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Yo nunca contra la violencia machista

Hemos hablado con Celia García de su proyecto Yo nunca Malasaña. La iniciativa, que se puso en marcha el verano pasado, consistió en la colocación de una serie de carteles en diferentes locales del barrio de Malasaña, en Madrid, con el objetivo de concienciar a los jóvenes contra la violencia machista.

Con motivo de la situación de confinamiento generada como respuesta al Coronavirus, se está experimentando un repunte de la violencia a nivel mundial, también en España. Por eso, la iniciativa se ha relanzado cambiando el foco desde el ocio y los bares a los hogares.

Cartel de la campaña Yo Nunca Malasaña

Cuéntanos, Celia, ¿de dónde surge la idea de usar el juego del Yo nunca para una campaña sobre violencia machista?

La iniciativa de hacer una campaña contra la violencia machista surge de la idea de que la mayoría de las campañas contra este tipo de violencia no hablan al destinatario correcto. Considero que la mujer no es el destinatario principal de este tipo de mensajes, sino que lo es el hombre que agrede o puede llegar a agredir de la forma que sea a una mujer.

Los jóvenes son quienes más a mano tienen cambiar las cosas y son quienes deben aprender sobre el respeto a la mujer y la igualdad. Es por esto por lo que, al dirigirnos a un público objetivo joven, buscamos una creatividad que llamara su atención, y así elegimos utilizar el juego Yo nunca como llamada al interés y a la acción.

¿Qué objetivos tiene la campaña?

El objetivo siempre es el de colaborar en la lucha por la igualdad y en la educación a la sociedad. Yo nunca Malasaña se dirige a un público joven para invitar a estos a reflexionar sobre lo que hacen ellos o sus amigos en su relación con las mujeres. 

Es curioso mencionar que, cuando presentaba este mismo proyecto en la universidad, hice una mención a la normalización que se llega a dar de las actitudes de hombres hacia mujeres en las discotecas, y un buen amigo me dijo: “¿De verdad hay chicos que os tocan el culo en las discotecas? Me he quedado alucinado”. Eso es algo que me sorprendió mucho porque tristemente creo que eso nos ha pasado a todas o lo hemos visto a nuestro alrededor. Él consideraba eso como un tipo de agresión increíble, pero como digo para muchos otros esto es algo totalmente normalizado. El objetivo de esta campaña es que las actitudes de las que hablan los carteles no sean corrientes, sino algo que “encienda la alarma” en las mentes de los jóvenes como comportamiento violento. 

¿En qué elementos pone el foco la campaña, tanto en su etapa inicial como en la actual?

Nos centramos desde el primer momento en la violencia machista ejercida sobre las mujeres en entornos de fiesta, alcohol y calor del verano. Estas son algunas de las típicas excusas que se suelen usar para justificar actitudes y queríamos centrarnos en que bajo ningún concepto lo son. Es por esto por lo que nos dirigimos directamente a los bares y pubs de Malasaña durante los meses de verano. Con este nuevo mensaje que hemos lanzado durante el confinamiento nos centramos en el elemento del aislamiento como justificante de las agresiones que han aumentado en las últimas semanas por la situación de estrés y ahogo dentro.

Cartel de la campaña Yo Nunca Malasaña

Hemos visto a lo largo de los últimos años muchas campañas que, de alguna manera, responsabilizan a las mujeres que sufren violencia machista de su situación. Yo Nunca, en cambio, pone claramente el foco en los hombres que ejercen dicha violencia. ¿Por qué crees que se sigue responsabilizando a las mujeres de las violencias que otros ejercen sobre ellas?

¡Es una duda que me persigue! Repasé año por año las campañas del Ministerio desde 2014, creo recordar que solo había una que se dirigía a los hombres y en esta salían actores famosos diciendo: “Cuando la maltratas a ella, me maltratas a mí”. ¿Significa esto que los agresores deben dejar de hacerlo porque así agreden también a los hombres a los que admiran por salir en televisión? El mensaje es incomprensible y, como dices, el resto de campañas hablaban a las mujeres instándolas a contar su situación o a denunciar, diciéndoles que no están solas, etc. Por supuesto, es importante ayudar a la víctima a sentirse acompañada y segura, pero ese nunca sería el mensaje principal o único. La voz popular siempre ha dicho: “Educa a tu hijo para que no viole, no a tu hija para que no la violen”.

