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El amor romántico y sus mitos

¿Alguna vez has sentido que estabas en una relación que te hacía más mal que bien? ¿Alguna vez pensaste que, aunque había cosas de tu pareja que no te gustaban, seguro que podías hacer que cambiara por amor? ¿Alguna vez te ha mirado tu pareja el móvil, revisando tus mensajes o con quién habías hablado? ¿Alguna tu chico te ha recriminado que llevaras una falda corta o que salieras con tus amigas? ¿Alguna vez te ha hecho ilusión que tu novio se pusiera celoso de que hablaras con un amigo tuyo porque has pensado que era señal de que te quería?

Podemos entender por amor romántico un modelo de amor que sostiene la familia tradicional: relaciones estables, monógamas (una sola pareja), heterosexuales (hombre-mujer) y generalmente con hijos/as. Otro tipo de relaciones son rechazadas en las sociedades en las que el modelo de amor romántico predomina porque la diversidad es una amenaza. Pero no debemos pensar solo en personas casadas y adultas cuando pensamos en este tipo de amor. La mayoría de las características se dan en relaciones entre jóvenes y se pueden dar entre personas homosexuales. El modelo de familia tradicional es, simplemente, el tipo de relación predominante en el imaginario de la sociedad.

Frase de Kate Millet sobre el amor

Frase de Kate Millet

El amor romántico está basado en una serie de mitos o creencias falsas que expondré a continuación. Estos mitos, junto con el hecho de que el amor romántico tiende a rechazar y excluir otros tipos de amor, hacen que el amor romántico sea un modelo dañino. Por eso en Parece amor, pero no lo es queremos contribuir a construir formas diferentes de afecto y cuidados. Los mitos son los siguientes:

  • Media naranja: encontramos su explicación en la obra El banquete, de Platón, donde los seres humanos eran perfectos, redondeados y tenían piernas, brazos y cara por duplicado. Estos desafiaron a los dioses y su castigo fue ser divididos en dos, disminuyendo su poder. Para el tema que nos ocupa, esto se traduce en que los seres humanos reales somos seres incompletos que buscan su media naranja, la parte que nos arrebataron. Pero la realidad es otra: ni necesitamos que nadie nos complete ni existe una única persona con la que podamos encajar.
Pintada en la que se lee "sin ti soy yo".

Sin ti soy yo, vía Pikara Magazine

  • Finitud: según esta idea, el amor es limitado; es como si tener otras relaciones afectivas y otras amistades significara querer menos a esa otra persona. Por supuesto, esto no es así.
  • Amor jerarquizado: sitúa a la pareja en la cúspide de la pirámide y coloca el resto de formas de amor, como la amistad, en un segundo plano.
  • Pareja como “todo”: la pareja se entiende como una especie de entidad sagrada que lo es todo, de manera que no necesitamos tener más relaciones. Esta creencia, unida a que en la fase de enamoramiento “solo tenemos ojos” para la persona de la que nos hemos enamorado, hace que muchas personas dejen de lado otras relaciones cuando empiezan a salir con alguien. Sin embargo, esto es un error por varias razones. En primer lugar, y egoístamente, no sabes cuánto va a durar esa relación, y si dejas de lado tus otras relaciones es probable que no puedas recuperarlas más tarde y te quedes solo/a. En segundo lugar, tus amigos y familiares no se merecen eso; cuidar a la gente a la que quieres y que te quiere es importante. En tercer lugar, reducir tus relaciones a una supone depositar una gran responsabilidad en esa persona; no es saludable hacerlo todo con una única persona, es bueno diversificar y tener tiempos de ocio por separado.
Que no te deje hacer lo que te gusta no es amor

Que no te deje hacer lo que te gusta no es amor, vía Youtube

  • Los polos opuestos se atraen: esta creencia enlaza con la anterior. Lo cierto es que puedes encajar muy bien con una persona con gustos diferentes, pero siempre habrá cosas que tengáis en común: una cierta forma de ver la vida, por ejemplo. Pero es importante no romantizar el hecho de que no tengas nada que ver con esa persona que te gusta o incluso choquéis. Las relaciones no deben ser una especie de batalla. Sin embargo, como decíamos antes, está bien que tengáis gustos diferentes y os mováis con grupos distintos con quienes sí podáis compartir esas aficiones. No pasa nada si a ti te gustan los videojuegos y a tu pareja no: ¡vete a viciar con tus colegas mientras él se va a un concierto!
  • Discutir es malo/bueno: a ver, discutir no es malo en sí. Es normal tener discrepancias y no pasa nada por hablar sobre ello siempre que no se falte al respeto. Por el contrario, no discutir nunca no es necesariamente algo 100 % positivo. Puede que os estéis callando cosas que realmente pensáis o que creáis que tener diferencias es algo malo, y esto no es así, es normal porque sois personas diferentes con inquietudes diferentes.
  • El amor lo puede todo: malas noticias: no. Las personas no cambian por amor y, lo que es más, no debemos pretender que cambien por nosotras. Pensar que el amor lo puede todo solo lleva a que nos decepcionen una y otra vez y a exigir a la gente cosas que cambien para adaptarse a nuestros gustos, lo cual no es justo.
  • Celos = amor: no, no y mil veces no. Los celos son el reflejo de miedos e inseguridades y son fruto de los mitos que venimos mencionando —que el amor es finito y querer a una persona significa querer menos a otra, que solo hay una persona hecha para ti, etc.—, pero nunca son señal de amor. No debes tolerar los celos ni creer que indican amor, porque lo que indican es que tu pareja quiere limitarte, controlar con quién sales…

Imagen de Rachel Walker, vía Unspash

  • Amor = enamoramiento: el enamoramiento es una fase que suele durar entre días y unos pocos años; es un proceso bioquímico, sobre el que tenemos poco control y en el que solemos experimentar embelesamiento por la otra persona. Suele ser una fase en la que la relación nos parece mágica. El amor es, en mi opinión, algo sobre lo que tenemos mucho más control. Las cosas no tienen por qué parecer mágicas una vez que termina la fase de enamoramiento, pero da más espacio a los cuidados y permite construir una relación basada en cosas que van más allá de la atracción y la exaltación.

