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Las relaciones amorosas en Pretty Little Liars (IV): Hanna

Tal y como adelantamos en el post anterior, nos dejamos el mejor personaje para el final. Cuando menos es, en mi opinión, el personaje que mantiene una relación más sana y la que más se acerca a la idea del amor que se defiende en esta web. Nos referimos, sin duda, a Hanna Marin.

signs-you-are-hanna-marin-mainHola, soy Hanna y soy así de mona

Hanna es la divertida, la gamberra, la más rebelde de las cuatro amigas. Es también muy presumida, va siempre a la última, y podría pasar por una chica superficial, pero no lo es. Es fuerte y decidida, muy fiel a sus amigas, a su madre y a su novio.

Antes de que Alison desapareciera, Hanna era una chica gordita (A.K.A le llenaron el jersey de cojines) a la que la rubia le tenía totalmente comida la moral. Tras desaparecer esta, Hanna gana en confianza, cambia su aspecto físico y se convierte ELLA, en la it-girl del momento. Ahí es cuando conquista a Sean (a su vez, el chico más popular del instituto), y forman ambos una pareja híper-mega-típica.

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Peeeeero pronto llega a Rosewood un chico nuevo (Caleb), un adolescente sin padres que ha ido rebotando de orfanato en orfanato y de casa de acogida en casa de acogida sin que en ningún sitio le hayan hecho caso, y, claro, con ese perfil outsider a Hanna se le derrite el corazoncito rápidamente, y se enamoran al final de la primera temporada.

tumblr_m94wm5vfdE1qe7736o1_500Hanna y Caleb en un momento de intimidad

Su relación, como la de Aria con Ezra o la de Spencer con Toby, ha tenido altibajos, rupturas y reconciliaciones, motivadas en su mayoría por el distanciamiento geográfico y por (la puñetera) A, pero se ha mantenido como la relación más fuerte y madura de toda la serie (incluyendo, por supuesto, a los padres de las protagonistas).

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¿Por qué nos gusta tanto esta relación? Porque ambos se han ayudado y apoyado en todos los ámbitos y no se han mentido. Bueno, alguna cosa sí ha ocultado Hanna (como buena liar) pero en una proporción muy inferior a las demás. Entre otras cosas, Hanna acogió en su casa a Caleb cuando estaba en la calle, y después le ayudó a encontrar a sus padres biológicos y lo convenció para que los conociera y mantuviera relación con ellos. Caleb, por su parte, ha intercedido por Hanna y ha contribuido a mejorar la relación de esta con sus padres (que están separados) y ha ayudado a Hanna y al resto de PLLs a desenmascarar a A. Y así, un largo etcétera.

Está claro, y hemos podido comprobarlo profusamente en esta serie de posts, que la vida de estas muchachas tiene poco que ver con la vida real. Ellas se enfrentan a cosas en su día a día que exceden la problemática habitual de los chicos de su edad. No obstante, que la serie sea poco creíble o exagerada no significa que no haya valores positivos que se puedan extraer de ella, all jokes aside. En el fondo, al menos en nuestra opinión, Pretty Little Liars es una serie que trata de la amistad, de la unión inquebrantable de cuatro chicas que sufren un nivel de bullying tremendo, y que van evolucionando a lo largo de la adolescencia y aprendiendo de la situación desafortunada que viven.

En esa misma línea, siempre según nuestra opinión, se sitúa la relación de Hanna y Caleb. En ellos se ve amor, y sobre todo se ve respeto. No se quieren desde la idea de la posesión, sino de la generosidad: por eso ambos luchan y se empeñan por hacer la vida del otro mejor. Me parece importantísimo reflejar esta forma de vivir una relación en una serie que ven tantísimos adolescentes, aunque la temática de la serie no sea esa.

¡Con esta humilde reflexión nos despedimos! Deseamos que los fans de la serie hayan encontrado interesantes nuestros análisis, y que los despistados que aún no la hayan visto, se decidan. Hágannos caso: el adolescente que vive en cada uno de nosotros se lo agradecerá.

