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El orden divino: el sufragio femenino en Suiza

Gracias a la distribuidora Surtsey Films hemos podido ver esta semana El orden divino, que se estrenó en cines de toda España el pasado 22 de junio. Esta película cuenta la historia del sufragio femenino en Suiza, que es llamativa porque las mujeres no pudieron votar allí hasta el año 1971. Paradójicamente, en la votación que decidió si las mujeres tenían derecho al sufragio solo pudieron participar hombres. Como en tantos otros casos.

La lucha por el derecho de las mujeres al voto lleva más de un siglo gestándose. En 1893, Nueva Zelanda fue el primer país en adoptar el sufragio femenino sin restricciones. Por su parte, en Europa, la primera región en autorizarlo fue Finlandia (en 1906). En Latinoamérica, las mujeres pudieron votar por primera vez en 1927 en Uruguay. A España el voto llegó durante la Segunda República, en 1931, pero la dictadura de Franco nos lo arrebató. Algunos de los últimos países en permitir votar a las mujeres han sido Baréin (2002) o Kuwait (2005).

Divino desorden

El orden divino tiene como protagonista a Nora, una mujer que vive en un pequeño pueblo suizo y se dedica al cuidado de sus hijos, su suegro y su casa, además de ayudar en la granja familiar. La monotonía se rompe cuando ve una oferta de trabajo y le comenta a su marido que le gustaría volver a tener un empleo. Él se niega, ya que considera que su papel divino como mujer son los cuidados. En esa época, por ley el marido podía prohibir que su mujer trabajara fuera de casa, pero Nora no se resigna. La cuestión es: ¿puede haber una relación amorosa sana sin igualdad?

La cuestión es: ¿puede haber una relación amorosa sana sin igualdad? Clic para tuitear

De hecho, lo que empieza siendo un pequeño desafío para una mujer acaba convirtiéndose en una enorme ola feminista a la que se van sumando las mujeres del pueblo. Las resistencias son enormes al principio, incluso por parte de las propias mujeres. En el pueblo, muchas tienen miedo de enfrentarse a sus maridos. Otras están de acuerdo con el papel que les ha sido asignado. Poco a poco, no obstante, se van dando cuenta de que las mujeres se merecen decidir sobre sus propias vidas.

A ritmo de Lesley Gore la película nos habla, como venimos contando, del sufragio femenino y las relaciones familiares. Pero también explora la sexualidad, la sororidad y la fuerza que tienen las personas cuando se unen por una lucha común. Y lo hace en un tono íntimo, entrañable, lleno de humor y, a la vez, duro y reivindicativo.

Una historia de lucha

Y es que el sufragista, como todos los movimientos que han luchado históricamente por reivindicar lo que le había sido arrebatado injustamente a un determinado grupo, es una corriente en la que muchas tácticas se han entrelazado. Si el Estado ha negado sistemáticamente ciertos derechos, no hay razón para que los vaya a otorgar sin pelea. Y, así, vemos que las mujeres de El orden divino se manifiestan, se enfrentan a su maridos y hasta ponen en marcha una huelga para pelear por lo que es suyo.

Uno de los movimientos sufragistas más conocidos es el que llevó a las mujeres mayores de 30 a poder votar en Gran Bretaña en 1918, y a todas sin distinción de edad en 1928. La película Sufragistas cuenta esta lucha de las mujeres inglesas. En la distinción entre suffragettes y suffragists (el ala más radical del movimiento y la más moderada, respectivamente) vemos que la pelea no fue, ni mucho menos, un camino de rosas. La oposición de los hombres, el Estado y la Iglesia al derecho al voto femenino ha sido siempre tremenda, pero también hubo resistencia desde la izquierda, que pensaba que las mujeres votarían lo que sus maridos o los jefes de sus iglesias dijeran.

Queda mucho por hacer

A lo largo de la película acompañaremos a este pequeño grupo de mujeres suizas en su búsqueda de la libertad y el autoconocimiento; ¿qué querrías ser si fueras libre? También veremos todo lo que quedaba y queda por hacer, más por su ausencia en la trama de la película que por mención expresa. Por ejemplo, en la lucha de la T de LGTB+, porque la identificación mujer-coño es evidente en uno de los momentos, por otra parte, más divertidos de la película. Nuestras compañeras trans siguen siendo enormemente invisibles o rechazadas, incluso entre las que dicen llamarse feministas, y queda mucha batalla por delante.

Viñeta de Matilde

No debemos olvidar que la lucha no acaba, ni mucho menos, al lograr el derecho al voto; la batalla por la igualdad social va más allá de eso. Ni, tampoco, que este derecho a participar en las instituciones se logró gracias a la lucha en las calles.

Recordad: podéis ver ya la película El orden divino en los cines de España.

Mujeres que ya no sufren por amor

Recuerdo perfectamente cuando, hace ya unos cuantos años, vi La construcción sociocultural del amor romántico en la Feria del Libro de Madrid. Por aquel entonces yo estudiaba Sociología y el libro saltó a mis ojos. Fue un poco como el amor a primera vista.

La verdad es que no recuerdo si vino antes mi interés por el amor —desde un punto de vista social— o la lectura de este texto, pero lo cierto es que, desde entonces, cada vez comprendo más y mejor el papel central que el amor romántico juega en nuestras vidas, en las vidas de todas nosotras.

Conocía a Coral Herrera porque una gran amiga me había hablado de ella, pero no tenía muy claro qué iba a encontrar en aquellas páginas. Y lo cierto es que el libro me revolvió por dentro. Pero no en un sentido negativo: darte cuenta de los prejuicios que llevas dentro y los aprendizajes que has interiorizado sin siquiera ser consciente siempre descoloca. Desaprender todas esas cosas negativas que acarreamos, sacudirnos ideas que nadie nos preguntó si queríamos tener y romper los resortes que nos hacen saltar (o quedarnos quietas) frente a ciertas situaciones siempre duele. Sin embargo, también compensa, porque después de eso somos más libres, más nosotras.

