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Donald Trump o la cosificación de las mujeres

¿Qué tiene que ver el multimillonario Donald Trump con las fiestas populares de muchas localidades españolas? Desde hace unos meses parece imposible no hablar de intolerancia, racismo, misoginia o cualquier patada a la carta de Derechos Humanos que se “precie” sin tener un recuerdo para el empresario estadounidense. Y este caso no va a ser menos.

¿Qué tiene que ver Donald Trump con las fiestas populares de muchas localidades españolas? Compartir en X

Vale, quizás sea exagerado conectar al candidato favorito a ocupar la Casa Blanca con Puerto Real, una localidad situada en la sin par Bahía de Cádiz; pero ahora que se ha captado la atención es el momento de encender las luces de la pasarela.

Se podrían poner miles de ejemplos, tantos casi como localidades hay en el territorio, pero en esta ocasión el foco se pone en la vecina de la trimilenaria donde la polémica ha precedido sus carnavales. Gran momento siempre el carnaval para la polémica y la crítica, esencial materia prima para las letras de sus chirigotas y comparsas.

¿Piñoneras sí o piñoneras no? La piñonera, además de ser una excelente cerveza local, es el nombre que reciben las mujeres representantes de las fiestas. Quizás uno de los ejemplos más conocidos de este tipo de representación sean las falleras valencianas.

Donald Trump y las mujeres

Donald Trump vía Huffington Post

Y ¿qué pinta Donald Trump entre el viento de levante y el carnaval? No, no tiene nada que ver con su flequillo. El magnate explota el concurso de Miss Universo, uno de los paradigmas de la cosificación de la mujer: los concursos de belleza. Certámenes que, además de cosificar en el sentido más literal del verbo, buscan la mofa y coger a contrapié a las aspirantes, donde no es casualidad que fuera de contexto y a traición pregunten por Confucio o Rusia. Ni hablar de la versión «baby», pero este tema quizás mejor tratarlo en otro momento o, mejor aún, preparar palomitas y ver Pequeña Miss Sunshine. Si bien es cierto que estos certámenes locales no son sólo de belleza, sino que se eligen mujeres que reúnen una serie de cualidades-habilidades relacionadas con la fiesta en cuestión, lo que dificulta el debate al introducir más elementos en la ecuación.

El cambio de color de muchos ayuntamientos pone sobre la mesa el replanteamiento de algunas figuras, entre las que se encuentran estas elecciones de mujeres tras pasar una serie de pruebas. No sería justo olvidar los cambios introducidos en la última década, donde aptitudes como por ejemplo saber cocinar han desaparecido de los requisitos para ser elegida.

Ayuntamientos como el Cádiz, donde las mujeres elegidas para representar el Carnaval reciben el nombre de Ninfas, han decidido este año no publicar las fotos de las candidatas para evitar la cosificación. Un paso que puede hacer de puente para un replanteamiento más amplio de la figura de ninfa.

Volviendo a la Villa de Puerto Real, donde el hagstag #NoSomosMujeresFlorero ha inundado el salón de plenos, al final la polémica se ha quedado ahí, en polémica. El hagstag, por cierto, no lo pusieron en marcha los promotores de una nueva figura de piñonera, sino las propias candidatas. La publicidad es una muy buena muleta para hablar de cosificación de la mujer donde no siempre las modelos que aparecen en los anuncios conocen el «copy» final de la pieza publicitaria, es decir: no saben el fin que va a tener su imagen ni el texto que la acompaña. Aún sabiéndolo, que tú no creas que esa fotografía sea el adalid de la cosificación no significa que no lo sea.

Es una tradición centenaria, dicen. Que algo se lleve haciendo no significa que haya que respetarlo ni tampoco que esté obsoleto, pero es un sano ejercicio encender el ojo crítico, activar los resortes del pensamiento crítico y replantear valores, acciones, tradiciones.

El Carnaval es así, como el propio debate: abierto y plural, contradictorio y visceral. Capaz de de intentar retener tradiciones pseudo-obsoletas a toda costa sin introducir cambios, pero al mismo tiempo escribir y cantar letras como éstas donde es la igualdad de mujeres y hombres la que carga sus tintas:

¿Qué es la libertad sino la posibilidad de despertarte cada mañana y replantearte quién eres? Y desde Cádiz, cuna de la libertad —y del «age»—, quizás pueda prender una mecha como en 1812 que revise la figura de la mujer en las fiestas locales.

¿Hay que igualar por arriba o por abajo? Es decir, ¿introducir «piñoneros», «ninfos» y «falleros» en las celebraciones o, por el contrario, suprimir las figuras? En la propia localidad gaditana se introdujo hace años la figura de la «Estrella de Oriente» en la cabalgata del Día de Reyes sin crear ningún trauma en las niñas y niños portorrealeños. Quizás la polémica no prendió como las Reinas Magas porque la prensa no había iniciado su peculiar caza de brujas del cambio. Polémica que ya hace su pasacalles en la ciudad Condal donde la «Reina Belluga» sustituirá al «Rei Carnestoltes». Paradójicamente, en este caso, se recupera una figura de dos siglos atrás.

Pero ¿quién viene por ahí? Es Donald Trump, que se ha sentido ninguneado y olvidado como hace él con todas las minorías. Viendo que no aparecía más en el post ha aprovechado para tomarse unos vinos y unas tapitas, eso sí, no se le notan nada porque sigue diciendo las mismas tonterías, que dónde están esas piñoneras, que si no desfilan en biquini o qué.

Ya salta el levante, enloquecedor de ideas, inspirador viento llegado de oriente que además de levantar el flequillo de Donald limpia el horizonte para dejar ver el porvenir.

¡Gracias, Pamela!

Cuando estaba en segundo curso de carrera vino a mi facultad Pamela Palenciano. Por aquel entonces mi relación con el feminismo era ambivalente, podía sentir el desagrado y la impotencia que me producían algunas situaciones cotidianas de machismo. Conocía el origen de la rabia, pero no sus causas, y por lo tanto veía esa disconformidad como algo lleno de banalidad y subjetivismo. Mis ideas eran disidentes, pero personales e íntimas y en definitiva no tenían más horizonte a la vista que unas réplicas de andar por casa pronunciadas con voz temblorosa, y eso si corrían la suerte de ser pronunciadas.

Pero, ¿por qué no era claramente feminista si el machismo me molestaba? Porque el feminismo era algo demasiado serio, demasiado importante para llegarlo a relacionar con las tonterías que le pueden preocupar a alguien corriente. A veces también solía pensar que no quería ser vista por los demás como una radical exagerada. Os pido que os pongáis en situación y tratéis de entender a mi yo de esa época; veía a las feministas como unas mujeres que luchaban por cosas realmente importantes pero que no me concernían del todo, ni me iban a ayudar a desentramar las contradicciones diarias que por otra parte cada vez eran más pronunciadas. Aún  no había escuchado nunca el lema de «lo personal es político» tan en boga ahora, pero se gestaba una pregunta en mí bastante relacionada con esta expresión: ¿podía ser el feminismo una lucha en lo cotidiano y lo personal y ser al mismo tiempo una lucha colectiva? La respuesta llegó pronto y fue decisiva para colocarme las gafas lilas ante los ojos definitivamente.

Aquella mañana en la que Pamela Palenciano llegó a la facultad, yo estaba en clase de demografía y me debatía junto a mi compañera de mesa entre quedarnos en clase resolviendo problemas del Diagrama de Lexis o salir a hurtadillas para ir a ver a Pamela al Aula Social en cuanto dieran un descanso. Optamos por lo segundo, sin restar importancia al Diagrama de Lexis en nuestro aprendizaje como sociólogas.

Cuando entramos en el aula había unas veinte personas. Ninguna conocida a la vista, todas eran de otros cursos o de asociaciones de la facultad. La mayoría éramos mujeres salvo dos o tres chicos. A pesar de haber tan poco público nos sentamos de las últimas para que no se nos viese demasiado, teníamos pululando sobre nosotras la incertidumbre de si aquel acto nos iba a entusiasmar, a conmover o a desengañar. Nuestra actitud era de ignorante desconfianza, pero también de una irrefrenable curiosidad, la misma que nos había hecho llegar hasta allí esa mañana.