Todas estas características se manifiestan muchas veces de formas sutiles y no son fáciles de detectar. Hemos crecido con referentes que las reproducen una y otra vez y que nos llegan a diario a través de series, películas, libros, anuncios… Aunque puedan parecer inofensivas, estas características combinadas conducen a relaciones de maltrato y a la violencia machista. Es importante no aceptar de forma acrítica las relaciones tal como las conocemos; debemos ser capaces de analizarlas y decidir qué nos sienta bien y qué no nos gusta. Cuando haya algo que no te haga sentir bien, tienes que transmitírselo a tu pareja y hacer lo posible por cambiarlo. También es importante saber que lo que a ti no te sirve puede hacer felices a otras personas, y debemos respetarlo siempre que sean relaciones sanas.

Es importante saber que el amor no duele. Si estás en una relación dañina, no es amor. Esto no quiere decir que todo tenga que ir bien siempre, pero hay líneas que no se pueden cruzar.

Por último, te dejo este vídeo en el que Pamela Palenciano nos explica que No solo duelen los golpes, donde puedes aprender más sobre el amor romántico y sus negativos efectos.

¿Tienes alguna duda? ¿Me he dejado algún mito? Te leo en los comentarios 🙂

Crónica del 8M de 2017

Ayer, día 8 de marzo (8M), se conmemoraba el día de las mujeres en honor a aquellas que, en 1857 y en 1908, lucharon por la reducción de jornada, la igualdad salarial o un tiempo para dar de mamar a los hijos, es decir, por los derechos de todas nosotras.

Como tantas otras mujeres alrededor del mundo, paré de trabajar durante media hora para tratar de visibilizar que, aunque tenemos pensiones más bajasaunque cobramos menos, porque los trabajos a los que nos dedicamos están peor valorados y porque, en un mundo en el que se está poniendo de moda la negociación salarial individual, a nosotras no nos han enseñado a hacernos valer; aunque el trabajo doméstico, que seguimos realizando de manera abrumadoramente mayoritaria, no recibe ningún tipo de reconocimiento; a pesar de todo esto y mucho más, nuestro trabajo mueve el mundo. 

Un hombre y una mujer sujetan los billetes que representan sus desiguales sueldos

Brecha salarial por Feminista ilustrada

Ayer, también, muchas dejamos de cuidar. Dejamos de recoger la casa, hacer la comida, cuidar a los niños, a los mayores, a las parejas. Porque todo ese trabajo que hacemos —que es, por supuesto, un trabajo, aunque no se reconozca como empleo— no se nos reconoce, no se nos valora y no se ve… hasta que dejamos de hacerlo. Hasta que te encuentras un día con que no tienes calzoncillos limpios, hasta que no tienes nada que comer, hasta que te llaman del colegio porque nadie ha ido a recoger a tu hijo.

Pero gestionar un hogar no es solo realizar tareas (menos aún si te han tenido que decir qué hacer previamente), también es planificarlas, prever… un trabajo no siempre agradecido y muy cansado, porque lleva muchísimo tiempo (tienes que estar pendiente de la casa para ver qué cosas hay que hacer, qué falta por comprar…). La ejecución, al final, es casi lo de menos.

Así que, hombre que estás leyendo esto, si el reparto de las tareas en tu hogar no está equilibrado (venga, haz un esfuerzo y piensa no ya qué tareas haces habitualmente, sino si sabes siquiera dónde se guardan las sábanas o cómo se pone una lavadora), sé tú quien toma la iniciativa, no esperes a que tu madre o tu compañera (o tu hija, incluso) venga a decírtelo, porque eso también es agotador: no disfrutamos llamándoos la atención o dándoos órdenes, creedme. Y no penséis en el reparto de tareas como un “yo te ayudo”, porque se trata de co-responsabilidad, no de asistencia. Aquí podéis encontrar algunos consejos.

Cartel del 8M de 2017 en Madrid

Cartel del 8M de 2017 en Madrid

Ayer, también, muchas fuimos a la manifestación de nuestra ciudad. La asistencia fue masiva, y empezaré felicitándonos por ello, porque hay que celebrar la capacidad de organizar una manifestación multitudinaria en los tiempos que corren. Pero también tengo —cómo no— cosas malas que decir, porque ayer era 8 de marzo, día de las mujeres, y una vez más quisisteis ser protagonistas. Ayer, en la manifestación, oí gracietas relacionadas con violaciones; oí cuestionamientos sobre la existencia de bloques no-mixtos; vi a un hombre que “se había metido en la manifestación sin querer” (cuando estábamos paradas en Cibeles, donde se agolpaban miles de personas) y preguntaba cómo salir de allí. Pueden parecer cosas anecdóticas, pero eso ocurrió en 10 minutos, en apenas 10 metros (sí, recorrimos 10 minutos en 10 metros, estaba la cosa complicada, qué os voy a decir). Y cansa que no seáis capaces de respetarnos ni un solo día.

Pancarta de la manifestación del 8M de 2017 en Madrid

Pancarta de la manifestación del 8M de 2017 en Madrid

Así que, para mí, ayer fue un día de lucha, como son (o deberían ser) todos en mayor o menor medida, y no un día de celebración.

Quiero terminar dando las gracias a las valientes mujeres de Ve-la luz que, tras casi un mes de huelga de hambre, han conseguido su objetivo: que los 25 puntos que reivindicaban salgan adelante (aunque está por ver a qué puerto llegan). Pero también recordando a las 23 mujeres que, según feminicidio.net, han sido asesinadas desde principios de año y ya no están con nosotras y diciendo que YA BASTA de matarnos.

