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Amor diferente al resto

Por El Chico Atrás del Muro, finalista* del I Concurso literario «Parece amor, pero no lo es».

¿Amor?

¿Qué es el amor?

¿Por qué duele?

¿Por qué es cálido?

Y, ¿por qué es diferente?

Esta historia podría parecerte absurda y cansada, algo que ya todos han contado, pero esta historia será contada a mi manera y con mi propia verdad.

En mi gran mundo imaginario, un lugar creado por y para mí, un lugar que lo tiene casi todo, ¿qué falta? Sencillo: estrellas, pequeños destellos de luz que alumbren el cielo nocturno y oscuro. Siéndote sincero, querido lector, aun no consigo las estrellas, pero encontré algo que alumbra con la misma intensidad.

Encontré el amor de tres personas, tres diferentes formas de amar con el mismo objetivo, iluminar mi cielo oscuro, solo y vacío.

Antes de empezar con el primer destello, querido lector, tengo que hablar contigo. Tal vez ya lo hayas pensado por el grandioso título, pero confirmare tus sospechas: sí, soy gay. Debes de estar pensando que eso no te importa y tienes razón, pero este dato es la base de mis tres destellos.

Comencemos por el primer gran destello. El descubrimiento de este gran brillo sucedió en ambos mundos. Siendo más específico, en un hermoso parque; juegos sencillos y divertidos como los columpios y resbaladillas, sin olvidar ese pequeño puesto de estatuillas de yeso con la forma de tus personajes favoritos de alguna caricatura. Ese puesto era mi favorito, siempre iba con papá a pintar alguna estatuilla de El Chavo del 8 o de Goku, me divertía mucho. En fin, volviendo al tema principal, mi mamá se encontraba sentada a mi lado, enfrente estaba una estatua de Emiliano Zapata, El Caudillo del Sur.

En ese preciso momento estaba en mi mundo, acompañado por mi mamá y la estatua. Debido al silencio profundo, tuve que hablar.

—Mamá, tengo que hablar contigo —solté por fin entre tartamudeos y una voz ahogada en miedo y nerviosismo—. Es algo muy importante.

—Está bien, hijo. —Su voz era dulce y tranquila, pero aun así tenía miedo, mucho miedo, aunque continué.

—Mamá. —Sin darme cuenta mis ojos se encontraban húmedos; en algún momento bajé la mirada, no podía verla a los ojos—. No sé cómo decirte esto, no es fácil para mí.

No hallaba palabra alguna para decirle le verdad, tenía miedo, por primera vez no me sentía seguro en mi propio mundo y de un momento a otro mis ojos se posaron en esa estatua, una señal de conmemoración a una persona que en vida fue valiente y se enfrentó, ante todo, mientras que yo era el mismísimo significado del miedo.

—Mamá, soy gay.

Un silencio tormentoso apareció, pasaron segundos, minutos y nada.

Hasta que…

—¿Estás seguro, hijo?

—Sí, mamá.

Y otro silencio interminable apareció.

—Sabes que eso no me importa… Yo te quiero, sigues siendo mi hijo y respeto tus gustos.

De un momento a otro nos estábamos abrazando, lloraba mientras que ella sonreía, su sonrisa era la señal de que todo estaría bien.

Y lo estuvo.

Su sonrisa era la señal de que todo estaría bien. Y lo estuvo. Clic para tuitear

Ese mismo día, en la noche, antes de irme a dormir, visité por última vez mi mundo. Era de noche, con un cielo con varias nubes, pero, aun así, un hermoso destello se encontraba adornando mi cielo.

Dormí bajo ese cielo, siendo alumbrado por la luz resplandeciente, con una sonrisa en mi rostro.

El siguiente destello es mi mejor amiga, mi propia Arquitecta de Sonrisas, la segunda persona en saber la verdad. Mi amiga Isabel.

Esta pequeña confesión fue muy distinta a la anterior, principalmente porque Isabel es de otro país; la historia de cómo nos conocimos es divertida y rara, pero es mi historia rara y divertida, así que lo siento, querido lector, pero esa historia morirá conmigo y con ella. Sí te puedo contar la parte en que nuestra amistad se volvió más especial.

Todo empezó el día 22 de diciembre; una refrescante brisa se colaba por la ventana de mi habitación, eran las 11.30 de la noche (mucho más tarde en República Dominicana), chateaba con ella sobre varias cosas —sobre la escuela, el clima y, sobre todo, de la comida— pero en mi mente solo estaba una idea, escribirle mi mayor secreto.

Empecé sutilmente, un simple “¿Puedo contarte algo?” que fue respondido de manera rápida con un “Claro, dime” acompañado de un emoji. Escribía, borraba y volvía a escribir, no tenía ni idea de cómo se lo iba a decir y, por eso, fui directo.

