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Sons of Anarchy, machismo anarquista (Kurt Sutter, 2008- 2014)

Me he encontrado con pocas series tan tóxicas como Sons of Anarchy. Al menos en este milenio. Después de ver la primera temporada de esta ficción acerca de una grupo de moteros californianos que se dedican al tráfico de armas puedo afirmar que en contadas ocasiones he descubierto en formato para televisión una serie que se dedique a «cosificar» tanto a la mujer.

Y cuando digo «cosificar» me refiero al hecho de que el papel de las mujeres se limita a servir cervezas, preparar comida y tener relaciones sexuales. Como feminista este hecho me indigna y me desespera. Tengo la loca creencia de que las mujeres somos personas y muy pocas veces encuentro personajes femeninos autosuficientes (¡Ah, querida Starbuck! Ojalá aparecieras con tu viper y los mataras a todos), pero en Sons of Anarchy el machismo es un puñetero escándalo.

Poco puedo hablar de los personajes femeninos protagonistas de la serie pero allá voy. Está Gemma (Katey Sagal), la hembra alfa de la serie, cuyo máximo logro en la vida es haber conseguido ser la mujer de dos líderes de la banda y haber parido al protagonista (Charlie Hunnam), ese niñito rubio que parece salido de un anuncio de ropa interior de Calvin Klein, con andares de rapero y pinta de surfero. Todo un Poochie de los Simpsons.

Charlie-Hunnam

No obstante, mi principal crítica al personaje de Gemma es que seguramente sea el personaje más machista de toda la serie. Sí, señor. Representa el prototipo de mujer manipuladora y perversa que el patriarcado ha asignado a las mujeres desde tiempos de la Biblia. Es crítica e inflexible con el resto de mujeres de la serie (todas son unas putas menos yo) pero siempre está para apoyar a los chicos en lo que sea.

Tara, otro de los personajes femeninos principales es harina de otro costal. Nació como el resto en el mismo pueblo de mala muerte pero tuvo la rebeldía de marcharse a estudiar medicina y convertirse en cirujana. Claro que, ¿qué son 5 años en la facultad y otros tanto de residencia comparados con ser amada por el motero guapo? La relación de Tara y Jax (el apodo del rubísimo protagonista) es ciertamente tóxica. Todo lo malo que le pasa a ella parece un castigo divino por intentar crecer profesionalmente y desvincularse de este grupo de delincuentes. Menos que tiene a Jax para salvarla, para protegerla. Su relación es un tira y afloja por la incompatibilidad que supone ejercer la medicina y vivir cumpliendo la ley versus convertirse en la mujer de un motero renegado. Pero no os preocupéis, parece que ya se ha dado cuenta de que ser amada y protegida por Jax es mucho más importante que cualquier otra meta en la vida.

Sons of Anarchy baby

Y por si esto fuera poco, vamos a hablar del tema principal de la serie: el anarquismo. No os engañéis, todo el rollo de los moteros, el tráfico de armas, las sangrientas luchas entre bandas rivales y la corrupción del sistema policial no es más que la excusa de Sons of Anarchy para plantear la idea de que es posible una sociedad mejor fuera de la moral y el sistema establecido. En el primer capítulo, Jax encuentra unos escritos de su padre (uno de los fundadores de la banda de moteros) en los que relata cómo este
intento de nueva sociedad tomó forma. Tanto el nombre de la banda como el sistema de valores se inspira en este escrito, pintado en una pared:

«El anarquismo persigue la liberación de la mente humana del dominio de la religión, la liberación del cuerpo humano del dominio de la propiedad, la liberación de los grilletes y las restricciones del Gobierno. Apoya la idea de un orden social basado en la libre agrupación de los individuos«.
sons-of-anarchy-bikers

Y sí, esta es la idea ciertamente, pero solo si tienes pene. Deberían haber añadido al graffiti «No aplica para mujeres». Las decisiones son votadas y consensuadas. Solo por hombres. Los planes y el desarrollo de los mismos son ejecutados por los hombres. Por eso, ¿cuál es el papel de la mujer en esta nueva sociedad tan «diferente» de la existente? El mismo o incluso peor que el que tiene en el patriarcado que llevamos milenios perpetuando.

Termino con un descubrimiento que me removió aún más la bilis. La definición de la anarquía que antes mencionaba, esas frases tan inspiradoras, fueron escritas por una mujer, Emma Goldman, activista anarquista y feminista que tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la filosofía política anarquista en EEUU y Europa. Debe de estar revolviéndose en su tumba ya que sus palabras se han pervertido para formar parte de una serie en la que, no solo se mantiene el patriarcado, sino que retrocede hasta tiempos casi cavernícolas. Yo al menos sí me estoy revolviendo.

Story of (Timeless) Love: amor y erotismo en la madurez

Hace unos meses una serie de fotografías de Ken Griffiths para el Sunday Times conmovía a las redes sociales. Se trataba de una recopilación de retratos de una pareja de ancianos posando frente a su casa, durante doces meses, siempre en las mismas posiciones. Los cambios del clima, las diferentes estaciones, los efectos del envejecimiento en sus protagonistas, todos los elementos de las instantáneas, evocaban un recorrido vital compartido. Esta historia de amor incondicional se cerraba con la última imagen de la colección, la fotografía solitaria de uno de ellos ocupando el lugar del otro ausente.