Pamela Palenciano está de gira en Madrid este mes de enero. https://www.youtube.com/watch?v=tTPXpSUNRho

Pamela Palenciano está de gira con No Solo Duelen los Golpes en Madrid este mes de enero. Vía Youtube

Pamela captó nuestra atención desde el principio de su monólogo. Nos hablaba de forma directa, clara y lo que hasta ahora habían sido percepciones personales se convertían en certezas compartidas. ¿Por qué no me había atrevido a revelarme contra las cosas que me molestaban en lo cotidiano? ¿Por qué ni siquiera había pensado antes en ello como algo susceptible de cambio? Mi compañera y yo asentíamos con la cabeza cuando Pamela decía en clave cómica, pero lanzando verdades como puños al público, que dejó su reino para irse al reino de su novio, dijo adiós mamá, adiós papá, adiós amigas y, sobre todo, amigos, o adiós a la contraseña del Facebook.

Había dejado de hacer todo lo que le gustaba —salir con quien se lo pasaba bien, hablar como siempre lo había hecho—porque ahora todo su tiempo era prioritariamente para su novio, y cuando estaba en el patio del instituto con sus amigas ya no podía reír ninguna anécdota contada porque simplemente ella no estaba allí cuando habían sucedido. O nos hablaba de cómo, tras las discusiones que tenía con él, se prometía una y otra vez a sí misma que no le iba a esperar, que no iba a seguir así, y sin embargo esperaba y seguía inmóvil, mientras se frustraba por haber caído en contradicción consigo misma una vez más y por estar alimentando el que su novio no valorase el tiempo que ella dedicaba a aguardarle permanentemente. Porque a Pamela su pareja del instituto le intentó asesinar, pero ella no nos habla de eso, nos habla de la convivencia diaria con él: de los gestos, de las palabras, de todo aquello que es pequeño, sutil y se va aceptando poco a poco sin decir esta boca es mía.

A Pamela su pareja le intentó asesinar, pero ella habla de aquello que es sutil y se va aceptando... Compartir en X

Ahora necesito que demos un salto en el tiempo. Vayamos a noviembre de 2015: voy paseando por Ciudad Universitaria de camino a una reunión en el Instituto de Investigaciones Feministas de la Complu, donde realizo mi doctorado, cuando veo anunciado en uno de esos paneles habilitados para colocar carteles que Pamela Palenciano estará con su monólogo No Solo Duelen los Golpes en el salón de actos de Ciencias de la Información en unos días. ¿Por qué no volver a verla? Es cierto que, después de aquella vez, quería haber vuelto a asistir. En casa había buscado muchas veces su performance por Youtube y se la había mostrado a mis padres y sobre todo a mi hermana pequeña y también a amigas, con el entusiasmo de quien da un consejo que le ha sido útil.

https://twitter.com/Letrasfeminist/status/661449255773671424

Cartel de presentación del acto del 5 de noviembre en Ciencias de la Información. Vía Twitter 

El día del monólogo llega y yo estoy allí, vengo acompañada por una compañera recién llegada de México que se ha animado a venir conmigo cuando le he contado que iba a asistir. Alrededor del portón de acceso al salón de actos se arremolina mucha gente y entramos todxs en tropel cuando abren las puertas. Me entusiasmo cuando  veo que el espacio llega a su aforo máximo, ya ni siquiera hay butacas para tantxs y hay quienes han empezado a ocupar los pasillos o el espacio entre la primera fila de butacas y el escenario, somos multitud.

Escucho el monólogo con suma atención, no quiero perderme ninguna pista, ninguna clave, no quiero que se me olviden las sensaciones que causa en mí el escuchar su historia. Creía que no iba a ocurrir pero, a pesar de haber andado, leído y deconstruido mucho desde que acudí al primer No Solo Duelen los Golpes hasta la segunda cita con Pamela, es difícil no descubrirse en pequeños detalles que desearía no reproducir, pero que se escapan de las manos sin darnos cuenta y sin pretenderlo la inercia te lleva algunas veces, aunque pongas todo tu empeño en resistirte, a circular por el surco ya marcado, a ser como la cabra que tira pa el monte, y hace falta por muy feminista que seas que te recuerden ciertas cosas para que no se te olviden.

Veía por el público a chicas y también a chicos de diecinueve o veinte años, aproximadamente la edad que yo tendría aquella vez, me recordaban a mí, y me alegraba de que ellxs estuviesen allí descubriendo a lo mejor que sus desencuentros consigo mismxs y con los demás no son tan particulares como creían, o que lleguen a la conclusión de que lo personal, lo emocional y lo más visceral hay que gritarlo a voces en un auditorio, como hace Pamela, en vez de quedarse oculto en el plano privado de nuestras vidas. Porque sí amigxs, lo personal es político y Pamela lo hace patente cada vez que se sube a un escenario, acude a alguna plaza, asociación, instituto o universidad. Le doy las gracias infinitamente por ello.

Lo personal es político y Pamela lo hace patente cada vez que se sube a un escenario. Compartir en X

Las relaciones amorosas en Pretty Little Liars (III): Spencer

Queridas peleleras: vamos a continuar nuestro repaso a las protagonistas de tan insigne show. La idea de esta serie de posts y el orden que estamos presentando es recorrer un camino desde el descontrol y el puterío (en el sentido más gamberro y menos serio de la palabra) más descarado, encarnado por Emily, hasta la sensatez y la estabilidad representadas por Hanna. En medio de ambas se encuentran Aria, bastante obsesiva pero fiel a Ezra, y Spencer, que… también tiene sus cosillas.

Spencer Hasting, de Pretty Little Liars

Spencer Hastings

Spencer Hastings es, sin ninguna duda, el cerebrito, la empollona, la intelectual del grupo. Podría decirse que es la más inteligente y, aparentemente, la más fría, la menos emocional. Podría decirse, pero sería un error. Spencer creció en una familia hipercompetitiva y estresante y eso ha marcado/está marcando su adolescencia*. Es una chica muy confundida e impulsiva, que actúa de manera irracional durante casi toda la serie, y a la que sólo la relación con Toby la va ayudando progresivamente a ganar estabilidad emocional (lo cual sería reprochable si se tratase de una adulta, pero, siendo adolescente, entiendo que debemos contemplarlo como algo más «normal»).

En los inicios de la serie, Spencer pasa el tiempo colgándose de los novios de su hermana (la malvada Melissa) y, eventualmente, enrollándose con ellos.

Con Wren, a la izquierda, e Ian, a la derecha

Con Wren, a la izquierda e Ian, a la derecha

Después de conocer a Wren y tontear con él, inicia una relación con Toby. Es una relación desestabilizada por muchos acontecimientos y dudas, entre ellas Wren (que, por su parte, también tiene sus escarceos con Hanna; no vayamos a pensar que en PLL las únicas picaflores son nuestras protas). Primero las PLLs descubren que Toby tenía relaciones con su hermanastra, después es acusado del asesinato de Alison, más tarde colaborará con A (para intentar ayudar a las chicas, se supone), luego desaparecerá un tiempo… A diferencia de la relación de Hanna y Caleb, que atraviesa varias épocas de cierta estabilidad, la relación de Spencer y Toby parece estar constantemente en la cuerda floja y, sin embargo, ambos se las apañan para seguir juntos…

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Spoby a punto de darse su primer beso <3

Todo lo dicho anteriormente me lleva a pensar que ésta es la única relación, junto con la ya mencionada de Hanna y Caleb, que refleja con cierta verosimilitud lo que es el amor a esa edad, y proyecta valores sanos y positivos que son muy interesantes para el público hiperadolescente de la serie. Evidentemente, estas adolescentes no tendrán que lidiar a diario con un bully/stalker asesino ni perderán a sus novios por eso,  pero vosotras me entendéis.

En conclusión, que en esta ocasión me rindo: good for you, Marlene. Con Spencer y Toby nos has regalado una relación de lo más mona, y para muestra, un botón:

Spencer y Toby: Spoby

Spencer y Toby: Spoby

En el próximo post, por fin podré hablaros del que, para mí, es el mejor personaje de la serie: ¡Hanna Marin!

***

*Lo siento: me resulta rarísimo hablar en presente de su adolescencia cuando Troian Bellisario, la actriz que la interpreta, es apenas unos meses más pequeña que yo y ya no cumplirá los 30…

Tú antes molabas (vol. 2)

En anteriores episodios… Beyoncé molaba pero ya no.

Corría el año 1996. Yo estaba en una fiesta del cole, Coca Cola para todos y algo de comer, cuando escuché a lo lejos….

Ñiiiistoy aquiiiiiiiiiiií, queriÉÉÉendoteeeeeee nianianianiatrefotoscuerdosnienieniemprender.

Se te quedaba una cara un poco así…

Pero oye, tenía su gracia.