«Soy gay».

Tardó aproximadamente tres minutos en contestar. Tenía miedo, no contestaba, escribía y se detenía. Necesitaba distraerme, así que puse música para lograr despejar mi mente, pero ese intento por distraerme fue interrumpido por un mensaje de ella.

“No me importa, sigues siendo el mismo, el chico loco que me hace reír, el mismo chico con ideas raras y divertidas, nada cambiará, yo te sigo queriendo. Yo te apoyo de corazón”.

En esa fresca noche, con un cielo que ya tenía sus dos destellos, únicos y perfectos que alumbraban mi mundo mientras que el sol se escondía y la oscuridad emergía, esa oscuridad ya no importaba, ya tenía luz aun en la penumbra.

Cielo estrellado por Ryan Hutton vía Unsplash

Por último, mi tercer destello es aquel símbolo de un amor único: el amor propio.

Un amor que debe estar presente todos lo momentos, porque durante el tiempo que estás en este mundo te encontrarás con muchas personas que podrán hacerte daño, pero nunca debes olvidar quererte.

En el mundo hay muchas formas de amar,

diferentes, únicas y geniales.

Amar diferente

no es malo, ni un pecado.

Es, simplemente, hermoso.

Sobre El Chico Atrás del Muro:

Mi nombre es Saúl y mis apellidos son Cazeres Calderón, vivo en el pequeño estado de Morelos, en la ciudad de Cuautla, junto a mi hermano, mis padres y mis abuelos.

Actualmente estudio en el CBTIS 76, curso el cuarto semestre de mi especialidad en electrónica, aunque mi pasión siempre ha sido escribir.

Comencé a escribir en segundo grado de secundaria, mi primer cuento se llamaba La Maldición del Tiempo y fue el favorito del maestro; luego de eso continúe escribiendo solo para mí.

Mis libros favoritos son El Chico de las Estrellas y Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo.

*Nota: este texto se enmarca en el I Concurso Literario «Parece amor, pero no lo es». Ha sido seleccionado como finalista por parte del jurado porque creemos que puede ser interesante para un debate en torno a la construcción de relaciones amorosas más sanas. No coincide necesariamente con la opinión de las personas que integran el jurado o la coordinación de Parece amor, pero no lo es. Si tienes algún comentario, no dudes en dejarlo debajo de este artículo. ¡Todo debate respetuoso es más que bienvenido!

El amor está dentro de nosotros

Por Tharwa Boulifi, finalista* del I Concurso literario «Parece amor, pero no lo es».

¿Qué es el amor y cómo encontrarlo? Cada uno de nosotros se ha hecho esta pregunta, más de una vez, en un momento determinado de su vida.

Foto de Brigitte Tohm vía Unsplash

Como adolescente, siempre he escuchado a mis amigos, y generalmente a personas de mi edad, hablar de amor y felicidad. Siempre hablan de esta persona especial que están buscando, esta persona que les hará sentir felices y cambiará sus vidas. Los escuchaba hablar durante horas de esta persona (que no existe en la mayoría de los casos), describiéndola cuidadosamente, enumerando sus cualidades.

Sin embargo, estas descripciones del amor perfecto no me impiden hacer preguntas: ¿es esta búsqueda de amor realista? ¿Por qué siempre necesitamos a alguien que nos haga sentir amados y felices?

Si conocemos las cualidades de esta persona que nos amará, es porque en el fondo sabemos cómo amar y amarnos también. Siempre buscamos a otra persona que tiene algo que no tenemos. Y en este caso buscamos el amor. Pero, antes de amar, debemos amarnos a nosotros mismos. Debemos amarnos y aceptarnos tal cual. Debemos amarnos y nunca desanimarnos porque el ser humano ya es victorioso, tan pronto como sale del vientre de su madre. Es victorioso y fuerte, porque entre los millones de espermas vino primero y pudo nacer. Esto en sí mismo es un milagro. Así, no podemos decir que no podemos lograr tal o cual cosa, ya que hemos logrado un milagro.

Foto de Jake Thacker vía Unsplash

Debemos amar nuestros cuerpos tal cual, reconocer su divinidad y apreciar cada bocanada de aire que respiramos. Nuestro cuerpo merece ser amado, en lugar de siempre criticarlo por no parecerse al de las modelos y tratar de alcanzar un objetivo irrealizable, a veces peligroso. Además, sentirse agradecido es una forma de amor que nos hace realmente felices. Así, ricos o pobres, nosotros y solo nosotros podemos determinar el valor de lo que tenemos.