Algún tiempo después llegó la oportunidad de coordinar este blog. Un proyecto para el que Coral es un referente innegable. Y ahora que os voy a contar lo que me ha parecido su nuevo libro, Mujeres que ya no sufren por amor, editado por Libros de la Catarata (¡gracias por el ejemplar!), siento que el círculo se cierra y me siento tremendamente afortunada.

Después de este rodeo, vamos a lo que nos interesa. Leer Mujeres que ya no sufren por amor ha sido muy diferente a aquella primera lectura. Y es que, por muchas razones, ha sido totalmente terapéutico.

En primer lugar, el libro es un retrato del esfuerzo colectivo del movimiento feminista. Este esfuerzo se ha dado durante décadas, pero ha ido cobrando intensidad y, sobre todo, se ha ido extendiendo a más y más personas con el paso de los años. Hacer diagnósticos de un movimiento desde dentro, desde el propio momento histórico en el que tiene lugar, es siempre arriesgado, pero no está de más reconocernos a nosotras mismas que formamos parte de algo grande.

Por otra parte, la definición que hace Coral del amor como un asunto político es fundamental. Ya hemos asumido que los asuntos tratados por el feminismo —como el aborto o la igualdad salarial, o incluso la violencia machista— son cuestiones políticas. Ya sabéis, esto de “Lo personal es político”. Sin embargo, otros temas se resisten, y el amor tiene todas las papeletas porque se sigue considerando una cuestión íntima.

Pero el hecho es que no queremos, sencillamente, relaciones libres de violencia. Queremos amor del bueno. Y saber que hay más mujeres en esta situación, que sufren por amor, lejos de ser un “consuelo de tontos” es una herramienta política. Aún mejor es saber que hay mujeres que ya no sufren por amor, y que cada vez son más.

Queremos aprender a querernos bien para poder amar a los demás de la misma manera (Coral Herrera) Clic para tuitear

El matrimonio es la unidad básica de sostenimiento de nuestras sociedades a nivel social y económico. Todo gira en torno a esa figura (lo relacionado con la maternidad, los beneficios fiscales o las visitas en el hospital, por poner algunos ejemplos) y la sociedad se encarga de que esta unión sea nuestra principal aspiración en la vida. Sobre todo, si eres mujer. Desde peques nos socializan de forma diferencial, y nosotras crecemos sumisas, esperando ser rescatadas por un príncipe, mientras que ellos son educados en la idea de que los sentimientos son algo prescindible. El resultado es que las mujeres nos acostumbramos a pelear entre nosotras (y contra nosotras mismas) por alcanzar un amor que, encima, resulta habitualmente ser un fiasco.

Mientras llega la media naranja, el macho alfa se entretiene con mandarinas (Coral Herrera) Clic para tuitear

Frente a esta concepción, Coral dibuja la idea de que el amor debe dejar de entenderse como algo vinculado a la pareja y pasar a extenderse a toda la comunidad; debemos empezar a entender el amor como una forma de relacionarse con el mundo. Y es que lo bonito del feminismo es que es capaz de imaginar otros mundos, mundos con otros valores donde ideas asociadas en nuestra sociedad a lo femenino (como la solidaridad, la cooperación y el compañerismo) sean deseables, y no un signo de debilidad poco deseable.

En este mundo, el amor no generará sufrimiento, porque habremos aprendido a apreciar cada etapa de las relaciones y sabremos, también, separarnos sin dolor. Porque un amor que acaba en tragedia no es amor sano y bueno, y ese tipo de amor ya no nos interesa. Las decisiones tomadas en libertad sientan mejor siempre, y las mujeres nos estamos liberando poco a poco del mandato del amor romántico. Empezamos a elegir nuestras relaciones, a decidir largarnos, y esto nos permite crear relaciones donde el placer y el disfrute, aderezadas con respeto y diálogo, son la base. Gracias, Coral, por mostrarnos ese mundo.

Por último, quiero destacar la forma en el que está escrito el libro. Me encanta porque, sin perder el humor, es un relato absolutamente contundente. Además, tiene ese tono conciliador tan habitual en Coral que hace que sea mucho más fácil acercarte a lo que cuenta. Podría seguir desgranando Mujeres que ya no sufren por amor eternamente, pero mucho mejor es que leáis a la propia Coral Herrera.

¡Feliz lectura y amor del bueno para todas!

Sobre el amor y la violencia

En principio, decir que amor y violencia están íntimamente relacionados puede sonar chocante. Debería sonar chocante.

Pero si nos paramos a pensar encontramos multitud de ejemplos que nos invitan a pensar lo contrario.

En el amor no todo vale

“Si tu amiguito Pablo te ha tirado del pelo es porque le gustas”.

“Es muy celoso, pero es que está muy enamorado de mí”.

“Detenido un hombre por un crimen pasional”.

Estas tres frases, que pueden parecer muy distantes entre sí, en realidad forman parte de un mismo entramado en el que la violencia se admite como parte de lo que significa tener una relación, querer a alguien. Cuando situamos un tirón de pelo como una muestra de cariño estamos dando pie a que se normalicen otras formas no aceptables, violentas, de relacionarse con los demás. Se suele quitar importancia a este tipo de gestos; se dicen cosas como “Es cosa de niños”. Pero el mensaje que mandamos a las niñas es que hay cosas que son válidas porque se hacen en nombre del amor. Que tiene, incluso, que agradecer la agresión que ha sufrido. Y así, en nombre del amor, se hacen muchas cosas que nada tienen que ver con él.

Violencia machista

El asesinato de mujeres es la cúspide de la pirámide de la violencia machista. No es el lugar para este debate, pero decimos violencia machista porque, aunque se dan tímidos pasos, mientras se siga considerando únicamente la violencia ejercida contra una mujer por su pareja o expareja el término se nos queda pequeño.

