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El amor adulto en Harry Potter

Nota de la coordinadora: este blog tiene sentido sólo como proyecto compartido. Si algo me ha gustado de Harry Potter, es la capacidad que ha tenido para movilizarnos a varias de nosotras a hablar del amor, el que Verónica definió como «el monotema de la saga». Tenemos diferentes opiniones, lo que es fabuloso, y hemos intentado también centrarnos en diferentes aspectos. Este post es en parte una réplica, pero también otra línea a la que replicar. Nada más en línea con el objetivo del blog que generar debate. Así que, ¡a los comentarios!

Siempre he sido una gran fan de Harry Potter, desde que mi madre compró los dos primeros del tirón para mi hermano que, asumámoslo, es el que tiene la edad «target» para ser fan de Harry. Intuyo que sería 1999. Mi hermano devoró los libros y detrás de él lo hice yo… ¡y mi madre! No sólo me fascinó siempre el mundo Harry Potter sino el mundo J.K. Rowling y su historia: de madre soltera con dos duros escribiendo en una cafetería a una de las mujeres más ricas del mundo. En realidad no tengo claro si veía más inspiracional ningún personaje que el de la propia Rowling, pero eso es para otro post.

Este post nació como réplica o continuación a este otro. Porque mi reacción automática al último párrafo en el que Vega se queja de la ausencia de relaciones adultas en el mundo Potter fue: ¿y qué pasa con los Weasley? ¿¡Y con Lupin y Tonks?!

Es cierto que los profesores más importantes de Howarts no tienen relaciones de pareja, o no se especifica. Dumbledore, McGonagall, Snape (nada sabemos de sus relaciones de adulto, sólo se sabe de su obsesión adolescente con Lily Evans)… o Hagrid, que su único acercamiento «amoroso» es cuando cree tener a una «igual» cerca: Madame Maxime de Beauxbatons.

Pero los Weasley, los miembros de la Orden del Fénix y la complicada genealogía de la familia Black está llena de relaciones de pareja. Lupin-Tonks, Molly-Arthur, Bill-Fleur, Lucius-Narcissa y, como bien apuntaba Vega, quizás incluso Bellatrix-Voldemort.

Mi favorita sin duda es Lupin y Tonks, dos personajes que siempre me gustaron especialmente y a los que creo que ningunearon demasiado en la saga de las películas (pero incluye tú 600 páginas de libro en 2 horas de película, amiga…). Nymphadora Tonks es un personaje que, pese a lo cambiante de su apariencia, parece tener las cosas claras desde el principio. Es maravilloso ver cómo un personaje femenino es el que se declara, el que tiene la iniciativa. No espera paciente a que él se de cuenta sino que pone las cartas sobre la mesa sin dudar.

Tonks y Lupin - You know

Ella persiste mientras que Lupin no se cree suficiente para ella sino todo lo contrario además de demasiado mayor y peligroso. Y es ahí, ¡ay!, Rowling, ¿por qué cuando Tonks es rechazada llega hasta tal punto que sus poderes se debilitan? Es una vez más ese retrato del amor como algo que te hace débil como mujer: si no lo tienes, tú eres menos tú. No sólo se debilitan sus poderes, su pelo pierde color y ¡hasta se pone fea! Una vez que están juntos tienen una relación en la que ella, una vez más, es la fuerte de la pareja. Le cuida en sus horas bajas y ambos cuidan el uno del otro pese a las continuas dudas de Lupin debido a su condición de hombre-lobo.

Tonks y Lupin - You need me

No sabemos cómo habría continuado la relación ya que ambos mueren en la batalla de la torre.

Tonks y Lupin - Dead

Todas las otras parejas mencionadas tienen poderosos personajes femeninos.

Fleur es la elegida de Beauxbatons para la Copa de los Tres Magos y pese a su inicial orgullo y altanería es la que insiste en su amor por Bill Weasley pese a su apariencia física tras el ataque de Greyback.