Finalmente, debemos aceptar las faltas cometidas en nuestra existencia, aceptar que no somos perfectos y aprendemos constantemente en este viaje de la vida. El amor es algo más que canciones de amor, bailes, flores o besos. Es la única guía que nos alumbra el camino en este viaje de la vida. Siempre lo encontraremos, no importa dónde vamos o en qué circunstancias. Pero, antes de dar amor, debemos sentirlo desde dentro y a nuestro alrededor. Porque el que no tiene nada no puede dar nada.

Sobre Tharwa Boulifi:

Feminista tunecina de 17 años que ama escribir, cantar y bailar. Habla y escribe en 4 idiomas (árabe, francés, inglés y español). Ha escrito para más de 10 revistas y blogs.

*Nota: este texto se enmarca en el I Concurso Literario «Parece amor, pero no lo es». Ha sido seleccionado como finalista por parte del jurado porque creemos que puede ser interesante para un debate en torno a la construcción de relaciones amorosas más sanas. No coincide necesariamente con la opinión de las personas que integran el jurado o la coordinación de Parece amor, pero no lo es. Si tienes algún comentario, no dudes en dejarlo debajo de este artículo. ¡Todo debate respetuoso es más que bienvenido!

Nuevas formas de amor son posibles

Por Anita Botwin, ganadora del primer premio del I Concurso literario «Parece amor, pero no lo es»

Y de pronto no era nada, ni cosa, ni día, ni noche, ni rayuela ni plaza cargada de masas. Y de pronto se me había olvidado ser, sin ser, cuerpo velado, risa con grapas, ojos en huelga de ver. Y de pronto morí. Morí cien lunas y 300 mareas. Y después miré con los ojos entornados de recién nacida. Y allí estaban ellas. Tocando la puerta y buscando mi ser. Amando más allá de las derrotas, los abandonos, las carencias, las partidas, las caídas, los tropiezos. Amando porque sí. Amando sin esperas ni noches de lágrimas en penumbra y diazepam con Ron. Ronzepam. Nota al pie, “pueden empezar a patentarlo”. Y de pronto empezar a vivir en otras formas. Otras formas de amor son posibles. Los cuidados, las caricias, las complicidades, los miedos compartidos desde la naturalidad y el crecimiento común. También las dudas, no olvidemos que somos hijas también de un amor de Disney, de Bella y Bestia son. Ser una aprendiz de todo esto, intentar centrifugar la idea de amor normativo, hacer jirones de antiguas pesadillas aún presentes en los pliegues de la piel. Destruir el amor romántico, hacerlo añicos y de tripas corazón. Corazón del bueno, del que no duele, del que suma y no resta, de mi gente bonita, la que siempre está, como los amores reales de carne y hueso, de arrugas y pétalos, de uniformidades y deformidades y margaritas y besos mudos pero sonoros. Mi corazón abierto para ellas, el sol y los pájaros. Mi corazón vuela con una boda de pájaros hacia alguna plaza de grito mudo a primera hora de la madrugada. 

Porque nuevas formas de amar son posibles, este corazón está abierto por reformas.  

Photo by Efdal YILDIZ from Pexels

Photo by Efdal YILDIZ from Pexels
Destruir el amor romántico, hacerlo añicos y de tripas corazón. Clic para tuitear

Sobre Anita Botwin:

Escritora si eso significa teclear a menudo. Periodista. Feminista en constante aprendizaje. Diversa funcional en lucha.

El cariño hace el roce

En un mundo de nacionalismo, todo el mundo debe tener su bandera. Incluso cuando no hablamos de países, sino de formas de relacionarse y amar, sentimos la necesidad de pertenecer a un grupo con simbología y hasta bandera propias. Ya sea con siete colores o con tres, el movimiento LGTBIQ tiene una bandera para cada forma de amar.

Bandera LGTB creada en 1978 por Gilbert Baker para la celebración del Orgullo en San Francisco.

Bandera LGTB creada en 1978 por Gilbert Baker para la celebración del Orgullo en San Francisco

Supongo que por eso me cuesta tan poco unirme a la moda del autoetiquetado y definirme como anarquista relacional. Quienes más hayan leído sobre maneras no monogámicas de amar quizá estén familiarizados con el término, a quienes no lo hayan hecho puede que les suene a chino. Dado que este texto no tiene como objetivo ser un ensayo sobre los no monógamos y tan solo busca exponer cómo un servidor ve el mundo, diremos que el anarquismo relacional se basa en la idea de no clasificar a las personas que te rodean como amigo, pareja o amante ni colocarlas en una especie de jerarquía según su importancia. En la anarquía relacional tratas a las personas, se supone, sin ninguna regla preestablecida. Si te interesa el término, en la red (incluso en este mismo blog) tenéis más información sobre el tema.

Y ahora sí, voy a hablar de mi libro.