016, número de atención a mujeres que sufren maltrato

Decía, pues, que es tan solo la cúspide. Una cima terrible, desoladora, que desata nuestra rabia. Es la cara más visible, la que no puede dejar indiferente. La que sale en los medios. Y, por supuesto, hay que seguir dándole luz, porque una sola muerte ya es intolerable. Cuando otra mujer es asesinada la gente —cada vez más— sale a clamar justicia. Se escribe, con peor o mejor tino (generalmente peor) sobre las mujeres asesinadas año tras año, que han sido en 2017 más que las 49 mujeres y 8 menores que se recogen oficialmente como “víctimas mortales por violencia de género”. Se busca que los responsables acaben en la cárcel, si es que no se han suicidado tras cometer el asesinato. Que paguen.

Lo que no se ve

Pero, ¿qué pasa con las que siguen vivas? ¿Con las que denuncian malos tratos, violaciones? ¿Con todas las llamadas al 016?

A grandes rasgos, ante la violencia machista se pueden generar dos respuestas: la prevención y el castigo. El castigo es una forma de decir que eso no está permitido, que la sociedad lo condena. Puede ser disuasorio para otros maltratadores y puede servir para que otras mujeres que sufren malos tratos sepan que la situación que viven no es normal y que no están solas.

Pero mientras sigamos transmitiendo el mensaje de que un niño te tira de la coleta porque le gustas, de que los celos son una muestra de amor o de que controlar el móvil de tu pareja está bien; mientras siga creciendo el machismo entre las personas jóvenes el problema seguirá existiendo, reproduciéndose generación tras generación.

Educación para salvar vidas

Así que lo que necesitamos de verdad —en mi humilde opinión— es educación. Una educación con perspectiva de género de verdad, más allá de las buenas palabras. Una educación que nos transmita valores de respeto, que sitúe a niños y niñas en un mismo plano, que no subordine a las mujeres. Que no enseñe que las personas pueden ser una propiedad, estar sometidas unas a otras. Una educación que genere personas autónomas, libres. Que no enseñe que para estar completa hay que tener pareja e hijos.

Mientras no tengamos todo esto seguiremos metiendo maltratadores en nuestras cárceles y llorando a nuestras muertas, pero las cosas seguirán, en el fondo, igual.

El amor romántico y sus mitos

¿Alguna vez has sentido que estabas en una relación que te hacía más mal que bien? ¿Alguna vez pensaste que, aunque había cosas de tu pareja que no te gustaban, seguro que podías hacer que cambiara por amor? ¿Alguna vez te ha mirado tu pareja el móvil, revisando tus mensajes o con quién habías hablado? ¿Alguna tu chico te ha recriminado que llevaras una falda corta o que salieras con tus amigas? ¿Alguna vez te ha hecho ilusión que tu novio se pusiera celoso de que hablaras con un amigo tuyo porque has pensado que era señal de que te quería?

Podemos entender por amor romántico un modelo de amor que sostiene la familia tradicional: relaciones estables, monógamas (una sola pareja), heterosexuales (hombre-mujer) y generalmente con hijos/as. Otro tipo de relaciones son rechazadas en las sociedades en las que el modelo de amor romántico predomina porque la diversidad es una amenaza. Pero no debemos pensar solo en personas casadas y adultas cuando pensamos en este tipo de amor. La mayoría de las características se dan en relaciones entre jóvenes y se pueden dar entre personas homosexuales. El modelo de familia tradicional es, simplemente, el tipo de relación predominante en el imaginario de la sociedad.

Frase de Kate Millet sobre el amor

Frase de Kate Millet

El amor romántico está basado en una serie de mitos o creencias falsas que expondré a continuación. Estos mitos, junto con el hecho de que el amor romántico tiende a rechazar y excluir otros tipos de amor, hacen que el amor romántico sea un modelo dañino. Por eso en Parece amor, pero no lo es queremos contribuir a construir formas diferentes de afecto y cuidados. Los mitos son los siguientes:

  • Media naranja: encontramos su explicación en la obra El banquete, de Platón, donde los seres humanos eran perfectos, redondeados y tenían piernas, brazos y cara por duplicado. Estos desafiaron a los dioses y su castigo fue ser divididos en dos, disminuyendo su poder. Para el tema que nos ocupa, esto se traduce en que los seres humanos reales somos seres incompletos que buscan su media naranja, la parte que nos arrebataron. Pero la realidad es otra: ni necesitamos que nadie nos complete ni existe una única persona con la que podamos encajar.
Pintada en la que se lee "sin ti soy yo".

Sin ti soy yo, vía Pikara Magazine

  • Finitud: según esta idea, el amor es limitado; es como si tener otras relaciones afectivas y otras amistades significara querer menos a esa otra persona. Por supuesto, esto no es así.
  • Amor jerarquizado: sitúa a la pareja en la cúspide de la pirámide y coloca el resto de formas de amor, como la amistad, en un segundo plano.
  • Pareja como “todo”: la pareja se entiende como una especie de entidad sagrada que lo es todo, de manera que no necesitamos tener más relaciones. Esta creencia, unida a que en la fase de enamoramiento “solo tenemos ojos” para la persona de la que nos hemos enamorado, hace que muchas personas dejen de lado otras relaciones cuando empiezan a salir con alguien. Sin embargo, esto es un error por varias razones. En primer lugar, y egoístamente, no sabes cuánto va a durar esa relación, y si dejas de lado tus otras relaciones es probable que no puedas recuperarlas más tarde y te quedes solo/a. En segundo lugar, tus amigos y familiares no se merecen eso; cuidar a la gente a la que quieres y que te quiere es importante. En tercer lugar, reducir tus relaciones a una supone depositar una gran responsabilidad en esa persona; no es saludable hacerlo todo con una única persona, es bueno diversificar y tener tiempos de ocio por separado.
Que no te deje hacer lo que te gusta no es amor