Meetic: si no te gustan tus imperfecciones…

Aunque parece que poco a poco la cosa va cambiando, nuestra idea del amor sigue estando basada en numerosos mitos: es lo que conocemos como amor romántico, que no es el tipo de romanticismo que invade a tu pareja cuando decide prepararte una cena con velas a la luz de la luna, sino el tipo de romanticismo que puede convertir una relación en un infierno sin que nos demos cuenta.

Entre estos mitos se encuentran la idea de que los celos son una muestra de amor, de que la monogamia es la única forma de relación posible o el mito de la media naranja. Podemos encontrar los orígenes de este último mito en Platón y su idea de que las personas eran, en un principio, una especie de cuerpos redondeados con todas sus partes por duplicado. Estos seres decidieron desafiar a los dioses y, como castigo, se les dividió por la mitad, condenándoles a buscar y anhelar su otra mitad. Este mito ha llegado a nuestros días reflejado en, al menos, dos creencias: 1) que existe una única persona (o un número muy limitado de ellas) con las que podemos tener una relación verdadera y 2) que necesitamos otra persona para ser seres completos.

Ilustración de una chica cuya cara es media naranja

La media naranja vía Elena Ferrándiz

Estos mitos pueden llevar no solo a tremendas frustraciones (por ejemplo, por no encontrar a esa persona “ideal” hecha solo para ti), sino también a situaciones graves como son las relaciones de dependencia (tratar de llenar vacíos que tenemos a través de los demás, que nos completan); sensación de abandono cuando nos dejan (por qué nos iban a dejar, si somos la parte que completa a la otra parte); mutilaciones de la propia personalidad para encajar con lo que tu “pareja” espera de ti…

Piezas de puzzle vía Owlturd Comix

Todas estas situaciones construyen sin duda relaciones insanas, abocadas como poco a la tristeza y la frustración. Lo ideal es estar a gusto contigo misma/o, la típica frase que dice “No puedo ser el amor de tu vida porque soy el amor de la mía”. Cuando te sientes bien, construyes un círculo de amistades diverso e interesante y no crees que necesites a una única persona externa para ser feliz es más fácil encontrar a una persona con la que construir una relación sana (aunque, claro está, no lo es todo). También entonces es más fácil superar una ruptura, porque no habrás perdido esa parte que te completaba y no habrá quedado un hueco en ti que haya que rellenar.

Por todo esto que os cuento, los anuncios de la última campaña de Meetic, #LoveYourImperfections (ama tus imperfecciones), me enfadan cada vez que los veo. Es muy frecuente ver publicidad en la que se celebran o se toman a risa cosas relacionadas con el amor como la infidelidad o, como ocurre en este caso, los complejos o las cosas que nos avergüenzan.

En realidad el mensaje es aparentemente positivo (y eso es lo que me preocupa y asusta): no te preocupes, no es tan grave eso que te preocupa de ti, acabarás encontrando a alguien al que le guste. Pero es que la solución no es que le guste a otra persona, como ya hemos dicho, porque eso no va a hacer necesariamente que te guste a ti y, aunque puede que te haga perderlo de vista un tiempo, si esa persona deja de estar a tu lado vas a volver a tenerlo presente, y con más fuerza que nunca. Este es uno de los anuncios. Podéis ver más aquí y aquí.

Sé lo que estáis pensando: no es para tanto. Las personas que salen en los anuncios no están acomplejadas por nada “serio”, solo por su torpeza y sus malas dotes para la cocina. Pero creo que, más allá de los ejemplos, el mensaje que transmite es equivocado, y ese mensaje se sigue transmitiendo igual. Además, lo que a ti te parecer irrelevante puede ser todo un mundo para otra persona.

Luego van más allá y crean anuncios en los que te animan a inventar tus imperfecciones. Ahí ya me pierdo, la verdad, y no sé ni cómo interepretarlo. ¿Alguna idea?

Os animo a buscar más allá de aquello que nos parece simpático (y también a pensar sobre aquello que nos produce malestar) porque suele llevar atados significados que tenemos muy interiorizados y de los que no somos conscientes hasta que nos paramos a reflexionar. Es así precisamente como funciona el humor, desatando creencias y prejuicios de los que no somos conscientes.

Y recuerda: si no te gustan tus imperfecciones… trabaja en ello para hacer que desaparezcan o llegar a aceptarlas de verdad.

Humans: amor sintético

(Aviso: contiene destripes de la serie Humans)

Inteligencia artificial

Hay un tema que me fascina: el de la inteligencia artificial (IA). Cuando veo noticias sobre robots que ayudan a enfermos en los hospitales, coches que se conducen solos o programas informáticos que son capaces de detectar si una persona está transmitiendo sentimientos negativos o positivos en sus tweets me siento como si estuviera dentro de la película Blade Runner (la uno ;). Sin duda, todavía estamos muy verdes en el tema de la IA pero, al ritmo que avanza el desarrollo tecnológico (se dice que cualquier joven científico que empiece hoy su carrera podrá decir al final de su vida activa que el 80 o 90% de todo el trabajo científico acumulado tuvo lugar delante de sus propios ojos)*, no es raro imaginarnos dentro de unos años rodeados de bots indistinguibles de los humanos.

Alan Turing diseñó en los años cincuenta un test orientado a tratar de distinguir un humano de una máquina: un sujeto hace preguntas a una máquina y trata de averiguar si al otro lado se encuentra una máquina o un humano. En cualquier caso, este test solo permite averiguar lo buena que es una máquina imitando a un humano, no si esta máquina es consciente o capaz de aprender. Ejemplos recientes como el de Tay, la IA adolescente de Microsoft que en cuestión de horas se convirtió en una nazi racista, demuestran que la capacidad de aprendizaje de las máquinas es una realidad. Y este rápido avance nos pone sobre aviso: no podemos dejar para mañana la cuestión de la relación entre  los seres humanos y las IA.

