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San Valentín: martirio o barbarie

Mañana se celebra el Día de los Enamorados. Una celebración que nace en el Imperio Romano como homenaje a un sacerdote que se opuso al decreto imperial que impedía los matrimonios entre jóvenes (con la intención de asegurar la soltería de los soldados), por lo que fue encarcelado y martirizado, el 14 de febrero del año 270 d. C.

A día de hoy el Día de los Enamorados es una tradición simbólica y capitalista que poco tiene ya que ver con el homenaje al mártir, pero no hemos conseguido aún desvincular al propio amor romántico del concepto del martirio.

Romeo y Julieta, esa gran historia de amor de nuestra cultura, narra el amor de dos jóvenes que deciden casarse nada más conocerse, oponiéndose a sus familias, y provocando directa o indirectamente la muerte de varios de sus miembros, además de la suya propia. En cuestión de pocos días se encuentran, se enamoran, se casan y se suicidan.

Gente que quiere un romance como el de Romeo y Julieta

Imagen via Quelibroleo.com

En estas grandes epopeyas del romanticismo hay muertos, hay angustia, hay una necesidad del otro tan fuerte que no cabe sino el sacrificio de todo, incluyendo la propia vida, en pos del amor. El que este amor sea más bien enamoramiento, y tenga que ver con la fascinación inicial de dos personas que apenas se conocen no contribuye en absoluto a justificar ese heroísmo de los protagonistas.Sería interesante poder ver si seguiríamos hablando de Titanic diecisiete años después si Jack no se hubiera sacrificado por Rose, si no pudiéramos preguntarnos permanentemente por qué no se salvaron ambos (“es evidente que cabían en la tabla“, en fin).

Ejemplo a ejemplo, en nuestro imaginario se va instalando la idea de que el amor es instantáneo, voraz, sufriente. No somos capaces de creer en el amor si no va acompañado de esa angustia vital. El amor es el joven Werther volándose la cabeza por un amor no correspondido. Lo demás no es amor, es capricho.

Las rupturas y los desengaños se lloran, se vomitan, se sangran. Y eso es lo que aporta autenticidad al amor. Le damos más credibilidad a quien deja de comer, de dormir y de concentrarse por un enamoramiento que a quien tiene una relación no posesiva y duradera en el tiempo. El martirio es nuestro estándar del estar enamorado.

Visto así, casi prefiero que hayamos olvidado las raíces de esta celebración y las cambiemos por comer bombones. Será capitalista, pero me parece más sano.

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Vega Perez-Chirinos Churruca

Coordinadora de este proyecto y redactora en varios medios y blogs
Un día empecé a preguntarme por los modelos románticos que copaban las letras de mis canciones favoritas, me di cuenta de que las pensaba mejor cuando lo hacía con amigas... Y aquí terminamos.

3 comentarios

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