Después sacó otro single que decía algo en plan nanananatrastananarudallestodoloquesido, nanananana nana nacosanananananananamarte, que también estaba guay (con ese pequeño inconveniente de que si intentabas imitarla acababas invocando al diablo). Y nada, las letras, así en resumen, iban de una chica que era un desastre porque estaba enamorada. Que alguien con más mala leche que yo y que no soy yo podría decir que igual lo que le pasaba no era amor, sino una dificultad en el aprendizaje. Concretamente, en el aprendizaje del noble arte de separar las palabras correctamente en una frase. Pero, volviendo al tema, que la chavala lo pasaba muy mal porque sus novios no la entendían y se piraban, a veces con otra. En cualquier caso, si eso otro día hablamos de las letras.

Shakira se fue haciendo famosa, y llegó el 2005, sacó Fijación oral vol. 1 y lo petó ya del todo. Que si canciones con Alejandro Sanz, que si bailo muy raro pero muy bien, que si ahora me he tragado un camionero que me hace los coros (NOOOOOOO se puede vivir con tAAAanto VEEEEneeEEno… lasperanza quemediotomor…, DESPUEEEEEEEÉS de TIIIIIII la PAred, nmefalteeeeeesnUunca), que si saco el diccionario Shakira-Castellano, Castellano-Shakira… Ya te digo, de oro se hizo.

Durante ese año mi admiración por Shakira pasó de estásatropellandoungatoposeídoperomola a molasunpuñao. Respecto de las letras, seguía siendo un poco intensa y queriendo mucho, pero estaba como mucho más liberada y empoderada, que si sexo libre, que si te dejo porque eres un capullo y no tengo que aguantarte eternamente, etc.

Aparte, era embajadora de buena voluntad, luchaba contra la pobreza infantil, hacía conciertos benéficos. Muy buena chiquilla, vaya.

Como colofón (en mi vamos-a-decir-humilde opinión), tenía un novio de larga duración (no os llevéis las manos a la cabeza, esto no es lo importante) con el que no se quería casar. Sostenía que sería madre soltera por ese motivo, y que no se quería casar porque quería ser la novia eterna, que era más romántico. De hecho, ese señor novio le pidió matrimonio y ella, tranquilamente, con dos cojones-ovarios, le dijo que no. En serio, ¿qué mujer enamorada y criada con Disney hace eso?

Total, que yo superfan.

Peeeeero… llegó el 2009. Llegó la loba.

Ay, Dios…

Shakira había pasado de ser todo lo anterior a convertirse en… una merdellona. Cani, choni. Seguiría,pero no se me ocurren más sinónimos. Una choni poseída, por cierto, que daba un mal rollo que te cagas (2:55 del vídeo). Había vomitado al camionero previamente tragado para engullir a Verónica Forqué. A mí me gustaba más la versión de Patricia Conde (a partir del minuto 1).

Por esta época también encontró a su sestra

Por si fuera poco, llegó el Mundial en el 2010, y Shakira cambió al novio molón por… Piqué (palmface otra vez). Pero no os lo perdáis, que Piqué ganó el Mundial para cenar con ella. Cómo son los tíos, ¿eh? No sé para qué lo ganarían los demás jugadores, o si es que sólo lo ganó Piqué, eso no me ha quedado claro, la verdad. La que en el link comentan que es una preciosa historia de amor empezó, probablemente, con unos cuernos. Qué mejor forma de empezar una historia de amor y acabar otra con el que dos meses antes era el amor de tu vida que superponerlas.

Y con Piqué, Shakira ha cambiado.

De hacer vídeos con quien le daba la gana, poniendo celoso a quien se quisiera poner celoso, pasó a hacer vídeos con quien Piqué le dejara (de esto, además, se puede pensar que Piqué lo que quiere es que su chorba, heterosexual, se dé el filetazo con una tía, supongo que para su gusto y disfrute personal) porque es celoso y territorial.

Aquí Piqué

Por supuesto, respecto al tema de la boda y la novia eterna las nuevas declaraciones son que se casaría con él en cuanto se lo pidiera

Y llegamos al momentazo. El año pasado, Piqué, decidió enseñar al mundo, a su hijo en persona y a todos los demás, subiendo el vídeo a Internet, cómo le podía pegar un balonazo a Shakira en cuanto quisiera. Esto la verdad es que no sé cómo cogerlo. Me parece regular que lo haga, pero allá cada cual con lo que le moleste o no de su pareja. No creo que le haga daño. Me parece regular que le enseñe a su hijo que es gracioso pegarle balonazos a mamá, pero igual después le explican muy bien que sólo era una broma y que no es una muestra de dominación. Me parece humillante que esa gracia la suba a Internet, pero igual yo soy un poco sensible y un poco digna del coño.

Pero realmente lo que me parece mal es que yo he dejado de admirar a Shakira. Porque ha pasado de ser una persona fuerte, una feminista que hacía lo que quería, por muchas pelis de Disney que viera de pequeña, alguien que no tenía reparo en rechazar una propuesta de matrimonio del tío al que quería, a enamorarse de ese modo tan sumiso de un niñato. ¿A qué persona mayor de 16 años le hace gracia pegarle con el balón a alguien porque puede? Y peor aún… ¿¿A qué persona de 38 años le hace gracia que se lo peguen??

Repito…

Las relaciones amorosas en Pretty Little Liars (II): Aria

En mi último post, expliqué los motivos por los que algunos colaboradores de este blog y servidora somos fanses acérrimos de la serie Pretty Little Liars. Tal y como adelanté al final del post, hoy vamos a continuar el repaso a las vidas amorosas de estas muchachas hablando de Aria Montgomery.

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Aria Montgomery, personaje de Pretty Little Liars

Aria es la sensible, la poeta, la única de ellas que muestra inquietudes artísticas claras. Le apasiona leer y escribir, por lo que no es nada raro que su gran amor sea un profesor de Literatura recién llegado al instituto al principio de la serie.

Aria presenta en la serie dos grandes obsesiones: sus outfits imposibles y su amor por Ezra. Se conocen casualmente (my ass) en un bar de Rosewood y el flechazo es instantáneo. Más tarde averiguaremos que aquel encuentro fue buscado por Ezra porque estaba escribiendo un libro sobre la desaparición de Alison y necesitaba penetrar de alguna forma en su círculo de amigas, pero qué más da. El flechazo ya se ha producido.

Durante las dos primeras temporadas, la muchacha es monotemática. Que si Ezra esto, que si Ezra lo otro. A tu mejor amiga igual la acaban de atropellar, pero OyemiraloquemehadichoEzra, quémonoes.

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Y es verdad que el chico es muy mono, pero, ¿y la lucha interior por enrollarte con una alumna menor de edad? ¡Que la serie es de ABC Family! No, a Ezra sólo le preocupa que no les pillen y, más tarde, cuando los padres de Aria se enteran, que ellos les acaben aceptando. En fin, supongo que hay opiniones para todo en este aspecto. La mía, desde luego, es que el comportamiento de Aria es comprensible (tiene 16 años y se enamora) pero el de Ezra no. Al menos sabemos que no tienen relaciones sexuales desde el principio, pero… Aun así, esa relación me parece de una moral, cuando menos, dudosa.

Pero volvamos a Aria. Aunque es indudable que Ezra es el niño de sus ojos, no pierde la oportunidad de algún escarceo puntual en los momentos in-between. Tontea un poco con Noel, un estudiante tan malvado como guapo; con Jason, el hermano de Alison, y para terminar, con Jake, un profesor de artes marciales que huye despavorido de Rosewood cuando A le deja el saco de boxeo minaíto de cuchillas (pobre muchacho). A pesar de todas estas minihistorias, la sombra de Ezra nunca deja de planear su día a día; como dije al principio, es su obsesión durante toda la serie. De hecho, ambos forman una pareja muy querida por los fans. Tanto, que Marlene King (la creadora de la serie) se hizo caquita encima y no fue capaz de mantener a Ezra como A (aunque los que siempre defendimos su implicación tuvimos varios capítulos para disfrutarlo).

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Conversación entre Aria y Jake

En definitiva, Aria es otra adolescente un poquito disfuncional en sus relaciones amorosas, pero al menos es consistente en sus obsesiones (eso no podemos negárselo). Hasta que no lleguemos a Hanna Marin y su relación con Caleb no veremos una relación madura y sensata en la serie. No obstante, para eso aún nos queda, porque en el próximo post hablaremos de… ¡Spencer Hastings!