Ken Griffiths
Imagen de Ken Griffiths via Indulgd

El proyecto de Griffiths generó una respuesta bastante emotiva y tuvo una amplia difusión en Internet. Justo en el mismo periodo, me encontré con otro proyecto fotográfico que trataba también el amor en nuestra etapa más adulta. ‘Timeless Love’, un trabajo de Marrie Bot, reflexionaba sobre el erotismo en la madurez a través de escenas íntimas de distintas parejas. La serie llamaba la atención sobre la realidad de la sexualidad a partir de determinadas edades, a menudo considerada un tabú social. Fue entonces cuando me cuestioné por qué obras como la de Bot pasan desapercibidas a pesar de que apelan, como la primera historia, a la complicidad del amor hasta el final.

Marrie Bot Liesbeth and Cor - Timeless Love
(Imagen de Marrie Bot via Cultura Inquieta)

«El amor durante la vejez no es repugnante o extraño, sino muy natural,
y….la gente mayor desnuda no es repelente o aterradora.» 

Marrie Bot, fotógrafa.

El contraste de la repercusión mediática de ambas propuestas es un ejemplo más de culto a la juventud que invade nuestro entorno y de cómo éste puede afectar a nuestras relaciones de pareja y generar una percepción distorsionada de nosotros mismos. El mensaje con el que nos bombardean es que para ser feliz el ideal al que aspirar es el amor romántico. Para conseguir dicho amor hay que gustar. Y lo que agrada de verdad es aquello que se enmarca en nuestra concepción social de belleza y perfección. Ninguna necesidad es más lucrativa para el mercado que el deseo de ser amado. Intentamos ser más atractivos, parecer más jóvenes, disimular lo más posible nuestros supuestos defectos y responder a las expectativas de comportamiento propias de cada etapa de nuestra vida, porque así nos aceptarán, porque así nos querrán. De esta forma, asistimos a rocambolescos fenómenos de consumo reflejo de la carrera por mantenernos jóvenes o leemos declaraciones de la veterana actriz Hellen Mirren bromeando con su decepción porque nadie hackease su móvil en el escándalo de los desnudos robados a estrellas de Hollywood (the fappening). Y es que para ser trending topic hay que ser joven y perfecto, la madurez no puede ser sugerente ni desafiante, ni mucho menos normalizarse en todas sus dimensiones.

A real woman is never too old

El sexo es el principal reclamo publicitario y aceptamos que invada la mayoría de los discursos de comunicación, pero siempre asociado a la juventud, o incluso a estereotipos irreales de la pornografía. Según aumenta nuestra edad, la atención dedicada a determinados aspectos de nuestra vida se resiente. Lo que no resulta apropiado en el escaparate en el que nos exhibimos para ser amados se silencia, se oculta. Pero resulta que como seres humanos adultos seguimos teniendo las mismas necesidades de contacto, afectividad física y autoafirmación que cuando éramos más jóvenes. Continuamos desarrollando nuestra sexualidad de la misma forma en que no dejamos de construir nuestro pensamiento a lo largo de los años. Con canas, celulitis o arrugas seguimos sintiendo la misma atracción por vivir y amar de forma plena. «Es totalmente falso y cruelmente arbitrario poner todo el juego y el aprendizaje en la infancia, todo el trabajo en la mediana edad, y todos los pesares en la vejez» afirmaba Margaret Mead. Y es necesario visibilizar tanto la ternura de la pareja de las fotografías de Griffiths como la sensualidad de las parejas desnudas de Bot porque ambas manifestaciones forman parte de la belleza de crecer y de la fascinante complejidad de las relaciones. Debemos reivindicar todo lo que somos como individuos, valorarnos a nosotros mismos como seres diversos, sin anular ninguna de las facetas que nos hacen felices y humanos. Considerar incómoda o vergonzosa la desnudez natural, la pasión, la autenticidad con todas sus imperfecciones, sin importar la edad, es condenarnos a la frustración personal y a una inútil y triste limitación del amor. Es preciso reclamar a las personas como referentes, NO a los roles, empoderar al amor real en vez de a las idealizaciones inalcanzables y dañinas. De ello depende el equilibrio de nuestras emociones y el respeto hacia nosotros mismos. Cuanta mayor comprensión haya sobre la riqueza de envejecer, mayor será la liberación de condicionamientos destructivos.

I'm nine hundred and three years old

You got a problem with that?

Terminaré con una cita de «Beginners» (2010), una película de Mike Mills en la que el padre del protagonista salía del armario a los 75 años en todo un ejercicio de valentía y buen humor. Y es que nunca es demasiado  tarde para ser uno mismo ni se es demasiado viejo para amar realmente.

«¿Ocurre de repente? Requiere mucho tiempo. Normalmente, para cuando eres real, la mayoría de tu pelo se ha caído, se te han salido los ojos y se te aflojan las articulaciones. Pero estas cosas no importan en absoluto porque eres real. No puedes ser feo excepto para la gente que no lo entiende».

