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Vírgenes o vulvas: ¿y si llevamos dos mil años adorando al coño?

Desde un punto de vista antropológico, la religión tiene el objetivo de explicar lo que no se comprende y tranquilizar a la sociedad ante lo imprevisible (además, claro, de sustentar las estructuras de poder). Una de las peticiones más extendidas a los dioses, en todas las culturas, es la de la fertilidad, tanto de los campos como de las mujeres. Por eso, desde tiempos ancestrales, era habitual tener figuras de genitales a las que se les rendía culto, como forma de alentar a los dioses a traer buenas cosechas y descendencia fuerte.


Restos arqueológicos sexuales
Restos arqueológicos de rocas-vulva y rocas-pene en posibles altares a la fecundidad en Israel

 

Tampoco es ningún secreto que las religiones dominantes tomaron las tradiciones paganas y las reescribieron, aportándoles una lógica interna dentro de su narración: sin ir más lejos, la celebración del Corpus Christi que celebrábamos esta semana, destinada a celebrar la eucaristía, se relaciona directamente con Pentecostés, fiesta judía donde, en origen, se agradecían las primeras cosechas antes de empezar a celebrarse la alianza del Sinaí. Es decir, que independientemente de nuestras creencias religiosas, subyace a ellas siempre el agradecimiento por la vida, tanto en su dimensión agrícola como en  la reproductiva.

Hace algunos años que diversos colectivos feministas “rinden culto” durante las fiestas católicas a vulvas que sacan en procesión: la del Santísimo Coño de todos los Orgasmos, la del Santísimo Coño Insumiso, y otras que buscan oponer la figura del coño a la de la Virgen como forma de protesta por las legislaciones que, con base en la ética católica, restringen los derechos de las mujeres. Sin embargo, cuando vemos estas imágenes, la figura del coño, en lugar de resultar chocante, resulta natural, y en lugar de separarse, se asemeja. Y es aquí cuando llega la pregunta: ¿podríamos haber sustituido la adoración a la vulva por la adoración a la Virgen?

Cofradía de la Virgen del Coño
Imagen via Tif Fotos

 

Hace tiempo que me planteé la pregunta (fue en Semana Santa, de hecho) y a pesar de haber buscado varias veces información al respecto sólo la he encontrado ahora (podéis imaginar qué pasa cuando buscas en Google virgen y vagina), y sí, efectivamente, artistas como Mónica Castagnotto, en una exposición de 1999 de la que fue censurada su obra Virgen y Vagina, ya habían presentado la similitud entre ambas.

MONICA CASTAGNOTTO
Virgen y Vagina, de Mónica Castagnotto  (fotomontaje, fragmento)

 

María de los Orgasmos
Imagen via Mª Magdalena de los Orgasmos

 

Evidentemente en esta última escultura el paralelismo es buscado, pero a raíz de una conversación con otro de los autores del blog empecé a indagar sobre la Virgen de Guadalupe y, por fin, encontré un análisis como el que me venía rondando: efectivamente, la Virgen de Guadalupe comenzó a adorarse en Mexico en sustitución de las diosas de la fertilidad (Tonantzin), y quizá precisamente por eso el canon bajo el que se representa es particularmente “vulvar”:

Guadalupe de Quiroz
Imagen via Taringa!

En definitiva, ¿es posible que la Iglesia católica, tan aparentemente misógina, haya hecho esta concesión a la sacralidad de los genitales femeninos como origen de la vida? Debatiéndolo entre los autores del blog, otra de nosotros concluía que podía tratarse de una concesión que negaba el placer de la mujer (puedes usar tus genitales para dar vida, pero sin disfrutar del sexo, como hizo la Virgen María). Personalmente, llamadme romántica, pero que la cabeza de la Virgen se corresponda anatómicamente con el clítoris me parece una dichosa coincidencia, y ojalá sirviera como punto de partida para que esta institución respetara de una vez el cuerpo femenino y la libertad de esta.

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Vega Perez-Chirinos Churruca

Coordinadora de este proyecto y redactora en varios medios y blogs
Un día empecé a preguntarme por los modelos románticos que copaban las letras de mis canciones favoritas, me di cuenta de que las pensaba mejor cuando lo hacía con amigas... Y aquí terminamos.

5 comentarios

  • Vega Perez-Chirinos Churruca

    Muchísimas gracias por tu comentario, Mariana, aunque parece que precisamente no es nada nuevo… 😉 Me alegra mucho que el blog te sirva como fuente de descubrimiento, ¡para eso está! Seguro que tú también tienes puntos de vista que aportar, así que si te apetece escribir no dudes en hacerlo. 🙂

  • Antonio

    Pues me parece interesante ya que lo que en este blog mensionan yo no lo savia hasta que un profe de secundaria me dejo con la duda

  • Gemma

    No sé si has leído Vulva, de Mithu M. Sanyal (http://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/vulva-la-revelacion-del-sexo-invisible/9788433963390/A_437), un estudio de la representación cultural de los genitales femeninos a lo largo de la Historia, desde Grecia a Annie Sprinkle. Ahí encontrarás un estudio del modo en que la representación de la Virgen está vinculada a las representaciones primitivas de la vulva.

    Con la Virgen ha pasado como con todo el cristianismo: que las lecturas que se han hecho de él han sido sumamente neuróticas y represivas. Toda la historia de María podría interpretarse como una imagen del poder creador que la palabra tiene en el cuerpo (hasta el punto de, según el mito, producir un embarazo sin necesidad de un señor). Es el Verbo quien encarna, y eso es un fenómeno corporal de primer orden: si pensamos en Dios, tenemos a una divinidad que decide vivir la experiencia humana de la corporeidad; si prescindimos de Dios y vamos al puro relato, tenemos un cuerpo afectado por la palabra (lo cual podría ser una imagen genial de la creación poética, y además tiene formulaciones posteriores en Teresa de Ávila o en Juan de la Cruz). Luego viene la Iglesia e institucionaliza el relato y le quita precisamente lo que es su centro: el cuerpo y su capacidad creadora. Pero tú fíjate que eso, misoginia medieval mediante, no acaba oficializándose hasta tan tarde como 1854, año a partir del cual los teólogos montan un debate minucioso para explicar cómo es que a la Virgen no se le rompió el himen ni antes ni durante ni después del parto. Y no me extraña que acabase sucediendo en el XIX, que es uno de los siglos más puritanos y represivos que una pueda echarse a la cara. De hecho, el XIX es el momento de hegemonía de la burguesía, cuyo auge, según Régine Pernoud y Silvia Federici, fue acompañado de una progresiva represión de las mujeres.

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