Bill y Fleur - Boda

Molly aparece como el típico personaje de señora de mediana edad que ha dejado todo para cuidar de su familia. Arthur es un hombre descuidado, torpe y afable y Molly cuida de él. Quizás es otro ejemplo de mujer que busca alguien a quien cuidar y se empareja muy por debajo de sus posibilidades. Esa tendencia de las mujeres de buscar alguien a quien poder cuidar, alguien que dependa de ti, para asegurarte que no te va a dejar. Molly deja todo por su marido y su familia y, pese a ser una mujer de armas tomar, no es hasta el final de la saga que se la pone en el lugar que merece. Porque cuando se va a la guerra con Voldemort, Molly es una parte importante de la Orden del Fénix y, no lo olvidemos, es quien venga a Tonks y mata a Bellatrix.

Molly es una grande pero, admitámoslo, ¿sería lo mismo en las películas si la actriz no fuera Julie Walters?

Molly Weasley - Whos next

Creo que poner nada después de Molly se va a quedar corto. Y entrar en la toxicidad de los Malfoy y los Black quizás requiera otro post en sí mismo. ¿Alguien se anima? 😉

 

¿Eres tú o es Whatsapp? El check azul y nuestra necesidad de control

La semana pasada, Whatsapp incorporó un nuevo aviso: cuando el doble check se vuelve azul, podemos asegurar que el destinatario ha leído nuestro mensaje. Este «inocente» cambio se ha convertido en uno de los temas más candentes de la semana. ¿Por qué nos ha dolido tanto que se implantase el check azul? Porque confirma nuestros peores temores.

– No sé qué me pasa. Incluso aquí, que sé que no tengo cobertura, no puedo dejar de mirar el móvil. Y si entra un Whatsapp es peor, porque tengo que leerlo. Y si lo leo, tengo que contestarlo.

– Yo no los contesto. Pero luego cuando no me contestan a mí me pongo en lo peor.
– Yo pienso todo el tiempo que se han enfadado conmigo si no me contestan.
– Sí, pero es que tú siempre piensas que todo el mundo está enfadado contigo.
– Eso está claro. La tecnología no nos convierte en otra cosa, sólo nos exagera.
– Yo creo que nos hemos vuelto fáticos.
– ¿Qué?
– Fáticos. Como el «sí» de cuando hablas por teléfono para que la otra persona sepa que no has dejado el auricular y te has ido a otro sitio. Ahora la tecnología hace eso: sí, funciona, sí, has enviado el mensaje, sí, lo ha recibido, sí se ha conectado. Pero los que nos obsesionamos con hasta qué punto la persona está al otro lado de verdad somos nosotros.
– ¿Y si sabemos que funciona qué queremos comprobar?
– Pues que nos quieren. Escribimos con cualquier excusa y en realidad no necesitamos una respuesta, pero la esperamos. Porque demuestra que están pendientes de nosotros, que nos echan de menos, que…
– Al final estamos más pendientes de quien no está que de quien sí está.
– El mundo se va a la mierda, en serio. 

Esta conversación es de hace más de un año. No había check azul que valiera pero ya nos acompañaba ese miedo a que no nos estuvieran haciendo caso, ese que hace que «Doble check», de Paco Caballero, haya sido el corto más visto de la historia del Notodofilmfest.

La reacción ante este cambio en Whatsapp es que proliferan los posts sobre «cómo se quita el doble check azul» (creación de fraudes incluida), lo que ha hecho que la aplicación rectifique y haya anunciado la posibilidad de desactivarlo en una próxima actualización. Se habla de tecnologías de control todo el rato; desde mi punto de vista, las tecnologías no hacen más que reflejar nuestra forma de hacer; la exageran, participan de esta, si queremos, pero hasta ahí (Amparo Lasén lo sabe decir mucho mejor que yo). No nos controla la tecnología, sino nuestros jefes, socios, amigos, familiares, o, en el caso que nos ocupa, la pareja. Si no tuviéramos doble checks, lo haríamos por teléfono, porque el problema de base es que necesitamos saber y controlar: las tecnologías se limitan a responder a esa necesidad.