El problema suele venir de los ofendidos que consideran que hablar a un hombre agresor es hablar a todos los hombres. Puede que haya mensajes que no sean totalmente correctos y se puedan malinterpretar de esta manera, pero considero que son la minoría, y que los hombres deben hacer un esfuerzo por comprender mejor la lucha y apoyarla.

Supongo que aún nos queda mucho que avanzar, y por eso movimientos pequeños como este que pueden permitirse mensajes más disruptivos son útiles a la hora de avanzar por este lado.

¿Has podido medir de alguna manera el impacto que han tenido los carteles?

Me habría encantado poder hacerlo, pero para esto habría necesitado unos recursos con los que no he podido contar ya que toda la financiación y producción han sido propias. No obstante, desde el principio recibimos comentarios positivos de los bares. La mayoría de los locales se mostraron ampliamente abiertos y agradecidos por compartir el mensaje. Cuando se retiró la campaña comentaron que habían recibido muchas preguntas y felicitaciones por unirse a compartir un mensaje y solicitaron continuar con el mensaje aunque se retiraran los carteles. Es por esto por lo que cambiamos los cinco carteles grandes por pegatinas que ahora tienen en sus puertas.

Si alguien quiere colaborar con la campaña, ¿cómo puede hacerlo?

Cualquier asociación, organización o ayuntamiento que lo desee puede colaborar, sea de la comunidad que sea. La campaña nunca se ha cerrado a Malasaña, sino que se ha utilizado este barrio como representativo de Madrid.

Hace unos meses me contactaron de una revista de hostelería de Castilla-La Mancha para replicar el mensaje. En estos casos les ofrezco toda mi ayuda y materiales para continuar con el mensaje en otros lugares que sufran del mismo problema. A través del perfil de Instagram o Facebook @yonuncamalasaña pueden escribirme y nos pondremos manos a la obra para conseguir que este mensaje haga reflexionar a quienes lo necesiten.

¿Por qué has creído necesario relanzar Yo Nunca en este momento?

Simplemente porque la realidad siempre supera la ficción y leer que las agresiones y denuncias estaban aumentado por el confinamiento es una noticia horrible. Las víctimas quedan en una situación mucho peor por estar las 24 horas en el domicilio con el agresor. Vi necesario relanzar el mensaje adaptándolo a este momento. YNM hablaba a los jóvenes de los bares porque era el segmento peligroso que encontraba en ese momento. Ahora lo son las víctimas confinadas, y por eso decidí redefinir el mensaje por ahora.

¿Qué podemos hacer para combatir la violencia machista a nivel individual?

Dialogar. Frenar situaciones. No permitir aquello que no consideremos correcto cuando lo vemos cerca —siempre que podamos hacerlo desde nuestra seguridad—. Si vemos a una mujer a la que están agrediendo en la calle o la oímos en nuestro edificio debemos llamar inmediatamente a la policía, grabar pruebas, y ayudar a la víctima si podemos. Si lo vemos en las discotecas avisar a la seguridad del local, cuidar de nuestras amigas, hacer entender a nuestros amigos por qué situaciones que ellos consideran inofensivas a nosotras pueden llegar a afectarnos.  

Cartel de una campaña institucional contra la violencia de género

¿Algo más que quieras contarnos?

Simplemente quiero añadir que estamos en medio de una lucha muy larga y difícil de la que todos formamos partes y en la que cada acto cuenta. Quiero animar a todos a hacer mensajes como este, de la forma que sea, pero que ayuden a entender lo que significa realmente la igualdad. Además, quiero añadir que este es un proyecto de todos, y que quien quiera colaborar puede contactar con el proyecto para lograr juntos el objetivo que compartimos.

¡Muchas gracias!

Puedes encontrar más información sobre el proyecto Yo Nunca en Facebook e Instragram.