Sobre la abolición de la verdad, los poliamores y otras posmoderneces

Ciega ratones aquel, también, que inocula el virus de la Verdad administrando transfusiones de plasma conceptual a quienes se sienten enfermos de sin-sentido. Aquel que ofrece paraísos sistemáticos a los heridos de vida. Aquel que inyecta, como un orgullo de raza, la intelectualidad que encubre nuestra miseria: nuestra ignorancia.

Chantal Maillard

Cinco ratones ciegos

 

Algunas estudiantes de filosofía pragmatistas como yo consideramos que mucha de la filosofía que estudiamos en nuestras facultades ha quedado obsoleta para la sociedad de hoy porque resulta tan inoperativa como imposible. Cierta corriente posmoderna, en particular la filosofía de Richard Rorty, denuncia que lo que hemos convenido en llamar Verdad, Razón o Realidad, ha tomado el lugar de dios en una cultura laica. Lo que en un principio pretendían ser unos ideales reguladores a los que tender para emancipar a la humanidad de las tinieblas de su ignorancia, han resultado contraproducentes. No solo no han servido ni sirven para resolver nuestros problemas de hoy, sino que en su nombre se han cometido las mayores atrocidades, añadiendo más sufrimiento a nuestra historia humana.

Pero, ¿qué tiene que ver este diagnostico con la manera en que amamos y en que nos relacionamos?, ¿tiene algo que ver la abolición de la verdad con el amor? Pues sí. Desde este análisis, el amor entendido como mito romántico corre la misma suerte que la verdad. El amor romántico es un ideal que sigue siendo, al igual que la verdad, un sucedáneo de lo divino. Exige fidelidad, amor incondicional, matrimonio hasta la muerte, exclusividad sexual y emocional durante años, durante décadas, durante toda nuestra vida. Este tipo de amor genera una idea de autoridad sobre-humana que nos dice lo insuficientemente buenos que siempre seremos a la hora de alcanzar la perfección y eternidad, porque, ¿alguien piensa que es posible humanamente no desear a otros?, ¿no amar a otros? Y si se pregunta a los defensores de este tipo de amor dirán que es normal y habitual desear a otros, pero que te has de controlar (y auto-flagelar, añado yo) en nombre del “verdadero amor “a esa persona. Y si sucede una infidelidad, ¿qué? Si le dices la verdad a tu pareja harás que todo lo demás vivido con ella parezca mentira, y si no se lo dices, ¡voilà!, culpa judeo-cristiana. Pero, ¿por qué tener culpa por una cosa tan humana como actuar en consecuencia de un “no solo contigo para siempre”? Uno puede ser un ser sexuado y por eso mismo necesitar más de una relación sexual, ser un ser que ama y por eso mismo necesitar más de un amor. O no. O sí y todo a la vez, pero sin hacer daño a otros, ¿es esto posible? Yo creo que lo es.

Retrato imaginario de Brigitte Bardot (Antonio Saura)

Brigitte Bardot (Antonio Saura) vía Fundación Juan March

Lo importante no es saber si somos polígamos o monógamos por naturaleza, o si todos debemos seguir el poliamor o no. No hay nada que investigar acerca de la naturaleza humana o acerca del deber ser del amor. Lo importante es idear espacios de sentido que disminuyan el sufrimiento y aumenten la felicidad humana, que podamos contribuir a la mejora de la vida. Idear nuevos conceptos y descripciones que den cabida a todo tipo de multiplicidad de amores humanos para las necesidades de cada uno: amores tan temporales y contingentes como tú o como yo; o amores para siempre con otros múltiples amores; o amores cuya ruptura no suponga un fracaso como persona, sino la mayor oportunidad de crecimiento personal; o amores sin contratos. En todo caso múltiples formas de amar, pero desde unas expectativas que podamos satisfacer humanamente. No un amor que esté más pendiente de exigir que de disfrutar. Amor o amores como motor y no amor como cadenas.

Si el mito de este amor romántico es un ideal imposible de llevar a cabo humanamente, inventemos otras formas que sí lo sean: relaciones abiertas, plurales, poliamor, etc. pueden suponer soluciones porque pueden hacen compatible ser leales a uno mismo y a los otros y despojarnos de la culpa judeo-cristiana. Si no hay verdad, tampoco habrá mentira. Es decir, si hay normalización no habrá sufrimiento.

Hacer los amores a la medida humana, donde conceptos que estaban cargados de tintes morales, sirvan precisamente para trascenderlos. Hoy no hay necesidad de atender a la autoridad del amor romántico, sino hacernos cargo de otras formas de amar cuyas expectativas seamos, como humanos, capaces de colmar. Y si al final de todo esto no te convenzo y prefieres un amor romántico y alguna vez cometes un desliz, hazme caso y no le digas la verdad. Y si tú, la de la relación abierta y consensuada, te vas muy abiertamente con otra persona, hazme caso también y tampoco se lo digas. Hacedme caso, porque la verdad está sobrevalorada. No sirve para la mejora de la vida. Yo siempre digo que la verdad suena bien pero no sirve para apretarse contra ella en una noche fría.

Por qué [no] necesito el feminismo

De un tiempo a esta parte, el vídeo de la canadiense Lauren Southern titulado Por qué no necesito el feminismo (Why I don’t need feminism) se ha hecho muy popular en las redes, a raíz de una foto que subió hace algunos años. Ya existe alguna respuesta a este vídeo, pero algunas mujeres (de cuyos nombres no quiero/puedo acordarme) estuvimos reflexionando sobre esto y creo que si no se publica, reventamos. Va con cariño para Lauren y, sobre todo, por y para ellas.

Respuesta a Lauren Southern

Esta es la foto que Lauren subió a su página en Tumblr

Esta chica se ha dedicado a desmontar el feminismo con argumentos que lo convierten en un movimiento cómplice o, como mínimo, observador pasivo de los problemas de los hombres. Todo su discurso se articula en esta línea a lo largo del vídeo, cuyo lapidario pistoletazo de partida es que el feminismo no es un movimiento que busque la igualdad, entre otras cosas porque no hay una representación igualitaria de los problemas de ambos géneros. Bueno. Respondamos por enésima vez a esta creencia, remarcando en primer lugar la confusión entre los términos igualitario y equitativo, y aclarando la confusión existente.

Según Lauren Southern el feminismo no es un movimiento que busque la igualdad. Compartir en X

El feminismo defiende los derechos de la mujer (género tradicionalmente oprimido) con el fin de igualarlos a los del hombre (género tradicionalmente opresor). No hay una representación equitativa de los problemas de ambos géneros porque los problemas, su calado, su amplitud, su trasfondo, su gravedad, no son iguales. El feminismo es, por lo tanto, un movimiento igualitario pero no equitativo. ¿Se traduce esto en la pretendida invisibilización de los problemas masculinos? No. ¿Se traduce en la lucha por los derechos que el machismo lleva siglos arrebatando? Sí. Punto.

Continuemos. El vídeo habla después de la cifra de hombres violados en las prisiones de Estados Unidos. Lo cierto es que desconozco la fuente de donde se han extraído estos datos, así que es tan difícil verificarlos como contrastarlos. Con la misma fiabilidad se podría decir que prácticamente la totalidad de esas violaciones han sido ejercidas por hombres (puesto que las prisiones son espacios no mixtos), así como hacernos una idea aproximada de las violaciones ejercidas por hombres en las cárceles de mujeres (sobre lo cual jamás se darán datos oficiales porque supondría señalar con el dedo a los funcionarios que trabajan en ellas). Y eso por no hablar del número de violaciones producidas en el ámbito doméstico que no son denunciadas por miedo, o las debidas al fenómeno denominado trata de blancas, el tercer negocio más rentable del mundo por detrás de la venta de armas y del narcotráfico, y cuyas víctimas son mayoritariamente mujeres y menores, en una proporción aproximada del 80%.

Según Lauren, las feministas guardan silencio sobre el tema. Sin embargo, en 2003 en Estados Unidos el feminismo lideró una coalición que defendía el Prison Rape Elimination Act of 2003 (Ley por la Eliminación de las Violaciones en Prisión). Más tarde, en 2011, la Feminist Majority Foundation estuvo luchando por cambiar la definición de violación para que esta incluyera como víctimas a los hombres (que antes no estaban incluidos) pero también otros tipos de violación, en una campaña llamada Rape is Rape. No sé si silencio es la palabra que mejor define lo que hacen las feministas con respecto de esto.