En nuestra nueva concepción del amor, un signo de compromiso evidente y necesario es la disponibilidad permanente. Esto ni es nuevo ni es exclusivo del amor. Te quiero - AjáEsto empieza con las jornadas flexibles en el entorno laboral y la telefonía móvil, con el correo electrónico y el teletrabajo, y se generaliza en el momento en que todos tenemos un smartphone en la mano. En la misma medida en que la tecnología nos libera y nos permite trabajar desde casa, a cualquier hora, en cualquier punto del mundo, nos hace corresponder con una promesa: la de atenderla. Es casi como en los cuentos clásicos: vender el alma al diablo, el primogénito a Rumpelstiltskin, la voz de la Sirenita a Úrsula. Podrás contactar con quien quieras cuando quieras, podrás hacer planes improvisados continuamente, pero deberás estar siempre listo para dar el parte sobre qué haces, dónde, con quién.

El doble check de Whatsapp nos duele porque no somos capaces de decir o pensar «Sí, he leído tu mensaje, pero no voy a contestarlo». Ni siquiera «OK, ya te contestaré
cuando me venga bien». La tecnología nos ha invadido de tal forma que contestamos los correos del trabajo desde la cama, ¿cómo no vamos a contestar un Whatsapp, aunque sea con un emoticono? No somos capaces de poner fronteras: ni entre la vida privada y la profesional, ni entre las diferentes dimensiones de la vida privada: estoy con otra persona, o, simplemente (y este es el pecado máximo) estoy sola y disfrutando del silencio y de mis pensamientos. Esta idea no entra en la cabeza de nadie: por eso cuando estamos al otro lado, mirando el doble check volverse azul, nos ataca la paranoia. Ya no nos quieren. Prefieren a otras personas. Hemos hecho algo mal. No somos ocurrentes ni divertidos. Nuestra vida social se desmorona.

Estamos obsesionados con la inmediatez y con la hiperdisponibilidad. Y tenemos unas vidas sociales más ricas que nunca, pero nos aterroriza que se deshagan. Tenemos miedo a que no nos quieran: el mismo que hemos tenido siempre, pero ahora más rápido y con más personas.

¿Y si dejamos de culpar a Whatsapp y empezamos a trabajar en nuestra necesidad de escuchar a cada rato que nos quieren?

Se fue (Laura Pausini, 1994)

Laura Pausini AlbumÉxitos comerciales. Nos machacan los oídos. Oímos las canciones una y otra vez en la radio o por la calle. Muchas hablan de grandes historias de amor, de dificultades y pasiones, pero, ¿qué nos dicen muchas de ellas en realidad? ¿Es amor de lo que hablan o es otra cosa?

Recuerdo mi adolescencia. Escuchaba constantemente los 40 Principales (en mi defensa, en esa época no existía nada parecido a Spotify) y, como cualquier adolescente, tenía las hormonas alteradas y los desamores parecían el fin del mundo. ¡Menudos dramones que montábamos! Nos desahogábamos con las amigas o escuchando canciones de amor abrazadas a la almohada para «regodearnos» en nuestro dolor.

Y sobre todo, sentíamos que esas canciones hablaban de nosotras, que describían perfectamente lo que sentíamos. Pero ahora que las vuelvo a leer con mirada crítica me doy cuenta de las ideas del amor tan tóxicas que hay en muchas de ellas y no sé hasta qué punto puede habernos afectado en la forma que tenemos de entender el amor.

Uno de los ejemplos más claros, que además lo petó en las listas en mi adolescencia, es este éxito de Laura Pausini. Me he tomado la libertad de marcar en negrita las frases que me parecen especialmente «llamativas».

Ya no responde ni al teléfono,
Pende de un hilo la esperanza mía,
Yo no creí jamás poder perder así la cabeza,
Por él.