Sobre el amor y la violencia

En principio, decir que amor y violencia están íntimamente relacionados puede sonar chocante. Debería sonar chocante.

Pero si nos paramos a pensar encontramos multitud de ejemplos que nos invitan a pensar lo contrario.

En el amor no todo vale

«Si tu amiguito Pablo te ha tirado del pelo es porque le gustas».

«Es muy celoso, pero es que está muy enamorado de mí».

«Detenido un hombre por un crimen pasional».

Estas tres frases, que pueden parecer muy distantes entre sí, en realidad forman parte de un mismo entramado en el que la violencia se admite como parte de lo que significa tener una relación, querer a alguien. Cuando situamos un tirón de pelo como una muestra de cariño estamos dando pie a que se normalicen otras formas no aceptables, violentas, de relacionarse con los demás. Se suele quitar importancia a este tipo de gestos; se dicen cosas como «Es cosa de niños». Pero el mensaje que mandamos a las niñas es que hay cosas que son válidas porque se hacen en nombre del amor. Que tiene, incluso, que agradecer la agresión que ha sufrido. Y así, en nombre del amor, se hacen muchas cosas que nada tienen que ver con él.

Violencia machista

El asesinato de mujeres es la cúspide de la pirámide de la violencia machista. No es el lugar para este debate, pero decimos violencia machista porque, aunque se dan tímidos pasos, mientras se siga considerando únicamente la violencia ejercida contra una mujer por su pareja o expareja el término se nos queda pequeño.

016, número de atención a mujeres que sufren maltrato

Decía, pues, que es tan solo la cúspide. Una cima terrible, desoladora, que desata nuestra rabia. Es la cara más visible, la que no puede dejar indiferente. La que sale en los medios. Y, por supuesto, hay que seguir dándole luz, porque una sola muerte ya es intolerable. Cuando otra mujer es asesinada la gente —cada vez más— sale a clamar justicia. Se escribe, con peor o mejor tino (generalmente peor) sobre las mujeres asesinadas año tras año, que han sido en 2017 más que las 49 mujeres y 8 menores que se recogen oficialmente como «víctimas mortales por violencia de género». Se busca que los responsables acaben en la cárcel, si es que no se han suicidado tras cometer el asesinato. Que paguen.

Lo que no se ve

Pero, ¿qué pasa con las que siguen vivas? ¿Con las que denuncian malos tratos, violaciones? ¿Con todas las llamadas al 016?

A grandes rasgos, ante la violencia machista se pueden generar dos respuestas: la prevención y el castigo. El castigo es una forma de decir que eso no está permitido, que la sociedad lo condena. Puede ser disuasorio para otros maltratadores y puede servir para que otras mujeres que sufren malos tratos sepan que la situación que viven no es normal y que no están solas.

Pero mientras sigamos transmitiendo el mensaje de que un niño te tira de la coleta porque le gustas, de que los celos son una muestra de amor o de que controlar el móvil de tu pareja está bien; mientras siga creciendo el machismo entre las personas jóvenes el problema seguirá existiendo, reproduciéndose generación tras generación.

Educación para salvar vidas

Así que lo que necesitamos de verdad —en mi humilde opinión— es educación. Una educación con perspectiva de género de verdad, más allá de las buenas palabras. Una educación que nos transmita valores de respeto, que sitúe a niños y niñas en un mismo plano, que no subordine a las mujeres. Que no enseñe que las personas pueden ser una propiedad, estar sometidas unas a otras. Una educación que genere personas autónomas, libres. Que no enseñe que para estar completa hay que tener pareja e hijos.

Mientras no tengamos todo esto seguiremos metiendo maltratadores en nuestras cárceles y llorando a nuestras muertas, pero las cosas seguirán, en el fondo, igual.





Cuando te arrancan las manos

Abusaron de mí cuando tenía 13 años. Un chico que me sacaba 10 años me hizo creer que me quería, me sedujo, me manipuló y abusó de mí. Yo le quería y creí que lo quería todo en consecuencia. Aquello pasó y yo no creí que hubiera sido un abuso. Seguí mi vida intentando superar la ruptura amorosa y pensando en lo duro del desamor. Tuve más parejas sexuales, me enamoré, me masturbé, conseguí orgasmos… Pero nunca logré que el sexo… ¿cómo decirlo? Nunca fui del todo yo durante las relaciones sexuales, aunque supuse que era lo normal.