La violencia de género es siempre la ejercida contra una mujer por parte de un hombre. Compartir en X

Siguiente lanzamiento de datos aleatorios: Casi la mitad de las víctimas del abuso doméstico en Estados Unidos y Canadá son hombres. De nuevo me gustaría empezar aclarando la diferencia entre la violencia de género (la ejercida contra una mujer por parte de un hombre que sea o haya sido su cónyuge o a la que le haya unido una relación de afectividad, según el Instituto Nacional de Estadística) y la violencia doméstica (toda violencia ejercida por un hombre o por una mujer hacia cualquier persona de las recogidas en el artículo 173.2 del Código Penal –descendientes, ascendientes, cónyuges, hermanos, etc.– a excepción de los casos específicos de violencia de género). Es decir, que de todos los datos que voy a enumerar a continuación habría que hacer el análisis correspondiente solo en términos de violencia de género para ver el número exacto de mujeres que mueren a manos de sus maridos, exmaridos, novios o exnovios.

Habría que explicar también la diferencia entre la violencia situacional de pareja (que, efectivamente, ambos géneros ejercen por igual, pero se da en situaciones puntuales y generalmente es el resultado de una discusión, por lo que no es representativa de la violencia crónica o sistemática) y la violencia sistemática (que incluye actos cotidianos de control mediante la coacción activa o coercitiva, tanto por motivos económicos como sentimentales, sexuales, psicológicos, etc., que son los que suelen acabar en el asesinato o daños psicológicos irreversibles y el reflejo inmediato de la estructura social). Dicho lo cual, en este caso tampoco se dan a conocer las fuentes. Sin embargo, el Bureau of Justice Statistics (portal estadístico del Departamento de Justicia de los Estados Unidos), empleando como fuente el national crime victimization survey, presenta alguna comparación con un porcentaje parecido a este en alguna de sus tablas. El peligro de no contextualizar las estadísticas es una posible interpretación incorrecta. Expliquemos con datos, que de datos va el asunto:

Efectivamente, en el ámbito familiar, un 42,5% de las víctimas mortales entre 2003 y 2012 fueron hombres, mientras que el 57,5% fueron mujeres. Sin embargo, un estudio del mismo BJS afirma que el 81% de las denuncias en los 75 estados más grandes del país fueron puestas contra hombres. Además, el equilibrio entre los porcentajes de ambos géneros se da (y me avergüenza tener que escribir esto) por la muerte de menores: el 50,8% eran hijos y el 49,2% eran hijas, mientras que la relación de víctimas entre los cónyuges fue del 19% de maridos y 81% mujeres. Esto quiere decir que un alto número de asesinatos se produjo por parte del padre de familia hacia el resto de sus miembros. Esto no ocurre solo en Estados Unidos. En España, según datos del INE, de las 34.407 denuncias por violencia doméstica en 2014, 31.538 víctimas eran mujeres. En los años anteriores los números son muy similares. Me parece triste y patético justificar cualquier violencia equiparando datos, pero ya que es el argumento espada de los detractores del feminismo, equiparémoslos de forma justificada.

Para seguir con el diluvio estadístico de fuentes desconocidas, en el vídeo nos encontramos con que el 80% de los casos de suicidio son hombres, así como el 92% de las víctimas de muertes laborales, el 97% de las muertes durante las guerras y el 77% de las víctimas de homicidio. En los casos de suicidio es difícil señalar un culpable, siendo que la mayoría de ellos, sin embargo, son propiciados por la presión de la sociedad, según estudios de la OMS. Una sociedad dominada por el patriarcado. El hecho de que la mayoría de las muertes laborales y las muertes durante las guerras sean de hombres tiene una explicación tan sencilla como que los puestos de mayor riesgo laboral han estado tradicionalmente destinados a los hombres, y los ejércitos son nutridos en grandes proporciones por hombres (desde los gobernantes que las lideran hasta los soldados rasos que las luchan). Por último, de nuevo el Bureau of Justice Service afirma que, entre 1980 y 2005, el 90% de los asesinatos fueron cometidos por hombres. No añadiré nada más.

Los hombres son obligados a cumplir estándares sociales. ¿Quién les obliga? El patriarcado. Compartir en X

El vídeo clama que los hombres son objetivizados, violados, maltratados y obligados a cumplir estándares sociales igual que las mujeres. Bueno, en términos estadísticos no es igual, pero dejémoslo en que también son víctimas, como las mujeres. ¿Víctimas de quién? ¿Quién les obliga a cumplir esos estándares? El patriarcado. La industria, las guerras, la economía mundial, los roles, el autoritarismo, todo, está impuesto por una sociedad dominada por los hombres.

Lauren también se queja de que, en caso de divorcio, probablemente ella se quedaría con la custodia de sus hijos. Sí, esto es así porque lo normal en caso de divorcio es que sean lxs propixs progenitorxs quienes lleguen a un acuerdo, y generalmente la madre se queda con la custodia porque ella es quien carga con la mayor parte de la responsabilidad. Socialmente, a la mujer se le asigna el rol de cuidadora que asume la maternidad y al padre el rol de ciudadano que contribuye económicamente a sustentar a la familia. Es precisamente contra estos roles (entre otras cosas) contra lo que lucha el feminismo. Así pues, lo mejor que pueden hacer aquellos padres que quieran asumir el rol de la paternidad es unirse al feminismo, pues sus luchas son convergentes en este punto. Aunque la realidad legal es que no hay ninguna premisa, doctrina, ley o jurisprudencia que adjudique la custodia a la madre de forma sistemática. porque todxs somos iguales ante la ley. En el Código Civil Español, por ejemplo, todxs figuramos como progenitorxs y/o cónyuges.

Respuesta al vídeo de Lauren Southern

Captura del vídeo de Lauren Southern,Why I don’t need feminism

Por si la ración de datos aleatorios y de origen desconocido nos había sabido a poco, el vídeo continúa: Como mujer, recibiría la mitad de la condena por cometer exactamente el mismo crimen que un hombre. Literalmente, no se qué decir a esto. ¿En qué prisión? ¿En qué Estado? ¿Según qué ley? ¿Con antecedentes? ¿Sin ellos? ¿De qué crimen está hablando? No se sabe. No se sabe si es cierto o si no, si ha descontextualizado las estadísticas como ha hecho con las víctimas de la violencia doméstica, si se lo ha inventado, si es una información maquillada… No se sabe nada. No me romperé la cabeza preguntándome más acerca de este fenómeno inaudito de la justicia. Aún así, añadiré que con respecto al sistema de encarcelamiento hay una gran cantidad de mujeres feministas que luchan porque este sea honesto y justo. Algunas de ellas son Angela Davis, Sarah Lamble o Julia Sudbury.

Si acuso a alguien de violarme, me tomarían en serio. Y no se reirían de mí por no ser lo suficientemente masculina. No se por qué a estas alturas sigo sorprendiéndome. Suponiendo un mundo idílico en el que siempre te tomaran en serio por ser mujer y decir que has sido violada (¿Cómo ibas vestida?; Algo habrías hecho; Darías a entender que tú también querías; No fuiste lo suficientemente clara; Es tu novio, ¿cómo te va a haber violado?; y así podría seguir hasta el infinito), puede que sí se riesen de ti por ser un hombre violado… El patriarcado y los estereotipos que este impone. Las mujeres, como potenciales víctimas de una violación en mil millones de situaciones diferentes, generalmente no ridiculizamos a la persona agredida. Generalmente. Claro que puede pasar, pero no es lo normal. Por esta regla de tres, por cierto, es muy probable que como mujer seas ridiculizada si no eres lo suficientemente femenina.

¿Cómo ibas vestida?; Algo habrías hecho; No fuiste clara; Es tu novio, ¿cómo te va a haber violado? Compartir en X

Otro asunto que preocupa a Lauren es la falta de asistencia a los hombres en caso de violencia doméstica. El hecho de que las campañas de apoyo estén mayoritariamente dirigidas a ellas tiene una explicación lógica en base a la sociedad en la que se dan: el modelo de familia que aún impera responde al modelo tradicional. Volvamos a explicar este punto, que por lo visto no es tan evidente: la mujer cuida de la casa y los niños y (en menor medida, pero también) depende económicamente del hombre. Esto acorrala a la mujer en una situación que dificulta mucho dejar la casa, pues ella es la responsable de los hijos, y esa baza podría usarla el maltratador en su contra, tanto por medio de una estrategia victimista, como de indefensión o como amenaza. En el caso contrario, un hombre tiene más accesos y facilidades para abandonar el hogar, en tanto que es económicamente más independiente y domésticamente menos responsable.