Porque de pronto ya no me quería.
Porque mi vida se quedó vacía,
Nadie contesta mis preguntas, porque
Nada me queda, sin él. 

Se fue,
Se fue, el perfume de sus cabellos,
Se fue, el murmullo de su silencio,
Se fue, su sonrisa de fábula,
Se fue, la dulce miel que probé en sus labios.
Se fue, me quedó sólo su veneno,
Se fue, y mi amor se cubrió de hielo,
Se fue, y la vida con él se me fue,
Se fue, y desde entonces ya sólo tengo lágrimas.

 Encadenada a noches de locura,
Hasta a la cárcel yo iría con él,
Toda una vida no basta, sin él.

 En mi verano ya no sale el sol,
Con su tormenta, todo destruyó,
Rompiendo en mil pedazos
esos sueños que construimos, ayer.

Se fue,
Se fue, me quedó sólo su veneno,
Se fue, y mi amor se cubrió de hielo,
Se fue, y la vida con él se me fue,
Se fue, y la razón no la sé.

Si existe Dios, debe acordarse de mí,
Aunque sé
Que entre él y yo el cielo tiene sólo nubes negras,
Le rogaré, le buscaré, lo juro, le encontraré,
Aunque tuviera que buscar en un millón de estrellas.

 En esta vida oscura, absurda sin él,
Siento que,
Se ha convertido en centro y fin de todo mi universo.
Si tiene límite el amor, lo pasaría por él.
Y en el vacío inmenso de mis noches, yo le siento.

 Le amaré, cómo le pude amar la vez primera,
Que un beso suyo era una vida entera,
Sintiendo cómo me pierdo,
por él.

Se fue,
Se fue, el perfume de sus cabellos,
Se fue, el murmullo de su silencio,
Se fue, su sonrisa de fábula,
Se fue, la dulce miel que probé en sus labios.
Se fue, me quedó sólo su veneno,
Se fue, y mi amor se cubrió de hielo,
Se fue, se fue, y la vida con él se me fue,
se fue, y la razón no la sé.

Especialmente delirante eso de «hasta la cárcel yo iría por él», ¿verdad? Desde la primera hasta la última palabra, esta canción expone la (recurrente) idea de que la vida no es nada sin la persona amada. De hecho, parece que la protagonista se humillaría sin ningún límite solo por recuperarle. Y eso, señores y señoras, nos parecía romántico.

La ventana en el rostro (Roque Dalton, 1962)

Siempre he sentido curiosidad por las canciones de amor. Por la poesía también, a partir de la adolescencia, pero lo de las canciones de amor ha sido cosa de toda la vida. Me intrigaban esa pasión incontrolable, la necesidad de estar siempre junto al otro y, sobre todo, la poca consideración que el amante tiene de su propia vida. Frases como «eres lo único que tengo», «sin ti nada tiene sentido», «sin ti no soy nada», lejos de provocar en mí ternura o compasión, me suscitaban incredulidad. Decirle a alguien que es lo único que tienes no es alabarle, es echar mierda (con perdón) sobre tu propia vida. Decirle que es la razón de tu existencia no es convertirle en alguien extraordinario, sino convertirte a ti mismo en una persona incompleta. Y sé que todos las hemos pronunciado, y en ese momento se nos llenaba la boca y sentíamos el corazón pleno con esa afirmación, pero con el tiempo, si uno se esfuerza y se deja, la visión del amor puede cambiar.

(Me gustaban, y me gustan más las frases tipo «Eres lo mejor que tengo», «Desde que te conozco soy mejor persona» o «Sin ti mi vida sería mucho peor», porque dan valor a la vida de uno, pero le dan más valor con la otra persona en ella. Eso es el amor para mí, o al menos a eso aspiro.)

En esta misma línea (y espero que todo lo anterior haya servido como introducción; si lo ven inconexo, pido disculpas) se encuentra el poema que nos ocupa. Es un poema de Roque Dalton que no lleva título, y que reproduciré a continuación:

 

Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas, 
yo sabía que al fin iba a quedarme 
desnudo en la ribera de la risa. 