Las relaciones amorosas en Pretty Little Liars (III): Spencer

Queridas peleleras: vamos a continuar nuestro repaso a las protagonistas de tan insigne show. La idea de esta serie de posts y el orden que estamos presentando es recorrer un camino desde el descontrol y el puterío (en el sentido más gamberro y menos serio de la palabra) más descarado, encarnado por Emily, hasta la sensatez y la estabilidad representadas por Hanna. En medio de ambas se encuentran Aria, bastante obsesiva pero fiel a Ezra, y Spencer, que… también tiene sus cosillas.

Spencer Hasting, de Pretty Little Liars

Spencer Hastings

Spencer Hastings es, sin ninguna duda, el cerebrito, la empollona, la intelectual del grupo. Podría decirse que es la más inteligente y, aparentemente, la más fría, la menos emocional. Podría decirse, pero sería un error. Spencer creció en una familia hipercompetitiva y estresante y eso ha marcado/está marcando su adolescencia*. Es una chica muy confundida e impulsiva, que actúa de manera irracional durante casi toda la serie, y a la que sólo la relación con Toby la va ayudando progresivamente a ganar estabilidad emocional (lo cual sería reprochable si se tratase de una adulta, pero, siendo adolescente, entiendo que debemos contemplarlo como algo más “normal”).

En los inicios de la serie, Spencer pasa el tiempo colgándose de los novios de su hermana (la malvada Melissa) y, eventualmente, enrollándose con ellos.

Con Wren, a la izquierda, e Ian, a la derecha

Con Wren, a la izquierda e Ian, a la derecha

Después de conocer a Wren y tontear con él, inicia una relación con Toby. Es una relación desestabilizada por muchos acontecimientos y dudas, entre ellas Wren (que, por su parte, también tiene sus escarceos con Hanna; no vayamos a pensar que en PLL las únicas picaflores son nuestras protas). Primero las PLLs descubren que Toby tenía relaciones con su hermanastra, después es acusado del asesinato de Alison, más tarde colaborará con A (para intentar ayudar a las chicas, se supone), luego desaparecerá un tiempo… A diferencia de la relación de Hanna y Caleb, que atraviesa varias épocas de cierta estabilidad, la relación de Spencer y Toby parece estar constantemente en la cuerda floja y, sin embargo, ambos se las apañan para seguir juntos…

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Spoby a punto de darse su primer beso <3

Todo lo dicho anteriormente me lleva a pensar que ésta es la única relación, junto con la ya mencionada de Hanna y Caleb, que refleja con cierta verosimilitud lo que es el amor a esa edad, y proyecta valores sanos y positivos que son muy interesantes para el público hiperadolescente de la serie. Evidentemente, estas adolescentes no tendrán que lidiar a diario con un bully/stalker asesino ni perderán a sus novios por eso,  pero vosotras me entendéis.

En conclusión, que en esta ocasión me rindo: good for you, Marlene. Con Spencer y Toby nos has regalado una relación de lo más mona, y para muestra, un botón:

Spencer y Toby: Spoby

Spencer y Toby: Spoby

En el próximo post, por fin podré hablaros del que, para mí, es el mejor personaje de la serie: ¡Hanna Marin!

***

*Lo siento: me resulta rarísimo hablar en presente de su adolescencia cuando Troian Bellisario, la actriz que la interpreta, es apenas unos meses más pequeña que yo y ya no cumplirá los 30…

Las relaciones amorosas en Pretty Little Liars (II): Aria

En mi último post, expliqué los motivos por los que algunos colaboradores de este blog y servidora somos fanses acérrimos de la serie Pretty Little Liars. Tal y como adelanté al final del post, hoy vamos a continuar el repaso a las vidas amorosas de estas muchachas hablando de Aria Montgomery.

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Aria Montgomery, personaje de Pretty Little Liars

Aria es la sensible, la poeta, la única de ellas que muestra inquietudes artísticas claras. Le apasiona leer y escribir, por lo que no es nada raro que su gran amor sea un profesor de Literatura recién llegado al instituto al principio de la serie.