Para empezar diré que no tengo un lenguaje propio para hablar de mis relaciones con las demás personas: tengo amigues, conocides, familiares y compañeras (de momento ningún compañero). Quizá esta palabra, compañera, en lugar de pareja, novia o cualquier otra similar es la única que podría marcar una diferencia a la hora de referirme a las personas con las que tengo algún tipo de relación.

Pero, en mi cabeza, sí que no veo (y me lo han intentado explicar una y otra vez) diferencia alguna entre mis compañeras con la que llevo varios años compartiendo vida y una amiga. Muchas veces, lo primero por lo que me preguntan es por el tema sexual, diciendo que con mis amigues no hay sexo, atracción o amor. Pero que no haya sexo no implica que no haya atracción, al menos por mi parte. Me resulta mucho más interesante (y natural) una persona que comparte mis secretos y mi forma de ver la vida que una persona desconocida en una discoteca. Pero si esa persona no ve la vida como yo o no se siente atraída por mí, ¿marca eso una diferencia en mi cabeza? No, ninguna. Y en cuanto a lo de que no hay amor… cuando alguien me explique qué es el amor podré contestar bien a eso. Porque, la verdad, entre el amor de pareja, el de hermanes y el de padres y madres empiezo a pensar que no soy el único que no tiene muy claro lo que es el amor más allá de lo que la sociedad nos has dicho que debe ser.

"Amar no es un crimen", por @piernacruzada

«Amar no es un crimen», por @piernacruzada

Para mí, lo que distingue a une amigue de cualquiera de mis compañeras (o a ellas entre sí) son los proyectos que me gustaría tener en el futuro. Puede que con mi amigue tenga atracción, pero no me veo (ni me atrae la idea) conviviendo con esa persona durante años, por ejemplo. Ni me gusta la idea de tener hijes con esa persona. Y suma y sigue. Sin embargo, sí que me veo con ese amigue en el futuro haciendo planes, viajando o quedando para merendar. Y, si os fijáis, el ámbito sexual y la atracción están totalmente fuera de los dos tipos de proyecto de futuro. Ambos pueden realizarse haya o no relaciones sexuales.

Así que, últimamente, considero que ser anarquista relacional, por todas las veces que he tenido que explicar esto (y que yo veo tan claro), tiene algo (bastante) que ver con naturalizar lo sexual como una actividad más. Una forma de divertirse tan buena como jugar al trivial o una forma de obtener intimidad tan profunda como hablar de los problemas de la adolescencia. Pero, al fin y al cabo, el sexo (creo) no debería ser una forma de diferenciar un tipo de relaciones de otro.

Creo que ser anarquista relacional tiene que ver con naturalizar lo sexual como una actividad más. Clic para tuitear

Ojo, cuando hablo de lo sexual lo hago usando el término de manera amplia. Reducir lo sexual a la penetración vaginal es, aunque duela leerlo, homófobo. Pero vayamos más allá. No nos limitemos a definir lo sexual como aquello que puede producir un orgasmo o que tiene en cuenta lo genital. Una caricia o un beso también son sexuales, también producen esa electricidad, esa alegría e incluso (según la situación y las personas) esa necesidad de hacerlo en la intimidad. De hecho, las caricias y los besos componen gran parte de la sexualidad de adolescentes y personas mayores (ambos colectivos, por otro lado, marginados del ámbito sexual). Si lo que diferencia el amor hacia un amigue o hermane del que se siente hacia tu pareja es lo sexual, ¿en qué situación dejaría eso a quienes solo se acarician y besan?

Durante mucho tiempo me costaba disfrutar de caricias de amigues (me educaron muy bien en que si no metía el pene lo mejor era que corriese el aire). Y, una vez que aprendí a disfrutar de ello, tras romper la muralla que habían levantado por mí, empecé a probar si podía disfrutar de un modo similar de otras cosas supuestamente vetadas. Y pude. Derribando murallas pude aprender a divertirme besando a amigos y amigas, pero también a emocionarme, enternecerme y (por qué no) excitarme.

En definitiva, aprendí una forma distinta de querer y relacionarme. Una forma que, sin ser mejor o peor que la tradicional (cada cual tiene sus ventajas y desventajas) a mí me hace sentir más libre.





