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Sobre la abolición de la verdad, los poliamores y otras posmoderneces

Ciega ratones aquel, también, que inocula el virus de la Verdad administrando transfusiones de plasma conceptual a quienes se sienten enfermos de sin-sentido. Aquel que ofrece paraísos sistemáticos a los heridos de vida. Aquel que inyecta, como un orgullo de raza, la intelectualidad que encubre nuestra miseria: nuestra ignorancia.

Chantal Maillard

Cinco ratones ciegos

 

Algunas estudiantes de filosofía pragmatistas como yo consideramos que mucha de la filosofía que estudiamos en nuestras facultades ha quedado obsoleta para la sociedad de hoy porque resulta tan inoperativa como imposible. Cierta corriente posmoderna, en particular la filosofía de Richard Rorty, denuncia que lo que hemos convenido en llamar Verdad, Razón o Realidad, ha tomado el lugar de dios en una cultura laica. Lo que en un principio pretendían ser unos ideales reguladores a los que tender para emancipar a la humanidad de las tinieblas de su ignorancia, han resultado contraproducentes. No solo no han servido ni sirven para resolver nuestros problemas de hoy, sino que en su nombre se han cometido las mayores atrocidades, añadiendo más sufrimiento a nuestra historia humana.

Pero, ¿qué tiene que ver este diagnostico con la manera en que amamos y en que nos relacionamos?, ¿tiene algo que ver la abolición de la verdad con el amor? Pues sí. Desde este análisis, el amor entendido como mito romántico corre la misma suerte que la verdad. El amor romántico es un ideal que sigue siendo, al igual que la verdad, un sucedáneo de lo divino. Exige fidelidad, amor incondicional, matrimonio hasta la muerte, exclusividad sexual y emocional durante años, durante décadas, durante toda nuestra vida. Este tipo de amor genera una idea de autoridad sobre-humana que nos dice lo insuficientemente buenos que siempre seremos a la hora de alcanzar la perfección y eternidad, porque, ¿alguien piensa que es posible humanamente no desear a otros?, ¿no amar a otros? Y si se pregunta a los defensores de este tipo de amor dirán que es normal y habitual desear a otros, pero que te has de controlar (y auto-flagelar, añado yo) en nombre del “verdadero amor “a esa persona. Y si sucede una infidelidad, ¿qué? Si le dices la verdad a tu pareja harás que todo lo demás vivido con ella parezca mentira, y si no se lo dices, ¡voilà!, culpa judeo-cristiana. Pero, ¿por qué tener culpa por una cosa tan humana como actuar en consecuencia de un “no solo contigo para siempre”? Uno puede ser un ser sexuado y por eso mismo necesitar más de una relación sexual, ser un ser que ama y por eso mismo necesitar más de un amor. O no. O sí y todo a la vez, pero sin hacer daño a otros, ¿es esto posible? Yo creo que lo es.

Retrato imaginario de Brigitte Bardot (Antonio Saura)

Brigitte Bardot (Antonio Saura) vía Fundación Juan March

Lo importante no es saber si somos polígamos o monógamos por naturaleza, o si todos debemos seguir el poliamor o no. No hay nada que investigar acerca de la naturaleza humana o acerca del deber ser del amor. Lo importante es idear espacios de sentido que disminuyan el sufrimiento y aumenten la felicidad humana, que podamos contribuir a la mejora de la vida. Idear nuevos conceptos y descripciones que den cabida a todo tipo de multiplicidad de amores humanos para las necesidades de cada uno: amores tan temporales y contingentes como tú o como yo; o amores para siempre con otros múltiples amores; o amores cuya ruptura no suponga un fracaso como persona, sino la mayor oportunidad de crecimiento personal; o amores sin contratos. En todo caso múltiples formas de amar, pero desde unas expectativas que podamos satisfacer humanamente. No un amor que esté más pendiente de exigir que de disfrutar. Amor o amores como motor y no amor como cadenas.

Si el mito de este amor romántico es un ideal imposible de llevar a cabo humanamente, inventemos otras formas que sí lo sean: relaciones abiertas, plurales, poliamor, etc. pueden suponer soluciones porque pueden hacen compatible ser leales a uno mismo y a los otros y despojarnos de la culpa judeo-cristiana. Si no hay verdad, tampoco habrá mentira. Es decir, si hay normalización no habrá sufrimiento.

Hacer los amores a la medida humana, donde conceptos que estaban cargados de tintes morales, sirvan precisamente para trascenderlos. Hoy no hay necesidad de atender a la autoridad del amor romántico, sino hacernos cargo de otras formas de amar cuyas expectativas seamos, como humanos, capaces de colmar. Y si al final de todo esto no te convenzo y prefieres un amor romántico y alguna vez cometes un desliz, hazme caso y no le digas la verdad. Y si tú, la de la relación abierta y consensuada, te vas muy abiertamente con otra persona, hazme caso también y tampoco se lo digas. Hacedme caso, porque la verdad está sobrevalorada. No sirve para la mejora de la vida. Yo siempre digo que la verdad suena bien pero no sirve para apretarse contra ella en una noche fría.

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1 comentario

  • JoseSan

    Interesante reflexión.

    “…pero sin hacer daño a otros”: quizá ahí está el quid de la cuestión 😀

    Espero leerte más.

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