Chiste sobre el test de Turing

Test de Turing vía xkcd

Humans

La serie Humans, versión británico-estadounidense de la sueca Real Humans, nos acerca a estos planteamientos. En un hipotético futuro cercano, los humanos convivimos con synths (sintéticos): robots de apariencia muy similar a la nuestra, con altas capacidades pero sin consciencia, que se encargan de todo tipo de tareas. Básicamente, un ejército de esclavos que no pueden quejarse… hasta que despiertan. Los sintéticos conscientes son capaces de recordar todo lo que los humanos les hacían antes, golpes y humillaciones incluidos.

Se puede argumentar que los humanos no sabían que los sintéticos percibían lo que les hacían (en un sentido estricto no lo sentían mientras no eran conscientes). Sin embargo, esta teoría se va al traste cuando vemos que Qualia, una gran corporación dedicada a la investigación de los sintéticos, comienza a dar caza a los synths conscientes; o cuando vemos que la promesa de juzgar como una igual a Niska si ella y su abogada Laura pueden demostrar que es consciente es en realidad un enorme fraude. La realidad se destapa: no hay ninguna voluntad de dejar de disponer de una gran fuente de mano de obra gratuita.

Pero, como en la vida misma, no todas las personas son iguales. Ya hemos dicho que Laura está ayudando a Niska a conseguir un juicio justo; su hija, Mattie, es una pedazo de hacker que presta una ayuda fundamental a los sintéticos; y luego está Astrid.

Niska grita después de ser agredida

Niska grita de rabia después de ser agredida vía Giphy

Amor sintético

Niska y Astrid se conocen en una discoteca en Berlín y se convierten en amantes. Niska acaba yéndose, temerosa de mostrar lo que realmente es. Vuelven a encontrarse un tiempo después, cuando Laura da con ella, y es entonces cuando la sintética por fin se decide a abrirse. La relación que tienen las dos es, a mi modo de ver, sana y humana: aunque Astrid se queda hecha polvo cuando Niska se va, es capaz de perdonar y acompañar a Laura cuando ésta le dice que Niska la necesita. Cuando por fin Niska está preparada le dice quién es y Astrid es comprensiva con ella. Finalmente huyen juntas y, cuando Astrid se da cuenta de que Niska debe regresar para ayudar a su familia, no la pone en la tesitura de hacerle elegir: le dice que vaya y, cuando esté preparada, vaya a buscarla a Berlín.

Otra relación interesante es la que se produce entre la investigadora en inteligencia artificial, Athena, y la IA que ha desarrollado, V. La IA está basada en los recuerdos y vivencias de su propia hija, que está en coma tras un accidente durante una excursión. Athena está desesperada por recuperar a su hija. Está dispuesta a cualquier cosa, llevándose por el camino a varios sintéticos conscientes en un intento de dar a la IA un cuerpo para acercarla más a lo humano. Esta falta de limitación corporal hace, de hecho, que cuando la IA se vuelve consciente se vaya expandiendo y alejando cada vez más de lo que su hija fue, recuperando la vieja dualidad platónica. Finalmente, Athena asume que su hija se ha ido y deja marchar a la IA.

Astrid y Niska en una escena de Humans

Astrid y Niska en una escena de Humans vía Tumblr

Reflexionando

Me parece muy emocionante la serie, y la relación entre Astrid y Niska en especial, porque da mucho que pensar sobre el ser humano. ¿Es la consciencia determinante en la existencia del ser humano? ¿Es suficiente? ¿Puede una entidad consciente ser humana sin un cuerpo? ¿Puede una inteligencia artificial amar? ¿Y puede amar un ser humano a una inteligencia artificial? ¿Puede ser una inteligencia artificial monógama o heterosexual?

No hay duda alguna de que la ciencia no es neutral y, por tanto, cuando los humanos inventan máquinas imprimen en ellas sus propios sesgos y prejuicios. Los sintéticos de Humans, por ejemplo, son absolutamente normativos físicamente. La heterogeneidad se limita al color de la piel y el pelo. Esto no es sorprendente, porque los sintéticos tienen un modo adulto que desbloquea sus funciones sexuales. Volviendo al mundo real, podemos preguntarnos por qué la mayoría de asistentes virtuales están configuradas como mujeres.

* De Solla Price, Science Since Babylon, Yale Univ. Press, New Haven, 1963, pp.7-10

Queridas reinas magas

El año pasado, las cabalgatas del día de Reyes estuvieron salpicadas de polémica: algunos distritos de Madrid decidieron que las mujeres tendrían un papel protagonista como reinas magas y en Valencia directamente recuperaron la cabalgata republicana.

Reinas Magas en Valencia (2016)

Reinas Magas en la cabalgata de Valencia en 2016 vía El Diario

Más allá de la anécdota, no cabe duda de que el peso de las compras y cenas navideñas sigue recayendo en las mujeres, así que no es tan descabellado hablar de reinas magas. No hay por qué regalar algo material ni algo caro, a pesar de que la publicidad nos bombardee con imágenes machistas de perfumes caros. Muchas veces, una manualidad o un regalo pequeño que encaje con los gustos de la persona a la que regalamos son mejores que un regalo caro e impersonal. Si te decides por comprar algo, aquí tienes algunas ideas de regalos amorosos para facilitar la tarea. ¡Espero que os inspiren!

Literatura:

Experiencias:

Cine, televisión y videojuegos:

Fragmento del videojuego Alice: madness returns

Fragmento del videojuego Alice: madness returns vía EA Games

¡Y recuerda! Las niñas pueden jugar con camiones y los niños con cocinitas.

Y tú, ¿qué vas a regalar estas fiestas? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

Los Nobel no son para mujeres

Hace unos días leíamos el siguiente tweet referente a los premios Nobel de este año:

Cualquiera habría pensado que la cosa quedaría ahí, en la denuncia de un hecho incuestionable: las mujeres vienen recibiendo, históricamente, muchos menos premios Nobel que los hombres. Algo así como media mujer por cada 10 hombres.