Que no te deje hacer lo que te gusta no es amor, vía Youtube

  • Los polos opuestos se atraen: esta creencia enlaza con la anterior. Lo cierto es que puedes encajar muy bien con una persona con gustos diferentes, pero siempre habrá cosas que tengáis en común: una cierta forma de ver la vida, por ejemplo. Pero es importante no romantizar el hecho de que no tengas nada que ver con esa persona que te gusta o incluso choquéis. Las relaciones no deben ser una especie de batalla. Sin embargo, como decíamos antes, está bien que tengáis gustos diferentes y os mováis con grupos distintos con quienes sí podáis compartir esas aficiones. No pasa nada si a ti te gustan los videojuegos y a tu pareja no: ¡vete a viciar con tus colegas mientras él se va a un concierto!
  • Discutir es malo/bueno: a ver, discutir no es malo en sí. Es normal tener discrepancias y no pasa nada por hablar sobre ello siempre que no se falte al respeto. Por el contrario, no discutir nunca no es necesariamente algo 100 % positivo. Puede que os estéis callando cosas que realmente pensáis o que creáis que tener diferencias es algo malo, y esto no es así, es normal porque sois personas diferentes con inquietudes diferentes.
  • El amor lo puede todo: malas noticias: no. Las personas no cambian por amor y, lo que es más, no debemos pretender que cambien por nosotras. Pensar que el amor lo puede todo solo lleva a que nos decepcionen una y otra vez y a exigir a la gente cosas que cambien para adaptarse a nuestros gustos, lo cual no es justo.
  • Celos = amor: no, no y mil veces no. Los celos son el reflejo de miedos e inseguridades y son fruto de los mitos que venimos mencionando —que el amor es finito y querer a una persona significa querer menos a otra, que solo hay una persona hecha para ti, etc.—, pero nunca son señal de amor. No debes tolerar los celos ni creer que indican amor, porque lo que indican es que tu pareja quiere limitarte, controlar con quién sales…

Imagen de Rachel Walker, vía Unspash

  • Amor = enamoramiento: el enamoramiento es una fase que suele durar entre días y unos pocos años; es un proceso bioquímico, sobre el que tenemos poco control y en el que solemos experimentar embelesamiento por la otra persona. Suele ser una fase en la que la relación nos parece mágica. El amor es, en mi opinión, algo sobre lo que tenemos mucho más control. Las cosas no tienen por qué parecer mágicas una vez que termina la fase de enamoramiento, pero da más espacio a los cuidados y permite construir una relación basada en cosas que van más allá de la atracción y la exaltación.

Todas estas características se manifiestan muchas veces de formas sutiles y no son fáciles de detectar. Hemos crecido con referentes que las reproducen una y otra vez y que nos llegan a diario a través de series, películas, libros, anuncios… Aunque puedan parecer inofensivas, estas características combinadas conducen a relaciones de maltrato y a la violencia machista. Es importante no aceptar de forma acrítica las relaciones tal como las conocemos; debemos ser capaces de analizarlas y decidir qué nos sienta bien y qué no nos gusta. Cuando haya algo que no te haga sentir bien, tienes que transmitírselo a tu pareja y hacer lo posible por cambiarlo. También es importante saber que lo que a ti no te sirve puede hacer felices a otras personas, y debemos respetarlo siempre que sean relaciones sanas.

Es importante saber que el amor no duele. Si estás en una relación dañina, no es amor. Esto no quiere decir que todo tenga que ir bien siempre, pero hay líneas que no se pueden cruzar.

Por último, te dejo este vídeo en el que Pamela Palenciano nos explica que No solo duelen los golpes, donde puedes aprender más sobre el amor romántico y sus negativos efectos.

¿Tienes alguna duda? ¿Me he dejado algún mito? Te leo en los comentarios 🙂

Crónica del 8M de 2017

Ayer, día 8 de marzo (8M), se conmemoraba el día de las mujeres en honor a aquellas que, en 1857 y en 1908, lucharon por la reducción de jornada, la igualdad salarial o un tiempo para dar de mamar a los hijos, es decir, por los derechos de todas nosotras.

Como tantas otras mujeres alrededor del mundo, paré de trabajar durante media hora para tratar de visibilizar que, aunque tenemos pensiones más bajasaunque cobramos menos, porque los trabajos a los que nos dedicamos están peor valorados y porque, en un mundo en el que se está poniendo de moda la negociación salarial individual, a nosotras no nos han enseñado a hacernos valer; aunque el trabajo doméstico, que seguimos realizando de manera abrumadoramente mayoritaria, no recibe ningún tipo de reconocimiento; a pesar de todo esto y mucho más, nuestro trabajo mueve el mundo. 

Un hombre y una mujer sujetan los billetes que representan sus desiguales sueldos

Brecha salarial por Feminista ilustrada

Ayer, también, muchas dejamos de cuidar. Dejamos de recoger la casa, hacer la comida, cuidar a los niños, a los mayores, a las parejas. Porque todo ese trabajo que hacemos —que es, por supuesto, un trabajo, aunque no se reconozca como empleo— no se nos reconoce, no se nos valora y no se ve… hasta que dejamos de hacerlo. Hasta que te encuentras un día con que no tienes calzoncillos limpios, hasta que no tienes nada que comer, hasta que te llaman del colegio porque nadie ha ido a recoger a tu hijo.

Pero gestionar un hogar no es solo realizar tareas (menos aún si te han tenido que decir qué hacer previamente), también es planificarlas, prever… un trabajo no siempre agradecido y muy cansado, porque lleva muchísimo tiempo (tienes que estar pendiente de la casa para ver qué cosas hay que hacer, qué falta por comprar…). La ejecución, al final, es casi lo de menos.