Disney enseña a desobedecer

El planteamiento es cualquier cosa menos prometedor (al menos para gran parte de la audiencia de este blog): los hijos adolescentes de los príncipes y princesas Disney ven invadido su pequeño mundo perfecto cuando el príncipe Ben decide permitir que algunos de los hijos de los villanos, desterrados durante toda su vida a una isla incomunicada con el perfecto mundo de Auradon, accedan a estudiar con ellos. A partir de ahí, realeza y villanía se enredan en un High School Musical con magia, algo así como si las Monster High aprendieran a cantar. En fin, un telefilme de Disney Channel, sin más. Pero el caso es que tras el clásico chico-conoce-chica, chicos-juegan-al-rugby, chico-nerd-se-enamora-de-chica-cool, todos-cantan-sin-venir-a-cuento, The Descendants da varios mensajes que están, muy, muy bien y que se echan en falta en otros mensajes de Disney:

– Para empezar, la diversidad. Sí, la hija de Mulan es china, sin duda, obvio. Pero también es negra la hija de la Bella Durmiente, y lo es con total naturalidad aunque la negrura se haya saltado una generación (negra es la madre de la Bella Durmiente; cómo Aurora era una rubia WASP es un misterio pero que en la película no tienen necesidad alguna de resolver), es ¿negra? ¿hispana? Cruella de Vil y algo de eso queda en su hijo, y es mestizo y aparentemente sin madre el hijo de Jafar, todo esto de una forma bastante poco problematizada. Hay una chica en silla de ruedas que aparece en las coreografías sin que sepamos quién es, sin que nos llamen la atención sobre la cuota de diversidad, simplemente como parte del alumnado. Bravo por eso, Disney. En serio. Ahora: cualquier día, los protas no son dos blancos estupendos, eso también. Venga, si hasta en High School Musical la prota era latina. Te vamos a perdonar porque al fin y al cabo Audrey, la hija de Aurora, es capitana de las animadoras.

Princesas Disney negras en The Descendants

La hija y la madre de la Bella Durmiente se enfrentan la hija de Maléfica.

No son las chicas las que se enamoran como locas. No, qué va. Evie es una clásica princesa (no en balde ha sido educada por la Reina Malvada de Blancanieves) a la que «su madre enseñó a usar colorete antes que a hablar». Está obsesionada con el espejo, pero por tradición familiar (al fin y al cabo su madre es aquella del «Espejito, espejito…»). Y Evie, por supuesto, llega a Auradon buscando enamorar a (y enamorarse de) cualquier príncipe que vea… Pero de lo que acaba por enamorarse es de la química, y descubre que todas sus habilidades hogareñas no son más que muestras de su enorme talento, que Mal le invita a seguir desarrollando, por ella y para ella, en un arrebato de amor propio y sororidad muy raro en películas como esta y en la frase de esta película que consigue hacerme llorar. Sí, tal cual. Ahí lo dejo. Queredme.

 

Evie en el espejo

Espejito, espejito, ¿cuál es la masa atómica de la plata?

– Y ese es el mensaje principal de la película: no tenemos por qué comportarnos tal y como nos han educado. Por fuertes que sean los estereotipos con los que nos hemos criado (en este caso, el terrible maniqueísmo de realeza frente a villanos, colegio privado o gueto, porque todo lo que tiene de diverso en cuanto a raza desde luego no pierde el tinte clasista transversal a todos ellos; pero también, claro, el de «la princesa del cuento«), tenemos ocasión de elegir. El hermoso mito de la movilidad de clase ascendente, sí, pero también una ocasión de elegir, de que los protagonistas se liberen del peso de lo que sus padres y madres quieren para ellos.

 

Maléfica y su hija

Dime, mamá, ¿qué nueva maldad quieres que haga hoy?

 

Pero eso no quita que aún tengamos varios frentes en los que trabajar. Por ejemplo, ¿por qué son las chicas las que sufren tanto con ese vínculo con la madre y sus expectativas? El hijo de Cruella se hace rápidamente con un perrito como mascota en contra de todo lo que le enseñó su madre, y el de Jafar, a pesar de las enseñanzas individualistas de su padre, no tiene problema en descubrir que disfruta mucho más de su fuerza bruta cuando la pone al servicio del equipo. Son las chicas, también, las que son compadecidas por la hija de Mulán porque sus madres no les hacían galletas cuando estaban tristes, reforzando el estereotipo de maternidad tradicional, la «madre Pinterest», como el único válido. Que no, que Maléfica y la Reina Malvada no son ejemplos de madres, seguro, pero por muchos motivos que tienen poco que ver con sus habilidades culinarias.

The descendants - Haciendo galletas

Oh… ¿en serio los progenitores villanos no os han enseñado a hacer galletas?

Y, por supuesto, están los mensajes de fondo del amor como salvación, como expiación: Mal es capaz de enfrentarse a su madre cuando descubre que Ben está enamorado de ella realmente y no gracias a su filtro de amor (el clásico engaño presente en casi todos los amores de cuentos de hadas), cuando descubre que han traspasado su coraza y que ella también siente algo hacia él. Este amor se mezcla con el amor a sus amigos, y el que estos sienten a su vez por sus nuevos intereses y aficiones, no quedando reducido al amor romántico, pero hay ahí un pozo de amor que redime del que ya hemos hablado aquí en otras ocasiones y que es peligroso. Eso sí, al menos es ella quien se salva, y salva a todos los demás, y ante el comentario del príncipe de «la próxima vez espero rescatarte yo a ti» ella responde «mejor que no haya próxima vez». Porque, como también hemos dicho anteriormente por aquí, el amor está en la rutina, y no en los grandes dramas.