De todas formas, de nuevo la realidad legal es diferente, porque la Ley de Violencia Contra las Mujeres que se aprobó en 1994 ampara tanto a hombres como a mujeres dado que, como se ha mencionado anteriormente, todxs somos iguales ante la ley.

Lauren también está convencida de que como mujer, es más probable que obtenga un puesto en el gobierno o en el ejército a pesar de no estar cualificada, solo para que cumplan una cuota de igualdad. Ay diosas, mi capacidad de asombro está rebosada. Ya no me cuestiono qué le habrá llevado a Lauren a hacer semejante afirmación, así que me limitaré a explicarla: las cuotas de igualdad existen porque existe la desigualdad en las plantillas (la propia frase de Lauren admite que esto es así). A pesar de que más del 50% de la población mundial es femenina, su representación en las empresas y en los puestos de trabajo no es ni proporcionada ni mucho menos igualitaria. Esto no quiere decir que una mujer tenga más posibilidades de ser contratada a pesar de estar menos cualificada (¿Pero dónde está la relación entre ambas cosas? Es que de verdad, de verdad que no la encuentro), quiere decir que EL NÚMERO DE CANDIDATAS A UN PUESTO AUMENTARÁ, aumentando así el abanico de mujeres, capacitadas en mayor o menor medida, a las que se entreviste. A esto se le llama discriminación positiva, no «teregalounpuestoporsermujer».

Y por último, sí Lauren, el feminismo considera que nacer hombre en un sistema dominado por los hombres te concede ciertos privilegios inherentes. Esto no significa que todos los hombres hagan uso de forma deliberada de sus privilegios, ni que las feministas odien a los hombres. Significa que los hombres son privilegiados por poder vestir lo que quieren. Son privilegiados por poder andar por su barrio sin miedo a ser violados. Son privilegiados porque siguen ganando más que nosotras, siguen teniendo más oportunidades que nosotras. Y, sobre todo, porque son ellos los ACTORES, no nosotras. Ellos son quienes se matan, quienes se exigen, quienes se apuntan al jodido ejército. Y quienes nos matan y nos exigen a nosotras. La violencia ES machista porque es ejercida por un macho, y es ejercida porque no encajas en sus cánones patriarcales. O porque él encaja demasiado bien.

El feminismo no compadece a la víctima; ataca al agresor.

El feminismo no los quiere muertos; nos quiere vivas.

Las relaciones amorosas en Pretty Little Liars (I): Emily

Como ya habréis notado, en este blog la temática de muchos posts viene muy marcada por la actualidad. Es un blog que tiene un planteamiento serio y unas ideas serias, pero que no renuncia en ocasiones a reflejar otros puntos de vista más cómicos. Entre las miles de cosas que debatimos de forma cibernética los que colaboramos aquí se encuentran también las series de televisión y el cine, y cómo estos contribuyen a perpetuar esos tópicos que tanto nos desagradan en esta página. Pues bien, os lo confieso: yo tengo alma de adolescente. Es más, la mamá de este blog, de este proyecto, también tiene alma de adolescente. Y, como tales adolescentes que en parte somos, nos encanta la serie Pretty Little Liars.

No es momento de hablar del argumento de la serie (eso sería más apropiado en otro tipo de blogs), sino que sólo nos interesa dejar constancia (con un poco de rigor y un mucho de guasa) de cómo son las relaciones amorosas entre adolescentes según los productores de este éxito de la televisión estadounidense. Dado que hay cuatro personajes protagonistas, serán cuatro los posts que vamos a ir presentando. Hoy comenzaré con el plato fuerte: Emily Fields. Ah, que no se me olvide: major spoilers included.

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Emily Fields, de Pretty Little Liars

Emily es una muchacha muy tímida que, en la primera temporada de la serie, confiesa a sus amigos y a su familia que es lesbiana. Aunque en los primeros capítulos está saliendo con un chico, muy pronto lo deja e inicia una relación con el que será su primer gran amor (Maya), otra adolescente viejoven recién llegada a Rosewood. Hago aquí un pequeño paréntesis para aplaudir a ABC Family por incluir este personaje y tratar de presentarlo con la mayor naturalidad posible, eso hay que reconocérselo. Emily encandena varias parejas, tontea con ellas, se besa con ellas, corta con ellas, y todas las fases y la problemática habitual es mostrada con el mismo respeto que la productora tiene hacia el resto de adolescentes.

Peeeeeeeeeeeeeeeero (porque tenía que haber un pero) el personaje de Emily tiene un problema: es tan sosa y tan lacia que no te crees sus relaciones. Y, para más inri, todas las cosas raras le pasan a ella. Sí, no exagero: os voy a contar su historial amoroso y veréis que tengo razón. A ver, el primer gran amor de Emily es su mejor amiga (Alison), que durante su adolescencia se dedica a tontear con ella y darle algunos besitos mientras espera the real thing (dicho por ella misma). Un día, Alison desaparece (¿es asesinada?) y Emily cae en depresión.

Al tiempo, conoce a su primera novia (Maya), pero apenas les dejan tiempo de disfrutar: Maya es enviada a una especie de campo de trabajo barra reformatorio para curarse de su adicción a las drogas (porque le encuentran un porro en la mochila, cuidao) y allí conocerá al que después será su asesino. Off topic: al final Emily se venga y lo asesina a él, en defensa propia, claro.

Cualquiera diría que acaban de matar a su novia

Cualquiera diría que acaban de matar a su novia

Total, ¿por dónde iba? Maya se va al campo de trabajo barra hogar católico antidrogas y Emily se enrolla con otra nadadora (porque Emily nada y es muy guapa) (¿no había dicho aún que Emily es SÚPER guapa?) pero, como esta nadadora (Paige) también tiene arranques de homofobia, intenta ahogarla en la piscina así, para hacer la gracia. No lo consigue y, como premio, se lían un tiempo. Muy lógico y adolescente todo. Emily se cansa de los rollos de lesbiana in-the-closet de Paige y se lía con Samara, una rubia muy mona y que no está loca ni fuma porros, pero A (el malo malísimo de la serie) las separa con sus amenazas y sus chantajes de siempre.

A Emily parece que todo esto le afecta mucho, porque siempre tiene su cara de estreñimiento dramático:

Emily Fields

Emily Fields, de Pretty Little Liars

Después de ser asesinada Maya, Emily pasa su duelo con Paige de nuevo, y este reprise están varios meses (¿años? El tiempo en PLL es un concepto difícil de abarcar) juntas, y puede decirse que es la época «normal y sana» de Emily. Pero ese período normal dura poco: Paige se marcha fuera a vivir y Emily cae en una etapa un poco confusa de la que aún no ha conseguido salir: primero, se lía con una cocinera casada (con un hombre); después, ¿se enrolla? ¿se acuesta? (el sexo en PLL es otro concepto difícil de entender) con Alison, su primer gran amor prohibido (que sí que estaba viva, a todo esto), porque sí, porque that’s what friends are for. Y ya para terminar, acoge en su casa a una chica, un personaje nuevo (Sara Harvey) con el que también se enrolla, porque Emily es Emily y nunca nos defrauda.

Al principio dije que Emily tenía dos problemas: que los guionistas sólo escriben historias dramáticas para ella y que ella en sí es muy sosa. Sobre este segundo aspecto sólo diré que aún estoy esperando una escena apasionada de Emily, y no creo que sea porque es lesbiana, sino porque es MUY LACIA. Pero como siempre le digo a mis amigos… Es tan guapa que todo se le perdona.

En la próxima entrega os hablaré de Aria y su amor ilegal con su profe de Literatura.

Jennifer Lawrence, mujeres y negociación

Llega noviembre y las vallas publicitarias y los autobuses de las ciudades se llenan con las imágenes promocionales de la nueva y última entrega de la saga de ‘Los Juegos del Hambre’. Veo a Jennifer Lawrence sosteniendo un arco rodeada de llamas y recuerdo las cifras que la encabezaban en la lista de las actrices mejor pagadas del mundo. Sus algo más de 50 millones de dólares anuales, 30 millones menos que el actor mejor pagado, no pueden ocultar que sólo 4 de las actrices que aparecen en la lista facilitada por Forbes alcanzan los 20 millones en contraposición a los 21 intérpretes masculinos que superan dicha cifra. Puede parecer ridículo hablar de diferencias salariales entre cifras tan altas, pero cuando la actriz que protagoniza la franquicia juvenil del momento y las nuevas entregas de ‘X-Men’ sufre esta desigualdad es para pensar en cómo está el panorama en general.