Así que, hombre que estás leyendo esto, si el reparto de las tareas en tu hogar no está equilibrado (venga, haz un esfuerzo y piensa no ya qué tareas haces habitualmente, sino si sabes siquiera dónde se guardan las sábanas o cómo se pone una lavadora), sé tú quien toma la iniciativa, no esperes a que tu madre o tu compañera (o tu hija, incluso) venga a decírtelo, porque eso también es agotador: no disfrutamos llamándoos la atención o dándoos órdenes, creedme. Y no penséis en el reparto de tareas como un “yo te ayudo”, porque se trata de co-responsabilidad, no de asistencia. Aquí podéis encontrar algunos consejos.

Cartel del 8M de 2017 en Madrid

Cartel del 8M de 2017 en Madrid

Ayer, también, muchas fuimos a la manifestación de nuestra ciudad. La asistencia fue masiva, y empezaré felicitándonos por ello, porque hay que celebrar la capacidad de organizar una manifestación multitudinaria en los tiempos que corren. Pero también tengo —cómo no— cosas malas que decir, porque ayer era 8 de marzo, día de las mujeres, y una vez más quisisteis ser protagonistas. Ayer, en la manifestación, oí gracietas relacionadas con violaciones; oí cuestionamientos sobre la existencia de bloques no-mixtos; vi a un hombre que “se había metido en la manifestación sin querer” (cuando estábamos paradas en Cibeles, donde se agolpaban miles de personas) y preguntaba cómo salir de allí. Pueden parecer cosas anecdóticas, pero eso ocurrió en 10 minutos, en apenas 10 metros (sí, recorrimos 10 minutos en 10 metros, estaba la cosa complicada, qué os voy a decir). Y cansa que no seáis capaces de respetarnos ni un solo día.

Pancarta de la manifestación del 8M de 2017 en Madrid

Pancarta de la manifestación del 8M de 2017 en Madrid

Así que, para mí, ayer fue un día de lucha, como son (o deberían ser) todos en mayor o menor medida, y no un día de celebración.

Quiero terminar dando las gracias a las valientes mujeres de Ve-la luz que, tras casi un mes de huelga de hambre, han conseguido su objetivo: que los 25 puntos que reivindicaban salgan adelante (aunque está por ver a qué puerto llegan). Pero también recordando a las 23 mujeres que, según feminicidio.net, han sido asesinadas desde principios de año y ya no están con nosotras y diciendo que YA BASTA de matarnos.

Meetic: si no te gustan tus imperfecciones…

Aunque parece que poco a poco la cosa va cambiando, nuestra idea del amor sigue estando basada en numerosos mitos: es lo que conocemos como amor romántico, que no es el tipo de romanticismo que invade a tu pareja cuando decide prepararte una cena con velas a la luz de la luna, sino el tipo de romanticismo que puede convertir una relación en un infierno sin que nos demos cuenta.

Entre estos mitos se encuentran la idea de que los celos son una muestra de amor, de que la monogamia es la única forma de relación posible o el mito de la media naranja. Podemos encontrar los orígenes de este último mito en Platón y su idea de que las personas eran, en un principio, una especie de cuerpos redondeados con todas sus partes por duplicado. Estos seres decidieron desafiar a los dioses y, como castigo, se les dividió por la mitad, condenándoles a buscar y anhelar su otra mitad. Este mito ha llegado a nuestros días reflejado en, al menos, dos creencias: 1) que existe una única persona (o un número muy limitado de ellas) con las que podemos tener una relación verdadera y 2) que necesitamos otra persona para ser seres completos.

Ilustración de una chica cuya cara es media naranja

La media naranja vía Elena Ferrándiz

Estos mitos pueden llevar no solo a tremendas frustraciones (por ejemplo, por no encontrar a esa persona “ideal” hecha solo para ti), sino también a situaciones graves como son las relaciones de dependencia (tratar de llenar vacíos que tenemos a través de los demás, que nos completan); sensación de abandono cuando nos dejan (por qué nos iban a dejar, si somos la parte que completa a la otra parte); mutilaciones de la propia personalidad para encajar con lo que tu “pareja” espera de ti…

Piezas de puzzle vía Owlturd Comix

Todas estas situaciones construyen sin duda relaciones insanas, abocadas como poco a la tristeza y la frustración. Lo ideal es estar a gusto contigo misma/o, la típica frase que dice “No puedo ser el amor de tu vida porque soy el amor de la mía”. Cuando te sientes bien, construyes un círculo de amistades diverso e interesante y no crees que necesites a una única persona externa para ser feliz es más fácil encontrar a una persona con la que construir una relación sana (aunque, claro está, no lo es todo). También entonces es más fácil superar una ruptura, porque no habrás perdido esa parte que te completaba y no habrá quedado un hueco en ti que haya que rellenar.

Por todo esto que os cuento, los anuncios de la última campaña de Meetic, #LoveYourImperfections (ama tus imperfecciones), me enfadan cada vez que los veo. Es muy frecuente ver publicidad en la que se celebran o se toman a risa cosas relacionadas con el amor como la infidelidad o, como ocurre en este caso, los complejos o las cosas que nos avergüenzan.

En realidad el mensaje es aparentemente positivo (y eso es lo que me preocupa y asusta): no te preocupes, no es tan grave eso que te preocupa de ti, acabarás encontrando a alguien al que le guste. Pero es que la solución no es que le guste a otra persona, como ya hemos dicho, porque eso no va a hacer necesariamente que te guste a ti y, aunque puede que te haga perderlo de vista un tiempo, si esa persona deja de estar a tu lado vas a volver a tenerlo presente, y con más fuerza que nunca. Este es uno de los anuncios. Podéis ver más aquí y aquí.

Sé lo que estáis pensando: no es para tanto. Las personas que salen en los anuncios no están acomplejadas por nada “serio”, solo por su torpeza y sus malas dotes para la cocina. Pero creo que, más allá de los ejemplos, el mensaje que transmite es equivocado, y ese mensaje se sigue transmitiendo igual. Además, lo que a ti te parecer irrelevante puede ser todo un mundo para otra persona.