Aria presenta en la serie dos grandes obsesiones: sus outfits imposibles y su amor por Ezra. Se conocen casualmente (my ass) en un bar de Rosewood y el flechazo es instantáneo. Más tarde averiguaremos que aquel encuentro fue buscado por Ezra porque estaba escribiendo un libro sobre la desaparición de Alison y necesitaba penetrar de alguna forma en su círculo de amigas, pero qué más da. El flechazo ya se ha producido.

Durante las dos primeras temporadas, la muchacha es monotemática. Que si Ezra esto, que si Ezra lo otro. A tu mejor amiga igual la acaban de atropellar, pero OyemiraloquemehadichoEzra, quémonoes.

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Y es verdad que el chico es muy mono, pero, ¿y la lucha interior por enrollarte con una alumna menor de edad? ¡Que la serie es de ABC Family! No, a Ezra sólo le preocupa que no les pillen y, más tarde, cuando los padres de Aria se enteran, que ellos les acaben aceptando. En fin, supongo que hay opiniones para todo en este aspecto. La mía, desde luego, es que el comportamiento de Aria es comprensible (tiene 16 años y se enamora) pero el de Ezra no. Al menos sabemos que no tienen relaciones sexuales desde el principio, pero… Aun así, esa relación me parece de una moral, cuando menos, dudosa.

Pero volvamos a Aria. Aunque es indudable que Ezra es el niño de sus ojos, no pierde la oportunidad de algún escarceo puntual en los momentos in-between. Tontea un poco con Noel, un estudiante tan malvado como guapo; con Jason, el hermano de Alison, y para terminar, con Jake, un profesor de artes marciales que huye despavorido de Rosewood cuando A le deja el saco de boxeo minaíto de cuchillas (pobre muchacho). A pesar de todas estas minihistorias, la sombra de Ezra nunca deja de planear su día a día; como dije al principio, es su obsesión durante toda la serie. De hecho, ambos forman una pareja muy querida por los fans. Tanto, que Marlene King (la creadora de la serie) se hizo caquita encima y no fue capaz de mantener a Ezra como A (aunque los que siempre defendimos su implicación tuvimos varios capítulos para disfrutarlo).

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Conversación entre Aria y Jake

En definitiva, Aria es otra adolescente un poquito disfuncional en sus relaciones amorosas, pero al menos es consistente en sus obsesiones (eso no podemos negárselo). Hasta que no lleguemos a Hanna Marin y su relación con Caleb no veremos una relación madura y sensata en la serie. No obstante, para eso aún nos queda, porque en el próximo post hablaremos de… ¡Spencer Hastings!

Las relaciones amorosas en Pretty Little Liars (I): Emily

Como ya habréis notado, en este blog la temática de muchos posts viene muy marcada por la actualidad. Es un blog que tiene un planteamiento serio y unas ideas serias, pero que no renuncia en ocasiones a reflejar otros puntos de vista más cómicos. Entre las miles de cosas que debatimos de forma cibernética los que colaboramos aquí se encuentran también las series de televisión y el cine, y cómo estos contribuyen a perpetuar esos tópicos que tanto nos desagradan en esta página. Pues bien, os lo confieso: yo tengo alma de adolescente. Es más, la mamá de este blog, de este proyecto, también tiene alma de adolescente. Y, como tales adolescentes que en parte somos, nos encanta la serie Pretty Little Liars.

No es momento de hablar del argumento de la serie (eso sería más apropiado en otro tipo de blogs), sino que sólo nos interesa dejar constancia (con un poco de rigor y un mucho de guasa) de cómo son las relaciones amorosas entre adolescentes según los productores de este éxito de la televisión estadounidense. Dado que hay cuatro personajes protagonistas, serán cuatro los posts que vamos a ir presentando. Hoy comenzaré con el plato fuerte: Emily Fields. Ah, que no se me olvide: major spoilers included.