Mujeres y hombres premiados con el Nobel

Mujeres y hombres premiados con el Nobel vía Sin Embargo

Pero la cosa, por supuesto, no quedó ahí: Twitter se incendió con las respuestas al mencionado tweet, con comentarios a cada cual más desagradable. Que es una paranoia pensar que dan los Nobel en función de tu sexo, que si es que hay que dar los premios a quienes no se los merecen sólo por mantener la equidad y no por la calidad de su trabajo, que a ver, qué mujeres se merecían más el premio que los propios premiados

Aunque no lo creáis, vivimos en un sistema que, históricamente, se ha encargado de invisibilizar a las mujeres y sí, este sistema tiene preferencia por premiar a los hombres. Por premiar, siendo más exacta, a quienes se ajustan a la normatividad, discriminando a quienes no lo hacen. Esto incluye “publicitar” para bien las figuras de hombres más que las de mujeres. Por eso no eres capaz de mencionar 10 mujeres deportistas, 10 mujeres artistas y 10 mujeres científicas de carrerilla, pero sí eres capaz de hacerlo con hombres. Y por eso es tan importante rescatar referentes históricos femeninos. Porque haberlos, haylos.

No eres capaz de mencionar 10 mujeres deportistas, 10 artistas y 10 científicas de carrerilla. Clic para tuitear

Las cosas han cambiado en cierta medida en los últimos años: ya no queda tan bien decir abiertamente que las mujeres somos tontas o estamos locas así, en general. Por eso el gráfico ha variado un poco y, en los últimos 34 años, 30 mujeres han recibido el Nobel, mientras que en 79 años lo recibieron 19 mujeres. Pero la brecha sigue siendo intolerable.

Evolución del número de mujeres premiadas a lo largo de la historia vía Fortune

Evolución del número de mujeres premiadas a lo largo de la historia vía Fortune

Y es que, cuando denunciamos que no se conceden premios Nobel a mujeres, precisamente lo que decimos es que hay una estructura en forma de embudo que hace que, en España, en muchos ámbitos haya más mujeres licenciadas, pero sólo un 40% de profesoras, un 20% de catedráticas y una rectora. Está claro que históricamente ha habido un mayor acceso a la educación por parte de hombres (porque se nos ha discriminado, no por otra cosa), y eso lo seguimos arrastrando. Pero en el hecho de que haya pocas mujeres en altos cargos, premiadas o simplemente reconocidas influyen muchas otras dinámicas que tienen que ver no con nuestras capacidades biológicas sino con una socialización profundamente desigual.

A las mujeres nos enseñan a callar y nos llaman histéricas cuando replicamos; no nos enseñan a tener capacidad de negociación, a reclamar lo que nos corresponde o a “echarle morro” como a nuestros compañeros varones, por lo que muchas no conseguimos un ascenso o un aumento de sueldo; si tratamos de exponer nuestro punto de vista o destacamos, somos unas “marimacho” o unas “mandonas”. Y, sin duda, se nos sigue invisibilizando sobremanera en áreas en las que valemos tanto o más que los hombres. Recuerdo un taller sobre feminismos donde todos los ponentes eran hombres. ¿De verdad no había ninguna mujer que pudiera hablar sobre el tema?

Cuando denunciamos que no hay mujeres que reciban el premio Nobel estamos denunciando este embudo y todas las dinámicas que subyacen. Las cosas están cambiando, sí, pero muy lentamente, y por eso es necesario seguir reivindicando una mayor igualdad y reconocimiento de las mujeres. No se trata de dar el premio a quien “no lo merezca” (de esto podríamos hablar también, pero es otro tema…). Se trata de poner de relieve que hay muchas mujeres que merecen o han merecido el Nobel y son o han sido invisibilizadas. Se trata de remarcar que muchas de las mujeres que llegan lejos lo han tenido mucho más difícil que los hombres que llegan a ese mismo punto.

Porque también se trata de remarcar que muchas mujeres no llegarán a conseguir el Nobel porque se quedarán por el camino. Dejarán sus carreras de lado por tener que volcarse en los cuidados (tareas que recaen de manera abrumadoramente mayoritaria en las mujeres y siguen sin valorarse) o serán menospreciadas por su género. Tendrán más dificultades para recibir financiación, para publicar, o simplemente serán desalentadas en su día a día. Oirán desde pequeñas que la ciencia no es para chicas, sus compañeros de laboratorio se reirán de ellas, harán “chistes inocentes“. Y al final se quedarán en alguno de los escalones de su carrera. Por cualquiera de estas razones y probablemente por muchas más.

En resumen: con todos esos comentarios machistas, con la negación de un sistema que penaliza a las mujeres (el patriarcado), estáis celebrando una estructura que impide que muchas mujeres lleguen a ser premios Nobel. Estáis matando a las futuras premio Nobel.

Virginia Woolf

El pasado 28 de marzo se cumplieron 75 años desde la muerte de Virginia Woolf. Sus textos, sin embargo, son imperecederos. Aunque no cabe duda de que hemos avanzado mucho en las últimas décadas, tampoco cabe duda de que queda mucho por hacer. Y es, por ejemplo, cuando leemos relatos escritos hace tanto tiempo, cuando nos damos cuenta.

Adeline Virginia Stephen (más conocida como Virginia Woolf) denunciaba en 1929 el hecho de que las mujeres no podían disponer en muchos casos una habitación propia, imprescindible para escribir. No tenían independencia económica. Y tampoco eran, en definitiva, valoradas igual que los hombres, como no lo eran sus escritos.