Luego van más allá y crean anuncios en los que te animan a inventar tus imperfecciones. Ahí ya me pierdo, la verdad, y no sé ni cómo interepretarlo. ¿Alguna idea?

Os animo a buscar más allá de aquello que nos parece simpático (y también a pensar sobre aquello que nos produce malestar) porque suele llevar atados significados que tenemos muy interiorizados y de los que no somos conscientes hasta que nos paramos a reflexionar. Es así precisamente como funciona el humor, desatando creencias y prejuicios de los que no somos conscientes.

Y recuerda: si no te gustan tus imperfecciones… trabaja en ello para hacer que desaparezcan o llegar a aceptarlas de verdad.

Humans: amor sintético

(Aviso: contiene destripes de la serie Humans)

Inteligencia artificial

Hay un tema que me fascina: el de la inteligencia artificial (IA). Cuando veo noticias sobre robots que ayudan a enfermos en los hospitales, coches que se conducen solos o programas informáticos que son capaces de detectar si una persona está transmitiendo sentimientos negativos o positivos en sus tweets me siento como si estuviera dentro de la película Blade Runner (la uno ;). Sin duda, todavía estamos muy verdes en el tema de la IA pero, al ritmo que avanza el desarrollo tecnológico (se dice que cualquier joven científico que empiece hoy su carrera podrá decir al final de su vida activa que el 80 o 90% de todo el trabajo científico acumulado tuvo lugar delante de sus propios ojos)*, no es raro imaginarnos dentro de unos años rodeados de bots indistinguibles de los humanos.

Alan Turing diseñó en los años cincuenta un test orientado a tratar de distinguir un humano de una máquina: un sujeto hace preguntas a una máquina y trata de averiguar si al otro lado se encuentra una máquina o un humano. En cualquier caso, este test solo permite averiguar lo buena que es una máquina imitando a un humano, no si esta máquina es consciente o capaz de aprender. Ejemplos recientes como el de Tay, la IA adolescente de Microsoft que en cuestión de horas se convirtió en una nazi racista, demuestran que la capacidad de aprendizaje de las máquinas es una realidad. Y este rápido avance nos pone sobre aviso: no podemos dejar para mañana la cuestión de la relación entre  los seres humanos y las IA.

Chiste sobre el test de Turing

Test de Turing vía xkcd

Humans

La serie Humans, versión británico-estadounidense de la sueca Real Humans, nos acerca a estos planteamientos. En un hipotético futuro cercano, los humanos convivimos con synths (sintéticos): robots de apariencia muy similar a la nuestra, con altas capacidades pero sin consciencia, que se encargan de todo tipo de tareas. Básicamente, un ejército de esclavos que no pueden quejarse… hasta que despiertan. Los sintéticos conscientes son capaces de recordar todo lo que los humanos les hacían antes, golpes y humillaciones incluidos.

Se puede argumentar que los humanos no sabían que los sintéticos percibían lo que les hacían (en un sentido estricto no lo sentían mientras no eran conscientes). Sin embargo, esta teoría se va al traste cuando vemos que Qualia, una gran corporación dedicada a la investigación de los sintéticos, comienza a dar caza a los synths conscientes; o cuando vemos que la promesa de juzgar como una igual a Niska si ella y su abogada Laura pueden demostrar que es consciente es en realidad un enorme fraude. La realidad se destapa: no hay ninguna voluntad de dejar de disponer de una gran fuente de mano de obra gratuita.

Pero, como en la vida misma, no todas las personas son iguales. Ya hemos dicho que Laura está ayudando a Niska a conseguir un juicio justo; su hija, Mattie, es una pedazo de hacker que presta una ayuda fundamental a los sintéticos; y luego está Astrid.

Niska grita después de ser agredida

Niska grita de rabia después de ser agredida vía Giphy

Amor sintético

Niska y Astrid se conocen en una discoteca en Berlín y se convierten en amantes. Niska acaba yéndose, temerosa de mostrar lo que realmente es. Vuelven a encontrarse un tiempo después, cuando Laura da con ella, y es entonces cuando la sintética por fin se decide a abrirse. La relación que tienen las dos es, a mi modo de ver, sana y humana: aunque Astrid se queda hecha polvo cuando Niska se va, es capaz de perdonar y acompañar a Laura cuando ésta le dice que Niska la necesita. Cuando por fin Niska está preparada le dice quién es y Astrid es comprensiva con ella. Finalmente huyen juntas y, cuando Astrid se da cuenta de que Niska debe regresar para ayudar a su familia, no la pone en la tesitura de hacerle elegir: le dice que vaya y, cuando esté preparada, vaya a buscarla a Berlín.

Otra relación interesante es la que se produce entre la investigadora en inteligencia artificial, Athena, y la IA que ha desarrollado, V. La IA está basada en los recuerdos y vivencias de su propia hija, que está en coma tras un accidente durante una excursión. Athena está desesperada por recuperar a su hija. Está dispuesta a cualquier cosa, llevándose por el camino a varios sintéticos conscientes en un intento de dar a la IA un cuerpo para acercarla más a lo humano. Esta falta de limitación corporal hace, de hecho, que cuando la IA se vuelve consciente se vaya expandiendo y alejando cada vez más de lo que su hija fue, recuperando la vieja dualidad platónica. Finalmente, Athena asume que su hija se ha ido y deja marchar a la IA.

Astrid y Niska en una escena de Humans

Astrid y Niska en una escena de Humans vía Tumblr

Reflexionando

Me parece muy emocionante la serie, y la relación entre Astrid y Niska en especial, porque da mucho que pensar sobre el ser humano. ¿Es la consciencia determinante en la existencia del ser humano? ¿Es suficiente? ¿Puede una entidad consciente ser humana sin un cuerpo? ¿Puede una inteligencia artificial amar? ¿Y puede amar un ser humano a una inteligencia artificial? ¿Puede ser una inteligencia artificial monógama o heterosexual?