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Emily Fields, de Pretty Little Liars

Emily es una muchacha muy tímida que, en la primera temporada de la serie, confiesa a sus amigos y a su familia que es lesbiana. Aunque en los primeros capítulos está saliendo con un chico, muy pronto lo deja e inicia una relación con el que será su primer gran amor (Maya), otra adolescente viejoven recién llegada a Rosewood. Hago aquí un pequeño paréntesis para aplaudir a ABC Family por incluir este personaje y tratar de presentarlo con la mayor naturalidad posible, eso hay que reconocérselo. Emily encandena varias parejas, tontea con ellas, se besa con ellas, corta con ellas, y todas las fases y la problemática habitual es mostrada con el mismo respeto que la productora tiene hacia el resto de adolescentes.

Peeeeeeeeeeeeeeeero (porque tenía que haber un pero) el personaje de Emily tiene un problema: es tan sosa y tan lacia que no te crees sus relaciones. Y, para más inri, todas las cosas raras le pasan a ella. Sí, no exagero: os voy a contar su historial amoroso y veréis que tengo razón. A ver, el primer gran amor de Emily es su mejor amiga (Alison), que durante su adolescencia se dedica a tontear con ella y darle algunos besitos mientras espera the real thing (dicho por ella misma). Un día, Alison desaparece (¿es asesinada?) y Emily cae en depresión.

Al tiempo, conoce a su primera novia (Maya), pero apenas les dejan tiempo de disfrutar: Maya es enviada a una especie de campo de trabajo barra reformatorio para curarse de su adicción a las drogas (porque le encuentran un porro en la mochila, cuidao) y allí conocerá al que después será su asesino. Off topic: al final Emily se venga y lo asesina a él, en defensa propia, claro.

Cualquiera diría que acaban de matar a su novia

Cualquiera diría que acaban de matar a su novia

Total, ¿por dónde iba? Maya se va al campo de trabajo barra hogar católico antidrogas y Emily se enrolla con otra nadadora (porque Emily nada y es muy guapa) (¿no había dicho aún que Emily es SÚPER guapa?) pero, como esta nadadora (Paige) también tiene arranques de homofobia, intenta ahogarla en la piscina así, para hacer la gracia. No lo consigue y, como premio, se lían un tiempo. Muy lógico y adolescente todo. Emily se cansa de los rollos de lesbiana in-the-closet de Paige y se lía con Samara, una rubia muy mona y que no está loca ni fuma porros, pero A (el malo malísimo de la serie) las separa con sus amenazas y sus chantajes de siempre.

A Emily parece que todo esto le afecta mucho, porque siempre tiene su cara de estreñimiento dramático:

Emily Fields

Emily Fields, de Pretty Little Liars

Después de ser asesinada Maya, Emily pasa su duelo con Paige de nuevo, y este reprise están varios meses (¿años? El tiempo en PLL es un concepto difícil de abarcar) juntas, y puede decirse que es la época “normal y sana” de Emily. Pero ese período normal dura poco: Paige se marcha fuera a vivir y Emily cae en una etapa un poco confusa de la que aún no ha conseguido salir: primero, se lía con una cocinera casada (con un hombre); después, ¿se enrolla? ¿se acuesta? (el sexo en PLL es otro concepto difícil de entender) con Alison, su primer gran amor prohibido (que sí que estaba viva, a todo esto), porque sí, porque that’s what friends are for. Y ya para terminar, acoge en su casa a una chica, un personaje nuevo (Sara Harvey) con el que también se enrolla, porque Emily es Emily y nunca nos defrauda.

Al principio dije que Emily tenía dos problemas: que los guionistas sólo escriben historias dramáticas para ella y que ella en sí es muy sosa. Sobre este segundo aspecto sólo diré que aún estoy esperando una escena apasionada de Emily, y no creo que sea porque es lesbiana, sino porque es MUY LACIA. Pero como siempre le digo a mis amigos… Es tan guapa que todo se le perdona.

En la próxima entrega os hablaré de Aria y su amor ilegal con su profe de Literatura.