Nueve años más tarde, con 22, de pronto caí en la cuenta de que aquello había sido un abuso y de que ese chico era un jodido pederasta (abusó de otra chica aquel verano). Todo se descolocó. Empecé a comportarme como una chica violada de las películas. Me daban arranques de pánico y me ponía a llorar mientras me balanceaba, a veces sin motivo, a veces porque mi pareja (hombre) se tumbaba cerca de mí en la cama. A veces sentía una presión en la vagina que me hacía tener que dormir tapándome con las manos la entrepierna y boca arriba, tenía la necesidad de estar, como mucho, sentada y con las piernas cruzadas. Llegué a faltar a clase varias veces porque no me sentía capaz de levantar el culo de cualquier superficie segura.

Ya hace un año que todo esto empezó y mi pareja lleva apoyándome desde entonces. He ido a terapia y he seguido haciendo mi vida. No mucha gente de mi alrededor conoce esto. Ya hace un año y empiezo a empezar a comenzar a entender. Sí, en un año estoy tan al principio. Y es que llevo un año intentado curarme. Llevo un año intentado mejorar hasta que las cosas sean como antes. ¿Y cómo eran antes? Mi primera “relación sexual” fue con este individuo, así que tampoco he podido desarrollar mi vida sexual al margen y no sé cómo sería si esto no hubiera sucedido. Llevo un año bastante equivocada (aunque eso también está bien, nos ayuda a desequivocarnos).

Todas trazamos nuestra propia vida en los diferentes ámbitos, pero me da la impresión de que las personas que no han sido abusadas o violadas pueden empezar por un camino común para luego, una vez conocen ese camino, buscar alternativas si así lo desean. Sin embargo, a mí (y a tantísimas otras) me han vallado ese camino común y no tengo forma de acceder. Es más, han devastado ese camino común y en su lugar está la Nada. Llevo un año intentando caminar por la Nada, pero evidentemente eso no es posible. Tengo que encontrar otros caminos para llevar una vida sexual sana. Y aquí es donde entra el título de este escrito:

Soy una persona muy visual, y en mi cabeza se ha establecido una conexión entre lo emocional y lo físico, las manos en este caso (quiero aclarar que yo tengo ambas manos y pies, y no trato de decir que mi realidad es más difícil o comparable a otras. No entiendo la realidad de ninguna otra persona, simplemente es un paralelismo que me sirve para entender mi situación). Imaginemos que el camino común del que hablaba antes es el hecho de tener dos manos, y que el objetivo de la vida sexual sana es cortar un diente de ajo. Así, las personas que tienen dos manos aprenden a cortar ajos de una manera similar, pero las personas con una sola mano, evidentemente, tendrán que aprender a hacerlo de otra manera desde el primer momento. Así es cómo yo me siento. Sin embargo, en este ejemplo está claro el objetivo, el instrumento que se tiene que usar y qué partes del cuerpo tiene la persona, pero en mi realidad no. Al no haber desarrollado una vida sexual antes del abuso no tengo ni idea de cuál es el objetivo. No sé si quiero cortar ajo o tengo que picarlo, de si es un ajo o una manzana, o igual es una calabaza. Además tampoco tengo ni idea de qué partes de mi cuerpo sí que conservo y cuáles no, esto cambia cada día. Hay días que los besos están bien, otros que una sola mirada me hace llorar, otros que creo que lo he superado todo y que en realidad me estoy montando una película, otros que siento que me quiero follar al mundo solo para ver si se me pasa ya toda esta mierda… y así.