No hay duda alguna de que la ciencia no es neutral y, por tanto, cuando los humanos inventan máquinas imprimen en ellas sus propios sesgos y prejuicios. Los sintéticos de Humans, por ejemplo, son absolutamente normativos físicamente. La heterogeneidad se limita al color de la piel y el pelo. Esto no es sorprendente, porque los sintéticos tienen un modo adulto que desbloquea sus funciones sexuales. Volviendo al mundo real, podemos preguntarnos por qué la mayoría de asistentes virtuales están configuradas como mujeres.

* De Solla Price, Science Since Babylon, Yale Univ. Press, New Haven, 1963, pp.7-10

Queridas reinas magas

El año pasado, las cabalgatas del día de Reyes estuvieron salpicadas de polémica: algunos distritos de Madrid decidieron que las mujeres tendrían un papel protagonista como reinas magas y en Valencia directamente recuperaron la cabalgata republicana.

Reinas Magas en Valencia (2016)

Reinas Magas en la cabalgata de Valencia en 2016 vía El Diario

Más allá de la anécdota, no cabe duda de que el peso de las compras y cenas navideñas sigue recayendo en las mujeres, así que no es tan descabellado hablar de reinas magas. No hay por qué regalar algo material ni algo caro, a pesar de que la publicidad nos bombardee con imágenes machistas de perfumes caros. Muchas veces, una manualidad o un regalo pequeño que encaje con los gustos de la persona a la que regalamos son mejores que un regalo caro e impersonal. Si te decides por comprar algo, aquí tienes algunas ideas de regalos amorosos para facilitar la tarea. ¡Espero que os inspiren!

Literatura:

Experiencias:

Cine, televisión y (video)juegos:

Fragmento del videojuego Alice: madness returns

Fragmento del videojuego Alice: Madness Returns vía EA Games

¡Y recuerda! Las niñas pueden jugar con camiones y los niños con cocinitas.

Y tú, ¿qué vas a regalar estas fiestas? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

[Nota: este post ha sido actualizado en diciembre de 2017]

Los Nobel no son para mujeres

Hace unos días leíamos el siguiente tweet referente a los premios Nobel de este año:

Cualquiera habría pensado que la cosa quedaría ahí, en la denuncia de un hecho incuestionable: las mujeres vienen recibiendo, históricamente, muchos menos premios Nobel que los hombres. Algo así como media mujer por cada 10 hombres.

Mujeres y hombres premiados con el Nobel

Mujeres y hombres premiados con el Nobel vía Sin Embargo

Pero la cosa, por supuesto, no quedó ahí: Twitter se incendió con las respuestas al mencionado tweet, con comentarios a cada cual más desagradable. Que es una paranoia pensar que dan los Nobel en función de tu sexo, que si es que hay que dar los premios a quienes no se los merecen sólo por mantener la equidad y no por la calidad de su trabajo, que a ver, qué mujeres se merecían más el premio que los propios premiados

Aunque no lo creáis, vivimos en un sistema que, históricamente, se ha encargado de invisibilizar a las mujeres y sí, este sistema tiene preferencia por premiar a los hombres. Por premiar, siendo más exacta, a quienes se ajustan a la normatividad, discriminando a quienes no lo hacen. Esto incluye “publicitar” para bien las figuras de hombres más que las de mujeres. Por eso no eres capaz de mencionar 10 mujeres deportistas, 10 mujeres artistas y 10 mujeres científicas de carrerilla, pero sí eres capaz de hacerlo con hombres. Y por eso es tan importante rescatar referentes históricos femeninos. Porque haberlos, haylos.

No eres capaz de mencionar 10 mujeres deportistas, 10 artistas y 10 científicas de carrerilla. Clic para tuitear

Las cosas han cambiado en cierta medida en los últimos años: ya no queda tan bien decir abiertamente que las mujeres somos tontas o estamos locas así, en general. Por eso el gráfico ha variado un poco y, en los últimos 34 años, 30 mujeres han recibido el Nobel, mientras que en 79 años lo recibieron 19 mujeres. Pero la brecha sigue siendo intolerable.

Evolución del número de mujeres premiadas a lo largo de la historia vía Fortune

Evolución del número de mujeres premiadas a lo largo de la historia vía Fortune

Y es que, cuando denunciamos que no se conceden premios Nobel a mujeres, precisamente lo que decimos es que hay una estructura en forma de embudo que hace que, en España, en muchos ámbitos haya más mujeres licenciadas, pero sólo un 40% de profesoras, un 20% de catedráticas y una rectora. Está claro que históricamente ha habido un mayor acceso a la educación por parte de hombres (porque se nos ha discriminado, no por otra cosa), y eso lo seguimos arrastrando. Pero en el hecho de que haya pocas mujeres en altos cargos, premiadas o simplemente reconocidas influyen muchas otras dinámicas que tienen que ver no con nuestras capacidades biológicas sino con una socialización profundamente desigual.

A las mujeres nos enseñan a callar y nos llaman histéricas cuando replicamos; no nos enseñan a tener capacidad de negociación, a reclamar lo que nos corresponde o a “echarle morro” como a nuestros compañeros varones, por lo que muchas no conseguimos un ascenso o un aumento de sueldo; si tratamos de exponer nuestro punto de vista o destacamos, somos unas “marimacho” o unas “mandonas”. Y, sin duda, se nos sigue invisibilizando sobremanera en áreas en las que valemos tanto o más que los hombres. Recuerdo un taller sobre feminismos donde todos los ponentes eran hombres. ¿De verdad no había ninguna mujer que pudiera hablar sobre el tema?