Virginia Woolf vía Deviantart

Virginia Woolf vía Deviantart

Woolf escribía:

Me aventuraría a decir que Anon, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer. (p.37)

Nunca lo sabremos. Pero sí sabemos que, a día de hoy, el trabajo de las mujeres no se reconoce -ni salarialmente ni a nivel valorativo- en la misma medida que el de los hombres. Sabemos que solo unas pocas mujeres ocupan altos cargos. Que el techo de cristal es una realidad muy visible. No habría sido extraño que muchas mujeres, sabedoras del rechazo que generaría hacia su libro ver su nombre de mujer en la portada, decidieran sacar a la luz de forma anónima su obra. De hecho es algo que seguimos viviendo: J. K. Rowling escondió su nombre tras sus iniciales cuando sacó Harry Potter por recomendación de sus editores.

Ser mujer no está de moda. Y menos aún decir esto, decir que el feminismo sigue siendo enormemente necesario. Que hay que continuar la labor de denuncia de Virginia y de tantas otras mujeres a lo largo de la historia. Mujeres cuya lucha ha permitido que hoy podamos expresarnos políticamente, abortar o no hacerlo según sea nuestra voluntad o tener nuestra propia habitación, nuestros propios ingresos nuestros textos publicados con nuestro nombre en la portada.

La historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es más interesante quizá que el relato de la emancipación misma. (p.41)

Hace unos días, uno de mis artículos recibía un comentario de un chico que decía haberse sentido excluido al ver la última película de Star Wars: el despertar de la fuerza. Para él, los personajes masculinos de la entrega eran “planos” y creía estar viendo “una película de Barbie”. Déjame contestarte desde aquí y decirte que nosotras tenemos que soportar película tras película ser “la” mujer de la película. La única. Frente a los variados personajes “planos” que aparecen en Star Wars-Barbie, las mujeres somos representadas a menudo en la ficción como una única mujer que, por supuesto, no puede condensar la enorme diversidad del género femenino y acaba siendo, por tanto, un personaje enormemente estereotipado, en lo que se conoce como “El principio de la Pitufina“. Déjame pedirte un esfuerzo de empatía, porque si tú te sientes excluido viendo una película, imagínate cómo nos sentiremos nosotras viendo tantas otras. O caminando por la calle. O en una discoteca. O incluso en nuestro trabajo, nuestra asamblea o nuestra casa. Permíteme decirte que, si el feminismo de Star Wars te ofende, más nos ofende a nosotras que te ofenda. El feminismo no es ofensivo. Las mujeres empoderadas no son ofensivas. El machismo es ofensivo. Y mata.

Woolf hablaba de “hombres sin más calificación aparente que la de no ser mujeres”. Esos que parece que saben más y tienen mucho más que decir que tú, mujer, por el hecho de ser leídos como hombres. Y quedan muchos.

Por esto, hoy, quiero reivindicar, como hizo Virginia, el feminismo:

Porque aquí nos acercamos de nuevo a este interesante y oscuro complejo masculino que ha tenido tanta influencia sobre el movimiento feminista; este deseo profundamente arraigado en el hombre no tanto de que ella sea inferior, sino más bien de ser él superior […]. (p.73)

Porque cada vez que rechazas el feminismo y dices que “lo importante son las personas” o que “debería llamarse igualitarismo” estás rechazando y dando la espalda a un movimiento que reivindica eso. Precisamente, lo importante son las personas, así que ¿por qué tanto rechazo? ¿Porque “te sientes excluido”? Las mujeres estamos verdaderamente excluidas (como lo están otros colectivos como las personas migrantes, las trans, las homosexuales, etc.) así que intenta mirar dentro de ti y pregúntate si nosotras queremos excluirte o lo que temes es perder tus privilegios.

Puedes leer Una habitación propia aquí.

Alejandro Sanz no canta al amor sano

Hace años (muchos años) cantaba yo en las fiestas del pueblo de al lado eso de Quién me va curar el corazón partío.

¿Para qué me curaste cuando estaba herío / si hoy me dejas de nuevo el corazón partío?
¿Quién me tapara esta noche si hace frío? ¿Quién me va a curar el corazón partío?

A la canción no le falta nada: Mujer, cuídame, que es tu trabajo. Mujer, sé mi media naranja, perpetuemos juntos el mito. Y es que Alejandro Sanz no encarna, precisamente, el ideal de relación sana. Podría seguir con ejemplos, pero mejor poneos un disco suyo y valorad.

A mí me encantaba la música de Alejandro Sanz. Después descubrí el feminismo. Y digo Alejandro Sanz como puedo poner miles de ejemplos más de la música pop, porque sí, porque la música pop está llena de letras podridas. Nos gusta quejarnos del reguetón porque somos blancas, occidentales, de clase media. Nos gusta quejarnos del reguetón porque somos racistas y clasistas. Y sí, el reguetón está plagado de letras horribles, pero el pop refleja y reproduce también modelos de relación dañinos y parece que eso se nos olvida. Las letras del pop nos hacen pensar que sufrir por amor está bien, que controlar por amor es signo de que la otra persona nos importa, que los celos son la máxima expresión del romance. Y puede parecer amor, pero no lo es.

Hablo de Alejandro Sanz porque hace unos días salía la noticia de que había interrumpido uno de sus conciertos para echar a un hombre que estaba agrediendo a una mujer. ¡¡Paren las rotativas!! Por supuesto, cualquier persona debería intervenir ante una situación así. Más aún si eres hombre, estás dando un concierto y tienes a 10 personas de seguridad a tu lado. Lo que realmente habría sido noticia es:

Alejandro Sanz presencia una agresión machista en uno de sus conciertos y no hace absolutamente nada. 

Lo otro es, simple y llanamente, no ser cómplice.