Emma Watson y los inadvertent feminists

Me gusta Emma Watson. Me gustaba ya de niña, cuando se hizo famosa mundialmente en el papel de Hermione Granger. Hermione era una niña curiosa, inteligente y muy muy sabia que, lejos de encarnar el rol típico del estudiante cobardica y debilucho, se convierte en la principal arma contra El Mal (a.k.a. who-must-not-be-named a.k.a. Voldemort). Es una niña valiente, fuerte e ingeniosa y nos demuestra (y demuestra a todas las niñas de esa edad) que se puede ser una heroína leyendo muchos libros y siendo una empollona. Olé.

Después de hacerse rica y famosa con las ocho películas de Harry Potter, ¿a qué se dedicó Emma? Participó en campañas para promover el comercio justo y los alimentos orgánicos, realizó viajes humanitarios a varios países de África y Asia, y otras muchas e importantes cosas que la llevaron a convertirse en Embajadora de Buena Voluntad de la ONU. Y, en esta nueva empresa, el año pasado lanzó la campaña HeForShe, que se autodefine como un “movimiento solidario para la igualdad de género que reúne a la mitad de la humanidad en apoyo a la otra mitad”. Para la promoción de esta campaña, Emma dio el siguiente discurso en la sede de la ONU:

Transcripción en inglés aquí

Para mí, este discurso tiene un valor muy importante por dos razones: por cómo intenta “captar” para la causa a los que llama “inadvertent feminists” (entre los que me incluyo) y por cómo levanta la voz para protestar contra los estereotipos masculinos. Con respecto a lo primero (que da título al post), valoro mucho a las personas que van a la esencia de las cosas, a la acción, en lugar de enrocarse en el significado de las palabras (aunque estas importen, y mucho). Parece claro que ella es consciente de la carga negativa que porta el concepto ‘feminismo’ y trata de conseguir la implicación en él de todos (especialmente de los hombres) por encima del envoltorio de la palabra. Con respecto a lo segundo, no podemos negar que también los hombres son víctimas de las implacables etiquetas y también a ellos les interesa esta lucha, también deben mojarse. Entiendo que lo que Emma Watson pretende es tocar puertas que no se han tocado con anterioridad, o no con la suficiente fuerza. Darle al concepto del feminismo otro color, aunque siempre haya habido feministas que dijeran lo mismo. No por decirlo ella tiene más valor, pero llega más lejos, y como bien dice ella misma en el discurso… “If not me, who?”

Después de este discurso, con motivo del Día Internacional de la Mujer (2015), y continuando con la misma campaña. Watson participó en una charla en la que respondió a preguntas en directo y por redes sociales:

Y, como no podía ser de otra manera, dado lo fantástica y maravillosa que es, en esta y en las charlas por Facebook y Twitter dejó varias perlas que comparto con vosotros, ya para terminar:

P.D.: Además, ADEMÁS DE TODO ESTO, es más mona que una manada de conejos correteando por el parque. Tenía que decirlo.

Parece amor, pero sólo es drama: Estereotipos del cine lésbico

Habitualmente, cuando se piensa en una relación homosexual, se tiende a considerarla mejor o peor que las heterosexuales, o en cualquier caso distinta a ellas. Esto ocurre, además de por los prejuicios homófobos aún extendidos en la sociedad, porque las personas hemos otorgado al hombre y a la mujer un rol en la pareja y en la vida, y nos negamos a deshacer esa asociación. Tenemos que comprender que no todas las mujeres son codependientes y frágiles emocionalmente, y no todas las personas codependientes y frágiles son mujeres (de igual forma, no todos los hombres son controladores y protectores, y no todas las personas de ese perfil son hombres).