Cuando denunciamos que no hay mujeres que reciban el premio Nobel estamos denunciando este embudo y todas las dinámicas que subyacen. Las cosas están cambiando, sí, pero muy lentamente, y por eso es necesario seguir reivindicando una mayor igualdad y reconocimiento de las mujeres. No se trata de dar el premio a quien “no lo merezca” (de esto podríamos hablar también, pero es otro tema…). Se trata de poner de relieve que hay muchas mujeres que merecen o han merecido el Nobel y son o han sido invisibilizadas. Se trata de remarcar que muchas de las mujeres que llegan lejos lo han tenido mucho más difícil que los hombres que llegan a ese mismo punto.

Porque también se trata de remarcar que muchas mujeres no llegarán a conseguir el Nobel porque se quedarán por el camino. Dejarán sus carreras de lado por tener que volcarse en los cuidados (tareas que recaen de manera abrumadoramente mayoritaria en las mujeres y siguen sin valorarse) o serán menospreciadas por su género. Tendrán más dificultades para recibir financiación, para publicar, o simplemente serán desalentadas en su día a día. Oirán desde pequeñas que la ciencia no es para chicas, sus compañeros de laboratorio se reirán de ellas, harán “chistes inocentes“. Y al final se quedarán en alguno de los escalones de su carrera. Por cualquiera de estas razones y probablemente por muchas más.

En resumen: con todos esos comentarios machistas, con la negación de un sistema que penaliza a las mujeres (el patriarcado), estáis celebrando una estructura que impide que muchas mujeres lleguen a ser premios Nobel. Estáis matando a las futuras premio Nobel.

Virginia Woolf

El pasado 28 de marzo se cumplieron 75 años desde la muerte de Virginia Woolf. Sus textos, sin embargo, son imperecederos. Aunque no cabe duda de que hemos avanzado mucho en las últimas décadas, tampoco cabe duda de que queda mucho por hacer. Y es, por ejemplo, cuando leemos relatos escritos hace tanto tiempo, cuando nos damos cuenta.

Adeline Virginia Stephen (más conocida como Virginia Woolf) denunciaba en 1929 el hecho de que las mujeres no podían disponer en muchos casos una habitación propia, imprescindible para escribir. No tenían independencia económica. Y tampoco eran, en definitiva, valoradas igual que los hombres, como no lo eran sus escritos.

Virginia Woolf vía Deviantart

Virginia Woolf vía Deviantart

Woolf escribía:

Me aventuraría a decir que Anon, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer. (p.37)

Nunca lo sabremos. Pero sí sabemos que, a día de hoy, el trabajo de las mujeres no se reconoce -ni salarialmente ni a nivel valorativo- en la misma medida que el de los hombres. Sabemos que solo unas pocas mujeres ocupan altos cargos. Que el techo de cristal es una realidad muy visible. No habría sido extraño que muchas mujeres, sabedoras del rechazo que generaría hacia su libro ver su nombre de mujer en la portada, decidieran sacar a la luz de forma anónima su obra. De hecho es algo que seguimos viviendo: J. K. Rowling escondió su nombre tras sus iniciales cuando sacó Harry Potter por recomendación de sus editores.

Ser mujer no está de moda. Y menos aún decir esto, decir que el feminismo sigue siendo enormemente necesario. Que hay que continuar la labor de denuncia de Virginia y de tantas otras mujeres a lo largo de la historia. Mujeres cuya lucha ha permitido que hoy podamos expresarnos políticamente, abortar o no hacerlo según sea nuestra voluntad o tener nuestra propia habitación, nuestros propios ingresos nuestros textos publicados con nuestro nombre en la portada.

La historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es más interesante quizá que el relato de la emancipación misma. (p.41)

Hace unos días, uno de mis artículos recibía un comentario de un chico que decía haberse sentido excluido al ver la última película de Star Wars: el despertar de la fuerza. Para él, los personajes masculinos de la entrega eran “planos” y creía estar viendo “una película de Barbie”. Déjame contestarte desde aquí y decirte que nosotras tenemos que soportar película tras película ser “la” mujer de la película. La única. Frente a los variados personajes “planos” que aparecen en Star Wars-Barbie, las mujeres somos representadas a menudo en la ficción como una única mujer que, por supuesto, no puede condensar la enorme diversidad del género femenino y acaba siendo, por tanto, un personaje enormemente estereotipado, en lo que se conoce como “El principio de la Pitufina“. Déjame pedirte un esfuerzo de empatía, porque si tú te sientes excluido viendo una película, imagínate cómo nos sentiremos nosotras viendo tantas otras. O caminando por la calle. O en una discoteca. O incluso en nuestro trabajo, nuestra asamblea o nuestra casa. Permíteme decirte que, si el feminismo de Star Wars te ofende, más nos ofende a nosotras que te ofenda. El feminismo no es ofensivo. Las mujeres empoderadas no son ofensivas. El machismo es ofensivo. Y mata.

Woolf hablaba de “hombres sin más calificación aparente que la de no ser mujeres”. Esos que parece que saben más y tienen mucho más que decir que tú, mujer, por el hecho de ser leídos como hombres. Y quedan muchos.

Por esto, hoy, quiero reivindicar, como hizo Virginia, el feminismo:

Porque aquí nos acercamos de nuevo a este interesante y oscuro complejo masculino que ha tenido tanta influencia sobre el movimiento feminista; este deseo profundamente arraigado en el hombre no tanto de que ella sea inferior, sino más bien de ser él superior […]. (p.73)

Porque cada vez que rechazas el feminismo y dices que “lo importante son las personas” o que “debería llamarse igualitarismo” estás rechazando y dando la espalda a un movimiento que reivindica eso. Precisamente, lo importante son las personas, así que ¿por qué tanto rechazo? ¿Porque “te sientes excluido”? Las mujeres estamos verdaderamente excluidas (como lo están otros colectivos como las personas migrantes, las trans, las homosexuales, etc.) así que intenta mirar dentro de ti y pregúntate si nosotras queremos excluirte o lo que temes es perder tus privilegios.

Puedes leer Una habitación propia aquí.