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Carta a la ex de mi pareja

(No tan) Querida ex de mi pareja:

Aprovecho que he escuchado esta canción por enésima vez para escribirte. Sí, evidentemente esto no es lo que estaba escribiendo hace unos días. En aquel post que murió en borradores trataba de generalizar y explicar una situación que no entiendo y que, además no comparto. Esta, sin embargo, va a ser una carta que escribo yo (y no una bloggera aleatoria) y es para ti (y no para cualquier expareja de la pareja actual de la persona que esté leyendo).

Pues bien, voy a ser directa. No entiendo nuestra relación. Sí, tenemos una relación muy a nuestro pesar. Y es una pena. No que la tengamos sino que nos pese. No entiendo por qué no podemos mantener una relación sana como mantienen los dos señores de la canción, que no se conocen, pero que si se conocieran solo se iban a limitar a medirse estéticamente: yo soy más alto y tú más elegante. Bien.

Tú y yo, por contra, nos conocimos por casualidad como pasan tantas cosas en la vida. No sé si tú pensaste que de pronto le gustaban bajitas, pero me da exactamente igual. Yo la verdad es que aquel día estaba encantada conmigo misma, con la relación que estaba empezando y con descubrir que todos los que nos rodeaban eran personas de su vida que lo aprecian y lo quieren.

Tú Existes Bonito
Imagen via Acción Poética

 

Aquel día fue mágico porque de pronto conocí una realidad que me era totalmente ajena. Era la fiesta de su antiguo trabajo, en el que tú sigues estando, y me quedé maravillada de cómo un trabajo te puede aportar tanto valor humano. Supongo que a ti te pasará igual si un día cambias de rumbo y a los años regresas como invitada. Pero aquella noche era él el que volvía fugazmente y para mí su ex, de hace dos ex, pasó completamente inadvertida. No siento no haberte prestado la atención debida, pero igual, si las cosas se hubieran dado de otra forma, nuestra relación sería distinta.

Sabemos hoy, porque yo entonces no lo entendí así, que aquel momento marcó un antes y un después en nuestra relación. El motivo lo desconozco. Tengo varias hipótesis basadas exclusivamente en mis fabulaciones, por lo que ni siquiera voy a tomarme la molestia de explicarte la fantasía en cuestión. Tú lo sabrás de sobra.

El caso es que la siguiente vez que te vi fue en mi despacho, como todas las siguientes que siempre han sido en entornos laborales. El sujeto que nos une no ha mediado en ninguno de estos encuentros, lo cual hace más extraño tu comportamiento porque no tenías delante al espectador principal de la obra que se titula; “Yo a esta chica la conozco, pero no le hablo”. Sin embargo la que sí estaba en esos encuentros es mi compañera, que trató de presentarnos formalmente, ajena completamente a tu vida sentimental y a esta relación tan especial que nos une.

He de confesarte que cada vez que tu nombre sale en alguna conversación ella me interroga con la mirada para ver si le cuento qué narices te pasa. No ha ocurrido, si te sirve de consuelo. Nunca le he contado lo nuestro. Y no creo que vaya a ocurrir nunca porque me niego a que nuestra nefasta relación penetre aún más en mi trabajo. Pero ella sabe que algo pasa entre nosotras porque tú has hecho todo lo posible para hacerlo evidente.

No encuentro absolutamente ningún motivo por el cual tuviera que enemistarme con una mujer con la que hace más de tres años que no está mi pareja. Tampoco encuentro la razón por la que, a ninguna de las dos, esta situación nos provocara inseguridades.

Te tengo que decir que este punto me enfada bastante. No sé qué esperabas de nuestra relación. No es tan fuerte como para que ante el más mínimo viso de contrariedad yo hubiera salido al paso tendiéndote mi más sincera amistad. Lo siento, no creo que mi objetivo en la vida sea trabajarme a las exnovias de mi pareja. Y más en estas sociedades modernas donde las parejas se cuentan por decenas (¡qué cansancio!). No sé, llámame ilusa, pero esperaba tener una relación cordial, no más.

Así que aquí estamos tú y yo, porque no vamos a engañarnos, no se trata de él. Nos cuesta un dolor de estómago cada evento en el que coincidimos. Te he visto hacer piruetas increíbles para no enviarme un e-mail o preguntarme dónde puedes guardar las cosas. Cada desplante es una sima más en lo nuestro.

Yo, por mi parte, voy aprendiendo a serenarme cuando te veo y tú decides hacer como que no me conoces. Aunque, no voy a mentirte, sigo muy cabreada por el día 3 en el que fui a saludarte y me volviste la cara (el cuerpo entero más bien) delante de tus y mis (que no nuestros) compañeros de trabajo.

Esta situación me ha hecho desarrollar un sentimiento bastante fuerte hacia ti. Se le parece al rencor. Durante meses me he martirizado pensando que eran celos o inseguridades porque eres su expareja. Pero no.

Por una parte, es rencor puro derivado de la actitud que has tomado con respecto a mí. Y estoy segura que me hubiera pasado igual con cualquier otra persona, cualesquiera que fueran los motivos que le llevaran a comportarse de esa forma. Pero no es cualquier persona, esto va contigo. Con nosotras.

Y, por otra, es miedo. Probablemente esta situación me llevara a pensar en los cómos y los porqués de vuestra ruptura, por tratar de entenderte. Lo que me llevó a pensar que podía ocurrirle lo mismo conmigo. Craso error. Cada relación es diferente y continúa o termina por cuestiones distintas. No solo porque las personas sean otras sino porque uno mismo cambia a medida que cambian las circunstancias de su vida.

Quiero quedarme con eso. Prefiero tener una mala relación con una persona a la que de vez en cuando tengo que ver en el trabajo que tener que soportar la pesada carga de no aceptar el pasado de mi pareja. Simplemente porque lo que importa no es que formes parte de su pasado sino que eres una micropesadilla de mi presente.

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Ana Gonzalez

Quien me conoce dirá que soy precisa. Yo prefiero pensarme consciente, aunque sé que no lo soy la mayor parte del tiempo. También soy periodista, pero de esas que no son de raza. Y persona, muy persona, pero de las que no empiezan su biografía por el estado civil.

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