Tradicionalmente, en la filmografía lésbica ha existido una predominancia clara del drama por encima de otros géneros, si bien ha habido honrosas excepciones (desde comedias románticas hasta películas de acción o históricas). Ya sea por la querencia de muchas lesbianas a meterse en relaciones tortuosas o por el deseo de los directores y guionistas de mostrarlas en pantalla, puede decirse que el cine lésbico es, mayoritariamente, famoso por sus bollodramas. El caso es que, si nos paramos a pensarlo, tiene todo el sentido del mundo porque ¿qué crea más y mejor drama que la dependencia psicológica y el extremismo emocional? Nada. Y ¿dónde hay de eso? Pues en la mujer, claro (pensarán los directores). Así que, ¿para qué voy a representar a una Bridget Jones enamorada, obsesionada y anulada completamente si puedo representar a dos y ponerlas a interactuar?

En 2001, Léa Pool nos trajo Lost and Delirious (más conocida en España como El último suspiro). En ella, Paulie y Tori son dos estudiantes de un internado de chicas que mantienen una relación a escondidas del resto. Una de ellas (Paulie) es valiente y no teme las consecuencias de que salga a la luz su romance; la otra (Tori), sin embargo, vive atemorizada por ello y decide cortar la relación cuando su hermana pequeña las descubre juntas en la cama una fría mañana. Hasta aquí, la historia podría parecerse a otras muchas que siguen la fórmula del “amor prohibido”. El drama viene cuando, tras verse abandonada, Paulie comete todo tipo de locuras autodestructivas para llamar la atención de Tori y del colegio entero. Al final, como no podía ser de otra forma, se suicida tirándose desde el tejado del edificio.

Esa misma lógica bollodramática siguió el director Pawel Pawlikowski cuando escribió la historia de Mona y Tamsin (My summer of love), dos jóvenes que, ante la perspectiva de pasar un aburrido verano en el campo, deciden liarse y prometerse amor eterno porque es mucho más divertido. Este planteamiento no tendría nada de especial si no fuera porque su relación está dominada por los celos de Mona y la ciclotimia de Tamsin. Esta, para alimentar los celos de su novia, decide liarse también con su hermano. Mona, tras averiguar esto, la intenta asesinar ahogándola en el río, pero Tamsin consigue huir y ahí termina la película. También hay que entender a Mona… ¿Quién no ha intentado matar a su ex después de que le ponga los cuernos?

Tal y como dictan los cánones, he reservado para el final el mejor exponente del drama lésbico que estos ojos míos han podido ver: Love and suicide. Creo que viendo el título no hará falta decir mucho más, pero no os voy a ahorrar el gusto. Esta película es de bajo presupuesto, no creo que llegase a estrenarse ni siquiera en DVD, así que las críticas al apartado técnico no han lugar. La historia es simple: Kaye es una adolescente de familia muy religiosa que se muda a una ciudad nueva. Allí conocerá a Emily, otra adolescente de carácter fuerte y con las ideas muy claras. Ninguna de las dos sabe aún que es lesbiana, pero lo descubrirán juntas. Evidentemente, la familia de Kaye no tardará en enterarse y ésta se verá obligada a cortar la relación y a iniciar una vida heterosexual “normal” que satisfaga a su familia y a la sociedad en la que vive. Emily intentará llamar su atención en repetidas ocasiones y, una vez se rinda, se suicidará. La escena del suicidio es la cosa más dolorosamente lamentable que he podido ver en una pantalla: una chica tirada en el suelo, llorando, rodeada de fotos de su ex destrozadas, con botellas de alcohol vacías aquí y allá y regocijándose en el momento del suicidio durante varios minutos. Lo lamentable no es el deseo de suicidio, ni pillarse una borrachera cuando tienes el corazón roto, ni romper a bocados las fotos de tu ex, ni desear que le pille un autobús. Lo lamentable es que lo juntes todo, hagas una película y pretendas venderme que eso es el amor entre dos mujeres (o el amor a secas). 

Para terminar, me gustaría recomendaros algunas películas que presentan historias de amor sanas entre mujeres, sin suicidios ni asesinatos ni órdenes de alejamiento. Por mencionar algunas: If walls could talk 2, Aimée & Jaguar , Desert hearts, Imagine me & you y I can’t think straight.