La friendzone (Pagafantas, Borja Cobeaga, 2009; Mi historia entre tus dedos, Sergio Dalma, 2004)

Hay una palabra en inglés que (creo que) no tiene equivalente en castellano: es el entitlement. Se traduciría algo así como «derechos adquiridos», es decir, aquellos que no vienen fundamentados por ninguna declaración, pero se sobreentienden. El derecho natural, en fin. Eso que las personas damos por hecho por haber nacido, como, por ejemplo, el derecho a la vida.Me da mucha pena que no exista tal palabra en castellano, porque no puedo traducir una cita maravillosa de Mindy Kaling:

Mindy dice, en resumidas cuentas, que si la vida no le ha otorgado el papel de segundona servil que le correspondía por ser mujer no blanca, ha sido porque fue criada con esa autoridad, esa confianza en sí mismos y en lo que la vida les debe, que tienen los hombres blancos, altos y rubios.

Esta frase creo que define muy bien muchos de los problemas a los que se enfrentan las mujeres cada día. El acoso callejero, el derecho que el varón considera que tiene a que las mujeres con las que se cruza le hagan caso, le escuchen, se sientan influidas por su opinión. La nula preocupación por lo que llevan puesto. La seguridad de que no serán atacados aunque vayan de viaje solos con sus hijos o aunque tengan problemas con su pareja. La garantía de que los cuidados se reparten de tal forma que interfieren lo menos posible con sus rutinas, o de que una relación sexual tiene como objetivo satisfacerles. La tranquilidad de que nadie cuestiona su autoridad cuando la ejercen en el trabajo o en la esfera pública. Esa necesidad de sentirse incluidos también cuando se habla de feminismo, «¿por qué no humanismo o igualitarismo?«, no sea que, por una vez, sean ellos quienes se sientan personas de segunda, quienes se sientan un poquito menos importantes. En definitiva, de todo lo que hemos comentado desde primeros de año hacia acá que hace que las mujeres seamos normalmente el objeto y no el sujeto de cualquier acción. Y esa frase creo que habla muy claramente de un problema que sí nos devuelve al amor (el que se supone que es nuestro tema central), y es el de la famosa friendzone.

Se dice que «zorra» es el castigo a una mujer por tener sexo y «calientapollas» es el castigo por no tenerlo. Son dos apelativos terribles y vergonzosos que dicen más de quien juzga que de la mujer juzgada, a mi entender. Pero hay otro que parece denigrante para el hombre, y, sin embargo, sigue siendo peligroso para la mujer: el de «pagafantas«.

Pagafantas, de Borja Cobeaga

Es decir: que existe un «precio» a partir del cual el sexo se considera comprado, y la mujer que no cumple el contrato es una estafadora. Es decir, un derecho adquirido. Es el «la maté porque era mía». Es el «la violé porque iba provocando». Son las violaciones como muestra de poder tras una guerra. Pero en plan risas y bromas y «pobre hombre». Ajá. Diréis que estoy exagerando, sí, pero este meme existe. ¿Cultura de la violación? ¿Por qué lo dices?El eslógan de la película es «no se puede caer más bajo», nada menos. Porque parece que un pagafantas es aquel que se deja manipular por una malvada mujer-súcubo, que, consciente de que el único capital al que tienen más acceso las mujeres que los hombres, el erótico, usa sus armas de mujer para aprovecharse de un ingenuo y bienintencionado varón, que, creyendo que sus esfuerzos tendrán recompensa, se desvive por ella en pos de una relación sexual insinuada, pero inalcanzable.

She put you in the friendzone put her in the rape zone

La víctima de la friendzone, claro, es siempre un hombre, un pagafantas masculino. En ningún momento se plantea qué cara se le queda a esa mujer que supuestamente ha realizado activamente una injusticia con respecto a su pobre, servil e inocente pagafantas cuando descubre que el que era su mejor amigo durante los cinco años anteriores estaba en realidad echando monedas en la hucha a la espera de que ella terminara su relación y le proporcionara el justo sexo en pago por sus servicios. Por las buenas, como debe ser, o por las malas, con suficiente alcohol en sangre.

