. Que aprender a compatibilizar varias relaciones pueda llevar, a la larga, a un mayor bienestar. Pero creo que también se pueden construir relaciones sanas desde la monogamia, desde un planteamiento radical de la misma en la que se luche por hacer de ésta una opción más, lo que implica incluir en la ecuación tantos otros modelos de relación sana como seamos capaces de imaginar y construir.

Imagen vía Morguefile

Imagen vía Morguefile

La anarquía relacional, dentro de las variantes del poliamor (y por lo poco que sé de ella) es una de las propuestas que más me agrada. Me gusta porque (corregidme si me equivoco) pretende equiparar todas las relaciones de amistad, desjerarquizándolas. Para mí la amistad es sin duda la base del amor y creo que desde ahí, desde la amistad, debemos repensar las relaciones. Alguien me dijo una vez dos palabras que me marcaron y desde entonces me acompañan: independencia compartida. Creo que esa es la base de las relaciones. Que dos espacios completos, el tuyo y el mío, decidan en un momento determinado y en base a unos acuerdos concretos unirse mientras siguen siendo dos. Un acuerdo revisable en todo momento, en evolución continua al tiempo que evolucionan las dos partes.

Luchemos por lo que nos hace felices y por hacer felices a las demás. Seamos honestas con nosotras mismas y el resto. Respetémonos y respetemos a los otros.

Y, como dice el Relationsanarkii 8 punkter: Eso sí, luchemos por lo que realmente queremos, no simplemente contra las normas.

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