Lawrence publicó una carta en la newsletter feminista de Lena Dunham, Lenny Letter, en la que hablaba sobre la discriminación que afecta a las mujeres en la industria del cine. La actriz había descubierto a través de las filtraciones de los correos de Sony que tanto ella como su compañera de reparto en La gran estafa americana (2014), Amy Adams, habían cobrado menos que sus coprotagonistas masculinos. Pronto surgieron voces de apoyo a la acción de la actriz y se sumaron testimonios como el de Sienna Miller, que hizo público su rechazo a una oferta en teatro cuando había sabido que iba a cobrar la mitad que su compañero cuando sólo actuaban ambos sobre el escenario. Pero un aspecto interesante del ensayo de Jennifer Lawrence es que ponía de manifiesto algunas inseguridades bastante comunes en las mujeres a la hora de desenvolverse en el mundo laboral o incluso en la construcción de su propia autoestima.

Ilustración de Jennifer Williams«Estaría mintiendo si no dijera que hubo un componente de querer agradar a los demás que influyó en mi decisión de cerrar el acuerdo sin peleas. No quiero parecer difícil o malcriada. […] Éste es un elemento de mi personalidad contra el que he estado luchando durante años, y basándome en las estadísticas, creo que no soy la única mujer con este problema. ¿Estamos socialmente condicionadas a comportarnos de esta manera? ¿Tenemos el hábito de intentar expresar nuestras opiniones para no ofender o asustar a los hombres?»

Es llamativo que una actriz que con 22 años años ya ha conseguido un Oscar, que ha logrado sortear el ataque del fappening sin que afectara gravemente a su carrera y que recibe la admiración de sus compañeros de profesión llegue a cuestionarse sus capacidades o tema reclamar el reconocimiento de su estatus a través de su sueldo porque pueda ser tomado como un signo de inmadurez. Estamos hablando de que los condicionamientos de género afectan gravemente a la capacidad de negociación de las mujeres y que a su vez esto contribuye al mantenimiento del techo de cristal. Un fenómeno más común de lo que imaginamos es el síndrome del/de la impostor/a. En éste, los méritos y logros alcanzados no son aceptados como propios sino como fruto de la buena suerte y las circunstancias favorables. De esta manera se genera la sensación de ser un fraude que debe minimizar el reconocimiento por su trabajo y habilidades para no ser descubierto. Esta especie de perfeccionismo menoscaba la autoconfianza del individuo y presenta el éxito como una situación peligrosa y no deseable para sí mismo. Quien se cree un impostor teme constantemente defraudar al otro, necesita la aprobación social para actuar como cree y lo más probable es que permanezca en segunda línea eternamente para evitar dicho riesgo. No es de extrañar que haya menos directivas que directivos en las empresas u ocupando puestos de poder cuando por su propio género se les inculca la idea de valorarse a razón de las construcciones exteriores y no las propias, cuando las aspiraciones de desarrollo profesional están constreñidas por el temor de «cómo van a ser juzgadas socialmente». La generalización de esta situación en el ámbito laboral y académico es el nicho psicológico idóneo para adquirir esta dinámica autocastrante del síndrome de la impostora y resulta terrible pensar en la cantidad de mujeres que pueden haberse autoboicoteado o haber aceptado condiciones peores que sus compañeros por no considerarse dignas de alzar su voz o de exigir lo que es justo por su esfuerzo y trabajo.

«Estoy cansada de tratar de encontrar la forma adorable de expresar mi opinión y seguir siendo simpática. ¡Qué mierda! No creo que haya trabajado para un hombre al mando que haya gastado su tiempo en pensar qué ángulo debía utilizar para que su voz sea escuchada. Jeremy Renner, Christian Bale y Bradley Cooper lucharon y tuvieron éxito negociando contratos poderosos para ellos. Estoy segura de que se les recomendó ser agresivos y tener una táctica, mientras yo me preocupaba por no parecer una niñata y no por conseguir un trato justo. Una vez más, esto no tiene NADA que ver con mi vagina, pero tampoco estaba tan equivocada cuando otro correo electrónico filtrado de Sony reveló que un productor se refería a una actriz protagonista en una negociación como una niñata malcriada. Por alguna razón, no puedo imaginarme que alguien lo diga de un hombre”.

Jennifer Lawrence confesaba recientemente que su personaje de Katniss Everdeen le había inspirado a la hora de compartir su reflexión sobre el sexismo en Hollywood. Ojalá ocurra lo mismo con los millones de espectadores, sobre todo los jóvenes, que irán a ver el final de la historia en unas semanas. Ojalá su carta abierta haga reflexionar a otros y el silbido del Sinsajo llegue lejos.

Mala Hembra: visibilizando nuestro miedo

Mala Hembra es un maravilloso proyecto, una tienda online, creado por dos jóvenes feministas con espíritu guerrero y emprendedor. Os dejo aquí información sobre Mala Hembra. Entre su variedad de productos de cariz feminista (camisetas, bolsas, chapas…) está su joya de la corona: el llavero gato. Este llavero de autodefensa con forma de gato está diseñado por ellas mismas y elaborado gracias a la impresión 3D. La idea la cogieron de productos similares comercializados en Estados Unidos, pero como no podían importarlo por considerarse arma, se las han ingeniado para producirlos aquí, con su propio diseño, haciendo un Verkami para conseguir financiación para la impresora 3D. En esta entrevista explican todo acerca del llavero y cómo nació la idea. Como bien dicen, además de ser verdaderamente útil, el llavero visibiliza una realidad. La realidad que vivimos la inmensa mayoría de las mujeres que, por desgracia, somos potenciales víctimas de agresores que ven en una mujer sola la presa perfecta.

Llaveros Mala Hembra Verkami

Llavero de Mala Hembra

Mala Hembra Gatas

Llavero de Mala Hembra

En la entrevista, me llama la atención que hablan sobre imágenes de mujeres con las llaves entre los dedos y cómo la mayoría de los hombres no es capaz de identificar el significado. Todas hemos hecho algo para sentirnos un poco más protegidas a la hora de volver solas a casa de noche después de, por ejemplo, una fiesta. Yo no era muy de llaves, siempre he sido más de cigarro encendido (¡mal vicio confesado!). Siempre que volvía a casa sola después de una noche de juerga, de una tarde o noche de trabajo, de entrenar, de clase… lo que fuera, pero de noche y sola, llevaba un cigarro encendido en la mano. En caso de que se consumiera antes de llegar a casa, rápidamente encendía otro. Pensaba que si un hombre me atacaba, le quemaría un ojo (o lo que pudiese) con el cigarrillo y aprovecharía para escapar. Pero también es una buena opción llevar las llaves en la mano, cualquier objeto punzante, un spray… lo que pueda ayudarte.

Otra técnica habitual es ir haciendo como que hablas por el móvil. Chicas, confesad, ¿quién no lo ha hecho? Las veces en que volvía a casa en taxi, durante el trayecto “hablaba” con mi padre (ya fallecido, pero me parecía que imponía más “resucitar” a mi padre que hablar con mi madre, claro) contándole dónde estaba y que iba de camino, en taxi. Por si el taxista tenía la tentación de llevarme a otro lugar y hacerme daño, que se lo pensara dos veces. Durante mis años de juventud en los que salía de fiesta todos (o casi) los fines de semana, si volvía sola a casa (muchas veces me acompañaban amigos, el noviete que tuviese en ese momento o algunas amigas), la única situación en la que no estaba tensa desde que perdía a mis amigos de vista hasta que llegaba a casa, era si cogía un taxi y la conductora era una mujer. Era como que te tocase el premio en un sorteo, ¡un broche final estupendo para una buena noche de juerga! Pero, como todo premio, no era muy frecuente.

¿Os habéis fijado en que es rarísimo encontrarte a una mujer de madrugada borrachísima (o similar) tirada en cualquier sitio (durmiendo, por ejemplo)? Pues eso refleja bien que, por mucho que perdamos hasta la consciencia, rara vez bajamos la guardia…

Imagen de la película El Callejón

Imagen de la película El Callejón

Puede que alguien, leyendo esto, piense que soy una paranoica, histérica o exagerada. Seguramente, si eres mujer me entiendes perfectamente. Lo cierto es que no me considero especialmente cobarde. No chillo con un simple susto, me encantan las pelis de terror y disfruto mucho de atracciones y espectáculos de miedo. No voy por la calle pensando que todos los hombres son peligros potenciales para mí, pero lo cierto es que la realidad hace que las mujeres tengamos que tomar muchas precauciones. Hablando con mi novio sobre esto, me decía que él no recordaba haber sentido miedo volviendo a casa solo. Quizá alguna vez puntual, en una zona muy oscura con “mal ambiente”. Si preguntas a cualquier mujer de tu entorno, seguro que no recuerda cuántas veces ha sentido miedo regresando sola a casa, de tantas que han sido. La mayoría de las mujeres con mucha razón, pues a casi todas nos ha pasado algo, algún susto o algo peor, a lo largo de nuestra vida, probablemente más de una vez.

