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El -dudoso- lugar de las mujeres en el cambio

Vivimos tiempos apasionantes en lo que a política se refiere. Como en un tablero de ajedrez donde las fichas se mueven para ganar. Se intentan anticipar las jugadas de los adversarios, pero cada movimiento sorprende al anterior. Hay viejas jugadas, jugadas que parecen nuevas y jugadas que aun siendo novedosas se enmarcan en estrategias que se han empleado antes ya.

Hoy es 14 de abril, el día en el que se conmemora la proclamación de la II República española. Y lo hace en un escenario discursivo que rescata la memoria de aquel abril de 1931 en el que la instauración de la República fue posible gracias a la aplastante victoria de los partidos republicanos en aquellas elecciones municipales.

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Imagen via La República Española

A las puertas de la campaña de municipales y autonómicas las voces por recuperar el poder de las instituciones, que permita recuperar los derechos perdidos, recorren las calles de todas nuestras ciudades y pueblos. No es un movimiento republicano (o lo es en la intimidad, como en su día Aznar hablaba el catalán), pero no lo es explícitamente (o eso afirman) porque en su afán por regenerar la política ese discurso le parece antiguo. Teniendo en cuenta que la primera monarquía de lo que hoy es el territorio del Estado español fue la de Don Pelayo, en Asturias, en el 718, parece que esa manifestación no tiene demasiada base.

Pero tiene una explicación lógica, es aquello que dejó de pasar hace muchos años. Es el discurso hegemónico encarnizado, hecho verdad. Y es que si no se lucha decididamente contra él, desde el trabajo individual hasta el colectivo, volvemos a caer una y otra vez en el pensamiento dominante.

Ocurre igual con las mujeres. En estos proyectos nuevos, participativos y de firmes convicciones democráticas (Podemos, Ganemos, Ahora, Común, etc.) tienen vicios antiguos contra los que deberían luchar con más firmeza de lo vienen haciendo.

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Fuente de la imagen: IU Mujer

Entre sonidos de tic tac y otros golpes de efecto, se les quedan atrás las mujeres en la esfera pública. Está Ada Colau en Barcelona en comú, Teresa Rodríguez en Podemos Andalucía y la súper nova Manuela Carmena, en Ahora Madrid. Lo que queda de estos nuevos partidos es un jardín de hombres medianamente jóvenes que lo que aportan al escenario político es una carrera académica muy bien argumentada y una presencia mediática descaradamente superior a la de sus compañeras.

En el último tiempo se ve un intento de visibilizar que no son un puñado de hombres pujando por el poder, que los acompañan compañeras en ocasiones más válidas que ellos. Pero el intento llega tarde y llega mal. El momento que ellas acceden a las tertulias televisivas es el mismo en el que solo dos de ellas (tres contando con Teresa Rodríguez) figuran como candidatas a sus respectivas comunidades autónomas. El resto, hombres. Ni más preparados, ni más consecuentes; hombres.

El último barómetro del CIS en intención de voto refleja que la intención de voto en hombres es 7 puntos superior que la de las mujeres porque probablemente el reflejo del poder y de la fuerza encarnado por ellos sea más potente en su electorado masculino que en el femenino. Posiblemente. Las que se hayan acercado a una asamblea de un círculo cualquiera y las que participen activamente en ellos habrán notado que la pugna por la palabra y el respeto por los turnos tiene una nota eminentemente masculina.

Eso sí, las cuotas las aplican como el catecismo. Una rigurosa corrección política en lo fácil, en lo que sale aplicando números, que nadie los pueda tachar de machistas. Pero les siguen faltando las herramientas para que el nosotras y nosotros sea realmente inclusivo. Que cuando se habla en plural femenino de hecho esté incluyendo a las mujeres que conforman estos movimientos.

Y es que nos queda un camino largo en el que el empoderamiento juega un papel fundamental, pero para que sea posible tenemos que tener a nuestros compañeros realmente de nuestra parte. Que valoren la preparación y la fortaleza de quienes están y de quienes no quieren jugar en su tablero de ajedrez y que entiendan que es tarea de todos y de todas aniquilar el sistema patriarcal que nos sitúa siempre a las mujeres un peldaño más abajo en la esfera social.

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Ana Gonzalez

Quien me conoce dirá que soy precisa. Yo prefiero pensarme consciente, aunque sé que no lo soy la mayor parte del tiempo. También soy periodista, pero de esas que no son de raza. Y persona, muy persona, pero de las que no empiezan su biografía por el estado civil.

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