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El matriarcado no existe, son los padres

Cuando me puse a investigar sobre la existencia del matriarcado, después de encontrar una cantidad ingente de artículos contando historias sobre visitas a sociedades matriarcales, encontré que los antropólogos que lo han investigado no tienen pruebas reales de que exista, y me sorprendió básicamente porque todo el mundo habla de ello como si fuera un ilustrado en el tema. Pues ahora resulta que hablamos del matriarcado sin documentarnos antes, qué cosas.

Por otro lado, existe una creencia generalizada, incluso dentro del propio feminismo, de que el matriarcado existió en el periodo prehistórico. Existe una fascinación ante este mito que permite disolver, desde la ajena distancia del tiempo, cualquier duda que cuestione un hecho de tal interés. Para el feminismo, la existencia del matriarcado es una ilusión esperanzadora con connotaciones revolucionarias que rompería con la subordinación histórica de la mujer; ya no habríamos sufrido el patriarcado desde siempre, no sería la norma. No importa si es cierto o no pero, en la otra cara de la moneda, esta quimera realiza un trabajo revitalizador de los intereses patriarcales, ya que si ha existido una sociedad en la que dominan las mujeres, ¿qué tiene de malo que ahora dominen los hombres?

En cualquier caso, pese a que no existe ninguna prueba del matriarcado, sino suposiciones antropológicas, podemos afirmar que, aunque no sabemos si el matriarcado existió, sabemos que ahora no existe.

No existe ni una sola sociedad que conozcamos donde el colectivo femenino tenga el poder de adoptar decisiones sobre los hombres o donde las mujeres marquen las normas de conducta sexual o controlen intercambios matrimoniales. (Gerda Lerner)

Y es que esa es la definición del patriarcado, es una organización social en la que los hombres toman todas las decisiones públicas y privadas, y ejercen dominio sobre la sexualidad y el matrimonio de las mujeres.

Sin embargo, este mito no es algo creado por el feminismo, sino algo que se retomó en el siglo XIX, y posteriormente dentro de los círculos feministas de la Segunda Ola. La única prueba en la que se basan para afirmar que ha existido el matriarcado es una visión primitiva de la femineidad previa a la Grecia clásica que defiende cómo la veneración al icono tipo Diosa Madre da poder y relevancia a la maternidad en estas sociedades y, por tanto, a las mujeres.

En 1972 Gloria Steinem sugirió que previamente el parto y la creación de la vida eran algo místico que otorgaba poder y superioridad a las mujeres, y por tanto el descubrimiento de la paternidad fue el catalizador de la subordinación de la mujer. Lo que no se cuenta es que la importancia de las representaciones de la mujer como una Diosa que tenía poder de creación se vieron relevadas desde la época helénica debido a este descubrimiento, que llevó al ascenso de los Dioses creadores varones.

Cynthia Eller escribió en El mito de la prehistoria matriarcal que esta idea es un mito basado en un supuesto sexista de la biología femenina aplicada a conjeturas antropológicas pseudo-científicas. Lo que quiere decir es que estas suposiciones antropológicas semi-inventadas tienen su base en la idea de que lo más importante, y lo único, que aporta la mujer a una sociedad es la natalidad, su biología, menospreciando la multidimensionalidad de una mitad de la raza humana.

Me atrevo a afirmar que el problema de este mito es que no sabemos que el patriarcado y el matriarcado no son lo mismo, intercambiando los roles de poder. La idea generalizada, y equivocada, es que el  matriarcado es cualquier organización social en la que las mujeres tengan poder sobre algún aspecto de la vida pública.

Pero lo cierto es que no se puede encontrar una conexión entre la estructura de parentesco y la posición social que ocupan las mujeres. Y por qué es importante la organización alrededor del  parentesco, os preguntaréis. Es importante porque el tipo de organización de las sociedades está directamente regido por las relaciones familiares, y del tipo de organización desciende el poder político, especialmente en la época prehistórica.

Todas las suposiciones de antropólogos resulta que no eran matriarcados, sino sociedades matrilocales y matrilineales. En éstas últimas, las familias se continúan por el lado de la madre, por lo que los hombres siguen viviendo en el núcleo familiar de su madre. De esta manera, la herencia se transmite de madre a hija, lxs hijxs pertenecen al grupo de su madre, pero no transmiten relación de parentesco ni herencia con sus respectivxs hijxs. La característica principal de las sociedades matrilocales es que la convivencia post-matrimonial se mantiene en el núcleo familiar de la madre.

También es importante recordar que existen las sociedades patrilineales y patrilocales, ya que, por desgracia, esto no es sólo cosa de mujeres.

Os voy a hablar de tres ejemplos, dos actuales, uno de la América pre-colonial y uno de la época prehistórica, que es de donde proviene este mito.