La ventana en el rostro (Roque Dalton, 1962)

Siempre he sentido curiosidad por las canciones de amor. Por la poesía también, a partir de la adolescencia, pero lo de las canciones de amor ha sido cosa de toda la vida. Me intrigaban esa pasión incontrolable, la necesidad de estar siempre junto al otro y, sobre todo, la poca consideración que el amante tiene de su propia vida. Frases como “eres lo único que tengo”, “sin ti nada tiene sentido”, “sin ti no soy nada”, lejos de provocar en mí ternura o compasión, me suscitaban incredulidad. Decirle a alguien que es lo único que tienes no es alabarle, es echar mierda (con perdón) sobre tu propia vida. Decirle que es la razón de tu existencia no es convertirle en alguien extraordinario, sino convertirte a ti mismo en una persona incompleta. Y sé que todos las hemos pronunciado, y en ese momento se nos llenaba la boca y sentíamos el corazón pleno con esa afirmación, pero con el tiempo, si uno se esfuerza y se deja, la visión del amor puede cambiar.

(Me gustaban, y me gustan más las frases tipo “Eres lo mejor que tengo”, “Desde que te conozco soy mejor persona” o “Sin ti mi vida sería mucho peor”, porque dan valor a la vida de uno, pero le dan más valor con la otra persona en ella. Eso es el amor para mí, o al menos a eso aspiro.)

En esta misma línea (y espero que todo lo anterior haya servido como introducción; si lo ven inconexo, pido disculpas) se encuentra el poema que nos ocupa. Es un poema de Roque Dalton que no lleva título, y que reproduciré a continuación:

 

Y, sin embargo, amor, a través de las lágrimas, 
yo sabía que al fin iba a quedarme 
desnudo en la ribera de la risa. 

Aquí, 
hoy, 
digo: 
siempre recordaré tu desnudez entre mis manos, 
tu olor a disfrutada madera de sándalo 
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro; 

tus manos largas y amantes 
como un lirio traidor a tus antiguos colores; 
tu voz, 
tus ojos, 
lo de abarcable en ti que entre mis pasos 
pensaba sostener con las palabras. 
Pero ya no habrá tiempo de llorar. 
ha terminado 
la hora de la ceniza para mi corazón: 

Hace frío sin ti, 
pero se vive.

Como intento o proyecto de profesora de Lengua y Literatura que soy, mi impulso natural es hacer un comentario crítico del poema, pero voy a intentar refrenarlo y comentar sólo la esencia, o al menos lo que para mí es su significado profundo. Creo que es un texto fácilmente comprensible: el poeta está triste, pero acepta por fin el fracaso del amor y se propone seguir adelante. Lo extraordinario del poema es el grado máximo de auto consciencia y honestidad consigo mismo que alcanza. En este sentido, habría que distinguir el inicio y el final del poema de su parte central. Los versos “… yo sabía que al final iba a quedarme / desnudo en la ribera de la risa” (además de suponer una imagen preciosa y certera de sumergirse en el río de la felicidad) sirven de conclusión, de “moraleja” última de la experiencia amorosa, y están en consonancia con el final: la potente sentencia “Hace frío sin ti, pero se vive”. Aclarado esto, el centro del poema es la confesión íntima de que se ha amado: solemne y atrevida con el “siempre recordaré…”, y deliciosa con el “lo inabarcable en ti que entre mis pasos / pensaba sostener con las palabras”. Esta parte central, aun bellísima, no existe sino para reforzar ese mensaje, esa moraleja de la que hablaba anteriormente, porque el poeta no se queda en la declaración de amor, no la convierte en lamento, sino que la trasciende y la supera diciendo “Pero ya no habrá tiempo de llorar”.

A modo de conclusión, cabe decir que lo novedoso, lo realmente impactante, al menos para mí, está en la ausencia de triunfalismo. No hay un ganador ni un perdedor; no hay una derrota. El amor no es una guerra; el amor no mata a las personas, sólo es ceniza en su corazón, es frío. Y esta verdad, como decía Serrat, “no es que duela, lo que no tiene es remedio”.

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