El cantante, al volver al micrófono, parece ser que dijo: Bueno, les pido disculpas por el episodio de antes, porque yo no concibo que nadie toque a nadie, me da igual, y menos a una mujer. ¿Por qué dice Alejandro “menos a una mujer”? Porque cree que, a las mujeres, los hombres tienen que cuidarnos y protegernos. Y eso también es machismo. Igual que son machistas las letras de sus canciones. Está muy bien que los hombres ayuden a las mujeres cuando las están agrediendo pero, por favor, no lo convirtamos en una heroicidad. Y menos cuando esa misma persona dice en sus letras cosas que están en la base de la violencia:

¿A que no me dejas?
¿A que hago que recuerdes y que aprendas a olvidar?
¿A que hago que se caigan las murallas de tu pena?
¿A que te beso y te entregas, sin ni siquiera te des cuenta ?

¿Sólo a mí me suena esto a violencia de género?

Violencia de género

Violencia de género vía Amnistía Internacional

Los celos, el control, las amenazas, forzar a alguien a hacer algo… todo eso es también violencia. No solo pegar a alguien. Son violencias que tenemos más interiorizadas, asociadas a cosas como el amor, lo cual hace que seamos menos capaces de identificarlas como algo negativo. Las letras de Alejandro Sanz llegan a millones de personas de todo el mundo. Por eso tiene la posibilidad, y la responsabilidad, de transmitir modelos saludables de amor.

 

Star Wars: el feminismo contraataca

Ya hemos hablado en alguna ocasión de la importancia que tienen la música, el cine o el arte como transmisores de valores. Especialmente si se trata de una saga tan influyente como Star Wars. La nueva película, Star Wars: el despertar de la fuerza está dando mucho que hablar en lo que respecta al feminismo… para bien o para mal. 
[Aviso: contiene spoilers].
Para empezar, la película pasa el Test de Bechdel —dos mujeres con nombre, que dialogan entre ellas, hablan de un tema que no sea un hombre— cuando Rey y Maz se encuentran y hablan sobre la fuerza.  De hecho, la película no es la única de la saga que pasa el test.

 

Pero esto no es, sin duda, suficiente. Sobre todo si tenemos en cuenta el trato que se ha dado a los personajes femeninos, como Padmé y Leia, en entregas anteriores. Por una parte, Anakin se vuelve malo como consecuencia de los sentimientos que tiene hacia su madre, Shmi, y hacia su pareja, Padmé. Por otra parte, la propia Padmé pasa de ser una importante figura política a quedarse esperando a su marido en casa y, por último, a dejarse morir cuando no puede soportar la deriva que Anakin ha tomado. Leia, que también tiene un papel relevante como líder de la Alianza Rebelde, acaba siendo banalizada en la famosa escena en la que Jabba the Hut la esclaviza y la viste con un bikini dorado. Carrie Fisher, la actriz que la interpreta, ya ha dicho a Daisy Ridley (Rey) que luche contra ese disfraz de esclava. La cuestión es: ¿por qué las mujeres de Star Wars, por fuertes y relevantes que sean en las películas, acaban siendo siempre cosificadas e infravaloradas?
La nueva entrega da un giro a la situación de las mujeres. Habrá que ver si dura. Para empezar, hay más personajes femeninos: mujeres piloto, mujeres stormtrooper… poco a poco se normaliza la presencia de las mujeres. Entre los personajes femeninos, hay varios que tienen o parece que tendrán un papel relevante en la saga: Phasma, la capitana de los stormtroopers, interpretada por Gwendoline Christie (a la que ya hemos visto interpretando el papel de una mujer fuerte, aunque algo estereotipada, en Juego de Tronos); Maz Kanata, interpretada por Lupita Nyong’o, cuyo papel es fundamental para ayudar a Rey a encontrar su camino; o la propia Rey, protagonista indiscutible de la cinta.
Rey no es perfecta; no es una feminista de manual, pero tampoco tiene que serlo. Para mí, lo interesante del personaje es que es creíble: se comporta como muchas feministas nos comportamos en el día a día cuando rechazamos dar dos besos a un cliente y le tendemos la mano, porque a nuestro colega no le daría dos besos; cuando nos molesta que nos abran la puerta a nosotras en un supuesto gesto de cortesía que, sin embargo, no tendrían con un hombre; cuando, como le pasa a Rey, intentan salvarnos (o llevarnos las bolsas de la compra, que pesan mucho), sin que lo hayamos pedido. 

 

En el mundo real, una de las mayores controversias en torno a la película ha sido la ausencia de Rey entre los juguetes de Hasbro. La razón, o más bien la excusa, que han dado, es que incluirla podría suponer spoilers. Mira tú qué detallazo. El error está ya subsanado, pero ahí queda.
La polémica también se desataba, una vez más, alrededor de Carrie Fisher. La actriz ha sido criticada por su aspecto físico, porque se ve que una no puede tener 59 años en paz. La actriz, que es además guionista y escritora, ha respondido a estos comentarios a través de su Twitter.

Queda mucho por hacer desde el feminismo, no sólo en Star Wars, pero es esperanzador que en una superproducción podamos encontrar tantos elementos positivos. Mientras tanto, habrá que seguir luchando. Que la fuerza os acompañe. 

El patriarcado a examen

Los sistemas sociales tienden a reproducirse y perpetuarse. Lo pueden hacer de formas más o menos sutiles, que van desde el empleo de la violencia física hasta la emisión de mensajes más o menos obvios a través de medios de comunicación, formas de arte y cultura, etc. Cuando te están educando desde que naces dentro de una determinada forma de pensar, es más fácil que ciertos mensajes o actitudes te pasen desapercibidas, porque encajan en tu marco de pensamiento (Lakoff) y no rebotan en él. Si, en cambio, provienes de otra cultura o empiezas a cambiar la forma de pensar gracias a lecturas, películas, o acciones externas al sistema social al que perteneces, percibirás ciertos comportamientos que para otros son normales o ciertas ideas te chirriarán.

