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Tras el largo invierno

Por Adriana Paola Meza, finalista* del I Concurso literario «Parece amor, pero no lo es».

 

Puesta de sol con la silueta de un árbol y una persona.
Fotografía de Dawid Labno en Unsplash

Sentada debajo de un árbol con los ojos cerrados escucho los murmullos de la naturaleza y de las personas que viven en las cabañas vecinas. La nieve comienza a derretirse apenas, fue un largo invierno pero yo apenas siento frío. El frío está distante de mí, experimento la sensación pero no me identifico con ella. Hay una enorme paz en mí, soy una ola más del viento tibio que comienza a deshacer la estación. Él está sentado en el árbol contiguo, silencioso y meditativo. Disfrutamos el silencio por muchas horas al día. Quizá por eso nuestro amor ha llegado a ser inmenso. A veces cuando lo miro a los ojos pareciera que el azul del mar danza en su mirada. Estos y otros pensamientos pasan pero no los detengo los dejo ir, se hace el silencio. Después de un largo rato abro los ojos y él está contemplándome como si mirara a la nada y le sonrío. Él me sonríe, es la manera en que nos decimos que ya es tiempo de volver a la cabaña. Al llegar nos fundimos en un profundo abrazo y en silencio total comenzamos las tareas propias de quien espera una gran celebración. Mi hija llegará mañana de visita; ha estado unos días en el Tíbet y viene a compartirnos su experiencia. Ella es tan dulce y tierna, tan fuerte que su padre le ha preparado como regalo un libro muy antiguo que su abuela le heredó. Y yo no he hecho más que abrir mi corazón para recibirla y prepararme para cocinarle lo que más le gusta. Seis años sin verla han sido mucho pero ambos sabemos que lo mejor que le puede suceder a un hijo es que sus padres renuncien a inculcarle cosas que no tienen nada que ver con su verdadero camino. Ahora ella es lo que es porque nosotros hemos estado al margen y eso me hace sentir que la amo más que a nadie en el mundo. Hace mucho que las lágrimas no asomaban a mi rostro pero hoy me he encontrado con las fotos de su niñez. Me pregunto cómo se verá ahora ¡tan grande! y él me abraza como estando de acuerdo. Nos acompañábamos en soledad, cada vez que la extrañábamos, en cada intento por decir “nuestra hija”. Ahora ella regresará quizá siendo la maestra.

Disfrutamos el silencio por muchas horas al día. Quizá por eso nuestro amor ha llegado a ser inmenso. Clic para tuitear

Sobre Adriana Paola Meza:

Escritora nacida el 28 de septiembre de 1980 en Monclova, Coahuila. Ha publicado en las revistas La cabeza del moro, La humildad premiada y Armas y letras.

Participó en el Encuentro Internacional de Escritores «José Revueltas» en su edición 2005 y 2006. Colaboradora del libro colectivo Primeras Armas, presentado en el marco de la Feria de Libro en Monclova durante el 2007. Estuvo en el Encuentro Nacional de Escritores en Durango durante el 2008 y en el Encuentro de Mujeres Poetas en Jiménez Chihuahua en el 2012. Desde hace algunos años, pertenece al grupo Las Pitonisas de Patricia Laurent.

*Nota: este texto se enmarca en el I Concurso Literario «Parece amor, pero no lo es». Ha sido seleccionado como finalista por parte del jurado porque creemos que puede ser interesante para un debate en torno a la construcción de relaciones amorosas más sanas. No coincide necesariamente con la opinión de las personas que integran el jurado o la coordinación de Parece amor, pero no lo es. Si tienes algún comentario, no dudes en dejarlo debajo de este artículo. ¡Todo debate respetuoso es más que bienvenido!

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