Me siento como si un día tuviera solo un dedo, al siguiente me hubiera crecido una mano pero a la altura del codo, al otro tal vez lo que no tuviera fueran muñecas… Estoy harta de intentar adivinar cada día que fue lo que me robó el monstruo. Cada día descubro que esto no es un problema, esto es parte de mi vida. Así de jodido. No lo voy a poder superar porque no me van a crecer unas manos estupendas con las que cortar ajos. Tendré que aprender a explorar caminos que rodeen la Nada y tendré que aprender cada día qué está roto hoy y que no. O igual se estabiliza. Yo qué sé. Me han robado una parte de mi ser que se entrelaza con cada segundo de realidad. Paro películas porque aparecen escenas de sexo, me salgo de conciertos porque los gemidos del cantante me parecen demasiado sexuales, no voy a clase porque estoy ocupada agarrándome la vagina para que nada pueda entrar… Y luego, cuando la gente me pregunta qué tal ando resulta que voy y miento. Creo que he dejado de mentir por vergüenza, creo que ahora miento porque gran parte de mi círculo no soportaría el enfrentarse a esta realidad.

Solo escribo para desahogarme porque está siendo muy duro buscar un camino lejos de la Nada, porque sé que en ese camino siempre habrá un precipicio desde el que se vea la maldita Nada y tendré que andarme toda mi vida con cuidado para no caer, porque estoy harta de callar cuando me preguntan, porque quiero gritarlo al mundo, porque no sé a qué se dedica él ni si tiene hijas ni si es entrenador de un equipo infantil, porque todo esto me da maldito asco.

No estás sola. Somos muchas, pero muchas nos escondemos para poder pensar a veces que tenemos dos manos.





Los asesinatos «normales»

Hace unos días, un avión se estrelló contra los Alpes, aparentemente a voluntad del copiloto, dejando 150 muertos. Los periódicos parecen haber convertido en un tema personal demostrar que volar es seguro, incluso si para ello tienen que estigmatizar a quienes viven con depresión. Como si las 3.000 personas que anualmente se suicidan en nuestro país tuvieran la costumbre de hacerlo llevándose a más de un centenar por delante. De hablar de la relación entre desempleo, precariedad, desahucios y suicidios pues que se encarguen los sociólogos, que eso no le interesa a nadie. De buscar a especialistas en salud mental que analicen el caso con un poco de perspectiva, los medios pequeños, y una semana después. ¡Tranquilos! No tenemos prisa.

Esta semana, la Policía Nacional ha emprendido una encomiable acción que por fin ha acabado con esa fuente de terror que nos preocupaba a todos: los anarquistas. ¿No estaban aterrorizados, ustedes, ante el enorme crecimiento de los grupos organizados radicales y anarquistas? Yo debo de ser una inconsciente, porque vivo enfrente de uno de los CSOAS desalojados el martes y, sinceramente, me parecían majísimos.

En cambio, ¿saben qué me tiene realmente aterrorizada? Loca de mí, feminazi, paranoica y odiahombres, a mí lo que me aterra es vivir en un sistema en que cinco mujeres son víctimas de sus parejas en un solo día y no nos parece noticia.

Imagen via Twitter

Un tipo se suicida estrellando el avión que pilota y copa todas las portadas durante una semana. ¿Saben quiénes son muy de suicidarse después de acabar con los demás? Los feminicidas. Pero de eso no se habla. «El 13% de las españolas tiene miedo de sus parejas masculinas. Dos millones y medio de mujeres en España han sufrido golpes o violaciones a lo largo de su vida según los últimos datos del Gobierno español«. Esto lo tengo que leer, claro, en un blog feminista.

Sinceramente: eso es terrorismo, y no lo de los anarquistas.

Es terrorismo porque no se trata de un caso aislado. No se trata de cinco casos aislados en 24 horas (7 si contamos los frustrados), o de todos estos casos en 2014. Hay una forma enferma de pensar que acaba casi con tantas mujeres al año como las que llenarían un avión, sólo en España.

Por favor, ¿podría alguien encontrar un estudio que asegure que los anarquistas han causado miedo al 15% de las mujeres en España, o eso sólo pasa con sus parejas? ¿Puede alguien localizarme una página del ministerio del Interior que indique al 50% de la población cómo defenderse del otro 50% por si es anarquista?