Aquí, 
hoy, 
digo: 
siempre recordaré tu desnudez entre mis manos, 
tu olor a disfrutada madera de sándalo 
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro; 

tus manos largas y amantes 
como un lirio traidor a tus antiguos colores; 
tu voz, 
tus ojos, 
lo de abarcable en ti que entre mis pasos 
pensaba sostener con las palabras. 
Pero ya no habrá tiempo de llorar. 
ha terminado 
la hora de la ceniza para mi corazón: 

Hace frío sin ti, 
pero se vive.

Como intento o proyecto de profesora de Lengua y Literatura que soy, mi impulso natural es hacer un comentario crítico del poema, pero voy a intentar refrenarlo y comentar sólo la esencia, o al menos lo que para mí es su significado profundo. Creo que es un texto fácilmente comprensible: el poeta está triste, pero acepta por fin el fracaso del amor y se propone seguir adelante. Lo extraordinario del poema es el grado máximo de auto consciencia y honestidad consigo mismo que alcanza. En este sentido, habría que distinguir el inicio y el final del poema de su parte central. Los versos «… yo sabía que al final iba a quedarme / desnudo en la ribera de la risa» (además de suponer una imagen preciosa y certera de sumergirse en el río de la felicidad) sirven de conclusión, de “moraleja” última de la experiencia amorosa, y están en consonancia con el final: la potente sentencia «Hace frío sin ti, pero se vive». Aclarado esto, el centro del poema es la confesión íntima de que se ha amado: solemne y atrevida con el “siempre recordaré…”, y deliciosa con el «lo inabarcable en ti que entre mis pasos / pensaba sostener con las palabras». Esta parte central, aun bellísima, no existe sino para reforzar ese mensaje, esa moraleja de la que hablaba anteriormente, porque el poeta no se queda en la declaración de amor, no la convierte en lamento, sino que la trasciende y la supera diciendo «Pero ya no habrá tiempo de llorar».

A modo de conclusión, cabe decir que lo novedoso, lo realmente impactante, al menos para mí, está en la ausencia de triunfalismo. No hay un ganador ni un perdedor; no hay una derrota. El amor no es una guerra; el amor no mata a las personas, sólo es ceniza en su corazón, es frío. Y esta verdad, como decía Serrat, «no es que duela, lo que no tiene es remedio».

Los chicos también lloran: mándale a paseo


(Puedes comprar la canción en Amazon, o comprar el álbum Tonight en su web)

 

I can’t seem to feel the envy
I should feel, or maybe
I don’t need the sour side of love.
I don’t care his breath is in your hair.
I don’t care his skin is still between
the still-warm the fold of your sheets.
Send him away.
I don’t mean to claim or own you,
or maybe I would like to.
but I need whatever side of love is there.
I don’t care his breath is in your hair.
I don’t care his skin is still between
the still-warm fold of your sheets.
Send him away.
Can’t you let me stay tonight?

 

Parece que no puedo sentir la envidia
Que debería, o quizás
No necesito la cara amarga del amor.
Me da igual que su aliento esté en tu pelo.
Me da igual que su piel siga
Entre los pliegues aún calientes de tus sábanas.
Mándalo a paseo.
No pretendo reclamarte ni poseerte.
O quizás querría hacerlo.
Pero necesito cualquier forma de amor que haya ahí.
Me da igual que su aliento esté en tu pelo.
Me da igual que su piel siga
Entre los pliegues aún calientes de tus sábanas.
Mándalo a paseo.
¿Por qué no me dejas que me quede esta noche?
(Traducción: A. Villar)

 

