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Cuando te arrancan las manos

Abusaron de mí cuando tenía 13 años. Un chico que me sacaba 10 años me hizo creer que me quería, me sedujo, me manipuló y abusó de mí. Yo le quería y creí que lo quería todo en consecuencia. Aquello pasó y yo no creí que hubiera sido un abuso. Seguí mi vida intentando superar la ruptura amorosa y pensando en lo duro del desamor. Tuve más parejas sexuales, me enamoré, me masturbé, conseguí orgasmos… Pero nunca logré que el sexo… ¿cómo decirlo? Nunca fui del todo yo durante las relaciones sexuales, aunque supuse que era lo normal.

Nueve años más tarde, con 22, de pronto caí en la cuenta de que aquello había sido un abuso y de que ese chico era un jodido pederasta (abusó de otra chica aquel verano). Todo se descolocó. Empecé a comportarme como una chica violada de las películas. Me daban arranques de pánico y me ponía a llorar mientras me balanceaba, a veces sin motivo, a veces porque mi pareja (hombre) se tumbaba cerca de mí en la cama. A veces sentía una presión en la vagina que me hacía tener que dormir tapándome con las manos la entrepierna y boca arriba, tenía la necesidad de estar, como mucho, sentada y con las piernas cruzadas. Llegué a faltar a clase varias veces porque no me sentía capaz de levantar el culo de cualquier superficie segura.

Ya hace un año que todo esto empezó y mi pareja lleva apoyándome desde entonces. He ido a terapia y he seguido haciendo mi vida. No mucha gente de mi alrededor conoce esto. Ya hace un año y empiezo a empezar a comenzar a entender. Sí, en un año estoy tan al principio. Y es que llevo un año intentado curarme. Llevo un año intentado mejorar hasta que las cosas sean como antes. ¿Y cómo eran antes? Mi primera “relación sexual” fue con este individuo, así que tampoco he podido desarrollar mi vida sexual al margen y no sé cómo sería si esto no hubiera sucedido. Llevo un año bastante equivocada (aunque eso también está bien, nos ayuda a desequivocarnos).

Todas trazamos nuestra propia vida en los diferentes ámbitos, pero me da la impresión de que las personas que no han sido abusadas o violadas pueden empezar por un camino común para luego, una vez conocen ese camino, buscar alternativas si así lo desean. Sin embargo, a mí (y a tantísimas otras) me han vallado ese camino común y no tengo forma de acceder. Es más, han devastado ese camino común y en su lugar está la Nada. Llevo un año intentando caminar por la Nada, pero evidentemente eso no es posible. Tengo que encontrar otros caminos para llevar una vida sexual sana. Y aquí es donde entra el título de este escrito:

Soy una persona muy visual, y en mi cabeza se ha establecido una conexión entre lo emocional y lo físico, las manos en este caso (quiero aclarar que yo tengo ambas manos y pies, y no trato de decir que mi realidad es más difícil o comparable a otras. No entiendo la realidad de ninguna otra persona, simplemente es un paralelismo que me sirve para entender mi situación). Imaginemos que el camino común del que hablaba antes es el hecho de tener dos manos, y que el objetivo de la vida sexual sana es cortar un diente de ajo. Así, las personas que tienen dos manos aprenden a cortar ajos de una manera similar, pero las personas con una sola mano, evidentemente, tendrán que aprender a hacerlo de otra manera desde el primer momento. Así es cómo yo me siento. Sin embargo, en este ejemplo está claro el objetivo, el instrumento que se tiene que usar y qué partes del cuerpo tiene la persona, pero en mi realidad no. Al no haber desarrollado una vida sexual antes del abuso no tengo ni idea de cuál es el objetivo. No sé si quiero cortar ajo o tengo que picarlo, de si es un ajo o una manzana, o igual es una calabaza. Además tampoco tengo ni idea de qué partes de mi cuerpo sí que conservo y cuáles no, esto cambia cada día. Hay días que los besos están bien, otros que una sola mirada me hace llorar, otros que creo que lo he superado todo y que en realidad me estoy montando una película, otros que siento que me quiero follar al mundo solo para ver si se me pasa ya toda esta mierda… y así.

Me siento como si un día tuviera solo un dedo, al siguiente me hubiera crecido una mano pero a la altura del codo, al otro tal vez lo que no tuviera fueran muñecas… Estoy harta de intentar adivinar cada día que fue lo que me robó el monstruo. Cada día descubro que esto no es un problema, esto es parte de mi vida. Así de jodido. No lo voy a poder superar porque no me van a crecer unas manos estupendas con las que cortar ajos. Tendré que aprender a explorar caminos que rodeen la Nada y tendré que aprender cada día qué está roto hoy y que no. O igual se estabiliza. Yo qué sé. Me han robado una parte de mi ser que se entrelaza con cada segundo de realidad. Paro películas porque aparecen escenas de sexo, me salgo de conciertos porque los gemidos del cantante me parecen demasiado sexuales, no voy a clase porque estoy ocupada agarrándome la vagina para que nada pueda entrar… Y luego, cuando la gente me pregunta qué tal ando resulta que voy y miento. Creo que he dejado de mentir por vergüenza, creo que ahora miento porque gran parte de mi círculo no soportaría el enfrentarse a esta realidad.

Solo escribo para desahogarme porque está siendo muy duro buscar un camino lejos de la Nada, porque sé que en ese camino siempre habrá un precipicio desde el que se vea la maldita Nada y tendré que andarme toda mi vida con cuidado para no caer, porque estoy harta de callar cuando me preguntan, porque quiero gritarlo al mundo, porque no sé a qué se dedica él ni si tiene hijas ni si es entrenador de un equipo infantil, porque todo esto me da maldito asco.

No estás sola. Somos muchas, pero muchas nos escondemos para poder pensar a veces que tenemos dos manos.

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