Medianoche en París

Imagen via Filmaffinity

Gil e Inez están prometidos y en París, un cliché romántico perfecto (que, de hecho, cuesta la vida a varios japoneses cada año, aunque esto es off-topic). Sin embargo, mientas que Inez busca antigüedades en compañía de su familia Gil sólo quiere contar con tiempo para escribir y vagabundear. En uno de sus paseos nocturnos viaja en el tiempo y comienza a codearse con la bohemia de los años 20. No, obviamente no estamos ante una película realista, pero sí lo es la forma en que Gil e Inez se tratan el uno al otro. Que parte de una total indiferencia hacia los intereses del otro.

Como suele pasar en las películas de Woody Allen, el diálogo no es más que aparente, y en realidad se compone de una sucesión de monólogos donde la información no fluye de un personaje a otro, sino, en todo caso, de ambos personajes hacia el espectador. No existe la escucha, ni la retroalimentación. Ambos personajes se desprecian mutuamente: Gil no entiende la frivolidad de Inez, Inez no entiende la pretenciosidad de Gil. O podríamos hablar del interés de Inez por la decoración y el detalle, y el vasto conocimiento de Gil de la vida intelectual de París a lo largo de la historia, pero entonces probablemente sería el inicio de la relación.

Cuando conocemos a otra persona en muchas ocasiones nos sentimos fascinados por todo lo que a esa persona le interesa y de lo que nosotros no hemos oído hablar, o que jamás nos ha llamado la atención. Hemos escuchado hasta la saciedad que «los opuestos se atraen» y nos lo creemos. Vemos, incluso, una oportunidad de aprender sobre temas totalmente nuevos para nosotros. Pero muchas veces la prueba no supera la rutina. Porque no hay nada que compartir o porque, simplemente, pasado el impacto inicial en realidad descubrimos que si nunca nos acercamos a ese interés que tanto le importa a nuestra pareja es porque realmente no nos satisface lo más mínimo.

Y no pasa nada. No es necesario en absoluto que ambos compartan un interés, siempre y cuando sean compatibles. Pero ni siquiera buscamos esa compatibilidad. No buscamos personas que disfruten saliendo solas si a nosotras también nos gusta salir solas o quedarnos en casa, a solas. No buscamos personas que disfruten estando en casa haciendo una actividad diferente. Buscamos una especie de clon de nosotros mismos. Alguien que salga con nosotros, que vea la televisión con nosotros, que comparta con nosotros cada minuto de actividad. Lo que lleva a la dependencia. O, por el contrario, una persona con sus propias aficiones que realiza en el mismo tiempo que dedicamos a las nuestras… Y no compartir esa actividad se termina convirtiendo en indiferencia. No trabajamos en nuestra empatía: no somos capaces de disfrutar viendo a nuestra pareja disfrutar con algo que nos resulta aburrido o ajeno. No es necesario que nuestra pareja sea un clon o un compañero de equipo, pero desde luego no es sano que nuestra pareja se convierta en una extraña.

En la película, sin embargo, la ruptura no viene por esto, sino a raíz de una serie de infidelidades. No somos capaces de romper en base a la incompatibilidad porque no le damos la importancia que merece. Buscamos un motivo de peso: una gran pelea, una infidelidad, etc. Cuando no ser feliz debería ser un motivo de peso más que suficiente para acabar con una relación, o como mínimo, para transformarla.

Wilkinson ‘Afterglow’ (Rémy Cayuela, 2013)

El vídeoclip de Rémy Cayuela para Afterglow, de Wilkinson, nos cuenta una historia mucho más rica que la canción. Paul y Dana llevan 5 años saliendo, y eso se transforma visualmente en una lista de pequeñas cosas que todas las personas acumulan durante una relación. Las más obvias (el piso, los cumpleaños) y, lo más importante, las que suelen pasar inadvertidas.

Paul y Dana dejan de hacer cosas (143 libros sin leer, 702 tareas sin hacer), pero el mensaje no es que dejen de hacerlas «por el otro», sino que las sustituyen por otras cosas que hacen juntos (16 viajes, 58 conciertos, 128 películas,  15843 muertos jugando a la consola, salen de fiesta – muchas cervezas, copas, y resacas). Practican sexo con frecuencia y con juguetes, satisfactorio para ambos, con lugar a las fantasías. Comparten música, secretos, y cenas románticas en sitios de comida rápida.

Existe una cierta tendencia a la dependencia en la forma en la que se cuenta esta relación: 3897 llamadas de teléfono son dos llamadas diarias; pasar 23 días y 23 noches separados en dos años parece implicar una convivencia desde el principio. Y también asusta la frivolidad con la que se trata la violencia dentro de la pareja cuando hablan de peleas reales y de bromas de mal gusto. Dejan 12 amigos detrás. Desde luego, está lejos de ser una relación perfecta, pero es una representación bastante realista de una pareja que comparte estilo de vida y disfruta unida de la rutina, dejando atrás las grandes esperanzas.

 

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