AVISO A MODO DE PRESENTACIÓN: Mi nombre es Antonio Villar, y soy, entre otras cosas, guionista. Mis únicos conocimientos de sicología vienen de lo que mi yo-escritor observa en el comportamiento de la gente, en la ficción que leo/veo y de lo que leo y aprendo sobre construcción de personajes, así que disculpadme si lo que leéis carece de ninguna base académica. En cualquier caso, más que un argumento con su desarrollo y conclusión, quiero reflejar aquí las impresiones que me produce esta canción. Dicho esto, vamos al lío…

Ah, los celos… esa extraña reacción de nuestras vísceras que en otro tiempo eran clara demostración de amor y hoy repudiamos, pero que parecen estar siempre ahí, acechando. Para mí, la clave de esta canción está en el tono, que nos aclara los vaivenes de la letra. Se nos presenta un personaje que se debate a su pesar entre una forma desinteresada de amar y otra basada en la posesión del -disculpad la palabra- objeto de ese amor. No llegamos a saber si estos personajes (el que nos habla y la persona a la que se dirige) tuvieron algo parecido a una relación anteriormente. Tampoco hace falta. El amor como “posesión” no necesita de ese pasado para construirse.

En cualquier caso, lo que hace al protagonista humano y digno de aprecio, lo que le redime (a mis ojos), es el reconocimiento de su lucha interna. Empieza diciéndonos que no tiene los celos que se supone debe tener, desde la visión perversa de que el amor, si no duele, no es de verdad. En ese momento se sitúa en una experiencia más elevada de amor, en la que importa más la felicidad del otro, aunque no sea con nosotros. El amor que, ante todo, respeta la libertad. Poco después, sin embargo, nos reconoce que aún guarda algo del primitivismo posesivo del que hablábamos, Este reconocimiento de imperfección, de “estar esforzándose en cambiar su programación cultural” es lo que le salva. Ojo, he aquí la importancia del tono. Con un par de matices distintos, nos sería fácil hablar de un maltratador y sus juegos sicológicos.

Tonight Franz Ferdinand

Pero el personaje, a mi entender, se nos presenta derrotado. Cautivo y desarmado, si me permitís la analogía (1). Cautivo de un amor no correspondido, sin más armas [recursos] para seguir con su vida al margen de esta persona. Y ahí está el segundo motivo por el que esta canción se me antojaba apropiada para el blog. Entender la pareja, más aún una pareja en concreto, como una necesidad vital y primaria como el respirar. Las relaciones como un “necesito estar contigo” en vez de un “podría ser feliz solo, pero prefiero serlo contigo”. No digo que esta dependencia o falta de compleción si no es junto a alguien sea algo construido culturalmente, creo que es algo que experimentamos, queramos o no y por muy educados que estemos emocionalmente.

Cuando queremos a alguien, y al sentido de amar añado aquí el otro sentido, el de desearlo para nosotros, ambicionarlo incluso, deberíamos al mismo tiempo mantener la capacidad de querernos a nosotros mismos, cuanto menos en la misma medida. Respetarnos lo suficiente como para liberarnos de esa devoción cuando no somos correspondidos en una proporción justa (2). Sabernos merecedores de algo más que las migajas de atención que el otro nos quiera dedicar, no conformarnos con un cariño mendigado.

__________

(1) Por qué hablamos de las relaciones en términos bélicos es otro tema que ya andan estudiando gente cuyos enlaces se han perdido en mi memoria.

(2) Digo proporción porque las relaciones tienen vaivenes y no contemplo una relación equilibrada como una balanza cuyo fiel nunca se desvía, sino como un fluir que atiende a la ley de los grandes números y se compensa en el largo plazo.

¡Frak Yeah, Kara Thrace! ¡Larga vida a Starbuck!

La igualdad entre los roles femeninos y masculinos en las series de televisión está lejos de ser una realidad. La mayoría de ellas perpetúan los estereotipos de mujer con los que hemos sido educadas pero de vez en cuando hay un destello de luz en la oscuridad. Es el caso de la piloto Kara Thrace «Starbuck» en la serie Battlestar Galactica, mi último flechazo. Y no, no soy lesbiana, pero me encantan los personajes femeninos fuertes y decididos que no se limitan a lloriquear y a esperar ser salvadas por el héroe del relato.