Seguro que muchas mujeres no recuerdan cuántas veces han sentido miedo volviendo solas a casa. Compartir en X

Hace poco discutía lo injusto que me parece que nosotras tengamos que “tener cuidado” y tomar ciertas precauciones que los hombres no. La persona con la que lo debatía me respondió Bueno, es que tampoco dejarías que tus hijos fueran solos de noche por la calle, por ejemplo. Sentí un mazazo tremendo. Claro que no, pero es que ellos ¡son niños!: vulnerables, inocentes y debemos protegerles. Pero yo soy adulta, creo que la diferencia es obvia. Compararme con un igual sería hacerlo con un hombre adulto, no con un niño. ¿Estamos las mujeres adultas en el escalafón de los niños? Y en ese caso, ¿cómo podré entonces proteger, como madre, a mis hijos, si estoy al mismo nivel que ellos? Llamadme loca por querer ser tratada y vivir como una persona adulta.

Otra respuesta tan habitual como irritante cuando le muestras a un hombre tu indignación por no poder ser e ir libre por la calle -¡sólo por el hecho de ser mujer!- es aquella de Bueno, yo tampoco estoy libre de que me ataquen para robarme, o un psicópata, por ejemplo. Analicemos esto, a ver si razonamos mejor antes de hablar: Puedes ser atacado por otra persona para robarte o por un psicópata, vale. Yo también. Ahí estamos en igualdad. Si me apuras, entre robar a un hombre adulto o a una mujer, si yo fuera atracadora, creo que tendría claro a quién. Por aquello de la –en general- superioridad física. Así que creo realmente más probable que me elijan a mí como víctima. Pero vamos a dejarlo en empate. A parte de una agresión con el fin de hurtar, está la agresión sexual. Y ahí, perdóname, “ganamos” (terrible honor) por goleada. Ningún hombre al que se lo he preguntado (y han sido muchos y de muy diversas edades y tamaños) siente miedo a que le violen. Lo creen muy improbable. Sin embargo, nosotras no corremos la misma suerte. Los números los conocemos de sobra, ¿verdad? No hace falta una comparativa entre mujeres víctimas de agresiones sexuales y hombres. El único caso en el que no hay tanto desequilibrio es en la infancia, que es otro tema, pero igualmente hay un mayor número de casos de abusos a niñas que a niños. Algo en lo que no hay diferencia según la edad de la víctima es el agresor: por mayoría aplastante, es hombre. Un altísimo porcentaje de los agresores sexuales son hombres. “Corregir” y educar a estos hombres y a los niños (hombres del futuro) es responsabilidad de todos y todas y sólo se conseguirá erradicando cada pequeño detalle en el que la mujer se cosifica y sexualiza, pero esto ya daría para un millón de posts sobre el tema, y ahora no toca.

Otro debate que tuve con un hombre hace poco, nos llevó a una clara conclusión: tenemos todos, mayoritariamente, más miedo a los hombres. No a todos, por supuesto, concretemos. Está demostrado que un niño o niña, que en cualquier caso jamás deberían fiarse de ningún desconocido, lo harían antes de una mujer que de un hombre. Instintivamente, les da más confianza una mujer. Las mujeres tenemos más miedo, generalmente, de un hombre. Si pensamos en alguien que pudiera hacernos daño aprovechando que estamos solas, nos viene a la cabeza un hombre. Y un hombre, del mismo modo, ve un mayor peligro en otro hombre que en una mujer. Con esto, y quiero que quede muy claro, no criminalizo a todos los hombres ni pretendo decir que todos los hombres son agresores, desde luego; pero esta explicación (obvia y que, para mí, sobraría) he de darla porque ya me conozco bien las reacciones de hombres indignados con el lema “no todos somos iguales”. Por supuesto que no lo sois, ni siquiera son mayoría. Por eso, os animo a que os rebeléis contra aquellos que manchan vuestro género y combatáis el machismo desde el primero y más pequeño de los detalles. Que no le riáis la gracia al colega que humilla a una chica y la insulta llamándola guarra, zorra, buscona, calienta porque enseña el tanga o lleva una minifalda-cinturón, mientras él mismo o cualquier otro chico alrededor lleva el pantalón por debajo del culo, deleitándonos con todo su hermoso calzoncillo y a él, sin embargo, no se le critica de igual manera. Con cada pequeña lucha feminista (esto es, en favor de la igualdad y no en contra de los hombres, no confundamos) daremos un paso más hacia conseguir que las mujeres ocupemos en el mundo el lugar que nos corresponde, el mismo que nuestros compañeros y en igualdad de derechos y condiciones. Para esto es importante responsabilizar al culpable y nunca a la víctima, porque no es responsable una mujer de no ir sola por la calle, sino culpa de quien la agreda el violar ese derecho, esa libertad de la que nosotras también queremos gozar. Mientras tanto y hasta que esto se consiga, tendremos que seguir protegiéndonos y creando llaveros gato.

Un ejemplo rápido de esa falta de libertad que tenemos es mi propia experiencia, ahora mismo. Hace un mes que me propuse salir a correr (vale, caminar rápido, admito que para correr no estoy) para ponerme un poco en forma, ya que hace años que llevo una vida más sedentaria de lo que me gustaría. El caso es que, por horarios y quehaceres, no consigo tener una hora libre hasta, como pronto, las ocho de la tarde. Ahora, a esa hora ya es de noche. Cerca de mi casa hay una pista campestre ideal, que mucha gente utiliza durante el día y que sería perfecta para mí, pero claro, está apartada y poco iluminada. Como no puedo ir por la mañana, tengo que conformarme con ir por el centro de la ciudad. Aún así, he salido ya unas cuantas veces y según con quién me cruce y por dónde, paso algo de miedo. Tengo que organizar mis rutas en función de lo transitadas que estén las calles, lo bien iluminadas, etcétera. Por sacarle un lado positivo, como intento hacer con todo en la vida, he de admitir que sentir algo de miedo me viene bien para subir el ritmo cuando el cansancio se apodera de mí y voy bajando el paso. Es cruzarme con un hombre que me mira con ojos lascivos y acelerar como si me hubiesen inyectado la sangre de Usain Bolt. ¡Gracias por ayudarme a quemar más calorías! Ahora pongámonos serios, ¿por qué no puedo ir a la pista que está acondicionada para senderismo/running y es perfecta para ello? ¿Por qué, además, he de escoger qué calles y barrios andar? ¿Por qué, encima de todas estas limitaciones, tengo que pasar algo de miedo? Sin mencionar el pasar por delante de una terraza con cuatro amigos tomando algo y tener que oír cómo me quedan las mallas, miraditas, silbidos como si fuese un perro… Y todo, SÓLO porque soy una chica. En serio, es muy injusto, un hombre puede salir a correr cuando y por donde quiera y no creo que se sienta muy acosado por ninguna mujer que se cruce. Yo también quiero salir a hacer deporte tranquila. Sin desear ser invisible.

Por último, me gustaría comentar lo que, a nivel personal, me propongo profundamente hacer para aportar igualdad y tranquilidad a esta injusta realidad en la que las mujeres sufrimos y morimos sólo por serlo. Tengo un hijo y una hija, ambos muy pequeños aún. Tengo claro que los educaré en la igualdad y que a ella tendré que enseñarle a ser precavida y protegerse, pues soy consciente de la realidad en que vivimos y quiero velar por ella y que aprenda a defenderse. Pero si en algo haré aún más hincapié es en educarle a él a respetar a las mujeres como iguales. La clave está en que si ÉL no es una amenaza para ellas, ELLA no tendría nada de qué defenderse. Y ella viviría libre. Algún día, ojalá.

Gracias, Mala Hembra, por visibilizar esta realidad que aunque la mayoría no ignoramos, creo que estamos tan acostumbrados a que “esto es lo normal” que muchas personas piensan que no puede cambiarse y que habremos de resignarnos a ir siempre mirando para atrás, con las llaves entre los dedos y a paso ligero.

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