Mario-Friend-zone-FIXED-with-alcohol
Esto PASA. Hay quien se considera con suficiente legitimidad como para hablar de «sucesores naturales» a los novios de sus amigas; hay quien se considera con suficiente legitimidad como para echar en cara a esa mujer que le ha estado utilizando. OJO: ella a él. No él a ella, haciéndole creer que eran amigos cuando lo que quería era sexo, no; ELLA A ÉL. Porque las mujeres, ya se sabe, somos brujas manipuladoras desde tiempos bíblicos. Va en nuestra naturaleza. Hay hasta un hit italiano, traído al mercado hispanohablante por ese galán romántico que es Sergio Dalma, que narra con todo cuidado esa crueldad de la mujer que no quiere más que amistad.

Yo pienso que
no son tan inútiles las noches que te di.
(que me debes algo, en fin. Que me lo des. ¿no?)
Te marchas, ¿y qué?
Yo no intento discutírtelo,
lo sabes y lo sé.
(Yo no te fuerzo, no, yo te respeto. Pero…)
Al menos quédate solo esta noche.
Prometo no tocarte, está segura.
(Me tranquiliza mucho que tengas que prometérmelo, sí)
Hay veces que me voy sintiendo solo
porque conozco esa sonrisa
tan definitiva,
tu sonrisa, que a mí mismo
me abrió tu paraíso.
Se dice que
con cada hombre hay una como tú
pero mi sitio
luego ocuparás por alguno
igual que yo; mejor, lo dudo.
Porque esta vez agachas la mirada,
me pides que sigamos siendo amigos,
amigos, para qué, maldita sea.
(Porque como todo el mundo sabe, una amistad es una cosa completamente inútil, infructuosa, insatisfactoria; algo que sólo se puede tener con otros machos)
A un amigo lo perdono pero a ti te amo.
(La conclusión lógica, entonces, ¿es que quien te ama no te perdona?)
Pueden parecer banales mis instintos naturales
(Y aquí llega, claro, el instinto, ese que todo lo perdona, que todo lo justifica, «es que biológicamente, los hombres necesitamos…»).
Hay una cosa que yo no te he dicho aún:
que mis problemas sabes que se llaman tú.
(Ahora no vengas con que te sorprende, con que no lo sabías: ahora dame lo que es mío)
Solo por eso tú me ves hacerme el duro,
para sentirme un poquito más seguro.
Y si no quieres ni decir en qué he fallado
recuerda que también a ti te he perdonado
y en cambio tú dices «lo siento, no te quiero»
y te me vas con esta historia entre tus dedos.
(¿Cómo te atreves, cómo, a no quererme? Todo el mundo sabe que el papel de una mujer es esperar, tranquila, a ser elegida, a ser objeto: te elegí, así que fin de la discusión)
¿Qué vas a hacer?
Busca una excusa y luego márchate,
(No quiero nada contigo y me voy no es un argumento válido, claro)
porque de mí
no debes preocuparte.
No debes provocarme,
(no sea que al final te termine violando o pegando y encima digan que soy un pervertido o un maltratador)
que yo te escribiré un par de canciones
tratando de ocultar mis emociones,
(o, peor aún, que me digan maricón, ¡imagina!)
pensando, pero poco, en las palabras.
Te hablaré de la sonrisa
tan definitiva,
tu sonrisa, que a mí mismo
me abrió tu paraíso.

No se lo van a creer, pero incluso los bisexuales tienen amigos: amigos de verdad, no futuras parejas sexuales en lista de espera. Los amigos, de hecho, son algo mucho más importante, rico, variado, libremente negociado que la pareja. En serio, herederos naturales, prueben a tener amigas de verdad. Igual hasta les compensa.





«Speak friend, and enter»: una primera aproximación al amor y la amistad en Tolkien

Que me perdonen los puristas y los académicos por lo que sé, de entrada, que será un post con una aproximación bastante personal, poco intelectual y que seguramente no hará justicia a la genialidad de Tolkien. Escribo desde la total admiración y respeto hacia el mundo del profesor de Oxford, pero sin otra pretensión que realizar una primera aproximación que nos permita debatir sobre el tema y según mis impresiones personales y sin ánimo de profundizar más allá de lo que da un primer post de un blog. (No se trata de escribir aquí otros “Apéndices” :O) )

Al pensar en las dos obras clave de J.R.R. Tolkien, “El Señor de los Anillos” y “El Hobbit”, a pocos se les vendrá la idea del Amor como temática de estos dos clásicos de la literatura fantástica. “El hobbit”, bien por ser un cuento infantil, y “El Señor de los Anillos” por estar enmarcado en un contexto de guerra, no nos vienen a la mente como una referencia cultural que trate las relaciones humanas.