Es terrorismo porque lo que funciona para dominar a las mujeres no es la violencia física: basta con el propio miedoMuchas mujeres víctimas de violencia de género se ponen como tope el ser golpeadas: necesitan esa comprobación de que lo que viven es realmente un maltrato, que no están locas. ¿Cómo es posible que lleguemos a esta situación?

Me tiene cansada tu Doble Discurso

Es terrorismo porque lo que creemos que es amor es violencia. Es terrorismo porque en un enorme número de relaciones las mujeres tienen que pagar el impuesto revolucionario de tener sexo sin desearlo para no hacer enfadar a su pareja.

Hay más de 100 muertas al año sólo en España por lo mismo por lo que existe este blog: porque llamamos amor a cosas que no lo son. Y eso hace que nos parezcan románticas, tiernas, normales, cosas que son inaceptables. Y ante este panorama, no puedo hacer sino sumarme al grito de Faktoría Lila: no me pidáis que esté tranquila





¿Violencia de género, violencia doméstica o violencia machista?

Sucede que aunque se estén llevando a cabo campañas de información para explicar qué es la violencia machista (cada vez menos debido a los recortes presupuestarios dedicados a esta temática) y la forma que hay de denunciarla y cada vez exista una mayor visibilización de esta “práctica”, no se ha acabado con la problemática de utilizar esas denominaciones de “violencia de género” o “violencia doméstica” que no hacen más que difuminar y confundir la realidad de la que se habla.

¿De dónde viene el término “violencia de género”? En la IV conferencia de las Naciones Unidas sobre las mujeres de Pekín de 1995, 180 gobiernos firmaron un documento donde se adoptaba el vocablo inglés gender, ‘género’, ‘sexo’, para denominar la “violence of gender” (la ejercida por los hombres sobre las mujeres), así como el término “gender equality” para hablar de la necesaria igualdad entre mujeres y hombres. Fueron esas expresiones las que acabaron utilizándose por Naciones Unidas a partir de entonces e influenciaron a los países pertenecientes a la organización.


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En España, en el ámbito penal, un mismo artículo (art. 173 CP), bajo la rúbrica “de las torturas y otros delitos contra la integridad moral”, da acogida a cualquier forma de violencia ejercida dentro o fuera del núcleo familiar, pero la L.O 1/2004 ofrece unas medidas protectoras que refuerzan únicamente la tutela de la mujer víctima de violencia de género, y que (debido a su frecuencia y gravedad) diferencian esta forma de maltrato de cualquier otro, incluso de aquellos que, desencadenados también en el entorno familiar, no puedan calificarse como propios de una situación de “violencia de género”, y que pasarían a definirse como episodios de “violencia doméstica”.En 1993 la violencia de género fue definida por la ONU como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que causa o es susceptible de causar a las mujeres un daño o sufrimiento físico, sexual o psíquico, e incluye las amenazas de tales actos, la coacción y la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública como en la privada”. Esta definición nos habla de un tipo de violencia que se ejerce contra las mujeres por el mero hecho de serlo, y que se erige en el mayor valor y poder que la sociedad le ha otorgado y le sigue otorgando al hombre frente a la mujer, y que apoya al varón para lograr y mantener el control sobre la mujer, así como aprueba la sumisión de ésta. Así, a nivel internacional, la violencia de género agrupa todas las formas de violencia que se ejercen por parte del hombre sobre la mujer en función de su rol de género: violencia sexual, tráfico de mujeres, explotación sexual, mutilación genital, etc. independientemente del tipo de relaciones interpersonales que mantengan agresor y víctima, que pueden ser de tipo sentimental, laboral, familiar, o inexistentes. Pero en España, según la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de Diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género se da otra definición de violencia de género: “todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad”.

La Ley 1/2004, quiere incidir y actuar en relación a lo que constituye una auténtica lacra social en España: la violencia de género que ejercen los hombres sobre las mujeres en las relaciones de pareja o expareja. Este es el ámbito de aplicación de la Ley, tal y como se establece en el artículo primero de la misma; ámbito que se amplía también a los hijos e hijas de las víctimas mujeres, por ser también víctimas directas o indirectas del entorno familiar.