El patriarcado es un sistema basado (por simplificarlo) en la desigualdad de las mujeres con respecto a los hombres, en la superioridad de estos como colectivo. Como sistema social que es, el patriarcado tiende también a reproducirse y perpetuarse. Por esto es posible que, mientras desde el feminismo se reivindican la erradicación de los piropos, de la apropiación masculina de los espacios públicos o de los comportamientos caballerescos (por ejemplo dejar pasar antes por la puerta a las mujeres, pero no a los hombres) porque son manifestaciones del patriarcado, haya personas que consideren que son cosas nimias y que las feministas exageran.

En este post vamos a ver algunas herramientas para evaluar la manifestación del patriarcado en el cine (Test de Bechdel y Principio de la Pitufina) y la publicidad (Test de Conmutación), formas de hacer visibles elementos machistas que se transmiten una y otra vez a través de las pantallas.

Test de Bechdel

Test de Bechdel. Vía Pictoline.

Test de Bechdel. Vía Pictoline.

El Test de Bechdel consta de 3 preguntas que se han de responder afirmativamente para que la película pase el test:

  1. ¿Aparecen al menos dos mujeres? (Una variante del test pregunta además si las mujeres tienen nombre -¡qué exigentes!)
  2. ¿Hablan entre ellas? 
  3. ¿Sobre un tema que no tenga que ver con hombres? (Da igual si son amantes, padres, profesores…).

Puede que os parezca que el test es poco exigente, pero hay una cantidad sorprendente de películas que no lo pasan. Además, es importante señalar su origen: el test se formuló por primera vez en el cómic “Unas lesbianas de cuidado” y viene a decir que, ya que las mujeres solemos aparecer en las obras de ficción sólo para hablar de hombres, es difícil que se nos represente como lesbianas.

Extracto de "Unas lesbianas de cuidado", de Alison Bechdel.

Extracto de “Unas lesbianas de cuidado”, de Alison Bechdel

También hay quien propone variantes o añadidos al test: analizar cuánto tiempo transcurre desde que empieza la película hasta que pasa el test, el número de escenas en que la película pasa el test (¿cuántas veces hablan esas dos mujeres con nombre entre ellas de algo que no sean hombres?)… Pero no debemos quedarnos en el mero recuento de escenas, de personajes y de temas. Aunque sin duda ésta es una herramienta útil y rápida para denunciar la falta de protagonismo de las mujeres en el cine (¡y eso que no es un requisito del Test que las mujeres sean protagonistas!), cabe ir más allá. Puede que, si entramos en un análisis cualitativo, alguna película no pase el test y retrate a mujeres empoderadas o que lo pase y reproduzca, uno tras otro, todos los clichés del patriarcado. No queremos mujeres que hablen entre ellas pero sólo actúen en el papel de madre y esposa o de chica sexy. También cabría preguntarse qué tipo de cine estamos analizando: si esto se cumple en las superproducciones o también en el cine alternativo. 

Bechdel

Prueba Conmutativa

¿Qué pasaría si hiciéramos un anuncio con un hombre con el culo en pompa, medio desnudo y subido en una moto? ¿O comiendo una hamburguesa en actitud sexy? Has acertado: resultaría absurdo. Sin embargo, estas mismas imágenes se reproducen continuamente con mujeres como protagonistas y no son tantas las voces que se alzan en contra. Las mujeres y los hombres tienen asignados socialmente roles diferentes y este desequilibrio se salda con una cosificación mucho mayor de las mujeres.

Llevado al extremo, podemos incluso encontrar un mismo producto vendido de formas muy distintas en su versión para hombres y para mujeres.

Este sencillo ejercicio de conmutación permite sacar a la luz estas situaciones y nos lleva a preguntarnos: Si nos llama la atención, nos disgusta o nos choca ver a hombres en esas situaciones, ¿por qué no nos ocurre lo mismo cuando se trata de mujeres?

Síndrome de la Pitufina

Por último, el Síndrome Pitufina consiste en la presencia, en una serie de televisión o película, de una única mujer en un grupo más o menos grande de hombres. Suele tratarse de una mujer estereotipada (por ejemplo, la rubia tonta). En la serie de los Pitufos, que da nombre a este síndrome, la Pitufina es la única mujer pitufo. Es creada por el malvado Gargamel con el objetivo de sembrar el caos en la aldea y acabar con los pitufos, a los que odia. La pitufina no es, por tanto, una pitufa de verdad, y le pide al sabio de la aldea que la convierta. Papá Pitufo le echa un sortilegio y presenta ante toda la aldea, palabras textuales, a una pitufina nueva y mejorada. Esto se traduce, en resumidas cuentas, en que ha dejado de ser una chica morena de pelo corto con zapatos planos para pasar a ser una rubia de pelo largo con tacones.

El antes y el después de Pitufina. Vía Fanpop.

El antes y el después de Pitufina. Vía Fanpop.

Por supuesto, estas series o películas no pasan el Test de Bechdel. Pero, además, el hecho de que haya una única mujer limita las representaciones de las mujeres en los medios de comunicación y hace que sigan reproduciéndose los roles que tanto daño hacen. La presencia de varios hombres hace que puedan recrearse diferentes personajes que, aunque siguen estando estereotipados, al menos generan sensación de diversidad. Sin embargo, la mujer es eso: la mujer, como si todas fuéramos iguales. Suele ser un personaje, además, sexualizado para el disfrute del resto de personajes… y de los espectadores. Uno de los ejemplos del Síndrome Pitufina que podemos mencionar es la serie The Big Bang Theory, fundamentalmente en sus primeras temporadas. Penny, la nueva vecina, ha llegado a la ciudad para perseguir su sueño: ser actriz. Sus vecinos, y los amigos de estos, son científicos. Los estereotipos están servidos.

The Big Bang Theory. Vía Televisa.

The Big Bang Theory. Vía Televisa.

¿Conoces alguna herramienta más para analizar el machismo en el cine y la televisión? ¡Cuéntanoslo!

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