Sin embargo, Tolkien sí habló de amor en su obra, y sobre todo, de amistad: como ávida lectora y seguidora de todas las adaptaciones del mundo de la Tierra Media, no se me viene a la cabeza sino la palabra Amistad, así, con mayúsculas, cuando pienso en la Comunidad del Anillo, en la Compañía de Thorin Oakenshield y ¿cómo no…? en Frodo y Sam. ¿Qué otra idea podría extraerse de esas alianzas que se producen en sus dos obras clave? Los protagonistas de la acción están unidos por fuertes lazos de amistad y compañerismo, siendo bastante significativo en el caso de Frodo y Sam, probablemente los verdaderos protagonistas de “El Señor de los Anillos”. Tan solo tenemos que recordar la frase que Frodo dedica a su amigo al final de la historia: Me hace feliz que estés aquí conmigo. Aquí al final de todas las cosas, Sam”.  Para mí, la amistad entre Frodo y Sam es una de las más entrañables de la literatura que ha podido caer en mis manos.

 
 

Es cierto que las relaciones entre los personajes del mundo de la Tierra Media quedan empañadas por la acción y trama principal y bueno, todo hay que decirlo, por la falta de talento de Tolkien en ese sentido. No olvidemos que a pesar de que Tolkien contaba con muchísima imaginación, se trataba de un académico, no de un escritor al uso. Las relaciones de Amor y Amistad entre sus protagonistas están por lo tanto, más desarrolladas en los Apéndices.

Así, en los Apéndices y en “El Silmarillion” podemos aprender más de la relación entre Arwen y Aragorn, que a duras penas tiene cabida en el libro, o entre Eówyn y Faramir (lo siento, tengo especial predilección por estos personajes) o la “amistad” entre Legolas y Gimli… entre muchas otras entre los protagonistas, ya sean por medio de árboles genealógicos o apuntes sobre el desarrollo de su relación.

Las comillas en la palabra “amistad” para referirme a Legolas y Gimli, son por supuesto, intencionadas: ¿quién no ha sospechado de una relación homosexual entre estos dos personajes? En los Apéndices podemos leer: “»Hemos oído decir que Legolas llevó consigo a Gimli, hijo de Gloin, por causa de la amistad que los unía, más grande que ninguna otra habida entre Elfo y Enano”. También se ha especulado bastante sobre la naturaleza de la relación entre Frodo y Sam… En todo caso, la relación entre Legolas y Gimli, sea del tipo que sea, creo que representa la idea principal del Amor en el mundo de Tolkien, junto con las historias de las elfas Arwen y y Lúthien y los hombres mortales Aragorn y Béren (la historia de Béren y Luthien la encontraréis en “El Silmarillion”) 😉 : el Amor y la Amistad no entiende barreras culturales o raciales.

En la relación de Legolas y Gimli podemos ver cómo dos razas históricamente enfrentadas (elfos y enanos) pueden entenderse, apreciarse y construir un equipo que, como bien se ha dedicado a ilustrar Peter Jackson en sus adaptaciones cinematográficas, puede llegar a ser invencible. En el caso de Aragorn y Arwen  y Béren y Lúthien vemos la idea principal de Tolkien sobre el Amor: el amor que vence la muerte.  Arwen y Lúthien renuncian voluntariamente a la inmortalidad que pertenece a su raza por puro amor a Aragon/Béren. La idea principal que Tolkien nos da del Amor con estas historias es en mi punto de vista, la siguiente: los amantes se mantienen unidos hasta La Muerte. Arwen y Luthien prefieren morir antes de vivir sin sus amantes a su lado.

Y bueno, y aquí es cuando entramos en los temas más espinosos y de los que espero réplica: claramente en el mundo de Tolkien los sacrificios “por Amor” los hacen las mujeres. No hay más que recordar el caso de Eówyn, que por “Amor” a su familia, a su pueblo y a Aragorn, parte en batalla, una tarea que Tolkien, como hombre de su tiempo entendía – cómo no- reservada a los hombres. ¿Se podría hablar largo y tendido sobre el papel de la mujer en el mundo de la Tierra Media? Claramente sí. Es de los aspectos más criticables en la obra de Tolkien. Pero seguramente que esto nos da para otro post. 

 

 

Con esta primera aproximación quería destacar la idea sobre la Amistad y el Amor que más me conmueve en la obra de Tolkien: la idea de que los afectos no entienden de orígenes, razas, culturas o clases sociales (no olvidemos que Sam es el jardinero de Frodo). La obra de Tolkien es para mí, en ese sentido, todo un ejemplo de apología de la diversidad, el respeto por las diferencias y el entendimiento.

 
 

Y ahora, llega la parte más divertida del post: ¿qué visión tenéis vosotros del Amor y de la Amistad en Tolkien? ¿Qué aspectos os parecen más criticables y cuáles a destacar en su visión del Amor y en el papel de la mujer? ¿Qué otras relaciones que no he mencionado os parecen dignas de analizar?

 Voy encendiendo la pipa que esto sé que va a dar para debatir largo y tendido. 🙂





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