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Parece amor, pero no lo sé

El verano empezaba sofocante, quería refrescarme con tus besos y no podía. Los compromisos y el trabajo este año nos habían obligado a mantener una relación a distancia de manera temporal. Las dos sabíamos de sobra estar sin la otra, pero nunca nos ha impedido echarnos de menos. Las llamadas a veces saciaban mi sed por contarte cosas, las que no le cuento a todo el mundo, algunas que sólo te cuento a ti. Y sin embargo entendimos que algo faltaba en todos los mensajes y fotos que nos enviamos. Somos sólo cuerpos, tú y yo, más que nadie, necesitábamos tocarnos.

Estas vacaciones nos han obligado a ponernos creativas, a hablar, antes que nada, y disfrutar también los momentos en que no teníamos nada que decirnos. He descubierto que me pone cachonda contarte mis amores de verano, lo que me gusta y lo que no de la gente que me he follado estos meses a medio camino entre el mar y la montaña. Me pone también que me cuentes tus romances, chicas que te están enseñando cosas nuevas que después compartirás conmigo.

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Ilustración: Joan Turu

Es verano y toca conocer a gente nueva. Espero que algún día subas al pueblo a conocer a mis yayos y al chico que me comió el coño por primera vez, hay momentos que sellan amistades supongo. Pero el año que viene me toca a mí visitar Tenerife contigo y tus tíos, que ayer por la noche debieron de escuchar sin querer cómo te corrías con mi voz al teléfono. Qué bueno haber sido novatas las dos en tantas cosas. Me gusta que sepas reírte de nosotras constantemente, así equivocarse nunca es demasiado grave.

¿Sabes? Lo primero que me pregunta la gente a la que le hablo sobre ti es cómo nos conocimos, para preguntar después, con cierto tono de ansiedad, si nuestra relación era “así” desde el principio. Curioso que una cosa que nos salió de manera tan natural le resulte tan maravillosa a las demás. Curioso que fuera ya verano cuando un día decidimos quedar solas después de la asamblea a tomar una birra y tal vez fumar un porro en tu terraza. Hacía poco menos de un año que nos conocíamos y ahora hablábamos por WhatsApp a diario, aunque solo fuera para quejarse de los exámenes o enviarnos memes marxistas. Esa tarde de junio era más que nada pegajosa, a ti te brillaban las mejillas y a mí se me pegaban los muslos a la silla. Por ese entonces ya teníamos un par de bromas internas y se notaba que estábamos cómodas la una con la otra. A lo mejor el choco nos subió más de la cuenta con el sol, a lo mejor fue el momento en el que encontramos este deseo mutuo y cariñoso que no conocíamos antes. No lo sé, pero me encontré besando tus labios carnosos, tu lengua buscando la mía. La gente empezó a llamarnos parejita, novias, follamigas, qué manía con ponernos etiquetas, nosotras simplemente éramos mejores amigas y lo seguimos siendo.

Hoy el sol no me da tregua; me fumo el piti de buenos días escuchando la canción que me enviaste ayer por la noche, muy tú. He encontrado placer en extrañarte, contra todo pronóstico ajeno no me duele y me regodeo en recordar todas tus constelaciones una por una. Las empecé a contar una noche de julio mientras dormías sobre mi cama empapada y pude comprobar la alineación de todas tus pecas. Qué bonito, qué bonito no tenerte.

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