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Imagen via SinGENEROdeDUDAS

Hay que aclarar, por tanto, la diferencia entre los términos más utilizados para hablar de la violencia sobre la mujer. La expresión “violencia de género” engloba tanto la violencia producida en el ámbito doméstico como la que ocurre fuera de él, mientras que “la violencia doméstica” no tiene por qué corresponderse con el concepto de violencia de género, puesto que existe también violencia en el ámbito doméstico que no tiene nada que ver con cuestiones de género, como es la violencia contra los menores, los mayores, etcétera.

La cuestión es que la utilización del término “violencia de género” en la legislación española puede confundirse con la definición que a nivel internacional se hace de la misma expresión, además de trasladar la errónea idea de que dicha violencia dentro de las parejas o ex parejas puede ocurrir de forma bidireccional (de hombre a mujer, o de mujer a hombre) ya que se habla de género, no de “violencia del género masculino contra el género femenino”. Por ello, es recomendable que la expresión “violencia de género” sea utilizada únicamente para aludir a la definición de la ONU y que a nivel estatal se utilice la de “violencia machista” por hacer referencia al origen de esta problemática.

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Imagen via Sin Violencia Ecuador





50 sombras de Grey: del BDSM al maltrato

50 sombras de GreyUna trilogía de best-sellers que promete remover la sexualidad femenina. Que, al parecer, ha despertado en las mujeres más mayores, en esas que se criaron bajo el régimen franquista, su derecho a la fantasía sexual. Y una piensa que eso es fantástico y que es liberador, y entonces se lee los libros.
Una amiga decía: «ni siquiera es BDSM«, y es cierto. No lo es. Es, básicamente, maltrato. El BDSM es el lazo, el camuflaje, la máscara. Es lo que hace legítimo el impulso de control de Christian Grey sobre Anastasia.

La historia tiene todos los componentes del amor clásico de cuento de hadas, de película romántica de adolescentes: mujer joven inconsciente de hasta qué punto es atractiva se enamora perdidamente de un hombre poderoso que parece estar fuera de su alcance pero renuncia a todo lo que es y, mágicamente, obtiene su amor.

Todo muy sano. Muy romántico. De hecho, no lo olvidemos, la película se estrenará en San Valentín.

Ana Steele pasa los tres tomos revolviéndose contra ese control: se empeña en mantener su piso, mantener su dieta, mantener su trabajo, rechazar determinadas prácticas. Una rebelde. Y eso es precisamente lo que enciende el ansia del personaje masculino: Ana siempre es divertida porque siempre tiene que volver a seducirla, volver a domesticarla. Por supuesto, la trama se ocupa de ir demostrando, punto a punto, acción a acción, que Ana se equivoca. Esa mujer-niña que es la protagonista tiene que enfrentarse al acoso sexual porque ha cometido la imprudencia de seguir trabajando cuando no lo necesita, cuando su pareja puede mantenerla. Se niega a determinadas prácticas porque no sabe que se va a ir acostumbrando al dolor y la humillación hasta que le parezcan agradables, pobre, ella tan poco conectada con su cuerpo. Se empeña en vivir a su manera porque no sabe lo bien que le va a ir todo cuando obedezca: lo guapa que estará, lo cuidada que estará, lo feliz que será a costa de todo lo que la querrá y protegerá Christian Grey.

Esto es maltrato. Si no puedes trabajar, si no puedes ver a tus amigos, si tu pareja decide qué te pones, qué comes, cuándo haces ejercicio, cuándo y cómo tenéis sexo, entonces es maltrato.

Pero hay tres cosas que ocultan el maltrato que vertebra esta relación. La primera, el BDSM, que es la más evidente. Toda una subcultura desde el punto de vista de las personas que no lo practican y que la imaginan de una forma aberrante. Ese cuarto del placer de Grey que en nuestra mitología popular es una puerta al infierno. Es esa clásica posición de que en el momento en que una mujer (particularmente una mujer) acepta según qué tipo de prácticas sexuales, lo que venga detrás es consecuencia de la depravación. Es el mismo tipo de lógicas que subyacen bajo la culpabilización de la víctima de una violación: si andas sola, si vives sola, si caminas por la calle de noche, te expones. Si te dejas atar en un acto sexual, entonces es normal que tu pareja no te deje salir.