Kara_Thrace_Starbuck

Battlestar Galactica es una serie de culto como lo fue su predecesora con el mismo nombre a finales de los 70. Y seguramente no la has visto porque es una serie de ciencia ficción, de naves en el espacio y de combates entre humanos y robots. Vaya rollo, pensarás, pero no te equivoques. Es mucho más que eso. De todas formas, esta reflexión no es sobre Galactica, serie que te aconsejo ver, sino sobre uno de los pocos personajes femeninos que no se limita a realizar las tareas que desde los primeros tiempos del patriarcado se han asignado a las mujeres.

Kara es piloto, y no solo eso, sino que es la mejor. Es la más capacitada en una tarea militar predominantemente masculina. Esta maravilla de rol ha sido posible porque cuando se diseñó la nueva versión de la serie se decidió que el personaje de Starbuck (interpretado por un hombre en la serie de los 70, Dirk Benedict, a quien seguro conoces por su papel de Fénix en El equipo A) sería una mujer en esta nueva versión. ¡Un aplauso a quien tomó esta decisión por darnos uno de los mejores personajes femeninos de ficción que nunca han existido!



Kara_Thrace_Starbuck_Golpea

Esta nueva versión de Starbuck es una mujer que actúa como un héroe rebelde femenino a todos los niveles posibles: reparte guantazos y tiros cuando lo considera necesario, toma decisiones complejas sin dudar, bebe y fuma como un cosaco, es totalmente autosuficiente y sobre todo, ¡Ah, Starbucks, ese es tu pecado! tiene sexo ocasional con quien quiere y cuando quiere.

Estos patrones de conducta propios de un macho alfa hacen que muchos la tilden de «puta» y «marimacho». Sin embargo, estas mismas personas consideran «simpático» y «bribón» al mismo personaje pero de sexo masculino de la serie de los años 70. Ese Starbuck hombre era mujeriego, juerguista y compañero de aventuras del protagonista de la serie, el capitán Lee Adama «Apollo». En esta nueva versión también son compañeros de aventuras pero mantienen una relación amorosa muy compleja con grandes dosis de tensión sexual en la que es ella la que tiene el poder de decisión. Otro grave pecado desde la óptica masculina.

Lo triste es que somos las propias mujeres las que juzgamos sin piedad a aquellas de nuestras iguales que, como Starbuck, no cumplen ese patrón que ha perpetuado el patriarcado durante muchos siglos.

Kara_Thrace_Starbuck_Deal_With_It

No quiero remontarme a la supuesta existencia de las sociedades primitivas matriarcales que algunos estudiosos como Robert Graves han formulado pero si me gustaría que tú, lectora, te preguntaras por qué lo emotivo, lo irracional, y la debilidad se atribuye a las mujeres. Podría pasarme horas enumerando personajes femeninos de ficción literaria y cinematográfica que siguen estos patrones pero seguro que te vienen a la cabeza muchas «damiselas» que esperan ser rescatadas por un hombre y que cumplen todos los requisitos de conducta que los hombres atribuyen a las mujeres. No perpetuemos esto. No tomemos a este tipo de mujeres como modelos a seguir porque no lo son, porque cumplen la función de perpetuar el papel que el patriarcado asignó a la mujer desde tiempos ancestrales.

Al fin y al cabo, las mujeres somos capaces del acto más poderoso de la naturaleza: crear una nueva vida. No lo hacemos solas, claro está, pero casi. La aportación masculina se limita al principio de la concepción. Siempre me he preguntado porque las estirpes familiares se han estructurado alrededor de la figura del padre ya que, ¿quién sabe con certeza qué hombre ha engendrado a un hijo? Lo que sí sabemos seguro al 100% es quién lo ha parido.