La sociedad de la que más se ha hablado de la prehistoria refiriéndose a ella como matriarcado es Catal Hüyük, un asentamiento urbano neolítico situado en lo que ahora sería Turquía. James Mellaart, quien dirigió la excavación, llegó a una serie de conclusiones que podrían otorgar a Catal Hüyük carácter matrilocal. Los pobladores de Catal Hüyük enterraban a sus muertos dentro de la aldea, que tendría una media de entre 5.000 y 8.000 habitantes. Tan solo los privilegiados, en su mayor parte mujeres, eran enterrados en las casas y estaban teñidos de rojo, por lo que los antropólogos han concluido que mantenían un alto estatus en esta sociedad. El hecho de que pintaran a las mujeres antes de enterrarlas no significa que fuera un matriarcado.

Museo, estatuilla, prehistoria, Catal Huyuk, Anatolia

Estatuilla representando una Diosa Madre de Catal Hüyük en el Museo de Ankara

Pese al considerable comercio y la elevada especialización no se reconoce una división del trabajo. La mujer era venerada dentro del gran número de lugares de culto dentro de la ciudad, con representaciones llamadas Diosa Madre, generalmente estatuillas y pinturas, que representan la fecundidad de la mujer, sentadas o en el momento del parto. Tampoco esto significa que fuese un matriarcado, significa que se dieron cuenta de que lxs niñxs no los trae la cigüeña.

Uno de los ejemplos actuales de una sociedad matrilineal son los Mosuo, en China, cerca de la frontera con el Tíbet, a las orillas del lago Lugu. Su aislamiento del resto del mundo y la escasez de hombres provocaron que las mujeres tuvieran que proporcionar alimento. Ésta es una de las razones más comunes del desarrollo de sociedades matrilineales, la independencia económica de sociedades cazadoras y recolectoras, por lo que, como dice Gerda Lerner, generalmente en sociedades matrilineales el estatus de los hombres y las mujeres está separado pero es igual.

Flickr, Lago Lugu, China, Mosuo

Lago Lugu, Rhea Lee en Flickr

Sin embargo, que no existan jerarquías de poder por la división del trabajo no significa que sea un matriarcado. Al mismo tiempo, no existe el concepto de matrimonio, es común que tanto los hombres como las mujeres tengan varios amantes; éstas relaciones se llaman matrimonios andantes. Por lo tanto, las familias son muy extensas y las parejas no están ligadas por ningún tipo de relación económica. De esta manera no conviven en la misma casa, los hombres viven siempre en casa de sus madres.

Esto es una sociedad matrilineal, las relaciones de parentesco y la herencia se cercan en el marco de la familia materna. Con todo, incluso en sociedades matrilineales en muchas ocasiones el pariente varón toma las decisiones económicas y familiares. Particularmente, el poder político de los Mosuo está controlado por los hombres.

Iroqués, en Flickr por David Eastis

Los iroquesesnativos norteamericanos, son especialmente famosos entre los antropólogos. Asentadas en los Grandes Lagos, las iroquesas tenían una alto posición en la tribu eligiendo a los nuevos jefes militares. Éste es un ejemplo de matrilocalidad, ya que las familias se asientan en el lado de la madre y lxs hijxs reciben el nombre del clan de la madre. Las mujeres, por mucho prestigio que tuvieran dentro de la tribu, no formaban parte del consejo de ancianos. Aunque tenían un papel central como dueñas de toda la propiedad, y protagonistas de los servicios religiosos, éstas nunca fueron los líderes políticos de la tribu ni tampoco sus jefes.

Por otro lado, Campo Piyapi o Chayahuitas, un pueblo del amazonas peruano, con una población de entre 10.000 y 12.000 habitantes, viven entre el río Marañón al norte, las estribaciones de los Andes al oeste y el río Huallaga. Esta sociedad tiene descendencia bilateral, ya que tanto el padre como la madre tienen el derecho de parentesco y herencia para con sus hijxs.

Además, la sociedad tiene carácter matrilocal, lo que quiere decir que la norma de convivencia post-matrimonial es que la residencia se mantenga con la familia materna. Que las familias vivan con sus abuelas no significa que sea un matriarcado. 

Sabiendo todo esto voy a compartir con vosotros mi “Guía fácil para saber si te están hablando de un matriarcado, o se están colando” en tres pasos:

  1. Pregunta: ¿Las mujeres tienen dominio sobre la sexualidad y el matrimonio de los hombres, y toman todas las decisiones públicas y privadas?
  2. Si la respuesta es no, no es un matriarcado.
  3. Vuelve a repetir el paso nº 1 hasta que se den cuenta de que se están colando, o te la están intentando colar a ti.
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Maria Garcia

Graduada en Relaciones Internacionales pero feminista de profesión. La revolución será feminista, o no será.

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