La segunda, el cuento de hadas. Christian Grey no es un hombre cualquiera. Es un millonario de 27 años. Es guapo, es rico, es culto (las referencias a la música clásica, por ejemplo). Anastasia Steele es una chica torpe, que se siente poco agraciada, que viste mal, que tartamudea en público. Grey se convierte al mismo tiempo en el príncipe y en el hada madrina: la transforma en alguien mejor, en alguien digno de ese amor, de esa riqueza, de las citas en helicóptero y los yates como regalo de cumpleaños. Mejora, económicamente, el estilo de vida de Ana, colocándola en el estatus de mujer objeto de otras tantas princesas de cuento cuya historia se acaba tan pronto llega el beso del príncipe.

La Bella y la Bestia se peleanY la última, y probablemente la más importante, es la empatía con Grey. La compasión que despierta la historia personal de Christian Grey como niño. Los abusos recibidos que justifican los abusos ejercidos sobre otras personas. Esa naturaleza monstruosa e incontrolable. Como en la Bella y la Bestia, Grey no puede evitar herir a Anastasia; pero, a cambio, puede compensarla haciéndole regalos: una biblioteca, un incunable; el paralelismo es tan directo que no da mucho juego a la interpretación. En cambio, Bella y Anastasia no agreden, huyen: lo que, a su vez, despierta la ira de sus respectivas bestias. La forma de enfrentarse a la agresión y los abusos es, en el caso de la mujer, la conversión. El sacrificio, la tolerancia, para, poco a poco, ir educando al maltratador, redimirlo. El amor se convierte así en un proyecto permanente, en el arma blanda de la mujer enamorada: te querré y te curarás.

Y este posicionamiento es precisamente el que justifica todo tipo de relaciones tóxicas, ya lleguen al maltrato o no. El creer que el amor de una es omnipotente y sanador. Un tema que sin duda da mucho más juego que un simple cierre de post…





La mujer, cosa de hombres (Isabel Coixet, 2009)

50 años de... - La mujer, cosa de hombres

 

El Código Penal entre 1944 y 1963 toleraba que el marido asesinase a su esposa en caso de adulterio o que el padre matase a sus hijas menores de 23 años y a sus novios en el caso de mantener relaciones sexuales sin estar casadas.

 

Así comienza el capítulo documental que Isabel Coixet dirigió para «50 años de…», una serie de Radio Televisión Española (RTVE) dirigida por Manuel Arranz que busca poner en perspectiva los cambios sociales que han tenido lugar en los cincuenta años de emisión de la televisión pública.

En el documental, las imágenes que aparecen son piezas audiovisuales del archivo histórico de RTVE tanto de películas como de programas y publicidad donde las mujeres aparecen cosificadas, sometidas y unidas a las tareas domésticas. Estas imágenes se vinculan con cortes informativos de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas, estableciendo una causalidad que, sin duda, todavía es necesario recalcar. Porque lo que vemos en esta pieza ya no nos parece amor, pero cuando todavía era común escuchar «mi marido me pega lo normal», lo que vemos en las imágenes sí que lo parecía.

El capítulo está dedicado a las miles de mujeres que han sido víctimas de la violencia machista en España, en especial a Ana Orantes, a la que su marido quemó viva en diciembre de 1997, y por la que, como apunta el final de este documental, se comenzó a visibilizar la violencia de género.

 

Sólo existen estadísticas de mujeres asesinadas desde 1999.

A partir del asesinato de Ana Orantes (1997) que había acudido a un programa de televisión, una semana antes de morir quemada a manos de su marido, la violencia contra las mujeres adquiere la visibilidad que tiene en nuestros días.

Hoy en día, la legislación española con la Ley Integral contra la Violencia es una de las más adelantadas del mundo.

Pero los asesinatos son la punta del iceberg del maltrato hacia las mujeres.





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