Con todas estas reflexiones y cuestionándote el papel de la mujer como sujeto débil, sometido y dependiente, te invito a ver a la teniente Kara Thrace Starbuck desde un nuevo prisma que de verdad sitúe al mismo nivel a mujeres y a hombres. Creo que disfrutarás mucho viendo a una mujer fuerte y decidida dando órdenes en un mundo de hombres, como dice la canción.

Wilkinson ‘Afterglow’ (Rémy Cayuela, 2013)

El vídeoclip de Rémy Cayuela para Afterglow, de Wilkinson, nos cuenta una historia mucho más rica que la canción. Paul y Dana llevan 5 años saliendo, y eso se transforma visualmente en una lista de pequeñas cosas que todas las personas acumulan durante una relación. Las más obvias (el piso, los cumpleaños) y, lo más importante, las que suelen pasar inadvertidas.

Paul y Dana dejan de hacer cosas (143 libros sin leer, 702 tareas sin hacer), pero el mensaje no es que dejen de hacerlas «por el otro», sino que las sustituyen por otras cosas que hacen juntos (16 viajes, 58 conciertos, 128 películas,  15843 muertos jugando a la consola, salen de fiesta – muchas cervezas, copas, y resacas). Practican sexo con frecuencia y con juguetes, satisfactorio para ambos, con lugar a las fantasías. Comparten música, secretos, y cenas románticas en sitios de comida rápida.

Existe una cierta tendencia a la dependencia en la forma en la que se cuenta esta relación: 3897 llamadas de teléfono son dos llamadas diarias; pasar 23 días y 23 noches separados en dos años parece implicar una convivencia desde el principio. Y también asusta la frivolidad con la que se trata la violencia dentro de la pareja cuando hablan de peleas reales y de bromas de mal gusto. Dejan 12 amigos detrás. Desde luego, está lejos de ser una relación perfecta, pero es una representación bastante realista de una pareja que comparte estilo de vida y disfruta unida de la rutina, dejando atrás las grandes esperanzas.

 

El viejito y la viejita

Esta mañana estuve solicitando documentación para unas gestiones. Entre formularios y datos me he encontrado con algunas cifras curiosas sobre mis abuelos. Descubrí, por ejemplo, que los números de los DNI de ambos eran correlativos. Me pareció extraño, pero rápidamente pensé que en la época en la que ambos nacieron no se utilizaba el documento nacional de identidad y que cuando fueron a solicitarlo ya estaban casados y por tanto habían ido a pedirlos juntos. Siempre iban juntos a todas partes y como mi abuelo no sabía ni leer ni escribir, mi abuela le rellenaba lo que necesitase. Me imaginé esa escena, hace varias décadas, de los dos cogidos de la mano tomando sus identificaciones, un número justo detrás del otro. También pude ver que mi abuelo sólo había sobrevivido 5 años después de la muerte de mi abuela. Los dos fallecieron siendo muy pequeña y nunca pude recordar las fechas. Me pareció lógico que el viejito no pudiese vivir demasiado tiempo sin la viejita y me estremeció la idea del temor que tuvo que pasar durante esos años sin su ser humano correlativo, sin sus manos y sus ojos en el mundo de las cifras. Sólo eran números en papeles, fechas en archivos, y sin embargo bastaron para entender el universo existente entre dos personas. Siempre me ha entristecido la idea de que se fueran tan pronto, el hecho de no haber podido conocerlos más. Me habría gustado preguntarles qué opinaban de las cosas, qué secretos me podían desvelar. Hoy me alegré de que no siguieran vivos. La sociedad de ahora les habría tratado como números inservibles. La mentalidad adelantada de la viejita, su humor y su espíritu valiente se habrían sentido prisioneros e ignorados. La infinita bondad del viejito, que no cenaba si su equipo de fútbol perdía y lloraba sólo con pensar en el mar, habría sufrido terriblemente por el dolor ajeno durante esta crisis. Ahora están juntos el viejito y la viejita. Y los números no son para contar, sino para que cuenten lo que hay detrás de ellos.

 

Ken Griffiths

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